Armani, toma nota

No se parece a futbolista inglés David Beckham, sino al actor español Antonio Banderas. Es cubano, se llama Carlos y nació hace 24 años en un caserío del central azucarero Venezuela, en la provincia de Ciego de Ávila, a casi 600 kilómetros de La Habana.

Le gusta vestir vaqueros Guess bien ajustados, con un cinturón ancho donde resalta una hebilla con un águila imperial, y un pulóver Dolce&Garbana, ceñido, para resaltar sus bíceps modelados con paciencia en un gimnasio. Más que de su cuerpo, de lo que le gusta presumir es de su pene.

Para completar su pinta de chulo de barrio, un dentadura de oro, dos cadenas y una manilla de un dedo de grueso. Todo de 18 quilates. El pelo negro y brillante con demasiado gel. Y si nunca perder la sonrisa de éxito.

Y vaya si tiene éxito el chico de oro. Hace cinco años vive en La Habana. En sus primeros tiempos, junto a un amigo rentaba una habitación por 40 c.u.c mensuales en una sórdida y mugrosa cuartería del marginal barrio de San Leopoldo. Ahora no.

-Tengo una novia cubana que es modelo en Italia y está casada con un hombre que además de abdomen, le sobran los euros. Ella vive para mí. Todos los meses me gira entre 800 y 1000 euros y cuando viene de vacaciones la pasamos en grande en hoteles de lujo y discos de moda. Le compró una casa a mis padres en Ciego de Ávila y hace poco una a mí en el Nuevo Vedado. Además de un coche y un ordenador de última generación. No me puedo quejar de ella.

Carlos no se considera el típico “pinguero”, como se le conoce en Cuba a los muchachos que venden su pene a hombres o mujeres. Al principio, cuando era un guajirito de estreno en la capital, supo que atraía por igual a hombres y mujeres.

-Hice el amor con unas cuantas viejas asquerosas por 30 c.u.c y no fueron pocas las noches que algún vejete europeo me chupaba la verga por solo 10 dólares, en la escalinata de la Universidad de La Habana.

Pero aquellos años de sexo mal pagado pasaron a mejor vida. Varios homosexuales españoles y canadiense al llegar a su terruño, cuando salen de copa elogian tanto las cualidades de este gigoló caribeño, que sus amigos, en sus próximas vacaciones se dan un saltito por La Habana para conocer al tipazo. Agraciado como Antonio Banderas. Y bien dotado como un actor de películas porno.

Y por supuesto, también se dan una vuelta por el Nuevo Vedado, chicas de Alcobendas o Milán y ancianas rollizas de Londres o Ginebra. Una enamorada alemana le actualiza una página donde anuncia sus “cualidades”.

-Ya me considero un profesional. Ahora no cobro menos de 120 euros la noche, incluso tengo planes de cobrar por horas, como los buenos gigolós.

El sueño de Carlos es marcharse a Madrid o Berlín y abrir un club de nudismo masculino.

-Aquí en Cuba se corren muchos riesgos. Al ser una profesión ilegal, si me pillan puedo ir a las rejas 5 años. Y en la prisión, yo que no soy valiente, seré la ‘chica’ de cuantos bugarrones se le antoje.

Según dice, sus horas en la isla están contadas.

-Cierta vez leí que en los años 50 había un club en el barrio chino habanero, donde un negro era muy famoso por un espectáculo donde mostraba su verga de 30 cm. Yo me la medí y estoy cerca. Cuando recale en Europa haré un remedo de ese espectáculo.

Ya se imagina ganando euros y aplausos después de una actuación en centros nocturnos. Entrevistas en las revistas del corazón y una fila de fans haciéndole propuestas al chico del central Venezuela parecido a Antonio Banderas. “Pero mejor dotado que el actor de Málaga”, dice risueño.

Y probablemente también que David Beckham, a quien la reportera italiana Elena di Cioccio se atreviera a tocarle los genitales. La nueva imagen del Emporio Armani para ropa interior masculina es el portugués Cristiano Ronaldo. Más bonitillo y musculoso, pero no muy ”superdotado” según estas fotos:

Así que, Armani, toma nota. Este cubano no será tan famoso, pero con él no hay que perder tiempo haciendo photoshop.

