Palabras de la escritora cubana Zoé Valdés en París
Nací el 2 de mayo de 1959 en La Habana, una de las ciudades más bellas del mundo, y mi segundo nacimiento fue en París, la ciudad más bella del mundo, en 1995, el año en que decidí exilarme definitivamente. 1959 y 1995, los dos números finales invertidos ya es un misterio. Amo los números y por supuesto los misterios. Crecí en los misterios de La Habana Vieja leyendo Los Misterios de París de Eugène Sue, entre otros escritores franceses, y después en París, escribí Los Misterios de La Habana con la memoria del corazón.
Me siento muy emocionada por esta distinción de la Grande Médaille de Vermeil de la Ville de Paris porque amo y respeto profundamente esta ciudad. En París aprendí y comprendí el verdadero sentido de la libertad, a través la historia tan bella y triste a veces de esta ciudad tan querida. En París pude publicar mis libros escritos en Cuba, y terminar algunas novelas comenzadas en La Habana, y continuar mi obra. Aquí aprendí a pensar en libertad, a no tener miedo. Miedo, por ejemplo, de un acto tan sencillo, como el de entrar en una librería sin voltearme, para verificar que nadie me espía. En París pude, por fin, vivir casi normalmente, como un ciudadano que tiene derechos y deberes. No fue nada fácil al inicio, pero el exilio no es un regalo, es sobre todo una dura prueba.
Agradezco al Alcalde de París, señor Betrand Delanoë y a su equipo por todo lo que hacen por la libertad, por la cultura, y por nuestra ciudad. Usted sabe que yo lo quiero, que los quiero mucho. Y en el futuro, habría que pensar en contar con un equipo como el vuestro, y con personalidades políticas como usted, para reconstruir La Habana en su arquitectura, su espíritu y su dignidad.
Quisiera agradecer a todos los editores y traductores, a Anne-Marie Vallat, mi agente literario, que me han publicado y traducido en Francia, a todos mis amigos cubanos y franceses, y también a esos que han venido de otras partes, exiliados como yo o exiliados voluntarios, que me han apoyado con mucho amor y confianza. Agradezco a todas las organizaciones de los Derechos Humanos que han apoyado la causa de la libertad de Cuba y otras causas que me son también muy queridas.
Porque eso también lo aprendí en Francia, que el caso cubano no es el único caso en el mundo, que el dolor de un pueblo tan ignorado y tan aislado por el embargo de la dictadura -el más espantoso de todos los embargos-, no es único. Es la razón por la que decidí ayudar y apoyar otras causas y luchar con todas mis fuerzas contra los abusos y violaciones de los derechos humanos en todas partes del mundo, por la causa de los periodistas, los abusos en contra de las poblaciones, el irrespeto a la infancia.
Ustedes saben que una de las particularidades del régimen de Castro II ha sido la de crear ilusiones. Al parecer, entre esas ilusiones, ha conseguido inventar una falsa disidencia y un falso exilio, para controlar y vigilar a los verdaderos disidentes y al verdadero exilio. Dedico esta medalla a la verdadera oposición, y al exilio intransigente que ha seguido el ejemplo de José Martí. A Laura Pollán y a la Damas de Blanco. A los escritores Guillermo Cabrera Infante, Lydia Cabrera y Reinaldo Arenas, quien escribió: “Era muy difícil ser homosexual y escritor contestatario en Cuba, pero era también molesto ser homosexual en Miami, y anticastrista en Nueva York”. Yo añadiría que es muy difícil ser una escritora anticastrista en Europa.
Dedico finalmente esta medalla a una pareja de cubanos que se encuentra hoy en prisión: Sonia Garro Alfonso y Ramón Alejandro Muñoz, son negros, y ustedes saben cuánto se ha recrudecido el racismo en las últimas décadas en Cuba. Ha debido dejar a su hija, menor de edad, con una tía, en una situación precaria. Todavía no han sido juzgados, sin embargo ya han sido condenados. Se hallan encarcelados y amenazados de muerte en las peores prisiones de Cuba.
Pienso en ellos porque ése hubiera podido ser el destino de mi familia si no hubiera tenido la posibilidad de exiliarme en Francia; le hubiera podido pasar a mi marido, el cineasta Ricardo Vega, disidente en Cuba, y a mí, y a nuestra hija. A ellos les dedico esta medalla. Sobre todo a mi hija, nacida en La Habana y que tuvo la suerte de crecer y educarse en París. A mi madre enterrada aquí, amó París y a los parisinos. Y ellos la amaron. ¡Y ellos nos han amado tanto! ¡Gracias!
