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El profesor Bonne, otro disidente histórico que se nos va
El profesor Bonne, otro disidente histórico que se nos va

El profesor Bonne, otro disidente histórico que se nos va

“Fui profesor de Alejandro Castro, el hijo de Raúl”, le dijo Félix Bonne Carcassés a una periodista de El Mundo que por teléfono lo entrevistó en abril de 2010. En esa misma conversación, Bonne contó que cuando fue profesor universitario, se ofreció para ir a combatir a Angola, “mientras otros comían jabón con tal de no ir”.

Félix Antonio Bonne Carcassés, fallecido en La Habana el pasado viernes 6 de enero, no solo fue uno de los más destacados disidentes por su preparación académica, si no por su forma abierta y valiente de ser, herencia de su pasado mambí: su abuelo, Luis Bonne Bonne, se incorporó a la causa independentista como capitán de la escolta de José Maceo y terminó con el grado de general de brigada en el Ejército Libertador Cubano.

Bonne Carcassés nació en Santiago de Cuba el 13 de junio de 1939 y después de terminar el bachillerato en esa ciudad, se trasladó a la capital, ingresando en la antigua Ciudad Universitaria José A. Echevarría (CUJAE), hoy Universidad Tecnológica de La Habana. Concluidos los estudios de ingeniero eléctrico en la especialidad de control automático, estuvo 30 años laborando en la CUJAE, donde llegó a ser profesor titular y publicar libros técnicos.

“Bonne fue mi profesor de Electrónica Industrial en la CUJAE y también trabajamos juntos cuando empezamos la introducción de las cámaras de video a color en el departamento de audiovisuales. Fue un magnífico maestro, un tremendo ingeniero y una bellísima persona en todos los aspectos, independientemente de sus méritos como disidente”, recuerdo el ingeniero cubano Marco A. Pérez López, residente en México.

En 1991 Bonne fue expulsado de la CUJAE, por firmar una carta junto a otros colegas, pidiendo cambios democráticos en el país. “Era la época en Cuba del apogeo del llamado período especial, corrían aires ‘pereistroikeros’ en la Isla, circulaban Novedades de Moscú y Sputnik. Los profesores vinieron a mí en busca de realce a la misiva en mi calidad de profesor titular y yo la firmé. Por supuesto, estaba de acuerdo con su contenido. El resultado fue la expulsión de entre catorce y quince profesores, tal vez más de la CUJAE. Debo señalar que la casi totalidad de los miembros del núcleo del partido en el centro estaban de acuerdo con la carta, aunque no la firmaron esperando a ver qué sucedía”, declaraba al sitio Payo Libre en agosto de 2006.

Fue precisamente en 1991 cuando por primera vez tuve referencias directas del ‘negro Bonne’, como cariñosamente le decía, mi gran amiga, Mariana Badell Iturriaga, graduada de ingeniería química en las Universidades de La Habana y Moscú, y a quien su condición de militante del partido en ese momento, no le impidió solidarizarse con Bonne y el resto de profesores expulsados, conocidos suyos de su etapa estudiantil y docente.

Desde 1990, Mariana y algunas personas de su círculo de amistades más cercanas, entre ellas yo, entonces periodista de los servicios informativos de la TV cubana, formábamos parte de un grupo informal de simpatizantes de la perestroika y la glásnost -uno de los tantos que espontáneamente existieron en La Habana en aquel tiempo- y a cada rato nos reuníamos en la casa de Mariana, en 82 entre 7ma. y 9na, Miramar, para estar al tanto de lo que estaba ocurriendo en la Unión Soviética tras la muerte de Kruschov y el liderazgo de Gorbachov.

En Payo Libre, Bonne aclaró que después de ser expulsado de la CUJAE, se dedicó a leer, su afición preferida. Se había integrado a la Corriente Cívica Cubana cuando conoció a Martha Beatriz Roque Cabello, René Gómez Manzano y Vladimiro Roca Antúnez, “personas bien direrentes una de otra”, diría después. Los cuatro fundan el Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna y el 27 de junio de 1997 dan a conocer La Patria es de Todos.

“El gobierno había hecho un llamamiento al quinto congreso del partido comunista y pidió que lo criticaran. Nosotros dijimos, bueno, tu estás pidiendo que te critiquen, entonces lo llevamos hasta exquisitez de contar el número de palabras y una serie de errores garrafales que presentaba el llamamiento, que no sé cómo ellos incurrieron en eso, y redactamos La Patria es de Todos. Nunca pensamos que el documento iba a tener tanta trascendencia y creo que cogió por sorpresa al gobierno, que en la primera oportunidad que tuvo nos encarceló”.

Hacia finales de 1996 y principios de 1997, conocí de cerca y compartí con Félix, en el Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna, cuyas actividades reportaba con frecuencia como periodista independiente de Cuba Press. Después de entregar una copia de La Patria es de Todos en el comité central del Partido Comunista y darlo a conocer fuera de Cuba, el 16 de julio de 1997, apenas un mes de divulgado el documento, el Departamento de Seguridad del Estado (DSE) realiza violentos operativos en los domicilios de Bonne, Martha, René y Vladimiro (después se sabría que entre otras “informaciones”, la Seguridad contaba con las de Odilia Collazo, supuesta opositora que había sido infiltrada en el Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna).

