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Cuba: humo y cintillos de prensa
Cuba: humo y cintillos de prensa

Cuba: humo y cintillos de prensa

Cae otro muro, titular del Periódico4 _abEl mojito más optimista de La Habana se puede beber con calma en la terraza de La flauta mágica, bar y restaurante privado, a un costado de la flamante embajada de Estados Unidos, a tiro de piedra del Océano Atlántico, el mar que bordea el malecón.

Su dueño, Richard Egües, se llama igual que su abuelo, un famoso flautista de la mítica Orquesta Aragón, que inmortalizó el chachachá. Después de residir 25 años en Francia, Egües decidió invertir sus ahorros en un pequeño negocio familiar.

Por poco más de dos euros, una manada de turistas gringos y europeos despistados, se arrellanan en sus butacas para degustar mojitos y ‘picar’ dados de queso gouda y jamón serrano. Egües abrió su negocio el 19 de diciembre de 2014, dos días después que, de manera simultánea, Barack Obama y Raúl Castro sorprendieran al mundo con la noticia de que los dos países, agazapados en sus anacrónicas trincheras de la Guerra Fría, izaban bandera blanca.

El 14 de agosto de 2015, mientras John Kerry oficialmente reinauguraba la sede diplomática de Estados Unidos en La Habana, un edificio de seis pisos recubierto de piedras jaimanitas y amplios ventanales de cristales verdes, estrenado en 1953, el poderoso canal televisivo NBC tomaba espectaculares vistas desde La flauta mágica.

Ese día, la NBC le pagó 3 mil dólares a Egües por ubicar un plató y sus cámaras en la terraza de la ‘paladar’. Y en eso consiste la estrategia del presidente Obama: abrir la billetera mediante inversiones y concesiones a pequeños negocios privados locales, desmontar el embargo económico e intentar exportar democracia y derechos humanos a golpe de billetes verdes.

El guión forma parte de la Doctrina Obama, un plan de apaciguamiento y convivencia forzada con naciones enemigas o enemistadas con la Casa Blanca. Se puede estar de acuerdo o no con su fórmula. Tanto en Irán como en Cuba puede dar resultado o ser un ruidoso fracaso, pero ayuda a cambiar las reglas de juego.

¿Quién gana o pierde con el trato?

No vale la pena ser agorero. Se trata de un escenario en que el resultado, bueno, malo o regular, se observará a mediano o largo plazo. La isla es un bote al pairo. El delirio económico y el manicomio ideológico de Fidel Castro ha colapsado las estructuras financieras e institucionales.

Cuba está rota. Funciona por inercia y vive del día a día. En su caja de caudales no hay suficiente dinero para desplegar proyectos de obras públicas que permitan renovar los edificios ruinosos, las calles agujereadas y las fábricas improductivas. Se exporta casi todo. Desde un cepillo de dientes a un vaquero.

El sueño de Castro de transformar Cuba en un país industrializado y dejar atrás el tradicional monocultivo azucarero fracasó. Compilar los disparates del Comandante Único ocuparía varios tomos. Desde Francia trajo al agrónomo André Voisin y lo nombró su asesor en faraónicos planes ganaderos. Para sembrar arroz, disecó parte de la Ciénaga de Zapata. En 1970 concibió una zafra azucarera de diez millones de toneladas que, según el barbudo, nos aseguraría un boleto en el vagón de las naciones desarrolladas.

Los disparates de Fidel Castro, amén de aliarse al marxismo-leninismo, causaron el naufragio de la economía cubana. La quimera de exportar su revolución a África y América Latina mediante guerrillas desinfló el erario estatal. Esas manías de grandeza de Fidel llevaron a su hermano Raúl a pactar un trato con el enemigo número uno: Estados Unidos.

Si Cuba hubiese utilizado de manera racional el petróleo y los miles de millones de rublos enviados por la Unión Soviética (dos veces la cantidad que el Plan Marshall destinó para rescatar a la Europa de post guerra), el embargo económico estadounidense hubiera sido una herramienta inútil.

Al 17 de diciembre se llegó por una sencilla razón: si no se pedía un salvavidas, nos hundíamos. Los números son fríos. No tienen ideología. Revísense las estadísticas de la economía nacional y se comprenderá por qué se pactó con el Tío Sam. Desde la perspectivas de la Casa Blanca, un trato con la autocracia verde olivo no es algo antinatural.

