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La disidencia cubana ha cosechado más fracasos que éxitos en dos años de viajes al exterior

Cuba duele. Lo mismo a uno de esos apasionados ancianos que aún sueñan con derribar a los Castro a tiros, mientras beben café en el restaurante Versalles de Miami, a un sosegado crítico de cine como Alejandro Ríos o a reporteros cubanos de la redacción Diario de las Américas. El futuro de Cuba a todos duele.

Aquéllos que piensan que la saga castrista se encuentra al final del túnel, pueden estar equivocados. El régimen ha sido demasiado hábil para hacer una traslación silenciosa del marxismo totalitario al capitalismo militar autoritario de Estado.

En el terreno diplomático siguen siendo fuertes. Cuando el próximo14 de enero se cumplan dos años de la cacareada e incompleta apertura migratoria -viajar es un derecho inalienable de cualquier persona y todavía los emigrados tienen que pedir permiso para entrar a su país pagando precios exorbitantes-, los resultados de los disidentes que han estado en el extranjero son insuficientes.

Ha sido positivo que decenas de opositores, abogados y periodistas alternativos e integrantes de la incipiente sociedad civil hayan podido capacitarse en el exterior y conocer nuevas herramientas. El desastre, desde mi punto de vista, está en el terreno político y diplomático.

Poco se ha logrado. Antonio G. Rodiles pudo presentarle a Ban Ki-moon su Demanda por la otra Cuba y recordarle que la Isla sigue sin ratificar los Pactos de la ONU firmados en 2008.

Disidentes, abogados y activistas de derechos humanos han podido debatir en plenarios internacionales y presentar la realidad de un país intolerante con quienes discrepan, y donde una ley puede sancionar con hasta 20 años de cárcel a periodistas y opositores.

Pero la repercusión se evapora tras una nota formal en un diario de la Florida o una web independiente. Resultados concretos, muy pocos. Los cambios los sigue decretando el gobierno de Raúl Castro.

La disidencia no ha logrado introducir cuñas y propuestas válidas en foros, debates y pasillos de cancillerías, sitios donde se trazan las políticas reales. Ahora mismo, se ha producido un evidente retroceso en países que tradicionalmente apoyaban a la disidencia cubana en su narrativa en favor de los derechos políticos.

Estados Unidos y la Unión Europea, desde sus perspectivas e intereses, han dado un golpe de timón en sus políticas exteriores. La alfombra tendida al impresentable régimen verde olivo no la han puesto solo por asuntos comerciales o de negocios.

Las políticas de mano dura no dieron el resultado esperado. La posición común europea no trajo apertura política, democracia y elecciones libre por parte de La Habana.

El embargo económico y financiero es un arma mellada. Si lo que pretendía era castigar la impunidad de Fidel Castro por sus expropiaciones sin compensación en negocios estadounidenses o su descarada participación en conflictos civiles y subversiones en África y América Latina, no logró su objetivo.

Lo que frenó el desmedido armamentismo del ejército cubano, su participación en guerras africanas y el apoyo a guerrillas en el continente americano fue la caída del imperio soviético.

Cuando Moscú dejó de enviar aviones Mig, lanzaderas de cohetes múltiples y tanques T-62, además de 12 millones anuales de toneladas de petróleo, tractores, fertilizantes y una cuenta en blanco de rublos, la revolución de Fidel Castro entró de golpe en una etapa de indigencia.

La economía naufragó y los números en rojos capitalizan la balanza comercial. Veinticinco años después de la caída del muro de Berlín, Cuba sigue viviendo una crisis económica estacionaria.

El régimen ha mutado por pura necesidad. Los cambios a los que se han visto obligados a implementar van en esa cuerda. El saqueo y repartición de parcelas de negocios del erario estatal por parte de empresas militares es una realidad. Los altos mandos han sustituido sus uniformes por guayaberas blancas.

Después de la oleada represiva de 2003, la disidencia nunca había tenido tanta cancha para desempeñar su labor. Ocurre que nunca la oposición fue fuerte dentro de la comunidad. Aunque 7 de cada 10 cubanos están disgustados con el desempeño y administración de sus gobernantes, los disidentes no han sabido capitalizar ese enojo.

