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Obama recibido por el canciller cubano
Obama recibido por el canciller cubano

Obama, en casa del enemigo

Antes que el Air Force One aterrizara en La Habana, Noel y su esposa María Luisa acudieron en la mañana a una misa en la iglesia de Santa Rita, en el barrio de Miramar al oeste de la capital, para festejar el Domingo de Ramos.

La liturgia intensa con ramas de olivo tuvo su cenit cuando los asistentes empezaron a abrazarse deseándose suerte y prosperidad. Justo al lado de Noel, en siete hileras de bancos, se sentaron cuarenta y seis Damas de blanco que cada domingo acuden a la misa en Santa Rita.

Noel, entre villancicos y oraciones abrazó a una de las mujeres que exigen libertad de los presos políticos. Un hora más tarde, ellas eran reprimidas con cánticos, empujones, algún que otro bofetón y linchamientos verbales por casi 250 personas en la intersección de la calle Tercera y 22.

“Ya esto pasa de castaño a oscuro. Estoy muy lejos de ser disidente. Pero un día de éstos, producto de un golpe mal dado matan a una de estas mujeres que protestan pacíficamente. Todos los domingos cierran las cafeterías de la zona, desvían el trasporte y se las llevan detenidas en medio de excesivas golpizas”, opina Noel.

Mientras los vecinos miraban distantes el acto de repudio, algunos leían los volantes que lanzaron las Damas de Blanco, dos docenas de periodistas extranjeros se horrorizaban con las groserías e insultos de grupos progubernamentales.

“Es para coger palco. Te digo que la piel se me puso de gallina. Cualquier persona que vive en un país democrático queda anonadada con este espectáculo lamentable. Ni siquiera el día que llegaba Obama a la Habana el gobierno de Castro actuó con sutileza”, comenta un periodista de USA Today.

Ya para cuando caía la tarde, las Avenidas 31, Tercera y Quinta Avenida en el municipio Playa estaban desiertas. Una impertinente llovizna primaveral recibió al presidente Obama y su familia cuando asomó en la puerta delantera del Air Force One pasada las cuatro y media de la tarde.

Carmelo, cocinero de un restaurante en Séptima y 22, Miramar, junto a cinco compañeros en una tele de pantalla plana observaba la llegada de Barack Obama, todo un acontecimiento en Cuba.

“Si hubieran convocado a un acto de recibimiento miles de habaneros habríamos asistido de acokán (de corazón). El hombre (Obama) tiene pegada en Cuba. Mira qué gesto, llegó con su familia, hasta la suegra, un familiar que acá nadie quiere y es objeto de burlas. Ni Fidel ni Raúl nunca aparecen con su familia. La imagen de los dos hermanos es la de tipos distantes. Si no se presentan con sus esposas e hijos dudo que quieran a nadie”, apunta Carmelo.

Alfredo, chofer de un taxi colectivo de la ruta Paradero de Playa-Centro Habana, durante el trayecto habla de lo que supone sea la grandeza de Obama y las miserias humanas de su contraparte Raúl Castro.

“Hay que ser un tipo de visión larga cuadrar la caja con un enemigo reconocido que aporta muy pocos beneficios a Estados Unidos. Yo creo que lo hace simplemente para beneficiar a los cubanos que nos jodemos todos los días. Esta gente (los del gobierno) son una pila de caras de palo. Después de tantos años hablando toneladas de mierda sobre los americanos y ahora están que la boca se les hace agua. Lo que me fastidia que no lo hacen para beneficiar al pueblo, sino para beneficiarse ellos”, apunta Alfredo.

Si pudieran charlar con Obama, todos quisieran contarle sobre sus existencias al límite de la fe, su futuro que es una mala palabra y la desconfianza hacia un régimen que en casi seis décadas no ha podido satisfacer una vida decorosa a sus ciudadanos.

Y también se trata de coexistencia pacífica. Ileana Yarza, una anciana locuaz de 76 años fue la primera sorprendida cuando el cartero le hizo llegar una carta desde la Casa Blanca.

“Me quede sin habla. Era la respuesta de Obama a una misiva que le había enviado. Ya es hora que Cuba y Estados Unidos vivan en paz. Hay más cosas que nos une que las que nos distancian. Por eso lo invité a un café”, dice Yarza en su casa repleta de lienzos de destacados pintores cubanos en la Calle 13, en el Vedado.

En la noche del 20 de marzo, a pesar de la lluvia, los residentes de la Habana Vieja esperan que Obama se salte el protocolo y charle con vecinos del lugar.

“Se rumora que Obama va a cenar en una paladar de la zona. Debiera comer arroz, frijoles negros y revoltillo en la casa de un cubano pobre”, dice Pedro, quien vive en el distrito pobre y marginal de San Isidro.
A muchos habaneros de esos barrios les encantaría hacer una sobremesa con la familia Obama.

Iván García

Foto: En la tarde lluviosa del domingo 20 de marzo, el Air Force One aterrizaba en una de las terminales aéreas de La Habana. Los primeros en bajar, el presidente Barack Obama, y su esposa Michelle, la primera dama. Al pie de la escalerilla, el canciller cubano Bruno Rodríguez. El presidente de Cuba, el general Raúl Castro, no acudió al aeropuerto a recibirlos, como mandan las normas mínimas de educación y protocolo.

Tampoco fue su segundo al mando y supuesto sustituto cuando en 2018 deje el poder, Miguel Díaz-Canel. Detrás de ése y otros desaires hacia el mandatario estadounidense probablemente se encuentre la decisión de Obama de no visitar a Fidel Castro en su búnker habanero. Algo que a Castro II no le debe haber gustado, pues el próximo 13 de agosto su hermano cumple 90 años. Una efemérides que el régimen ya comenzó a celebrar con toda clase de alabanzas (Tania Quintero).

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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