Si miramos la historia, no existe una nación más pragmática en el mundo que Estados Unidos. Cuando quiso, tiró al cesto su monserga democrática y se alió con el comunismo soviético para vencer al poderoso nazismo alemán. O por conveniencias geopolíticas o económicas, se abrazó a dictadores y gorilas de la peor especie. Por encima de cuestiones éticas, políticas o sentimentales, Estados Unidos es un imperio. Los ripios del verde caimán no constituyen una amenaza.

Con el revés del chavismo en las elecciones parlamentarias del pasado 6 de diciembre, Venezuela pudiera dejar de suministrarle petróleo a Cuba, en las condiciones ventajosas que desde los tiempos de Hugo Chávez ha estado recibiendo. En diciembre, la agencia de calificación de riesgo Moody’s mejoró de ‘estable’ a ‘positiva’ la perspectiva de inversión en el país, debido a la (supuesta) “disminución” de su dependencia a Venezuela y su acercamiento a Estados Unidos. Y el Club de París anunciaba la condonación de 7 mil millones de euros por concepto de intereses de la deuda de Cuba, un conflicto financiero pendiente desde fines de los años 80.

Pese a las dos buenas noticias de diciembre, los Castro siguen caminando por un sendero movedizo. Y lejos de pensar en cambios que conduzcan a una apertura democrática, todo indica que antes de ceder un ápice en el excesivo control sobre la población y la represión contra la disidencia, prefieren mantenerse en una posición de riesgo.

Es cierto, a los cubanos les garantizan atención primaria de salud y el derecho a la educación pública y gratuita (aunque altamente doctrinaria), pero las libertades políticas les resbalan.

La situación es un coctel molotov

Dos ancianos gobernantes a quienes en cualquier momento puede sorprenderles la muerte, una emigración incesante, infraestructuras del cuarto mundo, salarios miserables y un segmento amplio de personas que desayunan café sin leche y hacen un sola comida caliente al día, se convierten en una lija de fósforos que al menor roce puede incendiarse.

El mayor enemigo de Estados Unidos no son los Castro. Son las 90 millas de distancia que separan a las dos naciones. Si la isla estuviera en África, a los tanques pensantes estadounidenses les daría igual lo que sucediese.

Pero no ha sido necesario que Cuba se hubiera convertido en un Estado fallido o en una de sus provincias se hubiera producido un estallido social, para que al margen de la emigración ordenada y legal hacia Estados Unidos (alrededor de 20 mil ciudadanos cada año), miles de cubanos hayan optado marcharse de su patria por su cuenta.

El nuevo éxodo -el cuarto en 57 años- no se caracteriza por hombres y mujeres que se tiran al mar en balsas y desafian a los tiburones en el Estrecho de la Florida. Ahora aprovechan las posibilidades de viajar al exterior que les ha otorgado una ley migratoria vigente desde el 14 de enero de 2013.

La primera gran crisis migratoria en la era de Raúl Castro, detonaba poco antes del primer aniversario del 17D. Miles de compatriotas que no dudaron en vender todo lo que tenían, reunir dólares con sus negocios privados o pedírselos a familiares en el extranjero. Sacaron billetes de avión rumbo a Ecuador, país que hasta el 1 de diciembre de 2015 no exigía visas a los cubanos. Se pusieron en manos de coyotes y atravesaron ocho países y tres husos horarios distintos.

Debido a la negativa del gobierno de Nicaragua, de impedirles pasar por su territorio -lo que les permitiría acercarlos a su objetivo, llegar por tierra a Estados Unidos- más de 6 mil cubanos se quedaron empantanados en las fronteras de Costa Rica y Panamá. Al nuevo éxodo cubano le han dado la espalda los mandatarios centroamericanos, con excepción de los costarricenses y panameños. La Habana ha declarado que el culpable es Estados Unidos y su Ley de Ajuste Cubano y Washington, sobrecargado de problemas locales y mundiales, se ha limitado a seguir el conflicto y tomar nota.

Pese a ser la oposición un actor insignificante en Cuba, los estrategas de Obama tuvieron en cuenta que, históricamente, los cubanos han buscado solución a sus dificultades, económicas o políticas, en su vecino del Norte. Si usted charla con personas en la calle, notará una mentalidad oportunista. Te dicen: “Que los yanquis paguen la cuenta del desastre”. Ingenuos que veían a Cuba desbordada de McDonald’s y teléfonos inteligentes.