Foto: Viernes 11 de mayo de 2012. Momento en que la escritora cubana lee sus palabras en el Hotel de Ville, como es conocido el Ayuntamiento de París. Tomada del blog de Zoé Valdés.
Las remesas y los silencios de sus beneficiarios en la isla
Pedir dinero a los parientes que viven en Estados Unidos es una constante en Cuba. Ya sea mediante una de las carísimas llamadas internacionales desde la isla a cobro revertido, un e-mail, o una extensa carta donde después de describir un rosario de penurias, al final de la misiva se le pide plata al familiar o amigo.
Y por lo que dicen las cifras, el pedido no cae en saco roto. Algo más de 2 mil millones dólares en 2011, según el economista cubano Emilio Morales.
Desde el 2000 a la fecha, el ingreso de remesas a Cuba casi se ha triplicado. No solo es una buena noticia para los parientes pobres de la isla. También para el gobierno. En pos de captar moneda dura, el régimen de La Habana explota todas las variantes. Desde un “impuesto revolucionario” al dólar de un 13%, abrir nuevas tiendas, kioscos y cafeterías en divisas, hasta ofertar paquetes turísticos en hoteles de 4 y 5 estrellas a los cubanos de la isla.
Por supuesto, el 70% de los miles de turistas criollos que pueden caminar por las finas arenas de la playa de Varadero y tomar mojito dentro de un jacuzzi, es gracias al billete girado desde otros países.
Ni siquiera la crisis bestial que afecta a media Europa y la demora en arrancar a plenitud de la economía en Estados Unidos, han impedido que el chorro de dinero hacia Cuba crezca por año.
Un economista consultado cree que, de seguir cancaneado la economía local y las típicas insuficiencias estructurales del sistema castrista, para 2020 las cifras de las remesas pudiesen superar las exportaciones cubanas, que en 2010 fueron de 3 mil 311 millones de dólares si damos crédito a Index Mundi.
A esto súmele que en 2011, más de 400 mil cubanoamericanos visitaron su patria. Se calcula que en 2014, ese número pudiera duplicarse y superar el de los 900 mil turistas que anualmente viajan a Cuba.
Desde hace años, en una carrera para atrapar la mayor cantidad de dólares, el gobierno de los Castro ha creado un entramado para recaudar divisas, dentro y fuera de la isla. En Miami, por su parte, florecen agencias que hacen una pasta con abusivas tarifas telefónicas y el envío de dinero o paquetes a través de ‘mulas’.
Los exiliados cubanos en Estados Unidos siempre se han burlado del embargo. No han sido eficaces las medidas restrictivas para impedir al régimen ingresar moneda dura a apuntalar aún más su autocracia de 53 años. Los compatriotas residentes en la Florida se las agenciaban y viajaban por un tercer país o giraban los 300 dólares autorizados por el gobierno de George W. Bush.
Cuando Barack Obama llegó a la Casa Blanca en 2008, firmó un decreto que permitía a los cubanos enviar hasta 10 mil dólares y visitar su país cuantas veces lo desearan. Es cierto: esos dos mil millones de dólares por concepto de remesas le sirven a los Castro para afincarse en el poder. También parte de esas divisas se utilizan en reprimir, asediar y vigilar a los opositores pacíficos.
Al no haber transparencia, el régimen se abroga el derecho de no informar en qué se gasta el dinero enviado por cubanos residentes en el exterior. Pero también gracias a esas divisas frescas, muchas familias en Cuba han abierto pequeños negocios. ‘Paladares’ (restaurantes privados) en algunos casos; alquiler de habitaciones en sus casas o han comprado un coche para usarlo como taxi.
Según una estadística oficial, más del 40% de la población recibe remesas. Y aunque no hay cifras al respecto, quienes reciben dólares viven mejor que aquellos que trabajan 8 horas y devengan un salario de 500 pesos (20 dólares).
Pero los emigrados no solo giran dinero. Probablemente el monto por el número de ordenadores, televisores de plasma, celulares de última generación, medicamentos, ropa, calzado, alimentos, artículos aseo y juguetes, entre otros, se mueva entre los 5 y 6 mil millones de dólares anuales.
En una nación donde los bienes básicos de consumo, en divisas, cuestan tan caros como en París o Nueva York, las personas que reciben 200 o 300 dólares mensuales son privilegiadas.
La magra canasta mensual -7 libras de arroz, 3 libras de azúcar blanca, 2 libras de azúcar prieta y 20 onzas de frijoles- no cubre la dieta para treinta días. El resto de los alimentos hay que adquirirlos a precios no subsidiados o en pesos convertibles (cuc), donde le roban el 90% de sus ingresos a un trabajador.