Iván García

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Una historia de odio y amor

Sandra lloraba sobre la almohada sin consuelo. A su mente venían recuerdos tristes que ahondaban su pena y le cortaban la respiración. Su padrastro la despertaba a las 6 de la mañana para que limpiara toda la casa, antes de irse para la escuela. De rodillas, pulía con la frazada el piso, hasta que quedara seco. De no ser así este le propinaba una golpiza feroz. No entendía porque la odiaba y maltrataba tanto. Entonces sólo tenía 16 años.

Cuando lloraba en silencio venían pensamientos nefastos a su cabeza. Deseaba que su padrastro muriera. ¿Cuántas veces no le pidió a Dios que falleciera en algún accidente o de un cáncer devastador? Era lo único que podía hacer ante su impotencia. El todopoderoso no la complació. Siempre regresaba y continuaba amargándole  la existencia.

Isabel, la madre sabía que su hija lloraba encerrada en el cuarto, sufría junto con ella pero no decía nada. No podía contradecir a Pedro. Llevaban 15 años de matrimonio y dos hijas en común. Sandra era fruto de su primera relación, y Pedro le había ayudado a criarla desde los cinco años. Estaba agradecida a este hombre despiadado y de pocas luces, que se casó con ella y la sacó de un paraje intrincado en las montañas de la Sierra Maestra.

Una noche, cuando todos dormían, despacio y sin hacer el menor ruido Sandra abrió la puerta, corrió hasta que sus pies se cansaron. Una carretera la hizo reaccionar. Estaba lejos de casa y la autopista solitaria le recordó historias de asaltos que habían ocurrido por esa zona. El miedo la hizo esconderse entre las altas yerbas. No podía creer lo que su ira la había empujado hacer. Sintió tanta pena de sí misma y nuevamente a llorar inconsolablemente.

Pensó tirarse ante uno de aquellos autos veloces. Pero quedaría destrozada y su madre no la reconocería. Con un pedazo de vidrio encontrado en la carretera, frotó sus muñecas. Quería entrar en un sueño letárgico del que no despertara jamás. Ni siquiera se hizo un rasguño. Comprendió que no tenía suficiente valor para acabar con su sufrida existencia.

Necesitaba que alguien la escuchara. Sintió música en casa de Laura y se atrevió a tocar la puerta, a pesar de lo avanzado de la madrugada. Laura se sorprendió al verla. Sandra se le tiró encima a llorar. Después de tomarse un vaso de agua y contar su triste historia, aceptó tomar un trago de ron. Uno, dos, tres…, ya estaba mareada, todo le daba vueltas. Sentía como Laura la desvestía, acariciaba sus senos y la besaba.

Todo en su mente se puso negro. Despertó con un terrible dolor de cabeza. Estaba completamente desnuda y sola en la casa. Tenía recuerdos vagos, no podía entender nada. Estaba decidida a no regresar, no podía soportar la cara de su padrastro. Laura llegó, la sorprendió con un beso en los labios. Sus ideas se iban ordenando en la cabeza, pero no estaba segura de lo que había sucedido horas ante entre ellas dos.

Laura era una mujer independiente, vivía sola desde hacía un año, cuando se divorció. Sandra la conocía desde el preuniversitario. Se daba cuenta del trato especial que le ofrecía, pero no al extremo de sospechar que estaba enamorada de ella. En esa circunstancia, debía escoger entre los maltratos despóticos de su padrastro o la estabilidad emocional y amorosa que le ofrecía su amiga.

Un mes más tarde estaba completamente cambiada. En su rostro se notaban las ganas de vivir. La libertad estaba en sus manos. Era dueña de su vida. Besaba a cuantos quería o la deseaban, no importaba el sexo. Era como realmente deseaba ser y ya no había nadie que se lo impidiera.

Cinco años después, Laura y Sandra, dos profesionales lesbianas, son una pareja feliz y estable. Esperan la respuesta de la Embajada de España, para viajar con un contrato de trabajo. Las dos saben que sólo necesitan el pasaje de ida.

Laritza Diversent

Foto: Dos mujeres desnudas, de Pablo Picasso. Pintado en París en noviembre de 1945.

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Vania Borges: No sé por qué

Con esta versión de Don’t Know Why, de Norah Jones, en la voz de una de las mejores intérpretes cubanas, queremos felicitar a todas las lectoras del blog en el Día Internacional de la Mujer.

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La revolución hace agua

La revolución cubana es una antigualla. Hace agua. Tiene un  valor sentimental para los nostálgicos de izquierda, quienen entre sus planes tienen ver en la tele los días finales de la burguesía capitalista y el imperialismo yanqui.

