Archivo categoría La Carpeta de Iván

Y le llegó la hora a Juan Juan

En una entrevista publicada el 14 de diciembre de 2009 en El Mundo/América, Juan Juan Almeida García me dijo: “No veo la hora en que Raúl Castro me deje salir de Cuba”.

Finalmente, su deseo se cumplió. El jueves 24 de agosto llegaba al aeropuerto de Miami, donde le esperaban su esposa Consuelo y su hija Indira.

Los cubanos suelen salir de la isla vestidos de blanco, el color de Obatalá, la Virgen de la Merced del catolicismo, considerada patrona de los cautivos. Pero Juan Juan -en lo adelante J.J.- prefirió ir con una camisa roja, símbolo de Santa Bárbara o Changó, el orisha guerrero.

Debe haber sido porque para poder viajar a recibir atención médica en el exterior, libró una verdadera guerra personal. Al hijo de la enfermera Púbila García y Juan Almeida Bosque, uno de los históricos de la revolución, fallecido en septiembre de 2009, durante siete años le negaron el permiso de salida que otorgan las autoridades de inmigración.

Abogado de profesión, J.J. es un hombre amable y risueño. Perteneció a la contrainteligencia cubana. Y al igual que otros descendientes de líderes revolucionarios, como Vladimiro Roca, hijo de Blas Roca, número uno del comunismo criollo, o Canek Sánchez Guevara, nieto del Che, J.J. se parece más a su tiempo que a su padre.

Lo conocí allá por 1984, cuando los dos pasamos el servicio militar en la misma unidad, en la barriada habanera de Lawton, cerca del Alí Bar, el mítico local donde Benny Moré cantaba en los años 50.

No tuvimos trato directo. Entonces J.J. pertenecía al mundo de los ‘mayimbes’ (altos dirigentes) y yo vivía muy modestamente con mi abuela, mi hermana y mi madre, en ese momento periodista de la televisión cubana.

Veinticinco años después, más viejos y con exceso de kilos, J.J. y yo nos reencontramos. Primero en el apartamento de la bloguera Yoani Sánchez, y luego durante la presentación de un cortometraje del escritor y guionista Eduardo Del Llano.

Después, varias veces más nos volvimos a encontrar. Hablábamos de su padre y de los recuerdos que conserva de las innumerables ocasiones que vio a los Castro, juntos o separados. Como nadie, J.J. creyó en Fidel y su revolución.

Ya no. Hace tiempo se licenció de la vida militar y se convirtió en un crítico sin medias tintas de la gesta a la que su padre dedicó la vida.

En 2009, la editorial española Espuela de Plata le publicó el libro ’Memorias de un guerrillero cubano desconocido’. En la portada aparece una foto de él a los 5 años, vestido de verde olivo y con un fusil, de pie entre Raúl Castro y una réplica del yate Granma. Pero el más Juan de todos los Almeida todavía tiene mucho que contar.

Iván Garcia

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Estulin, el nuevo aliado de Castro

Fidel Castro ha vuelto con la fuerza de un huracán tropical. Activo como en sus mejores días y apocalíptico como siempre. Se le ve bien físicamente.

Pero sus vaticinios de hecatombe nuclear y de que los terrícolas hemos sido unas marionetas de un club mundial de ricachones y poderosos, que manejan los gobiernos a su antojo, da que pensar.

O Castro quiere estar en los cintillos o su salud mental es dudosa. Su presencia habitual en los medios de la isla se ha convertido en algo fastidioso.

En un principio, después de cuatro años en cama, se pensó que reaparecía públicamente para quitarle protagonismo a la noticia de la excarcelación de 52 disidentes pacíficos.

Pero con el paso de los días, se palpa que Castro se ha metido en el papel de salvador de la humanidad. Para confirmar sus peregrinas teorías se apoya en análisis, artículos y sitios como Wikileaks, redactados por periodistas y escritores occidentales.

El nuevo “aliado estratégico” de Castro es el escritor, periodista e investigador Daniel Estulin (Lituania, 1966). De buena pluma y una imaginación desbordada, con Estulin la ciencia ficción se quedó corta. No en balde le llaman “descubridor de misterios”.

