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Pocos cubanos pudieron celebrar la Navidad

Pocos cubanos pudieron celebrar la Navidad

A Juan Miguel, un español que visita por primera vez La Habana, le llamaron la atención tres cosas: la no existencia de publicidad comercial en las calles, decenas de edificaciones se encuentran abandonadas, algunas a punto de desplomarse, y el escaso ambiente navideño en la capital cubana.

“No creo que tenga que ver con la pobreza. He estado en Guatemala, Honduras y El Salvador, la gente muy humilde festeja la Navidad y despide el año viejo. Las ciudades se adornan con alegorías navideñas y diseños de luces. Pero en Cuba, excepto en hoteles destinados a turistas internacionales y centros nocturnos exclusivos cuya clientela son los hijos y nietos de la clase gobernante, no ves en las calles decoraciones típicas de esta época del año en las naciones de mayoría católica, como es el caso de la Isla. Muchos amigos cubanos con los cuales hablé, me dijeron que ni siquiera van a poder hacer una cena familiar para esperar la llegada de 2022”, comenta el turista español.

Mientras en hoteles cinco estrellas plus como el Manzana Kempinski, en el corazón de La Habana, en el lobby se observaban gigantescos árboles con bolas de colores y sus dependientes lucían gorros rojos con bordes blancos, Lucia, 63 años, empleada de un taller estatal de corte y costura, estuvo dos horas en una cola para comprar la libra de pollo adicional que otorgarán las autoridades por la libreta de racionamiento.

“No pudimos celebrar la Nochebuena el 24 de diciembre. Con un pollo extra que mis hijos resolvieron, hicimos una comida el 31 de diciembre y esperamos el 2022. Nada de cerveza y turrones ni siquiera los de maní elaborados por particulares”, dijo Lucía con una sonrisa forzada.

La revolución de Fidel Castro intentó sepultar las viejas costumbres. El 6 de enero de 1959, acompañado de los comandantes guerrilleros Juan Almeida y Ernesto Guevara, los tres vestidos de reyes magos, en los portales de la antigua CMQ, en El Vedado habanero, repartieron juguetes a los niños. El mensaje era directo: en lo adelante, los nuevos reyes magos serían Castro y sus barbudos.

Todos los aspectos de la vida cotidiana de los cubanos fueron controlados por el Estado. La religión comenzó a satanizarse y tradiciones como la Navidad, los Reyes Magos y la Semana Santa, se prohibieron con la excusa de que no se podía parar la producción azucarera. Hasta finales de la década de 1980, la dictadura verde olivo censuró las navidades. Pero los funcionarios y dirigentes comunistas si las celebraban, a todo trapo. En sus mesas no faltaban puercos enteros asados en púa, guanajos rellenos, fricasé de pollo, yuca y malanga con mojo, tostones, ensalada de tomate y lechuga, buñuelos, dulces criollos, turrones españoles, cerveza, vino y sidra asturiana.

José, contador de una empresa, recuerda que “durante muchos años escondíamos el arbolito de navidad para que sus luces no nos delatara. El olor que desprendía el cerdo asado en el horno era un problema. Avivaban la curiosidad del presidente del CDR y los chivatos del barrio. Eran navidades clandestinas”.

La revolución fue un suceso de nigromancia política. Fidel Castro fue un maestro en el arte de prometer cosas que jamás cumplía y, que por un raro efecto de amnesia colectiva, la población luego olvidaba. Castro, un mentiroso compulsivo, juró que no era comunista, que establecería una democracia con elecciones libres y respetaría los negocios privados. Pero hizo exactamente lo contrario. Prometió transformar el país en una potencia industrial y un formidable sector agropecuadrio.

Aseguró que Cuba competiría con Argentina, Uruguay y Estados Unidos en la exportación de carne de res. Dijo que seríamos líderes en la exportación de café, plátano, malanga y mariscos. Holanda nos miraría con envidia, por la calidad de la leche y el queso cubano. Además de poseer las más las más productivas razas de vacas, tendríamos a los mejores científicos. «El futuro de Cuba es de los hombres de ciencia», sentenciaba Fidel.

El aquelarre castrista ha enterrado incluso producciones históricas exitosas, como la ganadería y el azúcar. La economía es un desastre insalvable. Si se mantiene en pie es gracias a las remesas enviadas por exiliados y emigrados a sus parientes pobres en la isla, por la exportación de servicios de médicos y por la innata capacidad de los operadores políticos locales para ordeñar las finanzas a sus aliados ideológicos.

En su delirio de grandeza, Fidel Castro, probó el modelo comunista en poblados de varias provincias, prohibió todas las iniciativas privadas y se esforzó por formar un hombre obediente que trabajara sin incentivos materiales, fuera ateo y odiara al imperialismo yanqui. De la memoria colectiva se debían borrar las tradiciones burguesas. Cero navidades, cero fiestas de quince y cero asistencia a misas y procesiones de la iglesia católica.

Por supuesto, el disparate fidelista fracasó. A partir de 1989 regresaron las antiguas costumbres, entre ellas la Navidad, pero sin difusión en los medios oficiales. Para ese porcentaje de ciudadanos que reciben sus salarios en pesos, se les permite poner arbolitos, decorar sus hogares y preparar cenas de Nochebuena el 24 de diciembre, con los recursos que cada familia tenga, sin apoyo del Estado. En ninguna bodega o mercado en moneda nacional venden turrones, uvas y manzanas importadas. Solamente en las tiendas dolarizadas se pueden comprar pavos congelados, turrones y sidras a precios de escándalo.

Personas que reciben dólares como Mirta, ama de casa, no pudieron darse el lujo de celebrar la Navidad de 2021. «Debido a la inflación, para hacer una comida para ocho personas, tenías que disponer de más de 300 dólares. La carne de puerco costaba más de 200 pesos la libra y en los sitios online donde los cubanos radicados en el exterior pueden comprarle alimentos y enviárselo a su familia en Cuba, un cerdo de 30 kilogramos no bajaba de 240 dólares. Por un turrón español tenías que pagar unos 5 dólares, si lo encontrabas, pues las tiendas MLC están bastante desabastecidas”, explicó Mirta.

Por WhatsApp, Diario Las Américas preguntó a 22 personas si el 24 de diciembre pudieron realizar la cena la Nochebuena. Diecinueve respondieron que no. Y los tres que la hicieron, dijeron que prepararon una pequeña comida familiar sin puerco ni cerveza.

“En mi casa éramos cuatro. Tenía varias libras de carne de puerco que compré en octubre, cuando costaba 155 pesos la libra (ahora anda por 230 y 365 pesos la libra de cerdo deshuesado). La dividimos en dos trozos, con uno cenamos el 24 y con el otro el 31. Cerveza, ni hablar, es un lujo: una caja, si se consigue en el mercado negro, cuesta casi tres mil pesos”, comentó Igor, arquitecto, de los pocos que hará dos celebraciones.

Daniel, abogado, esperó el nuevo año con su esposa, sus dos hijos y su madre. “La Nochebuena no la celebramos. El 31 de diciembre comimos pollo, arroz blanco, frijoles negros y tostones de plátano burro. A las doce de la noche tiramos un cubo de agua, para que se llevaro lo malo, dimos una vuelta a la manzana con una maleta, a ver si podemos viajar al extranjero”. Muchos cubanos están convencidos de que la crisis económica y la inflación van a empeorar en 2022. Y apuestan por emigrar.

Iván García

Foto: Restaurante con un Santa Claus en el Barrio Chino de La Habana. Imagen de Otmaro Rodríguez tomada de On Cuba News.

Sobre admin

Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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