Lamentablemente, para esa izquierda radical, los tiempos han cambiado. Los obreros del primer mundo, la materia prima principal de la teoría marxista, esos tipos llenos de colesterol que en el siglo 18 vivían en chozas infestadas de ratas, ahora compran autos del año, blue jeans Levi’s e invierten parte de su dinero en acciones de la bolsa o un fondo de pensión.

Al diablo la dictadura del proletariado. La gente común y corriente de Europa, Estados Unidos o cualquier otra de las treinta naciones que funcionan con cordura y coherencia en el planeta, apuestan por la democracia y la tripartición de poderes.

El socialismo de corte marxista, con clanes de políticos rufianes que están en el poder hasta su muerte, como sucedió en Europa del Este o la URSS, hace rato que dijo adiós. No funcionó. Esa ideología fue implantada por los tanques de Stalin al término de la II Guerra Mundial.

Y la razón fundamental, porque va contra la naturaleza del hombre. En Cuba, en sus inicios, Fidel Castro vendió el discurso de una revolución humanista, nacionalista y liberal. Pero todo fue una trampa. Una estafa política, que sedujo a innumerables intelectuales del mundo, que pensaron que en la Isla se estaba gestando una nueva forma de sociedad.

Pudo Castro apostar por esa fórmula. Tenía el apoyo del 90 por ciento de la población. Pero había que instaurar reglas de juego democráticas. Elecciones, partidos de oposición, tribunales independientes, respeto a la propiedad privada y otras “necedades” en las que el comandante único no creía ni un ápice. Desde niño, él siempre pensó en grande. Cuando jugaba con soldaditos de plomo, allá en la finca de su padre en Birán, o cuando su amigo, el cocinero de la casa, le leía los partes de la guerra civil española.

Al inquieto joven Fidel Alejandro Castro Ruz, no le interesaba los intelectuales británicos, gordos y trajeados que intentaban demostrar los beneficios del liberalismo. Esos camajanes, pensaría, no han tirado un tiro. Sus héroes eran los guerreros. Alejandro Magno, Julio César o Simón Bolívar. Los de corta y clava. Los que imponen respeto a la fuerza.

Nuestro anciano comandante no tiene entre sus prioridades la democracia. Todo el que lo critica, automáticamente es “yanqui, traidor y mercenario”. Pero ésa no es una teoría creíble. En 51 años se ha acostumbrado a los aplausos y la unanimidad.

No puede entender que en su país allá cada día más personas que disienten por cabeza propia. Y la CIA o el FBI no le pasan un cheque por debajo de sus puertas. No. Simplemente están en desacuerdo con la forma en que los hermanos Castro rigen los destinos de su país. Con su caudillismo inveterado, violan hasta la propia Constitución que crearon en 1976, una vulgar copia de la Constitución soviética.

El pronóstico para el futuro de Cuba no es nada optimista. Con esa fórmula de necedad y abuso de poder aplicada por los Castro, sólo han logrado que se polaricen las opiniones de sus adversarios políticos dentro de la Isla.

El propio Fidel Castro, a raíz del asesinato de un joven opositor por parte de la dictadura de Batista, a finales de los años 50, exclamó “más que un crimen, fue una estupidez”. La frase encaja a la medida en la muerte reciente del prisionero político Orlando Zapata Tamayo.

Por desesperación, quizás por tener las manos atadas, la oposición en Cuba apuesta en alto grado por el apoyo internacional, en particular de Estados Unidos y España. Es de agradecer ese respaldo. Pero los opositores debieran arremangarse las mangas y saber que  las críticas de esos países hacia el régimen castrista son discursos de humo que a los pocos días se los lleva el viento.

Somos nosotros, desde Cuba, quienes debemos exigir al gobierno dar un giro hacia la democracia, los que debemos hacer valer nuestros derechos. Reclamarle a Raúl Castro que no intente dialogar con la administración de Barack Obama, sino con los cubanos que disienten.

Que Obama siga en lo suyo, que es bastante, y Zapatero que se concentre en sus zapatos. El gobierno de los Castro acusa de mercenarios a todos los que se les oponen, pero por un raro ejercicio de genuflexión, prefiere negociar con los que acusa de imperialistas, antes que con los propios cubanos, quienes en un alto por ciento critican su gestión.