Cuba está repleta de problemas, pero el mayor de todos es la comida. Vestirse y calzarse también cuesta lo suyo. Si se saben administrar, los dólares o euros enviados por las familias permiten una de estas posibilidades: reparar la vivienda; vacacionar en un centro turístico; bailar en una discoteca que cobra 10 cuc por usuario o sentarse en el muro del malecón a beber una lata de cerveza.
“Lujos” que sí se pueden dar los altos cargos del partido, el gobierno y los militares; gerentes de firmas extranjeras así como los funcionarios y empleados de turismo, debido a las propinas, comisiones por debajo de la mesa de empresarios foráneos y lo hurtado en sus puestos de trabajo.
Aunque a ese más de 40% de cubanos, recibir dólares o euros les otorga una cierta independencia económica (no tienen que recurrir a la asistencia social o a los escasos subsidios estatales), esa situación privilegiada no se revierte en una actitud contestataria hacia al gobierno, bien afiliándose a grupos disidentes o en una asamblea del poder popular, a mano alzada pedir los urgentes cambios políticos que Cuba necesita.
El miedo siempre anda agazapado en un rincón. Y a pesar de que casi todos de los que reciben remesas están hartos de un gobierno ineficaz, del burocratismo y la corrupción, prefieren mantenerse indiferentes y callados.
Las aspiraciones futuras de un amplio sector de las personas que en Cuba viven mejor gracias a los dólares entregados por las “mulas” o girados por la Western Union, o por los euros enviados a través de cuentas bancarias, es reencontrarse con su familia en Estados Unidos o Europa.
Mientras, escapan de las carencias viendo los canales de la Florida por la ‘antena’ (conexión satelital, ilegal), siguiendo los culebrones brasileños por la televisión nacional, tomando vodka con jugo de naranja y jugando dominó con los socios del barrio. Por higiene mental, no leen la prensa oficial.
Hasta que se acaban los ‘fulas’. Entonces llaman o envian un email a los parientes en Hialeah. “Por favor, enviénme cien dólares”. Pero siguen manteniendo silencio ante los desmanes gubernamentales.
Iván García
El silencio del Vaticano ante los crímenes del régimen cubano
En su reciente visita a Cuba, el Papa Benedicto XVI no mencionó a las víctimas de los hermanos Castro. No debe sorprender. Durante décadas, la Iglesia ha guardado silencio sobre los peores crímenes del régimen en el afán de preservar su influencia y avanzar su misión en la Cuba totalitaria.
Se destaca un atropello que involucró a la Iglesia directamente. El 2 de enero de1981 fusilaron a tres hermanos -Ventura, Cipriano y Eugenio García-Marín, de 19, 21, y 25 años respectivamente- después que entraron a la Nunciatura (embajada del Vaticano) en La Habana buscando refugio.
Eran Testigos de Jehová de familia muy humilde. Amenazados con prisión por practicar su fe, el 3 de diciembre de 1980 junto a dos hombres y tres mujeres penetraron en la sede diplomática y solicitaron asilo. Horas más tarde, un operativo de Tropas Especiales del Ministerio del Interior invadió el recinto y se los llevó presos.
Luego de un juicio sumarísimo, se condenó a muerte a los tres hermanos, supuestamente por haber matado de un disparo al mayordomo de la Nunciatura.
Semanas más tarde, fueron fusilados. Su madre y varios parientes así como los otros participantes de la toma del recinto recibieron condenas de 15 a 25 años. Gracias a cierta presión internacional, los soltaron algunos años antes.
Luego se reportó que el mayordomo supuestamente muerto estaba vivo y era un agente de Seguridad de Estado que había fingido sus heridas durante la toma de la Nunciatura (ver detalles en CubaArchive.org.
El Vaticano ha mantenido un hermético silencio público sobre el caso. Se alega que le dio permiso a Cuba para entrar en la sede y capturar a los que pedían asilo.
El rastro de sangre de los hermanos Castro es largo, mancha que ha ido creciendo por más de cinco décadas. Guardacostas cubanos han asesinado niños junto a sus padres cuando intentaban escapar la isla, carceleros han matado a golpes a mujeres embarazadas y adolescentes. La cifra de muertes sigue creciendo con las de valientes disidentes que perecen en huelgas de hambre en un reto final contra la represión, los que desaparecen en el Estrecho de la Florida tratando de huir y los muchos jóvenes que están muriendo por las terribles condiciones de presidio, encarcelados por delitos económicos que sólo son crímenes en regímenes totalitarios.