Nacidos los dos en el mes de agosto, con cuarenta años de diferencia, el comandante de la Sierra Maestra y el autor de “La verdadera historia del Club Bilderberg” acaban de encontrarse en La Habana. Amigablemente charlaron acerca de conspiraciones y amenazas. Y concordaron en la teoría de que el hombre deberá emigrar a otros planetas si quiere salvarse y preservar la tierra.

Según Castro y Estulin, hasta la pasión por los Beatles es prefabricada. En un mundo de imperfecciones, cuesta creer que los tipos que integran el enigmático Club Bilderberg, diseñen el futuro de esos personajes indescifrables que somos los seres humanos.

Quisiera creer a Estulin. Pero antes le pediría que escriba sobre el gobierno de control total que montó el Kremlin en la etapa soviética. Debería hablar también de los atropellos del ejército rojo en Budapest, Praga y Afganistán.

Y Fidel Castro tuviera más credibilidad si admitiese que la primera vez que el mundo estuvo cerca de una conflagración atómica fue en octubre de 1962, cuando la Crisis de los Misiles.

El mismo anciano locuaz que en 2010 le estrechara la mano a Daniel Estulin, el 26 de octubre de 1962 le propuso a Nikita Kruschov que los soviéticos fueran los primeros en asestar el golpe nuclear contra Estados Unidos.

Gracias a Dios, Kruschov no le prestó atención al joven barbudo. Cuatro días después le respondió: “Esto no sería un simple golpe, sino el inicio de la guerra mundial termonuclear”. Y le recordó que “en el fuego de la guerra se quemaría Cuba”.

Castro volvió a escribirle a Kruschov: “Nosotros sabíamos, no presuma usted que lo ignorábamos, que habríamos de ser exterminados, como insinúa en su carta, caso de estallar la guerra termonuclear”.

Ojalá que tras su estancia en la isla, Daniel Estulin se interesara por aquellos días en que rusos y cubanos pusieron a la humanidad al borde de una tercera guerra mundial.

Si no, da igual. Por higiene mental me cuesta leer libros catastróficos. Aunque sean best sellers.

Iván García

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Estados Unidos: un enemigo necesario

A Fidel Castro le encanta hacer apología de las numerosas agresiones económicas, paramilitares y políticas de las 11 administraciones que han pasado por la Casa Blanca en los 51 años que el hombre fuerte de Cuba lleva en el poder.

Estados Unidos está lejos de ser el vecino ideal. En los primeros 40 años de la revolución, desató una feroz campaña de acoso a Castro. Fue una contienda con todos sus ingredientes. Guerra sucia, presión económica y propaganda antigubernamental.

Pero Castro tampoco es un santo. Consolidado por los más de 20 mil millones de rublos que le otorgaba Moscú, hizo las veces de portaviones ruso en el Caribe. En octubre de 1962, tuvo la desafortunada decisión de aceptar 42 misiles nucleares de alcance medio e intermedio dotados con ojivas nucleares, aviones bombarderos estratégicos y 43 mil soldados rusos en territorio cubano.

Financió numerosos grupos guerrilleros de América Latina y África. Incluso algunos que años después han degenerado en bandas terroristas como las FARC en Colombia y Sendero Luminoso en Perú.

Además de provocar un desplome estruendoso de la economía cubana, con sus planes descabellados y su manera de administrar el país como si fuese su rancho particular, el comandante único mantuvo tropas militares a miles de kilómetros de la isla.

Actuaba poseído por un complejo de Napoleón insular. Cuba se inmiscuyó en las guerras civiles de Angola, Etiopia y Somalia. Las secuelas de la participación en esas contiendas están por escribir.

Durante la guerra fría, Cuba y Estados Unidos  mantuvieron un enconado pulso político. Como centro del poder mundial, Washington no quería permitir la descarada presencia militar soviética y el apoyo a la insurgencia en medio mundo por parte del gobierno de La Habana.

Después que Kruschov retiró los cohetes, la desaparecida URSS mantuvo tropas en la isla y una base para espiar electrónicamente a Norteamérica.

Con la caída del muro de Berlín en 1989, Cuba perdió fuelle. Al cerrarse la tubería de los rublos rusos, se entró en una etapa de indigencia económica. Los americanos se sentaron en una poltrona a esperar la caída. Pero contra viento y marea, Castro resistió.