Las calles repletas de baches, los salideros de agua, escasez de viviendas, bajos salarios, infraestructuras del cuarto mundo y corrupción galopante, afectan por igual a los partidarios y a los adversarios de los Castro. Pero debido a la represión y el ninguneo, la oposición ha preferido enfocado su labor hacia el exterior.

Se suponía que con la apertura migratoria, podría pulsear con la autocracia en el terreno diplomático. Pero, tras casi dos años, los resultados son nulos. La disidencia vive horas bajas.

Los opositores se desgastan en proyectos que no funcionan. Gastan el dinero del contribuyente estadounidense o fondos privados en tertulias de café donde todos piensan igual. Debieran asistir a encuentros donde hayan participantes que apoyen al castrismo o al menos públicamente no lo censuran. Y allí exponer y discutir los puntos de vista de unos y otros.

Entre diplomáticos radicados en La Habana se comenta la chusmería en determinados eventos de ciertos disidentes. Su incapacidad para vertebrar alianzas y denunciar la esencia dictatorial del régimen ha estado por debajo de las expectativas. Otros se han dedicado a la autopromoción, hacia ellos mismos o hacia sus grupos.

La torpeza política de Guillermo Fariñas, al participar intencionadamente o no, en una campaña electoral en la Florida, ha sido una vergüenza. Es proverbial la intolerancia de algunos opositores, que ven los proyectos de otros colegas como una amenaza. No hace falta, ni se necesita unidad de criterios.

Pero hay tres o cuatro puntos cardinales donde la disidencia coincide y debiera servir de plataforma política. Sin coherencia, discurso moderno y lobby agresivo no se llega a ningún lado. Es ahí donde deben bregar.

En estos dos años de viajes al exterior, los disidentes cubanos han cosechado más fracasos que éxitos. Y en el campo diplomático, el régimen sigue ganando por goleada.

Iván García

Foto: Patrocinado por la Fundación Konrad Adenauer y la Organización Demócrata Cristiana de América, el 4 de diciembre tuvo lugar en México una reunión con representantes de la sociedad civil en la isla y en el exilio. Concluyó con una declaración titulada «Caminos para una Cuba democrática», firmada por una veintena de personas, no todas residentes en Cuba. Tomada de Martí Noticias.

Nota.- El 3 de diciembre, Lázaro Yuri Valle Roca, me envió un video con una breve entrevista que le hizo a Antúnez y a su mujer en el aeropuerto de La Habana. Antúnez dijo que iban a una importante reunión en México. Pensé que sería con gente radical, que está a favor del embargo y de la línea dura hacia el régimen, pues hasta la fecha Antúnez ni su grupo habían hecho pactos con nadie, precisamente por eso: porque su postura es opuesta a la de la mayoría de los disidentes, cada vez más ‘lights’.

Así que me sorprendió saber que la variopinta reunión, entre los presentes se encontraba Antúnez, una muestra de que ha cambiado o cedido en sus posiciones. Tampoco esperaba ver la firma del histórico disidente Vladimiro Roca Antúnez, quien luego de 5 años en prisión y ya con 72 años, apenas está activo en la oposición. Sobre todo porque Vladimiro mejor que nadie sabe que ese tipo de encuentros y declaraciones son de corta duración, apenas trascienden.

No fue el caso de La Patria es de Todos, del cual Vladimiro fue uno de los autores, hasta hoy el documento más importante de la oposición cubana. Increíble también para esa reunión se haya celebrado en México, uno de los países más violentos y corruptos del mundo y donde la democracia hay que buscarla con una lupa.

Por la foto, veo que no se reunieron en casa de María Antonia, la señora que acogió a Fidel Castro y sus subversivos en 1956, quienes en la capital mexicana prepararon el desembarco del Granma. En mi opinión, esa reunión es una de las tantas maneras que la disidencia cubana y patrocinadores foráneos tienen de perder tiempo y dinero. Y en este caso, como me dijo una amiga, una oportunidad para comer tacos, burritos y mole poblano, escuchar mariachis, tomar tequila y comprar zarapes y huaraches. Tania Quintero

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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