Es lamentable que se legitime a los asesinos mientras se olvida a sus víctimas. La Iglesia debiera exigir decisivamente que cesen estos crímenes y plantarse firme por la vida y seguridad del pueblo cubano.
María C. Werlau
Directora de Archivo Cuba.
The Miami Herald, 8 de abril de 2012
Cuba, la diáspora y los “gusanos revolucionarios”
Cuando Norberto (nombre supuesto) desertó en un torneo deportivo en Canadá, las autoridades cubanas, como es habitual, intentaron borrarlo de la memoria colectiva de una fanaticada que aplaudió delirantemente sus espectaculares mates al canasto.
Ningún periodista se atrevió a escribir su nombre. Ni narrar sus hazañas deportivas. Cuando se cuenta la historia del baloncesto nacional, con toda intención, se mutilan, los momentos de glorias que Norberto dio a ese deporte.
Mucho tiempo después, con más de 40 años, Norberto arribó a La Habana cargado de maletas y regalos para familiares y amigos. No es la primera vez que viene.
En uno de los viajes se hizo santo. Y en las calurosas noches habaneras se sienta con un grupo de amigos a tomar ron añejo mientras hablan de deportes, mujeres y, por supuesto, de la situación actual. Aunque Norberto se opone a la forma de gobernar de Raúl Castro, es cauteloso a la hora de dar opiniones políticas. “Tú sabes, mi socio, aquí tengo a mi madre y parte de mi familia”, se justifica.
El temor real de Norberto es que el gobierno revise su lista negra y por haber desertado en una ‘misión oficial’, le niegue la entrada al país y no pueda pasear por las calles de la ciudad y compartir con sus amigos de la infancia.
Como Norberto actúan otros cubanos en el exilio. Odiar todo el tiempo no es sano. Pero olvidar las ignominias sufridas tampoco es aconsejable. Es sinónimo de cobardía esa justificación utilizada por algunos cubanos que anualmente visitan la isla y se declaran ‘apolíticos’, asegurando que no les interesa la política.
La patria es de todos. Por tanto, las autoridades no te conceden ningún favor dándote visa para visitar tu país por un par de semanas. No se debe solicitar lo que es un derecho natural.
El tema emigración es una asignatura suspensa por los hermanos Castro. No se olvide que durante mucho tiempo, el régimen odió a los cubanos que preferían vivir en otros latitudes, alejados de las cansonas campañas revolucionarias.
Recuérdese Camarioca 1963. O Mariel 1980. Vergonzosos capítulos de la revolución, cuando para demostrar el apoyo a su ideario, lincharon verbalmente con gruesas ofensas, andanadas de piedras y huevos y el calificativo de ‘escoria’ impuesto por un ofendido Fidel Castro a los miles de compatriotas que decidieron marcharse.
En las oficinas de inmigración a quienes se iban les ponían las siglas HP en sus expedientes. Es difícil pensar que esos mismos mandarines que detestaban a los que abandonaban el barco, ahora hayan hecho un examen de conciencia y replanteado su discurso enérgico, cargado de rencor hacia los emigrantes cubanos.
Si hace 34 años Fidel Castro dio paso al concilio y la reunificación familiar con aquel Diálogo 1978, fue sobre todo por criterios económicos. Casi dos mil millones de dólares al cash y otros miles en pacotillas y llamadas telefónicas, no es algo despreciable para una economía que lleva décadas haciendo aguas.
Pero, como toda autocracia, las autoridades se abrogan el derecho de decidir cuáles cubanos residentes en el exterior pueden entrar a la isla. A ellos les da igual que se opongan al sistema, mientras lo hagan de forma callada y anónima.
Se calcula entre 30 mil y 70 mil los cubanos que aparecen en una lista negra. Son aquéllos que abierta y públicamente critican al régimen desde las naciones donde viven. Disidentes, intelectuales y periodistas que con sus textos desnudan las interioridades de un sistema casi científico a la hora de reprimir y apagar opiniones discrepantes.
El gobierno clasifica a los ‘gusanos’ (desafectos) en tres categorías. Los buenos o mansos, que generosamente gastan con los suyos miles de dólares. Y solamente en casa de sus parientes, en voz baja, critican el estado de cosas. Ésos no les molestan. A fin de cuentas, en Cuba, una mayoría silenciosa habla pestes de los Castro.
