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Destino USA, a cualquier precio

El servicio de guardacostas en Estados Unidos lo confirma. Uno de cada tres balseros que intenta cruzar el Estrecho de la Florida, infestado de tiburones, muere en el intento.

No existen cifras oficiales. Pero en 50 años, hasta 10 mil cubanos podrían haber desaparecido en las turbulentas aguas tropicales. La emigración clandestina es una fatal ruleta rusa. Hay un 33% de posibilidades de ser merienda de los escualos o perecer debido al mal tiempo.
Así y todo, la falta de futuro y el desespero, logran imponerse. Y una noche deciden tirarse al mar en una precaria balsa de madera, en pos del sueño americano. Ser ciudadano cubano invitaba a jugarse la vida. Desde 1966, el gobierno de Estados Unidos concedía residencia a los cubanos que pidieran asilo en suelo norteño. Pero después de los acuerdos migratorios de 1994 eso cambió.

Las actuales leyes estadounidenses premian el riesgo y alientan las ilegalidades. Con su política de pies secos y pies mojados, convierten la azarosa travesía en un viaje más complicado y largo. Antes del 94, si te pillaba un guardacostas, tenías derecho a pedir asilo.

Ahora te devuelven a la isla, con el compromiso de las autoridades locales de no mandarte a prisión, lo cual ha dado un nuevo matiz a la arriesgada aventura. Cuando los cubanos deciden tirarse al mar, suelen fichar a expertos en marinería, para intentar burlar la vigilancia costera de las dos naciones.

Ramón, 34 años, pudiera doctorarse en salidas ilegales. Lo ha intentado doce veces. Y siempre ha sido capturado por los guardacostas de la Florida. Al poco tiempo lo vuelve a intentar. Es su rutina habitual. Él cree que la libertad tiene su precio.

Desde 1994, más de 320 mil personas han emigrado de Cuba de manera legal y ordenada. Pero quienes no cumplen los requisitos para viajar a Estados Unidos buscan otras opciones.

Es un drama. Las salidas ilegales se han convertido en un jugoso negocio. Humberto se fue de Cuba en 2001. Su familia, residente en Nueva Jersey, tenía inversiones inmobiliarias, y deseaba que su sobrino, universitario y audaz, tuviese participación en su empresa. Un tío de Humberto llamó a unos tipos en Miami. Una semana después se citó con ellos y pactaron un precio razonable: 8 mil dólares por entrarlo sano y salvo en territorio americano.
De visita en La Habana, Humberto cuenta su historia. “Me llamaron una tarde y me dijeron que debía ponerme en contacto con un individuo que residía en la barriada de Miramar. Luego de acordar los términos y la fecha, a los cinco días me pasaron a recoger en un ómnibus, aparentemente de turismo, donde íbamos alrededor de 35 personas”.

Los dejaron en un cayerío al norte de la provincia de Villa Clara. El viaje fue rápido y sin contratiempos, en una ‘cigarreta’ de motores poderosos. Hoy Humberto es un hombre de éxito en Estados Unidos. Navegó con suerte.

Todo lo contrario le pasó a Marisela. Su familia en Miami pagó 42 mil dólares para sacarla junto a su esposo, un hermano y tres hijos que no sobrepasaban los 12 años. Tuvieron un accidente fatal en altamar y uno de los niños perdió la vida. Fueron rescatados por guardacostas gringos y devueltos a La Habana. Aún así, Marisela mantiene su deseo de marcharse. Por cualquier vía. Y a cualquier precio.
En su política por detener las oleadas de balseros, las autoridades cubanas han utilizado métodos violentos y reprobables. El 13 de julio de 1994, fuerzas militares embistieron y hundieron al remolcador 13 de marzo, que con 72 personas a bordo intentaba una salida clandestina. El saldo fue trágico: 41 muertes, entre ellos once menores de edad.

Si se derogara la Ley de Ajuste Cubano, podría disminuir la cifra de muertos en el mar. En las cárceles de la isla permanecen más de cien  cubanoamericanos dedicados al negocio de las salidas ilegales.

En este otoño de 2010, tirarse al mar sigue siendo el as de triunfo de los cubanos desesperados. Pagan con lo que tengan a mano. Venden la casa o el coche si lo tienen. Se lo juegan todo a una sola carta.

No pocos son estafados por bandas de tunantes que han surgido en Cuba y en Miami. Otros llegan a terceros países, como República Dominicana o Ecuador, donde a veces se empantanan y no logran realizar el anhelado viaje con destino USA.
Otra vía muy utilizada es a través de México. La familia al otro lado del charco paga al contado a las mafias mexicanas, que lucran con la desesperanza de los seres humanos. Los parientes corren grandes riesgos, al tener que cruzar la peligrosa frontera.

Es una realidad. Los cubanos que emigran están descontentos con su forma de vida y las carencias naturales de una sociedad cerrada y autoritaria. En ellos es más fuerte el deseo de arriesgar la vida que seguir viviendo sin futuro. Prefieren rifarse el pellejo antes que salir a las calles a protestar.

Ramón, el balsero fracasado, piensa probar fortuna de nuevo. Por decimotercera ocasión. Ojalá no sea el número de su mala suerte.

Iván García

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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