Me pregunto quién está cumpliendo un rol mezquino. El tiempo no se puede detener, como desearían los hermanos Castro. Gústele o no a los gobernantes, el estado de cosa debiera cambiar. Mientras eso no suceda, el pronóstico de la situación en Cuba es impredecible. Ni contratando a Houdini. O a Walter Mercado.

Iván García

Foto: Bryan Hayes, Flickr. Dos tanques de agua en una azotea de La Habana.

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“Los Castro han dejado un país en ruinas”

Fue jefe del despacho de Raúl Castro y embajador de Cuba ante Naciones Unidas, pero hace ocho años decidió exiliarse en Estados Unidos. El régimen acabó dejando un mal sabor de boca a Alcibíades Hidalgo, inicialmente muy ilusionado con la política castrista. “Yo fui un verdadero creyente de la Revolución. Tenía 13 años y el proyecto me encantaba”, cuenta el ex viceministro de Exteriores, de 64 años.

“Fidel Castro no salió de la chistera de un mago, es el producto de una democracia muy imperfecta. Al trabajar tan cerca de él pude percatarme de las realidades del poder”, comenta Hidalgo, que describe el comportamiento del Comandante como consumido por una megalomanía.

“Fidel se considera a sí mismo como un ser tan superior que es capaz de llegar a donde están sentados 10 o 12 viceministros y saludar sólo a dos de ellos, ignorando a los demás”, añade el ex embajador, subrayando las diferencias existentes entre los dos hermanos Castro. Fidel, en su opinión, no hizo nada para evitar que la sociedad cubana se desmoronara ante sus ojos, mientras que Raúl “siempre estuvo más cercano a la realidad del país”.

Según el antiguo brazo derecho del actual gobernante, estas diferencias generaban fuertes problemas entre ambos, ya que el hermano menor siempre buscaba crear instituciones que funcionaran bajo el Partido Comunista, mientras que el líder de la Revolución intentaba escaparse de las ataduras de una formación que sí utilizaba, “pero en la cual no creía”.

“Es más”, agrega Hidalgo: “Durante años Raúl se opuso sistemáticamente a las campañas de Fidel que ignoraban la realidad económica de la isla o daban prioridad a proyectos que él quería desarrollar al margen del normal funcionamiento del país”. Según cuenta el ex viceministro, las rencillas entre los Castro no terminaron ni en 2008, cuando Raúl ascendió a la Presidencia de la nación.

Aunque admite que el actual líder impulsó ciertas medidas de apertura económica como solución a la ineficiencia del Gobierno, Hidalgo opina que “tras medio siglo de juego entre los dos hermanos, al final de sus vidas entregan un país en ruinas y tampoco son capaces de reconocerlo”.

En este sentido, Hidalgo -como muchos otros cubanos- no espera que el cambio llegue de la mano de Raúl: “En algún momento dijo que quería crear un Estado y una sociedad que funcionaran, generando esperanzas de cambio y de reforma. Sin embargo, en el tiempo que lleva en el poder no ha habido nada de todo eso”.

El hombre que durante once años fue la sombra del actual presidente asegura que “Cuba tiene que empezar a cambiar” y que “eso es inevitable”, aunque en la actualidad “no existe ninguna señal real de apertura por parte de Raúl”. Según Hidalgo, el hecho de que Fidel todavía esté vivo es “quizás el mayor obstáculo” para el cambio. “Es duro reconocerlo, pero mientras los Castro estén en el poder, los dos hermanos le dan coherencia a ese Gobierno”.

Para Hidalgo, el exabrupto que tuvo Raúl ante la prensa brasileña tras la muerte del disidente Orlando Zapata -que coincidió con la visita a Cuba del presidente Luiz Inácio Lula da Silva- demuestra el nerviosismo que existe en la isla por la inestabilidad del régimen. “El Gobierno está en un momento muy difícil. La prensa oficial incluso está reflejando la ausencia de reformas. El país está en quiebra y su mejor aliado, Hugo Chávez, también se enfrenta a problemas serios en Venezuela”.

“El Gobierno reprime más ahora que cuando Fidel estaba en el poder. Nos llegan informaciones muy malas sobre la falta de derechos humanos y el estado de la economía, y ésa es una combinación muy peligrosa”, explica Hidalgo, que mira con ojos desencantados la realidad actual de su isla: “Cuba está dominada por una clase política octogenaria que quiere permanecer en el poder y a la que no importa lo que vaya a suceder con el destino del país”.

