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Emigrar sigue siendo el mejor negocio en Cuba

Emigrar sigue siendo el mejor negocio en Cuba

Cuenta Gerandy, 24 años, graduado de historia del arte, que ncluso en las noches de verano, cuando en pleno apagón los mosquitos te agobian en el poblado de Bainoa, municipio de Jaruco, provincia Mayabeque a unos 30 kilómetros al sudeste de La Habana, la gente se abriga del frío. “Cuando en Cuba los termómetros marcan 34 grados, en Bainoa la temperatura es agradable y en las noches el termómetro baja a 14 o 15 grados. En invierno nite cuento: es la región más fría del país. Tenemos los récords de temperaturas más bajas en la Isla. Según una leyenda, una vez cayó nieve. Pero nadie lo ha podido comprobar”, dice Gerandy.

El valle de Bainoa se ubica en una llanura que antaño estuvo intensamente cultivada con caña de azúcar y otras plantaciones agrícolas. Veinte años atrás, robustas vacas pastaban libren. La tierra fértil y el clima moderado permitían sembrar fresas y manzanas. Eso ha quedado en el pasado. Ahora grandes extensiones de terreno están cubiertos de marabú y los campesinos deben cuidar con viejas escopetas de caza sus raquíticas reses para que no se las roben.

“Algunas de las antiguas vaquerías se han convertido en mataderos ilegales de animales. Muchos de los jóvenes de Jaruco se ganan la vida robando ganado y vendiéndolo en el mercado negro habanero, donde la carne de res si se compra al por mayor te la pagan a 2.50 dólares la libra. Es un negocio lucrativo. Hay guajiros que duermen con las vacas dentro de su casa”, señala Gerandy.

De los cerca de 26 mil habitantes del municipio Jaruco, “más de diez mil se han ido para La Habana o han emigrado, la mayoría a Estados Unidos. El éxodo no se detiene. Te encuentras fincas, con varias hectáreas de tierras, a la venta por 12 mil o 15 mil dólares incluyendo una casa confortable. Cada día te enteras de alguien que se montó en el avión. El pueblo se está quedando vacío”, explica Norbis, residente en el poblado de San Antonio de Río Blanco.

Gerandy coincide que emigrar es una prioridad también en Bainoa. “Los que tienen familia en Estados Unidos o son descendientes de españoles se van por reunificación familiar o le ponen un parole. El resto busca la forma de largarse de esta calamidad por diversas vías. Lo primero, sino tienes a nadie que te financie el viaje, es buscar un negocio que te proporcione dinero. Yo, por ejemplo, vendo ristras de ajos y cebollas en La Habana. Un pariente me las deja a 600 pesos y luego las revendo a más del doble. Parte de ese dinero lo guardo para comprar dólares y poder irme del país”.

Gerandy trabaja en una oficina en la capital. Cuando termina, camina varios kilómetros vendiendo ajo y cebolla por las calles. A veces también vende queso blanco y carne de res. Siempre por encargo. De lunes a viernes se despierta a las cinco de la mañana. “Gasto mil pesos diarios, ida y vuelta, en una camioneta que da viajes diarios a La Habana. Cuando estudiaba en la universidad estuve tres años en un hediondo albergue cerca del malecón, lo más parecido a una prisión juvenil. La comida era un asco. Y tenía que caminar todos los días casi tres kilómetros hasta la facultad. Mi meta es emigrar este año. Estados Unidos es mi primera opción. Pero no descarto España, Uruguay o Brasil”, confiesa Gerandy.

Los planes para emigrar se multiplican en toda la Isla. Daniel, residente en la Florida, considera que “el mejor negocio que puede hacer un emigrante cubano es costearle el viaje a sus parientes. Te saldrá más barato que mandarle dinero y comida mensualmente. Ya saqué a mi hermana y estoy planificando el viaje de mi sobrino. Solo me queda mi madre, ella está muy viejita y quiere morirse allá. Invertir en un negocio en Cuba es una locura. En cualquier momento el gobierno te monta un operativo, te decomisan todo y vas a prisión. Mi peor pesadilla es despertar en una horrible cárcel cubana pasando hambre. Llevo treinta años en Estados Unidos, me hice profesional y tengo una familia. Cuba es solo un recuerdo lejano de la infancia. Allí no se me ha perdido nada”.

La urgencia por emigrar provoca que muchos escojan destinos equivocados e incluso pongan en riesgo sus vidas. Raisa, obrera agrícola en el caserío El Cristo, municipio Quivicán, al sur de La Habana, cuenta que en septiembre de 2023 su hijo mayor viajó a Rusia y hace dos meses no tiene noticias suyas. “Soy madre de tres hijos, dos varones y una hembra. Uno de los varones está en México, intentanto cruzar a Estados Unidos. La hembra es la que mejor está. Vive en Chile, tiene trabajo y me envía dinero y comida. El mayor, por no tener paciencia, se fue a Rusia. Me llamó tres o cuatro veces al principio y me dijo que se apuntó para trabajar. Pero los rusos le encasquetaron un uniforme militar y lo enviaron al frente de guerra. Rezo porque no le haya pasado nada y esté con vida”.

La historia de la emigración en Cuba es larga y dolorosa. Antes de la llegada de Fidel Castro al poder, los cubanos emigraban a Estados Unidos u otros destinos de forma legal. La revolución castrista marcó un antes y un después. Con la radicalización del comunismo, el control político y económico del régimen y la pobreza en que vive la mayoría de la población ha generado una auténtica estampida migratoria.

Saltan la cerca deportistas, profesionales y cualquier persona que desee un proyecto de vida alejado de la absurda consigna de Patria o Muerte y del obstáculo de residir en una nación donde el aberrante socialismo marxista, por ley, es un sistema que imperará por siempre.

Desde la década de 1960, la gente se larga en rusticas balsas, abandonan misiones del gobierno en el extranjero o huyen de una competencia deportiva, de una agrupación musical o un evento internacional. Algunos cubanos han llegado a Estados Unidos como polizontes en buques mercantes o agazapados en el tren de aterrizaje de un avión comercial.

Otros no han llegado. El Estrecho de la Florida se ha convertido en uno de los cementerios marino^s más grande del mundo. Se cree que miles de cubanos han muertos en su intento por llegar tierras de libertad y de ciudadanos libres.

Pero ni siquiera la adversidad de cruzar tramos tan peligrosos como el Tapón de Darién en Panamá, ser secuestrados en México por sicarios de cárteles que ganan millones de dólares con el tráfico de seres humanos o morir en Uncrania en una guerra que no es la suya, detiene a los cubanos en sus planes de emigrar.

Iván García

Foto: Cubanos en el aeropuerto de La Habana. Tomada de El Toque.

Sobre admin

Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: taniaquintero3@hotmail.com

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