Ahora el mundo es otro. Hasta Hugo Chávez y Evo Morales llegaron al poder mediante los votos, no por las balas. El “foquismo revolucionario” de Ernesto Guevara, cayó en el saco del olvido. El teatro de acción presenta un nuevo diseño.

El anciano guerrillero que escapó milagrosamente de la muerte en julio del 2006, ha reaparecido convertido en una especie de gurú internacional. Presagiando catastrófes y dando crédito a cualquier teoría incendiaria y conspirativa.

Sólo en el tema migratorio, Cuba es un problema para la seguridad nacional de Estados Unidos. Una hipotética crisis interna pudiera desembocar en que miles personas se lancen al mar en cualquier objeto que flote para escapar de la isla. La Casa Blanca es la primera interesada en que la situación cubana no se vaya fuera del control a sus gobernantes.

A pesar del discurso anti yanqui de Castro, Estados Unidos es hoy el quinto socio comercial de la isla y el número uno en ventas de alimentos. Se discute levantar las prohibiciones de viajes de estadounidenses a Cuba. El embargo es un absurdo. En las tiendas por divisas venden Coca-Cola y ordenadores Dell, entre otros productos.

Los mayores problemas de los cubanos no vienen del norte. El enemigo duerme en casa. La corrupción galopante y la ineficiencia económica son, entre otras,  las causas de que el país esté pidiendo el agua por señas. Fidel Castro intenta culpar a los gringos de muchas de nuestras calamidades, pero la gente sensata cree que el mal gobierno y la inoperancia del sistema son los mayores responsables.

Además de ser un mal menor en la actualidad, Estados Unidos aporta liquidez a Cuba. Mil millones de dólares anuales por concepto de remesas familiares y 50 mil cubanoamericanos que todos los años viajan a la isla y gastan dólares a todo vapor.

Pero siempre es más fácil adosarle las culpas al villano de toda la vida. Si Estados Unidos no hubiese existido, Fidel Castro lo habría inventado.

Iván García

Foto: Ralph Crane, revista Life, octubre de 1962. En una tienda de Los Angeles, personas siguen el anuncio del bloqueo naval a Cuba hecho por el presidente Kennedy durante la Crisis de los Misiles.

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De la jerga habanera

La otra crisis en Cuba, aparte de la política y la económica, es estacionaria y es la del idioma. Ya se sabe que falta dinero y la comida escasea. Que vivimos disgustados, por un gobierno que controla nuestras vidas como si fuesen nuestros padres. Y que una gran parte de los cubanos, sueña que su futuro está en Miami, Roma o Madrid.

Bien, todo eso lo entiendo. Pero no acabo de comprender por qué a diario hablamos un dialecto cortado y rápido, que sólo los nacionales entendemos. Un ejemplo, del “idioma” actualmente hablado en la isla es el siguiente diálogo.

Una mañana cualquiera. Dos amigos se encuentran en un parque de Centro Habana.

-Qué vuelta, asereco.

-En na´ y en to’, mi ambia.

-Estoy cazando a un gil pa’ tirarle po’ la cara el par de pedales yuma que me mandó el puretano, estoy en la fuácata. Se lo voy a soplar en 30 fula, pa’ ver si me enrolo con la yegua del solar, que me tiene el coco seco.

El asereco, con un pantalón por debajo de la cintura, mostrando unos calzoncillos Nike, asiente y replica:

-La mu’puta le gusta hacerse la cabra. Si no es con polvo y baro no mueve el botacaca, una vez le metí el ditú por la boca y después que me quedé frito, me la dejó en los callos, cada vez que me acuerdo, me dan ganas de partirla en dos como un lápiz.

Se acerca un policía con cara de malo y un perro pastor alemán. Los dos amigos deciden irse.

-Voy a lele, te pillo en la vuelta.

Le da un beso en la cara a su amigo y le recuerda:

-No te hagas el paganini con el mango que es fu, dicen que no es na a la hora del cuajo.

-Copié, responde el asereco.

Yo, que me precio de conocer los entresijos del bajo mundo habanero, a ratos me quedo botado (sin entender).

A los cubanos que hace años viven fuera les costará traducir esta conversación.

Joder con el español. Un idioma que apenas se habla en La Habana. Hablamos una jerigonza.