Romina Ruiz-Goiriena

EL Mundo

Foto: Robin Thom, Flickr

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Los alumnos de Delphine

El 11 de febrero, en el blog dejaron un comentario:

Disculpen la molestia. Soy profesora de español en un liceo francés, y en clases estamos estudiando el tema de la libertad de prensa en América Latina y más exactamente en Cuba. Hemos estudiado un artículo de prensa sobre los blogueros cubanos, en El País, y los alumnos se hacen muchas preguntas, les interesa mucho el tema. Les propuse escribir colectivamente una carta, pienso mandárselas en los próximos días. No se sientan obligados a responder, pero sería un momento mágico para ellos, tener noticias e información en directo desde Cuba. Gracias, les felicito por su blog.

Delphine Bougeard

El 1 de marzo, recibimos dos cartas, una de la clase 1S2 y otra de la 1S3, del Instituto Julliot de la Morandiére, al noroeste de Francia, en Normandía, al lado del Mont St. Michel. Cuatro días después, Iván les contestaba. A continuación, su respuesta.

La Habana, 5 de marzo de 2010

A los chicos del Instituto Julliot de la Morandiére:

Es un placer para mí responder sus dudas e inquietudes. Les cuento. Me llamo Iván García Quintero y soy periodista independiente desde 1995. Nací en La Habana el 15 de agosto de 1965.

Soy autodidacta. Comencé escribiendo en Cuba Press, una agencia al margen del control estatal, dirigida por el poeta y periodista cubano Raúl Rivero (fue uno de los 75 presos de la primavera negra, en 2003, desde 2005 reside en Madrid). En estos quince años, he colaborado con diferentes páginas web y periódicos digitales.

Desde el 28 de enero del 2009 tengo un blog. Se llama Desde La Habana, y ahí regularmente escribo, junto a la abogada Laritza Diversent, a mi madre Tania Quintero, también periodista independiente, y a Raúl Rivero. A veces publicamos textos de otros autores, cubanos y extranjeros. Los contenidos suelen abordar la realidad de Cuba en este siglo 21, y situaciones dramáticas, como el reciente terremoto en Haití.

Desde octubre de 2009 escribo en un blog de debate llamado 90 Millas, en El Mundo/América, una edición del diario español El Mundo destinada a los hispanos en Estados Unidos. 90 Millas -la distancia que separa a La Habana de la Florida- es un blog a dos manos, con Max Lesnik, viejo político y reportero cubano, admirador de la revolución de Fidel Castro y exiliado en Miami. Para ese diario, además, redacto historias sobre diversos temas cubanos. Al escribir por mi cuenta, no tengo censor. Me autocensuro cuando lo impone la cordura.

No deseo marcharme de mi patria, que es de todos los cubanos, y no sólo de los seguidores de Fidel Castro y su revolución, como equivocadamente piensan quienes rigen los destinos de mi país.

En Cuba cuesta Dios y ayuda hacer periodismo independiente. Por varias causas. La principal, porque el gobierno te considera un “traidor”, “vendepatria” y “mercenario al servicio de los Estados Unidos”.

Los gobernantes cubanos no aceptan ni respetan las discrepancias. Cuando uno escribe sin mandato, la respuesta oficial es una catarata de insultos y descalificaciones. Aunque eso es lo de menos. En el aire de la isla flota una ley tenebrosa que permite a las autoridades encarcelarnos hasta 28 años, si así lo estiman pertinente. Es la Ley 88 o ley mordaza, y que pueden leer aquí.

Ahora mismo, mientras les redacto estas líneas, hay 27 periodistas independientes presos. Por muchos años. Ellos no pueden ver a sus hijos crecer y estar al tanto de sus avances escolares. Presos por escribir lo que piensan y por utilizar sus plumas como arma.

Los periodistas y blogueros independientes  cubanos, tienen que hacer innumerables sacrificios para asumir su trabajo. Por lo general, emigrados cubanos residentes en Estados Unidos, España o Europa, o alguna ONG, les hacen llegar ordenadores, teléfonos móviles y otros materiales.

Cuando en Cuba se disiente, salvo excepciones, te expulsan de tu trabajo. Sin contar que el salario es una broma. Como promedio, un cubano gana en pesos, la moneda nacional, el equivalente a unos 20 euros al mes. En el mejor de los casos.

