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Las restricciones de Trump afectan más a los cubanos que al régimen

Las restricciones de Trump afectan más a los cubanos que al régimen

Cuando Norge nació en el otoño de 1989, internet y la telefonía móvil sonaban a ciencia ficción. Ese año el muro de Berlín se vino abajo, el comunismo soviético dijo adiós y Camagüey, su equipo de béisbol, nunca ha ganado un campeonato nacional. Muchas cosas han cambiado en estas tres décadas.

Pero el régimen cubano mantiene sus estructuras. “Excepto Fidel y los ministros y funcionarios que han fallecido, algunas leyes nuevas y que ahora Cuba es dirigida por Díaz-Canel en combinación con Raúl Castro, el gobierno se mantiene casi intacto”, precisa Norge, licenciado en ciencias políticas.

Después que el Kremlin canceló su millonario cheque a La Habana, que en treinta años multiplicó por dos el dinero que Estados Unidos destinó al Plan Marshall en la Europa de post guerra, los cubanos perciben que el país retrocede mucho más de lo que avanza.

“Cuba camina un paso adelante y tres hacia atrás. El Estado no acaba de desatar las fuerzas productivas y apostar por el único modelo que nos sacará del hueco: la economía de mercado, como lo han hecho China y Vietnam. Y no estoy hablando de democracia, solo de desarrollo económico. Si tu comparas las estadísticas de renglones productivos antes de 1989 con las actuales, a no ser el crecimiento del turismo y la emigración, todas las cifras retroceden o están estancadas”, señala Norge y añade:

“Démosle al gobierno el beneficio de la duda. Supongamos que el bloqueo de Estados Unidos es el culpable de esta crisis económica perpetua. ¿Pero si ya no existe el campo socialista qué vamos hacer, lamentarnos? ¿Seguir con la estrategia de vivir de los subsidios de otras naciones? ¿Involucrarnos en el peligroso juego geopolítico con Rusia, Irán o China para provocar a Estados Unidos? ¿Continuar con la injerencia en Venezuela? Las propuestas debieran ser otras. Destrabar el bloqueo interno, que hasta el propio Díaz-Canel reconoce que existe. Democratizar la sociedad y unir a los cubanos en un solo propósito: construir una nación próspera y sostenible, de verdad, no que sea un simple slogan político. Creo que un grupo de restricciones promulgadas por la Casa Blanca, intentando frenar la entrada de divisas al gobierno y restringiendo los vuelos a la isla, afectan más al pueblo que al régimen”.

Saray, ingeniera, considera que los cubanos ni siquiera son peones en este juego de ajedrez de político. “El gobierno tiene que dar un golpe al tablero y cambiar las cosas. Con pretextos nada van a resolver. Los cubanos que vivimos aquí, mejor que nadie sabemos que hay cambiar un montón de cosas, empezando por la economía y terminando por las libertades políticas. Nadie va a hacer ese trabajo y no vale la pena dilatarlo. Las últimas medidas de Trump me parecen desacertadas. Afectan más a la gente que al gobierno y a las empresas militares. Los recortes de remesas sobre todo afectan a los emprendedores privados quienes para sus negocios necesitan elevadas sumas de dinero. Prohibir los vuelos a las provincias afecta a los cubanos que tienen parientes en el interior y ahora tienen que pagar más dinero para llegar a su destino. Y lo que es peor, las agencia de vuelos charters en Miami, que están en componenda con el gobierno cubano, asumirán esos vuelos cobrando una barbaridad de dinero por el pasaje y tres o cuatro dólares por cada libra extra que traen los cubanos para ayudar a sus parientes”.

Diario Las Américas habló con 18 personas, 9 mujeres y 9 hombres, en edades comprendidas entre los 19 y 82 años y todos coincidieron que las últimas restricciones anunciadas por Washington afectan más a los cubanos de a pie que a la dictadura verde olivo. De los 18, 14 están a favor de cambios profundos en la situación del país. Aspiran a vivir en democracia, quieren más libertades económicas y mayor calidad de vida. Pero las 18 personas confesaron que no tienen madera de héroes y les falta valor para protestar públicamente como hacen en otros países.

Ángel, un ex recluso que barre parques en el municipio Diez de Octubre, al sur de La Habana, alega “que está en desacuerdo con el gobierno cubano, pero también contra las políticas de la Casa Blanca de recortar el envío de remesas y prohibir los vuelos a otras provincias, pues perjudican a las familias. A los gobernantes no les afectan, a ellos no les falta comida, ni medicinas ni botellas de whisky. El pueblo es el que siempre se jode».

Irene, economista, opina que es el escenario perfecto que quiere el gobierno, «para seguir con el mismo discurso de víctima y culpar al bloqueo de su ineficiencia. Trump les hace el juego. La estrategia de Obama era la correcta y demostró que es el propio gobierno el que no hace nada por los cubanos”.

En la disidencia, las restricciones de Estados Unidos hacia Cuba suelen ser apoyadas por grupos que consideran que cerrando el grifo de los dólares, la dictadura disminuirá la represión. La historia demuestra que el castrismo no cede con administraciones de mano dura como fueron las de Reagan, Bush, padre e hijo, y Trump. Tampoco han cambiado de parecer con mandatarios estadounidenses que les han tendido la mano como Obama o Carter.

Joel, opositor, piensa que las nuevas restricciones de la Casa Blanca van en el camino correcto. “Hasta que el gobierno no pida el agua por señas, Trump no debe soltarles el cuello. Las dictaduras solo entienden por las malas”, afirma, aunque no supo explicar de qué manera el régimen de La Habana va a apostar por la democracia, salir de Venezuela y negociar con la disidencia por esas presiones.

Manuel Cuesta Morúa, probablemente el más intelectual de los disidentes cubanos, no está de acuerdo con las últimas medidas de Washington. “Esas restricciones no van encaminadas a favorecer al sector ciudadano en la Isla. Al contrario, las aleja del enfoque democrático y crea una percepción errónea en el régimen y lo lleva a trazar una peligrosa estrategia geopolítica con Rusia y China. Ese ambiente de confrontación lo maneja con placer el gobierno de Cuba. Es su narrativa predilecta”.

El gran dilema de muchos en la oposición y en el exilio es creer que las respuestas a los problemas de la Isla pasan por Estados Unidos. Los problemas de Cuba es un asunto exclusivo de los cubanos, los de adentro y los de afuera.

La sensación que tiene Norge, licenciado en ciencias políticas, es que existe una batalla política asimétrica y al final los daños colaterales los paga el pueblo. “El gobierno dice lo suyo. La Casa Blanca expresa su criterio sobre el futuro de Cuba. El exilio también. Y los opositores locales tienen sus puntos de vistas. Hay un denominador común: todos hablan en nombre del pueblo. Pero muy pocos le prestan atención a lo que dice la población”.

Por ahora, los cubanos de a pie están fuera del juego.

Iván García

Foto de Juan Suárez tomada de Havana Times.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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