Iván García

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La Habana se reinventa

La familia de Héctor Iznaga vive al trozo. Su hija de 18 años iba a tener un bebé y se dieron cuenta que la casa resultaba pequeña. Manos a la obra. Sin permiso de ninguna institución estatal, reformaron el balcón de su piso pequeño de dos cuartos, y de prisa levantaron una nueva habitación.

Muchas familias del país actúan como los Iznaga. Hay zonas de la geografía habanera convertidos en verdaderos Frankesteín arquitectónicos. Muy distantes de su diseño original.

En Cuba el respeto a las reglas y directivas del Instituto de la Vivienda y de los arquitectos municipales no existe. Por lo general, la gente se limpia el trasero con las normativas de ordenamiento urbano.

Como si viviésemos en una selva africana. El irrespeto a las leyes de convivencia es típico en la isla. Personas como Héctor Iznaga llevan parte de razón. Su familia reside hace veinte años en un impresentable edificio de cinco pisos en el reparto Alamar, uno de las barriadas más grandes y horribles de La Habana.

Su mantenimiento, supuestamente, debiera correr a cargo del Estado. Pero sólo es en teoría. A ningún organismo oficial le interesa que los moradores del inmueble lleven meses cargando agua, porque la bomba está dañada.

Cuando llueve, los techos del edificio filtran hacia los pisos posteriores. Igual ocurre con los servicios sanitarios. Las escaleras están oscuras y sin pasamanos. El inmueble da asco. Sucio y desaliñado, pidiendo a gritos una mano de pintura.

Los vecinos se han quejado al delegado del Poder Popular de su circunscripción. Pero nada. La vida sigue igual. Entonces los moradores, ante tanta desidia estatal, hacen lo que les venga en gana.

A golpe de vista, se puede ver a cómo numerosas familias hacen adaptaciones sin permiso legal. Cambian las fachadas. Toman para sí espacios colectivos. Y sin ningún conocimiento constructivo, tiran abajo paredes de carga, poniendo en peligro su vida y la del resto de inquilinos.

Les ofreceré  un dato. El 60 % de las viviendas en la ciudad de La Habana están en regular o mal estado. Por lo general, en una casa conviven hasta cuatro generaciones diferentes.

En el centro de la capital o barrios sumamente poblados como Luyanó, Lawton o la Víbora, hace decenas de años que no se reparan los edificios múltiples. Ni siquiera los pintan.

Quienes habitan en residencias y chalets, las remozan de acuerdo a sus posibilidades económicas. Es un sálvese quien pueda. Aunque el Estado ofrece muy poco, castiga duro las violaciones urbanísticas.

Según la prensa oficial, sólo en La Habana, en los primeros seis meses del año, se han impuesto más de 3,500 multas por ilegalidades constructivas en domicilios particulares. Las multas van desde 200 pesos (10 dólares) a 1,500 (60 dólares). A unas 500 familias les demolieron los arreglos realizados.

El problema de la vivienda es una de las asignaturas suspensas del gobierno de los hermanos Castro. El déficit habitacional es enorme. Se ha intentado aliviarlo con pequeños parches, como permitir a organismos o personas que construyan su propios hogares, pero el suministro de materiales es precario, amén de la mala calidad.

Por la ciudad pueden verse edificaciones que llevan 10 años o más en construcción. Y amenazan seguir demorando. Ante tanta necesidad, las familias se las apañan como puedan.

Lo mismo construyen una “barbacoa”, invento cien por ciento cubano, consistente en un entrepiso de madera o concreto dentro de la propia casa. Si después quieren ampliar la casa, si al lado tienen un terreno baldío, lo cogen y transforman su morada sin el consentimiento de las autoridades.

Todo vale para darle cabida a un pariente del campo o un bebé en camino. Como la familia Iznaga, que echó abajo su balcón y construyó una nueva habitación para el futuro nieto. Y han tenido suerte que no los han pillado los inspectores estatales. Por ahora.

Iván García

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Al agente 007 se le acaba el plazo

El empresario chileno, Joel Max Marambio Rodríguez, bautizado por la prensa como “el agente 007 de Fidel”, hasta el lunes 23 de agosto, tiene plazo para presentarse ante el instructor del Ministerio del Interior, teniente coronel Francisco Miguel Estrada Portales. Transcurrido el término, sin personarse, el proceso penal iniciado en su contra podría ser tramitado hasta la resolución definitiva que dicte fallo condenatorio.