Muchos cubanos sobreviven robando al Estado. Cualquier cosa. Desde queso en una pizzería estatal hasta papel sanitario y jabones de baño, si trabaja en un hotel. Los blogueros que conozco, no cobran un centavo por sus blogs. En el caso de Yoani Sánchez, ella ha obtenido dinero debido a premios periodísticos  y libros publicados en el exterior.

Mi situación personal es distinta. Tania, mi madre, mi hermana Tamila y una sobrina, Yania, de la edad de ustedes, desde noviembre de 2003 viven en Lucerna, Suiza, como refugiadas políticas. Con mil sacrificios me envían dinero. Gracias a esos envíos, puedo mantener a mi familia y a Melany, mi hija de 7 años, quien está aprendiendo a leer y me pidió que les enviara saludos, ella vio su foto. También ayudo a un tío de 92 años que se burla de la muerte.

En El Mundo/América me pagan según los trabajos publicados. Con ese dinero, pienso arreglar el desvencijado apartamento donde vivo, en la barriada habanera de La Víbora. Y ayudar a Laritza, quien reside en el reparto El Calvario, en una choza, como cualquier persona pobre de un país africano.

Soy una excepción. Casi todos los blogueros y periodistas independientes sólo pueden desayunar café y hacer una comida diaria. Nadie en sus cabales escribe por dinero cuando sobre tu cabeza pende una ley que te puede condenar a muchos años de prisión.

Si el gobierno cubano no ha encarcelado de forma masiva a todos los que abiertamente discrepamos, es debido a la opinión pública internacional. Y a personas sensibles como ustedes, que toman nota de lo que sucede en los regímenes totalitarios.

Respondo otras preguntas. Las conexiones a internet son caras. Entre 5 y 10 dólares la hora. Casi el salario mínimo en Cuba. Ningún periodista independiente o bloguero tiene adsl en su casa. Tenemos que conectarnos en hoteles, donde el servicio es super lento. Subir videos y fotos es desesperante.

Hay embajadas que por compasión permiten el acceso a internet, pero ir a sedes diplomáticas es arriesgado, te pueden acusar de “contubernio con el enemigo”. No tengo vocación de héroe. Tampoco madera de mártir.

Claro que tengo miedo de las posibles represalias del régimen de los hermanos Castro, pero mis deseos de vivir algún día en democracia son más fuertes. Y acontecerá. Más tarde o más temprano, Cuba será un país democrático y algún día podremos charlar mirándonos a los ojos.

De corazón aprecio su preocupación por esta pequeña isla del Caribe, cargada de simbolismos y maldiciones. Ustedes han crecido en un clima de respeto a las ideas del prójimo.

Francia es cuna de la forma moderna de hacer política. A poca distancia de su colegio, un 6 de junio de 1944, tropas aliadas desembarcaron por las costas de Normandía y echaron a las hordas nazis.

Desde ese momento el mundo fue otro. Los derechos del hombre y la libertad de expresión e información son cuestiones inalienables del ser humano. Aunque Fidel y Raúl Castro no lo vean así.

Deseo que en ese futuro que se nos viene encima, ustedes sean profesionales de primera.

Y cuando yo sea un abuelo, les contaré a mis nietos que un día, cuando en mi patria no existían las libertades esenciales, unos chicos de un colegio francés, llenos de inquietudes, me escribieron y enviaron un cuestionario con preguntas inteligentes.

Me ha sido muy grato responderles. Si  logré despejar sus dudas, me doy por satisfecho. Si no, me vuelven a escribir.

Nos mantenemos en contacto. Sigan preocupados por lo que los rodea. Algún día espero conocerlos en La Habana, que si bien no vale una misa como París, merece la pena darse una vuelta por la ciudad de las columnas y el malecón.

Con afecto, a ustedes, Delphine y el resto de sus compañeros y profesores,

Iván

P.D./ Laritza me pidió que les enviara un fuerte abrazo. Como la mayoría de las cubanas, trabajadoras, madres y esposas, apenas tiene tiempo libre. Para redactar sus trabajos, tiene que hacerlo de madrugada.

