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Sin fe de vida de los médicos cubanos Assel y Landy

Sin fe de vida de los médicos cubanos Assel y Landy

En la mañana del 12 de abril de 2019, el especialista de medicina general Assel Herrera Correa y el cirujano Landy Rodríguez Hernández, son secuestrados cuando el vehículo en que se dirigían al hospital de la localidad fronteriza de Mandera, Kenia, fue atacado por miembros de la organización terrorista Al Shabab. Según reportes de prensa, a las 09.00 (hora local) los atacantes bloquearon el paso al coche oficial donde viajaban los médicos con dos automóviles y abrieron fuego, matando a uno de los policías que custodiaban a los doctores, mientras un segundo agente pudo escapar con vida.

Assel y Landy fueron enviados a Kenia como parte de un grupo de cien médicos tras un acuerdo firmado en 2018 entre La Habana y Nairobi que generó polémica entre galenos kenianos, quienes expresaron su rechazo a la contratación de profesionales extranjeros por temor a ver limitadas sus oportunidades de empleo.

Sin embargo, Mandera, donde habitualmente trabajaban Landy y Assel, es un lugar tan peligroso que los médicos locales no quieren prestar servicio, pues es una zona controlada por Al Shabab, los mensajeros de la muerte, como también se le conoce al grupo terrorista.

El régimen de La Habana y sus servicios especiales conocen el extenso prontuario criminal de la banda, ligado a Al-Qaeda, fundada por Osama Bin Laden en 1985 durante la ocupación soviética a Afganistán. Al Shabab es una consecuencia del vacío de poder en Somalia después de la caída del gobierno de Siad Barre (1969-1991), que provocó el caos y el resurgimiento de autoridades religiosas tradicionales que se dedicaron a regular de una forma autoritaria las relaciones sociales.

La Guerra Fría y la geopolítica de grandes potencias imperiales como la extinta URSS contribuyeron a delinear el actual escenario en Somalia: un país donde el terrorismo y la piratería son una moneda de cambio. El régimen de Fidel Castro fue peón en el tablero de ajedrez mundial y colaboró en la anarquía que vive actualmente Somalia.

Hasta 1976, Castro apoyó a Siad Barre. Pero en 1977, tras la llegada al poder de Mengistu Haile Mariam en Etiopía, fronterizo con Somalia, se desata el terror rojo y la hambruna en la región. Castro cambió de alianza y comenzó apoyar a Mariam en su guerra contra Eritrea y Somalia. El general Arnaldo Ochoa, fusilado en el verano de 1989 por el castrismo para acallar la participación del régimen en el tráfico de drogas, dirigió la famosa batalla de Ogadén que apuntaló al autócrata etíope en el poder.

La prensa estatal cubana ignora o manipula la etapa de subversión y participación de Cuba en guerras civiles en África. También intenta relegar el apoyo a dictaduras sangrientas como la de Pol-Pot en Kampuchea o Mengistu en Etiopía, cuyo régimen es responsable por la muerte de entre 725.000 y 1.285.000 personas.

El 23 de mayo de 1963, cuando el entonces ministro de Salud Pública, José Ramón Machado Ventura, viajó a Argelia al frente de un equipo compuesto por 29 médicos, 3 dentistas, 15 enfermeros y 8 técnicos sanitarios, marcó el comienzo de las misiones médicas de Cuba en el mundo.

Es probablemente la herramienta más poderosa con la que cuenta la autocracia caribeña para seducir a naciones del Tercer Mundo y agrupaciones izquierdistas y progresistas diseminadas por todo el planeta. En un primer momento esa ayuda era gratis. Los países que la recibían corrían a cargo de los gastos de manutención y protección de los médicos que trabajaban en zonas de conflicto.

Era más una estrategia de propaganda que de negocio. Entonces, Castro recibía anualmente 13 mil millones de barriles de petróleo del Cáucaso y un generoso subsidio de Moscú que en treinta años triplicó la cantidad de dinero del Plan Marshall de Estados Unidos, destinado a rehabilitar la democracia y las economías de Europa occidental después de la Segunda Guerra Mundial.

Pero el régimen cubano era un pozo sin fondo y necesitaba moneda dura para poder mantener su monstruoso aparato subversivo y propagandístico. Los servicios especiales contaban con una organización encargada de obtener dólares, con exportaciones clandestinas, tráfico de drogas o asaltos a bancos en países latinoamericanos.

Llamémosle Vivian, ex funcionaria en la Comercializadora de Servicios Médicos Cubanos (CSMC, S.A.), un entramado de empresas, institutos de investigaciones médicas y clínicas de alto estándar que ofrecen servicios en divisas, asegura que “en la década de 1970, el gobierno comenzó a cobrar las misiones médicas. Se cobraba en dinero, trueques o con apoyo político internacional. Cada vez que Cuba enviaba profesionales de la salud a una zona de desastre o un lugar intricado de África, en medio de una guerra civil, Fidel sabía que ganaba un voto seguro en la ONU y en la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra”.