¿Cómo llegó un íntimo y protegido de Fidel Castro, a manejar los negocios en un holding de empresas que mueve más de 100 millones de dólares anuales? ¿Por qué un amigo de la revolución cubana durante más 40 años se convertiría en su adversario? ¿Será un ajuste de cuentas, por haber traicionado a su “padrino”, o sus pasos eran vigilados hace tiempo?

Hay muchas preguntas sin respuestas. Algunas serán contestadas en el acto del juicio oral, donde el empresario chileno, que tiene la llave de la caja de los secretos, al parecer será juzgado en su ausencia.

Marambio, de 63 años, ex guardia personal del derrocado presidente Salvador Allende y ex amigo personal de Fidel Castro, es acusado por el gobierno cubano de los delitos de cohecho, actos en perjuicio de la actividad económica o de la contratación, malversación, falsificación de documentos bancarios y de comercio, y estafa.

El comerciante, propietario del International Network Group (ING), era socio del Estado cubano en la empresa mixta Alimentos Río Zaza, dedicada a la producción de jugos, lácteos y bebidas alcohólicas para el mercado cubano por divisas y el extranjero.

A finales de 2009, la Controladuría General, órgano estatal subordinado al Consejo de Estado, presidido por el general de ejercito Raúl Castro, comenzó a investigar los negocios del empresario izquierdista en la isla.

Extraoficialmente se le vinculó con un escándalo de corrupción que involucró al destituido director del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba (IACC) y general de división, Rogelio Acevedo. Además, Max Marambio y su hermano Marcel eran socios del IACC en la agencia turística Sol y Son.

En la empresa Alimentos Rio Zaza fueron detenidos varios directivos, acusados de pagar sobornos, malversar fondos y desviar recursos al exterior. Lucy Leal, directora de ING, fue arrestada y es investigada.

Las autoridades cubanas no han declarado nada al respecto al escándalo. En abril, sin embargo, reconocieron que las empresas de Marambio estaban bajo investigación, cuando apareció muerto en su departamento, uno de los gerentes de Alimentos Rio Zaza, el chileno Roberto Baudrand, de 59 años, detenido en su domicilio en Cuba y sometido a interrogatorio. La autopsia realizada en La Habana y aceptada por la familia del fallecido, reveló que la causa de muerte fue una insuficiencia respiratoria combinada con el consumo de fármacos y alcohol.

Marambio, conocido en Cuba como “El guatón” (gordo), fue citado e interpelado en dos ocasiones por el  instructor Estrada, oficial a cargo de la investigación del caso. Los llamamientos se publicaron a través de dos notas del Ministerio del Interior, en la Gaceta Oficial de la República de Cuba, órgano de divulgación de leyes y actos de gobierno en la isla. Hasta hoy no se ha presentado.

En la última citación, publicada el 19 de julio, el oficial Estrada llama al comerciante chileno para que comparecer ante él el día 29, previniéndole, que de no presentarse en la fecha indicada, se libraría una requisitoria, que con fecha 3 de agosto se libró. Ya el instructor del caso ordenó a los jefes de los cuerpos de policía y de Seguridad del Estado, la búsqueda, captura y presentación de Marambio en un plazo de 20 días.

La requisitoria vence el lunes 23 de agosto. Transcurrido el plazo sin haber comparecido o sin haber sido presentado el ausente, se le declara en rebeldía. El sistema judicial cubano prevé la continuidad de la tramitación del proceso contra el acusado declarado en rebeldía hasta su resolución definitiva, cuando se trata de delitos contra los intereses fundamentales, políticos o económicos de la nación.

El sistema judicial en Cuba ofrece pocas garantías a los encausados. El proceso penal en su contra se encuentra en fase preparatoria, momento en que se realizan las diligencias previas a la apertura del juicio oral.

Si Marambio regresa a la isla, tiene grandes probabilidades de terminar en la cárcel, como medida cautelar para asegurarlo. Hasta que ese momento no llegue, tampoco puede nombrar un representante legal para su defensa.

Todo parece indicar que la vía legal será el medio para ajustarle las cuentas. La publicación de la citación y requisitoria, en la Gaceta Oficial de la República de Cuba, es un requisito formal. El gobierno de la isla no tiene la intención de perseguir internacionalmente al empresario chileno.

