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Goodbye, Obama!
Goodbye, Obama!

Goodbye, Obama!

Tres horas antes de que Obama ofreciera su discurso en el Gran Teatro Alicia Alonso de La Habana, mientras desayunaba pan con mantequilla y limonada fría en una cafetería privada del barrio de La Víbora, Anselmo compartía impresiones con un amigo sobre los temas tocaría el presidente estadounidense en su alocución.

“Tu verás que el hombre habla de la falta de democracia y de los derechos humanos. Este tipo no es un pendejo como el Papa Francisco o el presidente de Francia. Va y hasta anuncia cosas nuevas”, comentaba.

Su interlocutor era más pesimista. “Diga lo que diga, aquí nada va a cambiar. Cuando el prieto se vaya echando, sigue la misma rutina. Esto va a cambiar cuando estiren la pata los vejestorios que nos gobiernan. Olvídate lo que pueda ofrecer Obama. Recuerda que Fidel y Raúl son gallegos. Mas tercos que esa gente, hay que mandarlos hacer”, expresa un señor canoso gesticulando con sus manos.

La desinformación y los rumores hacen ola. “No me voy a perder el discurso. Dicen que Obama va a anunciar el fin del bloqueo”, señala una anciana que vende cucuruchos de maní en la Avenida de Acosta, en el municipio 10 de Octubre, al sur de la capital.

Desde el domingo 20 de marzo, cuando Barack Obama arribó a La Habana, la temperatura es bastante fresca y los vientos de cuaresma provocan olas que sobrepasan el muro del malecón.

Tomar un taxi colectivo para la parte antigua de ciudad, Vedado o Miramar es una misión casi imposible. “Es que muchas calles están cerradas y la policía está dando tremendo chucho. Hasta que no se vaya Obama no voy a trabajar. Pero su discurso y el juego de pelota con el Tampa no me lo voy a perder”, expresa Víctor, chofer de un Ford de 1955.

Cuando Obama comenzó su emotiva alocución, utilizando esa capacidad oratoria que combina con mensajes subliminales específicos, destacó que la democracia y los derechos políticos no son un capricho o un lujo, en este siglo XXI constituyen una necesidad.

Incluso ante un auditorio rigurosamente escogido por las autoridades, se escucharon aplausos cuando Obama mencionó el derecho a manifestarse y la libertad de expresión.

Utilizando paralelismos de la lucha por la integración racial en Estados Unidos, Obama dejó claro que la democracia en todo su esplendor es la joya de la corona de los derechos humanos.

Susana, ingeniera, dice que sus ojos se llenaron de lágrimas cuando Obama describía el encuentro de una cubana que hace 61 años no veía a su hermana. “En 1979 vi partir a mi padre hacia Estados Unidos y más nunca lo pude ver. Murió el año pasado y ni siquiera pude asistir al entierro. Esas cosas deben terminar. El gran daño de tanta polarización política entre ambos gobiernos lo está pagando el cubano común. Ojalá que las palabras de Obama no se las lleve el viento”.

Minutos después de su histórico discurso en casa del enemigo, Obama llegó en el Cadillac One, toda una sensación en La Habana, a la Embajada estadounidense. Durante poco más de una hora departió con 13 representantes de la oposición cubana.

En otra sala, de manera simultánea, cuatro periodistas sin mordaza se reunieron con Ben Rhodes, uno de los arquitectos de la estrategia de deshielo con el régimen de Castro.

En la charla, Rhodes no aportó nada nuevo. Eso sí, el asesor de Obama tiene una confianza a prueba de bombas de que la nueva política permitirá empoderar al pueblo cubano.

Aunque no hay antecedentes históricos que demuestren que negocios, internet y un canal abierto al diálogo con regímenes dictatoriales allanen el camino hacia la democracia.

Tanto Rhodes como Obama insisten que la distensión es una mejor opción que la injerencia o las sanciones económicas. Pero un segmento amplio de cubanos de a pie no tiene muchas esperanzas de que en Cuba se produzca un giro hacia la democracia en vida de los Castro.
El año pasado, 43 mil compatriotas abandonaron su patria en busca de salarios decentes y un nivel de vida digno. Ellos votaron con los pies. No dudo que después de la visita de Obama, continúe el éxodo migratorio cubano.

Iván García

Foto: El presidente de Estados Unidos saluda desde la puerta del Air Force One. Eran pasadas las 4 de la tarde del martes 22 de marzo, no estaba lloviendo, pero el viento de cuaresma, propio de la primavera y de la Semana Santa, se hacía sentir en la pista del aeropuerto de Rancho Boyeros y en toda la ciudad de La Habana. A despedirlo acudió Raúl Castro con Raulito, su nieto guardaespaldas, entre otros. Unas horas después, Obama, su esposa, dos hijas y su suegra, llegaban de madrugada a Buenos Aires, para una visita de dos días a Argentina. Tomada de Telemundo.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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