Carta de los alumnos de Delphine1es2

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Guillermo vuelve a La Habana

Cuerpos divinos (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores), el nuevo libro de Guillermo Cabrera Infante que comenzó a circular esta semana en España, es la historia puntual de un fracaso. La reseña del paso de un ciclón escrita por un hombre descalzo y sin camisa en la ruta del viento. Y el retrato de la decepción del proceso político cubano de 1959, hecho a mano, por un novelista que inventó un lenguaje para contar las cosas y que tomó notas de la vida como un reportero que cubría siempre su primera noticia.

Cabrera Infante (Gíbara, 1929-Londres, 2005) decía de este libro de 600 páginas que quiso escribir una novela y le salió una biografía velada. Muchos lectores, ya en la disposición de un probable debate sobre los géneros, podrán ver también un reportaje monumental que el autor de Tres tristes tigres comenzó a escribir en 1962 y vino a finalizar casi unas horas antes de su muerte.

Cuerpos divinos persiguió a Cabrera Infante. Se le deslizaba entre los apuntes de sus novelas, sus cuentos, sus ensayos, sus guiones de cine y sus piezas magistrales sobre la música y el humo.

Le permitía excursiones y le daba un chance para que redondeara su obra. Pero después de cada punto final -a veces antes-, le acechaba desde las hojas blancas de los cuadernos y desde el teclado de la máquina a la que el escritor le sacaba una rara melodía metálica con una mecanografía rudimentaria de dos dedos para todas las letras y el espaciador.

La actriz Miriam Gómez, viuda de Cabrera Infante (se casaron en 1961), ha dicho que este libro le dolía al escritor. «Luchaba para escribirlo. Yo le tenía miedo a Guillermo cuando lo escribía. Se desnudaba y sólo la luz de su lámpara lo calentaba. Me aterraba saber qué podía contar».

Y él lo contaba todo. Sus historias personales de romances y aventuras con muchachas en las matinés de los cines de la ciudad. Más tarde, sus ligues sofisticados, la conquista de La Habana con un carro deportivo de dos plazas y su firma de periodista de la revista semanal Carteles y la televisión. Una vida que comenzaba a medianoche en los clubes y los espectáculos de los grandes hoteles, en la bohemia junto a cantantes, fotógrafos, músicos y escritores bajo palabra que le permitían ver demasiado a menudo el amanecer en el trópico.

Cuerpos divinos contiene ese mundo que tiene sonido y color en algunas de sus páginas y, quizá, en la memoria asistida de unos pocos sobrevivientes. Pero la obra tiene un montaje paralelo. La vida privada del escritor y sus amigos entra en el escenario de la política cubana y Cabrera Infante -como testigo y protagonista- narra, desde adentro, los días finales del régimen de Fulgencio Batista, la entrada de Fidel Castro en La Habana y las enconadas batallas internas por el poder en los primeros meses.

El libro ofrece las claves de los sistemas adivinatorios que utilizó el autor de Cine o sardina para descubrir que los nuevos amos iban a hacer trucos hasta con la topografía. «Nacimos en un oasis», escribió, «y con un pase de mano nos encontramos en pleno desierto».

Cuerpos divinos pone en orden y repasa los episodios de un periodo confuso y peligroso que desembocó en una frustración general. Es la lectura de sucesos pasados que ayudan a entender el presente de Cuba y tiene gasolina todavía para lanzar unos fogonazos hacia el porvenir.

Todo eso, en la prosa de un Guillermo Cabrera Infante vigoroso y creativo, a toda velocidad página abajo con la potencia de su capacidad de invención, la agilidad del reportero y la hondura del escritor.

Hay momentos en los que Guillermo cuenta cosas duras y dolorosas de un país que ya no existe, en medio de una fiesta difícil por la que pasan, disfrazados de personas comunes, una reserva especial de coristas, intelectuales, militares, políticos, matonesas y suicidas.

Hablé por ultima vez con Cabrera Infante en la Nochebuena de 2004. Él y Miriam Gómez nos llamaron desde Londres a La Habana para saludarnos por el fin de año. No nos dio tiempo de seguir la conversación en Madrid donde debíamos vernos pronto.

Con este libro he sentido que retomo zonas de aquella llamada final. Muchos de los pasajes parecen narrados por el escritor en la barra de un bar o en uno de los bancos de la calle Paseo, en El Vedado, desde el que se puede ver el mar (o presentirlo) por encima de las hojas de los árboles.

Cuerpos divinos me da el privilegio de volver a ese parque cuando quiera o a la hora que necesite escucharlo otra vez.

Raúl Rivero

Foto: Blog de Zoé Valdés, tomada con permiso de su autora.