El propósito es declararlo en rebeldía y enjuiciarlo en ausencia. En ese caso, se le designaría un abogado de oficio. Igualmente puede presentarse cuando quiera y dejar sin efecto tal declaración. Incluso, podría anular la sentencia firme dictada en su contra y ser oído en un nuevo enjuiciamiento.

Marambio pudiera ser una bomba de relojería para los hermanos Castro. Por lo que sabe y por lo que calla. Sospechamos que no va a regresar.

Iván García y Laritza Diversent

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La fuerza de lo pequeño

Entre periodistas libres y blogueros, quizás no pasen de 150 en toda la isla. Muchos aún debemos limar el estilo. A ratos pensamos bien, pero rimamos mal. En ocasiones las palabras nos ahogan. Y la mayoría carece de recursos para hacer periodismo o mantener en la red una bitácora.

El preso político y comunicador sin mandato Pablo Pacheco, desde el 13 de julio en libertad en España, gracias al diálogo entre el presidente Raúl Castro, el cardenal Jaime Ortega y el canciller español Miguel Ángel Moratinos, hacía su blog desde una cárcel a 400 kilómetros de La Habana, grabando sus posts por teléfono. Pacheco jamás había tenido un ordenador. Ahora ya lo tiene. En Málaga, donde vive con su esposa y su hijo.

Con las dificultades que escribía Pacheco, muchos siguen escribiendo en Cuba. En el dorso de papeles con membretes oficiales. Reciclando hojas que tengan un espacio en blanco. Todavía las máquinas de escribir son claves para residentes fuera de la capital. En agencias del oriente cubano, le sacan lasca a máquinas fabricadas en Alemania del Este.

El periodismo independiente cubano es digno de encomio. Las lagunas en materia de información y técnicas periodísticas que podamos tener los corresponsales libres, son las mismas en la mayoría de los reporteros oficiales.

Con la diferencia de que el periodismo oficial es más aburrido que el independiente. Trabajar para un órgano estatal suele lastrar la creatividad. Y uno está más cerca de ser un amanuense que un periodista. Ciertos temas sensibles los ”orienta” por teléfono un censor del gobierno desde su oficina.

El periodismo independiente cubano nació a mediados de los 90. Con mujeres y hombres decididos a cambiar las reglas de juego establecidas, como Indamiro Restano, Raúl Rivero, Rafael Solano, Rolando Cartaya, Ana Luisa López Baeza, Tania Quintero, Iria González Rodiles, Reinaldo Escobar y Jorge Olivera, entre otros que rompieron con los medios oficiales. A pesar del riesgo de ir a prisión, pensaron que valía la pena describir sin tapujos la realidad de su país.

Pudieron haber sido unos cínicos y oportunistas, como ciertos colegas de la prensa gubernamental. Algunos tenían reconocimiento oficial. Pero no quisieron tener un coche otorgado por el Estado ni viajar a eventos y foros sociales de la alborotada izquierda mundial.

Si hubiesen seguido siendo seguidores del régimen, hoy se codearían con Fidel Castro y tendrían que soportar a pie firme las monsergas sobre la indetenible guerra atómica que según Castro se nos viene encima.

Se libraron de escuchar en silencio y optaron por ser hombres libres. Lo pagaron con la cárcel, detenciones arbitrarias, actos de repudio y el exilio.

La nueva camada de periodistas independientes, salvo excepciones, no tiene formación profesional. Tampoco trae consigo ese miedo en el cuerpo padecido por quienes laboran en los medios estatales. Los hay brillantes como Luis Cino, Víctor E. Sánchez, Evelyn Ramos, Luis Felipe Rojas y Laritza Diversent.

Desde 2007, ha habido una implosión de blogueros. Varios tienen una preparación intelectual. Ya no es sólo Yoani Sánchez. Jóvenes como Claudia Cadelo y Orlando Luis Pardo tienen bitácoras muy seguidas.

Algunos poseen currículos académicos y sobrepasan los 50 años, como Miriam Celaya y Dimas Castellanos que, en mi opinión, hacen los mejores blogs de análisis político escritos en la isla.

Con dificultades de todo tipo, tanto los periodistas libres como los blogueros alternativos, se han anotado un gol importante. Abrieron una brecha en el férreo muro del monopolio de la noticia que tenían el partido y el gobierno cubanos.