Luego vienen los más preciados. Los “gusanos revolucionarios” residentes en Estados Unidos. Muy útiles a la propaganda castrista. Porque desde el corazón del ‘imperio’ respaldan sus políticas, van a mítines en apoyo de los cinco espías y hasta desayunan o cenan con personeros del gobierno durante su estancia en Cuba.
Muchos de estos ‘gusanos’ de verde olivo participarán en el I Encuentro Nacional de Cubanos Residentes en Estados Unidos de América, previsto para celebrarse el próximo 28 de abril en La Habana. Entre ellos puede haber algún que otro disenso, pero en lo fundamental, están a favor del fin del embargo, aprueban la actualización del modelo económico y piden la libertad de los espías presos en Estados Unidos.
El tercer grupo de ‘gusanos’ está marcado con hierro y fuego por los voceros oficiales. Son los ‘contrarrevolucionarios’, rotulados como ‘mafia de Miami’ o ‘agentes de la CIA’, y entre los cuales se encuentran administradores de webs sobre temas cubanos y blogueros que por pluma tienen un látigo. Ésos nunca podrán volver. Y ni siquiera soñar con ser enterrados en la tierra donde nacieron.
Ya es hora de que la diáspora cubana se oponga a los estancos creados por el régimen para dividir a la emigración. Es licito que los cubanos asentados en otras naciones tengan sus criterios, incluso favorables a los Castro. Pero lo condenable es que se aparte del diálogo a quienes pacíficamente se les oponen.
Mientras solo los “gusanos revolucionarios” (‘respetuosos’ le llaman los convocantes a ese Encuentro), puedan discutir determinados temas -no los más candentes- esas reuniones en La Habana serán una astracanada. Cuando se quiera hablar seriamente sobre la emigración cubana, hay que contar con los dos millones de compatriotas que residen en el exterior. Piensen como piensen.
Iván García
De presos en las cárceles cubanas, a ‘sin techo’ en las calles de Madrid
Comenzaron a llegar en 2010. En el aeropuerto de Barajas los esperaban los flashes de los fotógrafos. Desde allí los trasladaron a hoteles de tres estrellas. Componían el colectivo de 115 presos que el presidente cubano, Raúl Castro, tras la mediación de la Iglesia católica y el entonces ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, accedió a liberarlos a condición de que abandonaran la isla.
Llegaron junto a 650 familiares. Firmaron un convenio por el que España correría con su manutención un año, con posibilidad de otro más. Ahora el convenio ha expirado y se encuentran sin recursos.
Una operación humanitaria les permitió llegar de los presidios cubanos a las calles madrileñas. En Madrid quedan unas 20 familias de aquellos disidentes. El resto se reparten por otras comunidades o han emigrado a Estados Unidos al tener familia allí. A medida que las ayudas han acabado (el alquiler, más unos 180 euros mensuales por persona), se han ido reagrupando en los pisos de los que aún sobreviven de la fianza de su apartamento. Una decena de estos cubanos se encontraba el sábado en una de estas casas, la de Luis Campo, en Móstoles.
Ernesto Durán, 17 años en la cárcel, mostraba el papel en el que la Ong CEAR le anunciaba el 1 de abril que no tendría más el dinero que le tramitaban en nombre del Ministerio de Exteriores. Junto con los siete miembros de su familia, incluido un bebé de dos meses, explicaba que está durmiendo en casa de unos amigos.
Un portavoz del ministerio ha confirmado a El País que el programa acabó y no está pensada ninguna ampliación. El actual Gobierno del PP mira a los disidentes como una incómoda herencia del PSOE. Los cubanos pasan ahora a ser como cualquier inmigrante desempleado más.
“Pero no somos inmigrantes normales”, contesta Arturo Suárez Ramos. “Primero, que nos trajeron ellos, somos refugiados políticos; y después, que yo he estado en la cárcel casi 24 años: para mí no es fácil encontrar un empleo”. Arturo cuenta que cuando llegó a España ni siquiera había visto un teléfono móvil. “No sabía ni pedir un café, me costaba relacionarme: no nos pueden trasplantar aquí y olvidarse de nosotros”.
Otro de los disidentes pide la palabra. “Yo sé que no se nos puede mantener con subsidios”, dice Diosris Santana, que lleva 10 días comiendo unos espaguetis que le regalaron junto a cinco compañeros de piso. “Queremos trabajar para justificar esas ayudas: como barrenderos o en lo que sea. O que nos envíen a otro país para emplearnos”. Muchos de ellos son obreros, pero también hay médicos o historiadores. Una de sus quejas es que aún no les han homologado sus diplomas, ni los de secundaria.