“Es una estrategia de ganar-ganar. Incluso cuando se comenzó a cobrar millones de dólares y se convirtió en la primera industria de Cuba, se ganaba el corazón de los gobiernos y pobladores de esos países. Fidel lo sabía. Por eso nunca escatimó riesgos. Nuestros médicos -el ejército de batas blancas, como le llamaba-, estuvieron en países en conflictos y ciudades donde imperaba la violencia. El número de profesionales de la salud muertos o asesinados es un secreto de Estado”, dice Vivian.

En su mejor momento, la exportación de servicios médicos ingresó a las arcas del régimen 11 mil millones de dólares, pero en los últimos cinco años esa cifra ha descendido a 5 o 6 mil millones de dólares anuales. El régimen se apropia entre el 70 y 90 por ciento de los salarios.

Aunque, reconoce Fernando, especialista en ortopedia que ha estado en tres misiones en el extranjero, “nosotros mismos nos ponemos la soga en el cuello, porque antes de partir firmamos un contrato aceptando cobrar esas migajas”. Las razones de por las cuales aceptan ser explotados laboralmente por el gobierno van desde la “necesidad económica hasta aprovechar la misión para emigrar. Es verdad que te pagan una miseria, pero un médico en Cuba gana el equivalente a 20 dólares mensuales. Es puro síndrome de Estocolmo. En tres años puedes reunir, entre lo ahorrado y el dinero que se inventa haciendo abortos o teniendo una lista de clientes adinerados, y cuando regreses comprarte una casa o un carro. Es la única forma de prosperar que tenemos”, explica.

La prensa independiente en la Isla desde hace muchos años viene denunciando el latrocinio que sufren nuestros médicos. Prisoners Defenders, una organización radicada en Madrid y presidida por Javier Larrondo, ha revelado en organismos internacionales la extorsión a la que son sometidos los profesionales cubanos. Grandes medios globales como The New York Times, Washington Post o la BBC han publicado historias revelando el esquema de opresión que sufren los médicos cubanos.

Cuando llegan al país donde fueron contratados les quitan su pasaporte, se les prohíbe tener relaciones de amistad con residentes y usar las redes sociales para criticar al régimen de La Habana. Tampoco se les permite llevar a su familia. Y si deciden emigrar, el gobierno los cataloga como desertores y son castigados ocho años sin poder volver a su patria.

“Reconozco que la mayoría hemos aceptado sin enfrentarnos esos tratos degradantes. No lo voy a justificar. Pero hemos crecido bajo un bombardeo propagandístico y de adoctrinamiento feroz que anula la capacidad de análisis. Hemos ido a sitios violentos donde nadie quiere trabajar, obligados por la necesidad. Estuve laborando en un dispensario en los cerros de Caracas donde un día sí y otro también mataban o acuchillaban a alguien. Si lo acepté, fue porque necesitaba reunir 10 mil dólares y adquirir un apartamento cuando volviera a Cuba. En Venezuela pasé hambre para ahorrar dinero y las condiciones de trabajo eran muy malas. Adulterábamos las estadísticas y no teníamos medicamentos para atender a los pacientes. Todo era un engaño”, comenta una doctora habanera.

En un hospital al este de Caracas hay una tarja de bronce que expresa:»A los colaboradores de la salud fallecidos en tierras bolivarianas durante el cumplimiento de su deber», como si hubiesen caído en batalla. Pero no murieron en combate. Fueron víctimas de la violencia callejera que ha convertido a Venezuela en un matadero. La última vez que Miraflores informó sobre el número de médicos cubanos asesinados en el país fue en abril de 2010 y hasta ese momento habían muerto 68 médicos. Se desconocen reportes posteriores del gobierno venezolano.

Assel Herrera y Landy Rodríguez, presuntamente fallecidos por un ataque de drones norteamericanos el pasado 15 de febrero, tal vez desconocían los peligros del lugar a donde fueron destinados. Pero el régimen cubano sí sabía que estaban en una zona de conflicto. Llama poderosamente la atención la falta de transparencia en el manejo de la información por parte de las autoridades.

El caso de los dos médicos contrasta con el de los cinco espías, cuando el régimen gastó millones dólares en publicidad y en abogados y bufetes jurídicos de primera clase en Estados Unidos. El secuestro de Assel y Landy en abril de 2019 está marcado por la indiferencia.

Si usted revisa la cronología de la banda terrorista Al Shabab, se percatará que utilizan el secuestro como una forma de obtener dinero. Entre 2008 y 2018 secuestraron al menos a diez personas de diferentes nacionalidades, españoles, británicos e italianos, entre otros, y por su liberación posteriormente cobraron entre un millón y medio y cinco millones de dólares.

¿Por qué el gobierno de Cuba no intentó pagar por su rescate? ¿Y si lo intentó, por qué no lo ha informado? Las presuntas muertes de Assel y Landy genera demasiadas preguntas sin respuestas.

Iván García

Foto: A la izquierda, con la bandera de Kenia, Assel Herrera Correa, y cargando un bebé, Landy Rodríguez Hernández, los dos médicos secuestrados en abril de 2019. Tomada de Diario de Cuba.

Sobre admin

Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: taniaquintero3@hotmail.com

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