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Todas las dictaduras tienen sus Ubietas

Los recientes acontecimientos, que culminaron con una nueva tragedia para la libertad en Cuba, ya hiceron correr ríos de tinta en casi todas las latitudes, con excepción de los convenientes silencios, de amigos y socios en la complicidad con el régimen cubano, que ha sido centro de todo género de condenas por su responsabilidad en este crimen, que como alguién escribía, marcó un antes y un después de Orlando Zapata Tamayo.

La insípida y tardía reacción de la dictadura a las repercusiones por la muerte de Tamayo -condenada por la oposición cubana, dirigentes políticos internacionales y la opinión pública mundial-, suscitaron una estrategia de insultos e intentos de descrédito, que en términos propagandísticos, fue el mayor tiro por la culata que los Castro dieron hasta hoy, al ser alcanzados por su propia contradicción, debido a la total incapacidad de controlar las fuentes de información, como siempre estaban acostumbrados a hacer.

De igual modo, resultaron viejas las estrategias, más de una vez aplicadas, con el recurso de montajes y exhibiciones en las más pura demagogia. La puesta en escena de la mentira y la utilización de “sicarios”, que ni siquiera escriben, apenas firman, fue otra de las causas del fracaso de esta campaña firmada por los Castro, que a falta de cabezas pensantes, se limitaron a iniciar el ataque con el primer Ubieta que tenían a mano, olvidándose que Ubietas todas las dictaduras tienen, sólo que algunas consiguen disfrazar su naturaleza, utilizando determinadas figuras, con obra apreciada o reconocida.

En la segunda fase de ese ataque a la figura de un héroe por la libertad, utilizaron sicarios de reserva, situados en el confort proporcionado por la venta de su propia alma, los llamados ”lacayos a sueldo”,  acabó siendo peor el remedio que la enfermedad. Volvieron a fallar, esta vez con una estrategia “circense”. Y todo porque fueron incapaces de seleccionar el mejor primer plano, como portavoz y cabeza de cartel.

Todos sabemos que un buen “circo”, para tener éxito, tiene que presentar a la mejor pareja de payasos, capaces de influenciar a la platea. Y en este caso, el “payaso” que presentaron (sin ofender a los verdaderos payasos), trasvestido de Willy Toledo, después de nacido Guillermo, no deja de ser una pésima imitación. Él hasta puede ser un buen sicario, un lacayo ejemplar, pagado con los pesos del hambre del pueblo cubano, pero no deja de ser un pésimo actor, que desprestigia la imagen de cualquier campaña.

El soplo de raciocinio inconsciente y balbuciante, del autotitulado padre de Cuba, así proclamado en más de una de sus famosas e incoherentes reflexiones, escritas por la pluma de alguno de los Ubietas que habitualmente tiene a mano, no es más que la reafirmación de la incapacidad del régimen y de sus mentores, para explicar el argumento con que pretendían justificar lo que era absolutamente injustificable.

Sobran ahora las múltiples declaraciones y notas de prensa, distribuídas por las numerosas oficinas, embajadas y consulados cubanos diseminados por el mundo, que llamados a última hora, procuran difundir por los medios sociales de los países occidentales, su nueva versión de la tragedia, de un crimen más cometido por el régimen. Pero también aquí, en lo esencial fallan, lo que demuestra que la muerte de Orlando Zapata Tamayo no fue en vano.

Por eso mismo es que debemos mantener viva la imagen de la principal víctima de este desgraciado episodio, continuar la lucha por la libertad de todos los prisioneros políticos que se encuentran encerrados en las mazmorras del régimen, algunos de ellos en riesgo para sus vidas, por la debilidad físicad en que se encuentra, consecuencia del tratamiento violento y de los malos tratos a que están sujetos, en manos de los verdugos pagados por el régimen.

Mientras tanto, se mantiene la expectativa de los activistas por la libertad, atentos a las acciones de políticos y gobiernos, que teniendo serias responsabilidades en el tema CUBA, obligatoriamente tendrán que encontrar la fórmula que ponga fin a las continuadas agresiones a los derechos humanos en la isla. Y por eso debemos insistir en la liberación de más de los 200 presos políticos y de conciencia, encerrados en las mazmorras de Fidel Castro, entre los cuales, algunos que ni siquiera han sido juzgados, por no tener causa para imputarles.

Carlos Moreira

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