La suya fue la excarcelación más importante en Cuba desde 1998. Una parte importante de los liberados pertenecía a los presos políticos concentrados en el Grupo de los 75. Sin delitos de sangre, se les acusaba de atentar contra la soberanía nacional y “conspirar con Estados Unidos”.
En España se encontraron con una gran acogida, pero también con la guerra entre PSOE y PP por capitalizar su liberación. El entonces ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui, atribuyó al Gobierno socialista “el orgullo de decir al mundo que ha sacado a los presos de conciencia de las cárceles cubanas”. Mientras, los presos se reunieron con Esperanza Aguirre y José María Aznar. El PP incluso se llevó a cuatro de ellos a Bruselas para que defendieran la necesidad de mantener la Posición Común que condiciona las relaciones con Cuba a la mejora de derechos humanos.
El 4 de abril, Alberto Santiago Du Bouchet, uno de los expresidiarios y periodista represaliado, se suicidó en Las Palmas de Gran Canaria. Los cubanos en el salón de la casa de Móstoles debaten hasta qué punto el hecho tuvo que ver con las dificultades económicas a las que se enfrentan. Todos están de acuerdo en que no quieren hacer demagogia. “Nosotros arrastramos circunstancias complicadas. No vamos a negarlo”, dice pensativo Arturo. “Hemos sufrido golpizas y tortura. Mantener el equilibrio a veces es duro”.
Luis, que permanecía callado, fuma en la ventana. “Lo de Alberto da que pensar. Hemos pasado pruebas y privaciones. Estábamos encerrados, pero con la conciencia limpia porque nuestra lucha nos parecía justa. Ahora es difícil: hemos arrastrado a nuestras familias lejos de casa y no podemos darles de comer. Por primera vez en mi vida tengo cargo de conciencia. Tengo miedo”.
Jerónimo Abreu
El País, 9 de abril de 2012
Foto: Cristóbal Manuel, El País. Disidentes cubanos y familiares en Móstoles, Madrid.
Leer también: “Nos sentimos traicionados“; Acampan en Madrid los refugiados cubanos; Un mensaje conmovedor y Habla la viuda de Du Bouchet.
La Habana y su primavera, con escasez y rumores
Las flores de los framboyanes en la avenida habanera de Santa Catalina ya empezaron a cambiar de color. Majestuosos, desprenden sus flores amarillas, anaranjadas y rojas formando un tapiz en las aceras.
La gente no se detiene a ver el formidable espectáculo de la naturaleza. No están para eso. Caminan cabizbajos con sus jabas y bolsos en busca del condumio diario.
Vaya faena, la de llevar cada día dos platos a la mesa. Es cierto que la primavera le da muy buena pinta a La Habana. El sol brillante y el cielo sin nubes esconde como puede el deterioro, la mugre y fealdad de una ciudad que se resiste, a pesar de la desidia estatal, a perder su encanto de urbe coqueta y diferente.
A decir verdad, hace rato que la estación primaveral está entre nosotros. El invierno en este 2012 apenas estuvo. Unos pocos días frescos y agradables, que no obligó a sacar los viejos abrigos y sí a compartir por las noches con amigos y compadres.
Pero la mayoría de los capitalinos no está para beber una jarra de cerveza en un bar de Santa Catalina y contemplar la fiesta de flores y colores. O sentarse en el muro del malecón a contemplar la caída del sol. Ni siquiera los amantes de la poesía.
Que va, la cosa está que arde. Ahora mismo, la carne de cerdo, el sempiterno plato fuerte de un amplio segmento de cubanos, anda desparecida en combate y con unos precios por las nubes.
En el agromercado de Diez de Octubre y Santa Catalina, por una libra de bistec de puerco, finos, casi transparentes, hay que pagar 40 pesos. La de paleta 35, igual que el lomo. Cargada de grasa y huesos, tienes que vigilar a los carniceros, pues a la primera de cambio te roban descaradamente en el peso. Y apúrate en comprar, pues al mediodía las tarimas están vacías.
En los mercados estatales los precios son más baratos. Pero desde hace un par de meses, debido al desabastecimiento, sus empleados matan el tiempo jugando naipes o bebiendo ron de tercera categoría.
¿Dónde están los cerdos? Se preguntan los cubanos. Según las noticias oficiales, el bajón ha sido brutal. De 11 mil toneladas en diciembre de 2011 a 4 mil en enero y febrero de 2012.
Un 70% menos. Ya para argumentar las razones de la escasez se escudan en un manojo de pretextos, desde el mal trabajo, la subida de precio del pienso en el mercado internacional, hasta el dichoso embargo yanqui que, como siempre, paga la culpa por las estanterías desnudas.