Ya sus opiniones y análisis cuentan para los estudiosos del tema Cuba. Lo pequeño a veces trae consigo vientos con fuerza de huracán. Si lo dudan, pregúntele a los hermanos Castro. Bastante guerra les han dado.

Iván García

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¿Se volverán a llenar las cárceles?


Es una probabilidad. Ya se sabe que los Castro son impredecibles. A ratos intentan comportarse como hermanos respetuosos de las normas internacionales. A decir verdad, las reglas democráticas y los acuerdos sobre derechos humanos son instrumentos que el gobierno de La Habana les tiene ojerizas.

La negociación a tres bandas del general Raúl Castro con la iglesia católica cubana, el canciller español Miguel Ángel Moratinos y un ala de izquierda de la administración de Barack Obama, que culminó con el acuerdo de liberar a los 52 presos de conciencia de la primavera negra del 2003, y que promete extenderse a más presos políticos de la isla, pudiera convertirse en un gesto estéril.

A partir del discurso de Castro II el 1 de agosto, se dispararon las alarmas en los servicios secretos cubanos. El General dio una vuelta de rosca a la supuesta distención y le envió un mensaje de ida y vuelta a la disidencia del patio.

Lo dijo claro. No confundan tolerancia con impunidad. La calle es de los revolucionarios. Ya sabemos lo que eso significa. Golpizas del “pueblo indignado” y actos de repudio, verdaderos linchamientos verbales a quienes se oponen al régimen.

La Seguridad del Estado tomó nota y comenzó a trabajar a destajo en lo mejor que sabe hacer: reprimir. El 5 de agosto, fecha en la que se conmemoraba el décimo sexto aniversario del maleconazo, la policía política llevó a cabo un extenso operativo a disidentes y periodistas libres que ese día asistieron a la Sección de Intereses de Estados Unidos para navegar por internet.

Detuvieron a decenas de opositores hasta por 12 horas. A todos los detenidos se les advertió que no habría impunidad. Como parte de esa estrategia, también se han citado y levantado actas de advertencia a periodistas independientes en distintas provincias.

Reina LuisaTamayo sufre un acoso feroz en su casa de Banes, Holguín, a 700 kilómetros de La Habana. No les bastó que Reina perdiera a su hijo Orlando Zapata Tamago después de 86 días de huelga de hambre, el pasado 23 de febrero.

Es la Dama de Blanco que ha sido tratada con más rudeza por parte de la policía política. No han respetado su dolor de madre ni le han permitido hacer el duelo a que tiene derecho.

La pregunta que hoy muchos se hacen, es cuál ha sido el motivo para desatar esa razia. Puede que el gobierno esperase más de la Unión Europea y de Estados Unidos. O que la liberación de un puñado de prisioneros sólo fuese una medida para obtener oxígeno político y cierta credibilidad internacional.

A mí no me caben dudas de que existen fracciones dentro del poder con opiniones diferentes. Y en estos momentos se mueven resortes distintos dentro del status quo. El que logre imponerse, dictará las reglas de juego.

Si salen adelante los ‘talibanes’, los históricos de la revolución de línea dura, volveremos al pasado. Cautela con las medidas económicas y mano de hierro con la disidencia. Habrá que esperar.

Aunque algo es cierto. La negociación apresurada de Castro II, la iglesia y Moratinos, dejó algunos flecos al descubierto. Lo importante, sin duda, era la promesa de liberar a 52 presos políticos que jamás debieron estar en la cárcel.

Pero ni el cardenal Ortega ni el canciller español, al parecer, pudieron arrancarle al general Raúl la promesa de no volver a encarcelar a nadie por sus criterios. Tampoco sobre la mesa se puso la abolición de la tenebrosa Ley 88, que sigue flotando en el aire de la república. Y que con un golpe de martillo, permite que cualquier fiscal envíe a un disidente por 20 años o más detrás de los barrotes.

Los Castro pueden haber decidido comenzar a jugar de nuevo al duro y sin guante. Un sector de la oposición lo sabe. Y se pregunta si habrá nuevos veranos, inviernos, otoños o primaveras negras.

En 51 años de revolución, las cárceles siempre han estado repletas de presos políticos. Son preciadas monedas de cambio. Si el régimen quiere, podría vaciarlas. También si quiere, volver a llenarlas.

Iván García

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