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Raúl Castro: un lustro en el poder

Este 31 de julio, Raúl Castro cumplió sus primeros cinco años al frente de los destinos de Cuba. A diferencia de Fidel, habla poco y no es muy dado al autoelogio. Sabe que el modelo económico cubano es un fiasco. Y apuesta por un milagro.

El viejo conspirador, hoy presidente de la República, ha trazado su plan maestro. Se apoya en varios sectores cardinales. Y no es el sueño de un iluminado o padrecito de la patria. Si algo él sabe hacer es escuchar y dejar hacer a los que saben.

Claro, tampoco es un demócrata. Es un dinosaurio comunista de la vieja escuela. A su alrededor tiene un clan de empresarios militares que han dejado sus vistosos uniformes y la vida espartana de los cuarteles y ahora visten guayaberas blancas. Y se actualizan con novedosos métodos de administración de empresas y finanzas.

El General ha visto cómo el socialismo marxista de planificación central ha fracasado. Por tanto, mira a China y Vietnam, dos naciones que aún apuestan por la estrafalaria ideología, pero  con métodos capitalistas crecen económicamente.

No quiere improvisar como su hermano. El comandante único concebía planes como si fuesen salchichas y, cuando no funcionaban, culpaba a otros y pasaba la página.

Castro II, de 80 años, sabe que su principal enemigo es el tiempo, y no la disidencia local o la letal burocracia criolla.

Pero si apresura los cambios, puede perder las riendas de las reformas. Y convertirse en el Gorbachov del Caribe. El sepulturero de la revolución. Al General le aterroriza esa idea. Por eso sus reformas son a ritmo de danzón. Lentas, metódicas y seguras.

No quiere sorpresas. Cuando las cosas se atascan, cambia la velocidad con el coche en marcha. Sabe improvisar. Es el caso del trabajo por cuenta propia.

Había descontento por asuntos de impuestos entre los choferes de taxis particulares. No se lo pensó dos veces. Y rebajó los impuestos para los transportistas de mil a 600 pesos.

Con las ‘paladares’ otro tanto. Rumores y disgustos. Promulgó una ordenanza que eleva el número de sillas en restaurantes privados de 20 a 50 sillas. Con el arrendamiento de tierras ha realizado enmiendas. Acaban de ser ampliado a 181 el número de oficios particulares. Si es preciso hará otras modificaciones, de acuerdo a las circunstancias.

Raúl Castro no se aferra a un dogma o idea fija. Públicamente habla de economía planificada. Un discurso para darle hueso de goma y música agradable a los oídos de los talibanes del partido. Y a su hermano, quien intrigado mira desde la cabecera de su cama las movidas de fichas planteada por su sucesor.

Muchos piensan que Fidel Castro está a merced de Dios. No se puede olvidar que el legendario guerrillero tiene una baza importante en sus manos: Hugo Chávez.

Si Raúl se saliera del guión, Castro podría convencer a Chávez para que cierre el grifo de petróleo a la isla. Con ese chantaje, controla los excesos del equipo de tecnócratas de verde olivo y sus ambiciones de fundar un capitalismo de Estado.

El bolivariano es el comodín de Fidel Castro. Su otro yo. Un incondicional. Debido a esos honores y atenciones, Hugo Rafael Chávez Frías se siente fuerte. Y a ratos, con críticas solapadas, manda sus mensajes de ida a vuelta a los raulistas.

El General necesita el petróleo del impresentable Chávez. Y juega a dos bandos. Como conspirador que siempre ha sido.

No olvidar que Raúl fue el Maquiavelo detrás del episodio de sectarismo en el partido comunista en los años 60, conocido como ‘la microfracción’. Él y su aparato de inteligencia fueron los que manejaron los hijos y efectuaron las purgas en los cuerpos armados en 1989-90, cuando los Casos Ochoa y Abrantes.

Mientras Fidel se interesaba en reforzar su imagen de estadista de talla mundial, Castro II conspiraba en la sombra. Ya desde mediados de los 90, el poder real en la isla lo tenía el General. Las intrigas y maniobras políticas son su salsa favorita.

Raúl Castro ha trazado su plan maestro de cara el futuro.

Uno de sus pilares son los recursos hidráulicos. Desde hace dos años, construye un importante trasvase de agua en el oriente del país. El puerto del Mariel es otra de sus apuestas para un resurgimiento económico. Algunos entendidos piensan que cuando el embargo pase a la historia, esta dársena, podría ser la más importante del Caribe. Superando al puerto de Miami.

Otra de sus estrategias es ampliar el turismo y, sobre todo atraer al segmento de viajeros con billetes. En la actualidad, el visitante que visita Cuba, viene con paquetes de ‘ todo incluido’ y como promedio gasta 36 dólares al día. Muy poco.

El General aspira a que millonarios y hombres de negocios hagan excursiones al verde caimán. Por eso se ha lanzado a la construcción de cotos de cazas y campos de golf de 18 hoyos. También se incrementa el lobby para reanudar construcciones inmobiliarias.

En su diseño económico para los años venideros, la explotación petrolera en profundidades marinas es decisiva. Si las exploraciones dan el resultado esperado, de cuajo se cortaría la dependencia de Venezuela. Y no tendría que soportar los insultos sutiles del presidente venezolano.

Entre los proyectos de Castro II igualmente está la participación en negocios futuros de cubanoamericanos que no hayan sido demasiado críticos con el régimen.

Raúl Castro quiere pasar a la historia como el estadista que creó las bases del desarrollo económico en Cuba. Muchos desconfían de él. Tiene pinta de tipo malo. Pero hay malos, como Pinochet en Chile, que a veces hacen cosas buenas.

Iván García

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: taniaquintero3@hotmail.com

One comment

  1. Me da risa cuando leo que hay un gobierno que decide cuantas sillas puede tener un restaurant.

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