No por gusto los noticieros y periódicos en la isla son clasificados como género de ciencia-ficción. Muchos compran los diarios para guardar la basura o como sustituto del papel sanitario. En el mejor de los casos, para ver los resultados beisboleros o echarle un vistazo a la cartelera de televisión.
La gente común es la que sufre la ausencia y alza de precios de la carne de cerdo. Inclusive los ahumados, como el jamón o el lomo, también escasean.
El puerco se ha convertido en el plato principal de la familia cubana. En cualquier variante: frito, asado, en fricasé, con arroz, tamales, ajiaco… Igualmente gustan sus vísceras, patas, cabeza y, por supuesto, el pellejo.
Junto al pollo, suele ser la proteína más socorrida de los cubanos. La carne de res es un auténtico lujo. La libra cuesta 2.50 en pesos convertibles, cuando se encuentra en el mercado subterráneo.
El pescado de calidad sigue en el mar o en las neveras de los mandarines. Y no son muchos los bolsillos que pueden pagar los excesivos precios. Recuerden que como promedio un cubano devenga un salario de 20 dólares al mes.
Por eso las empresas y obras en construcción son embriones del mercado negro. En Cuba el que no “inventa” (roba) en su puesto de trabajo es porque recibe remesas, es un idealista o un tonto.
Cada vez más, a muchas familias habaneras se les hace difícil llevar una comida decente a la mesa. Pregúntenle a Reinaldo, 37 años, maestro de secundaria, los avatares diarios que pasa para resolver arroz, tomates y un trozo de carne de cerdo o unos muslos de pollo.
“Yo no recibo ni un dólar por concepto de remesas. Tengo que pulilarla para conseguir dinero. Desde quemar discos piratas hasta vender a mis alumnos las pruebas, a 5 pesos convertibles cada una. La plata está perdida”, asegura el profesor.
Esa falta de dinero ha provocado rumores de que el “chavito” (peso convertible o cuc), podría caer de 24 a 16 pesos por uno. “Eso es lo que se comenta, aunque no se conoce fecha precisa”, dice la cajera de una CADECA (casa oficial de cambio).
El asunto de la comida es un quebradero de cabeza nacional. Se lleva de golpe el 90% de la entrada de dinero que percibe una familia. Y así todo no siempre puede comer decorosamente.
Y es que no solo son de escándalo los precios de la carne de cerdo. Una libra de tomate cuesta entre 6 y 7 pesos la libra. En el reparto Sevillano, un vendedor ambulante vende a 20 pesos la libra de limones. Y en el vecindario se los arrebatan, porque el limón también está perdido.
“Es una locura”, dice Josefa una jubilada que recibe 193 pesos mensuales. A personas como ella, el espectáculo de los framboyanes en Santa Catalina lanzando flores al asfalto les tiene sin cuidado.
Su preocupación es conseguir comida. Y eso, en esta primavera, sí que es un problema.
Iván García
Foto: Tomada de Cuba Out.
A propósito del suicidio del cubano Albert Santiago Du Bouchet
Hago llegar mi más sentido pésame a la familia de Albert Santiago Du Bouchet, quien acaba de suicidarse en Canarias, España. No le conocí personalmente, pero a través de internet seguí las situaciones que en Cuba vivió. El año pasado, Reporteros sin Fronteras y el Comité para la Protección de Periodistas se congratuló de que Du Bouchet fuera el último periodista independiente excarcelado y el último que llegó a España, el 8 de abril de 2011, hace ahora un año.
Me imagino que a la ‘madre patria’ llegó lleno de ilusiones, pensando que iba a poder vivir con los suyos en un país democrático. Cuánta pena me da, con él y con los expresos políticos desterrados a España. Y también indignación, con el PSOE, que fue quien los llevó, y ahora con el PP, partido que supuestamente es el que más apoya a la oposición cubana.
Desde noviembre de 2003 vivo en Suiza como refugiada política, con mi hija y mi nieta mayor. Y en todo ese tiempo, he leído y escuchado la forma despreciativa con que algunos medios españoles, escritos o televisivos, se refieren a Suiza y los suizos.
A raíz del resultado de un referéndum -en Suiza no se aprueba nada si la ciudadanía no lo aprueba en sus votaciones- la presentadora del telediario de las 9 de la noche, dijo que “Suiza había demostrado nuevamente ser un país excluyente, un club de ricos”. Eso fue hace cinco años, cuando los españoles no tenían la crisis económica que ahora tienen y menospreciaban a Suiza, una nación de 8 millones de habitantes que cada vez que los convocan, para saber si quieren que la Confederación Helvética se integre a la Unión Europa, mayoritariamente votan NO.