En lo que respecta a los disidentes, muchos se sienten ofendidos. Consideran que Estados Unidos, el paladín de la libertad, los ha traicionado haciendo las paces con una dictadura.

El saldo del 17D

Un año después, no se han producido grandes reformas económicas, sociales y menos aún políticas. El balance en estos doce meses se puede resumir en la apertura de una embajada frente al mar; la posibilidad de descargar herramientas de Google en Cuba; la empresa de telecomunicaciones IDT estableció negocios con su homóloga cubana ETECSA; medio centenar de zonas wifi en espacios públicos y parques en ciudades de toda la isla, y la reanudación del servicio de correo postal entre los dos países, interrumpido por más de cinco décadas.

Se han celebrado varios encuentros bilaterales, en Washington o La Habana. Los temas candentes lo siguen siendo: embargo económico, Base Naval de Guantánamo y propiedades estadounidenses nacionalizadas en los primeros años de la revolución (la familia del mafioso Meyer Lansky está pidiendo que le devuelvan o paguen el hotel Riviera).

Anglosajones famosos -Conan O’Brien, Rosario Dawson, Paris Hilton, Naomi Campbell, Mick Jagger, Rihanna, Anne Leibovitz, Katy Perry, Floyd Mayweather, Frank Gehry- siguen desembarcando en La Habana, ciudad donde se ha puesto de moda hacerse selfies delante de los ‘almendrones’ (viejos autos americanos).

Más de 50 mil estadounidenses visitaron Cuba en 2015. El aumento de turistas en general beneficia a los dueños de cafés, bares y restaurantes privados, y también a los propietarios de casas particulares que alquilan habitaciones. Lejos de las costas caribeñas, proliferan los anuncios invitando a viajar a la isla antes de que se abra por completo al capitalismo.

Mientras, en la isla, las bodegas y mercados agropecuarios donde compra la población que no recibe remesas, siguen desabastecidos. Y grandes vallas publicitarias, las únicas permitidas por el departamento ideológico del partido comunista, nos recuerdan el costo económico del “bloqueo yanqui”. En boutiques y tiendas exclusivas siguen vendiendo productos Made in USA.

Infinidad de cubanos -y hasta medios internacionales- tuvieron expectativas exageradas. Ahora la gente de a pie es la más decepcionada. Reutilio Ávila, dueño de un ‘negocito’ que oferta discos piratas, se ilusionó con el panorama que se vislumbraba tras el deshielo. “Oye te lo juro, yo pensé que tendríamos canales de televisión por cable, internet de banda ancha y un poco de libertades. Pero doce meses después, el dominó sigue trancado”.

Proyectos y estrategias sobran. La naviera valenciana Baleària tiene el aval de Estados Unidos para poner en marcha una línea marítima entre Miami y La Habana, pero le falta el visto bueno de Cuba (antes de 1959, el ferry Habana-Miami era uno de los transportes más usados). En la gaveta esperan inversiones en la industria y agricultura, transacciones bancarias y la construcción de hoteles y campos de golf, entre otros.

A no ser las reuniones e intercambios oficiales, visitas de gobernadores, políticos, empresarios y personalidades, el resto de los puntos de la agenda de Obama siguen detenidos o se cumplen muy lentamente.

Probablemente el 17D haya sido la más espectacular operación de marketing informativo en la historia moderna. Visto lo visto, Cuba se ha comportado como el niño majadero que exige juguetes nuevos manteniendo su pésimo comportamiento. En el último año se ha dedicado a vender humo y cintillos de prensa.

En todas las tribunas a su alcance, el régimen reitera que la normalización definitiva de las relaciones diplomáticas entre los dos países, se alcanzará cuando Estados Unidos levante el embargo, compense económicamente a Cuba por las consecuencias del ‘bloqueo’ y le devuelva el territorio ocupado por la Base Naval de Guantánamo.

Junto con la gente de a pie, entre los perdedores del 17D se encuentran los disidentes, que apuestan por una democracia funcional, economía de mercado y libertades políticas. No es un secreto que un alto porcentaje de la ciudadanía prefiere ver el juego desde las gradas. Su descontento no lo manifiestan protestando, si no yéndose de Cuba, por cualquier vía.
El neo castrismo reposta con gasolina suficiente y sigue repartiéndose la isla como si fuese una piñata. Por suerte para los cubanos de adentro y de afuera, el final de la saga de los hermanos Castro está a la vista.

Iván García, Luis Cino y Juan González Febles
Revista Claves No. 244, enero de 2016.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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