Los cuatro son encerrados en Villa Marista, sede del DSE, y posteriormente trasladados a celdas de máximo rigor en diferentes presidios del país. Pero no es hasta el 1 de marzo de 1999, después de 19 meses encarcelados, cuando los presentan ante un tribunal, en este caso el de Marianao, situado en 100 y 33. Un juicio que en la historia del castrismo quedará como un circo mediático, político y represivo. Ese día, lunes, desde la Avenida 51 hasta la 33, llenaron la Calle 100 de hombres negros y mestizos. El porqué de tantos movilizados de esas razas, lo digo al final de El día que la represión se vistió de negro, crónica publicada el 5 de marzo de 1999: porque “entre los cuatro que ese día juzgaron había un negro, Félix Bonne Carcassés, y un mestizo, mi primo Vladimiro Roca Antúnez”.

A Martha la condenaro a 3 años y medio de privación de libertad, a Bonne Carcassés y Gómez Manzano y a Vladimiro a cinco años. De sus años en prisión, Bonne confesó que no los pasó bien, pero tampoco tan mal. “Solo un capitán fue déspota conmigo, pero él era así con todos, en la prisión lo odiaban. En la cárcel leí mucho, sobre todo libros de economía. Recuerdo que hice una especie de pacto de caballero con el reeducador, que consistía en asistir a los círculos políticos, con la condición de sentarme atrás, ponerme a leer otra cosa y que no me preguntara nada, pues si me preguntaba le iba a contestar y se va a poner malo aquello”.

Bonne era alto y corpulento. No fumaba ni bebía, pero le gustaba la comida bien sazonada y cocinada. Más de una vez, Bonne, René y yo almorzamos o cenamos en casa de Martha Beatriz. El 10 de noviembre de 2000 no olvidaré mi 58 cumpleaños: Martha me lo celebró en su casa, a una vecina encargó una panetela con crema y panquecitos y en la shopping compró dos botellas grandes de refresco, una de cola y otra de naranja. Además de Martha, Bonne y René estuvo mi hijo Iván. Bonne tenía buen carácter, era un gran conversador, campechano, jaranero.

En 2001-02 volví a coincidir con Bonne en la Asamblea para Promover la Sociedad Civil, proyecto que Martha encabezaba con el apoyo cercano y sabio de Bonne, Gómez Manzano y Arnaldo Ramos Lauzurique, fallecido el 3 de noviembre de 2016. El 18 de marzo de 2003 el régimen desató la oleada represiva conocida como Primavera Negra. De los cuatro ex integrantes del Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna, a Martha Beatriz le tocó de nuevo ir a la cárcel, por suerte no por demasiado tiempo. El 25 de noviembre de 2003 viajé a Suiza como refugiada política y de Bonne solo sabía a través de las noticias leídas en internet.

A pesar de la diabetes y la hipertensión que le aquejaba desde hacía tiempo, Bonne se mantuvo activo como disidente casi hasta el final de sus días. En coautoría con el abogado René Gómez Manzano, su inseparable compañero en las filas de la oposición, Bonne publicaría Claroscuros cubanos (Cubanet, 21 de diciembre de 2012), sobre la integración racial en la sociedad cubana y que provocara que el historiador Leonardo Calvo Cárdenas, del Comité Ciudadanos por la Integracial Racial, les resbatiera en un largo texto titulado Contra los prejuicios y la injusticia y que en tres partes reproduje en mi blog en marzo de 2013. Menos polémico fue el artículo Indefiniciones en la educación superior cubana (Cubanet, 26 de septiembre de 2015), firmado por Bonne y Gómez Manzano.

La muerte el 7 de mayo de 2012 de la esposa de Bonne, la ingeniera María Domínguez Díaz, contribuyó a deteriorar aún más su precaria salud. María, ejemplo de mujer, no solo le perdonó algunas infidelidades matrimoniales, si no permaneció a su lado durante todo la persecución a la que Bonne fue sometido. Ella se negó a repudiarlo cuando en 1991 él firmó esa carta, actitud que le costó que la expulsaran de su trabajo como profesora universitaria. Durante los años de cárcel (1997-2000), María no faltó a ninguna de las visitas que le concedieron a su marido. Después de enviudar, Bonne se volvió a casar, con Lázara Ayllón Reyes, una vieja amiga.

En ¿Qué fue de los grandes disidentes cubanos de los 90?, Diario Las Américas, 6 de noviembre de 2014, Iván García escribía:

“Fidel Castro fue implacable con las primeras oleadas de disidentes. Además de encarcelarlos, los expulsó de sus empleos dignos y bien remunerados. Y les negó una chequera de jubilación, A otros los obligó a vivir en el destierro. Bonne, el único negro del grupo, fue profesor universitario e intelectual de valía. Está casi ciego y entre el olvido y la escasez, espera a que Dios de lo lleve en su casa del reparto Río Verde”, en las afueras de la capital.

Actualmente, en la disidencia y el periodismo independiente cubanos hay muchos negros y mulatos, hombres y mujeres, más jóvenes o más viejos y procedentes de todas las provincias, pero el primer disidente de la raza negra con más destaque y prestigio dentro de la oposición pacífica a partir de la década de 1990, sin lugar a dudas fue Félix Antonio Bonne Carcassés.

¡Descansa en paz, querido Félix!

Tania Quintero
Diario Las Américas. 8 de enero de 2016.

Foto: Félix Antonio Bonne Carcassés (Santiago de Cuba 1939-La Habana 2016). Tomada de Diario Las Américas.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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