Si Suiza hoy no tiene ese brutal crisis económica y financiera y su tasa de desempleo no supera el 4%, es precisamente porque no pertenece a la UE. Y si es un ‘país rico’, no es por el dinero y barras de oro que hay en sus bancos, si no porque los suizos trabajan muchísimo, con disciplina, eficiencia y calidad.
Pero yo no destacaría tanto eso de Suiza, como su política social: el Estado y las organizaciones humanitarias suizas no permiten que nadie se quede desemparado, sin vivienda, sin alimentación, sin atención médica y sin derecho a la educación y el aprendizaje de idiomas, algo fundamental, pues en Suiza son 4 los idiomas oficiales: alemán, francés, italiano y retorromano.
Por igual, un anciano jubilado, una madre soltera, un desempleado, un drogadicto, un enfermo mental, un enfermo incurable, un extranjero en espera de asilo político o un refugiado político, todos, reciben ayuda social, de acuerdo a sus necesidades. Los que andan en las calles como ‘homeless’ es porque quieren, porque comedores y albergues tienen para cobijarse. Sólo los recogen obligadadamente cuando bajan mucho las temperaturas, para que nadie muera en una acera por falta de atención y calefacción.
Suiza es uno de los países europeos que más inmigrantes recibe, sobre todo de países africanos, árabes y musulmanes, también es uno de los que más asilo político concede, lo que pasa que es más fácil denigrar y tratar de menospreciar sin conocer a fondo un país y su gente. Pero hay periodistas y medios foráneos que prefieren obviar esas realidades, que las conozco bien porque resido en un barrio de inmigrantes y refugiados políticos, muchos provenientes de la exYugoslavia y que en carne propia vivieron la guerra de los Balcanes, personas con traumas mucho más dolorosos y fuertes que los de los cubanos. Y no se suicidan, porque desde que llegaron, Suiza les ha brindado cuidados médicos y psiquiátricos, para que puedan rehacer sus vidas.
En mi edificio vive uno de esos exyugoslavos, a quien hará dos años tuvieron que cortarle una pierna. Anda en una silla de ruedas, recibe una pensión digna y como su apartamento queda en un segundo piso, cuando se ha roto el elevador, sea un domingo o día feriado, enseguida él llama y enseguida lo arreglan.
La diferencia con España y otros países europeos no son los Alpes, los bancos, los relojes, los chocolates o el tenista Roger Federer, uno de los deportistas más caballerosos a nivel mundial. No, la diferencia la marca la dignidad con que Suiza atiende a sus ciudadanos y también a los que no han nacido en su territorio, hablen el idioma que hablen, su piel sea más clara o más oscura y las mujeres cubran o no sus cabellos con velos. El tema migratorio es uno de los más debatidos en Suiza, y pese a que no todos los partidos y los ciudadanos ven con buenos ojos el arribo de nuevos inmigrantes y refugiados políticos, cuando las autorizades suizas aceptan a un extranjero, es porque lo van a atender bien mientras resida en su país.
Para los suizos, la hospitalidad y solidaridad son parte fundamental de su idiosincrasia y su política social. No por gusto su bandera, roja con una cruz blanca, fue inspirada en la Cruz Roja, organización fundada en 1863 por el suizo Henri Dunant.
Descansa en paz, Albert Santiago Du Bouchet!
Tania Quintero
Foto: Du Bouchet hablando, durante una protesta frente al Consulado de Cuba en Las Palmas de Gran Canarias, el 26 de julio de 2011.







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Daniel
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Puta Armienne
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Barbara Pura
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En teoria
Cuando se acabaran las injusticias en cuba, y los demas paises atacados por la crisis de corrupcion llamada socialismo.
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Mario Edel Cabrera Suri
Necesito casi que urgente unos bafles con su planta o bafles solo planta aparte o Bafles autoamplificados deven tener una […]
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Un mensaje conmovedor de Bárbara Pura Yurubi Dueñas. « Zoé Valdés
[...] peoer que un perro, estos tiene mas derechos humanos que nosotros, ¿Qué será de nosotras? Tomado del blog Desde […]
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Tania Quintero
Bárbara, copié tu desesperado mensaje y se lo envié a varias personas, entre ellas una que vive en Catalunya. Sólo […]
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Raúl Ortega Alfonso
Excelente.
1 month ago
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