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Cuba, crónica después de la tormenta
Cuba, crónica después de la tormenta

Cuba, crónica después de la tormenta

Una familia cienfueguera de la raza negra que reside en el Reparto Tulipán, Cienfuegos, provincia a 233 kilómetros al sureste de La Habana, mostraba un nerviosismo evidente frente a las cámaras de la televisión local. Por la inmediatez de la noticia, nadie se ocupó de quitarle con una servilleta los rostros sudados de los miembros de la humilde familia. Y al ser un transmisión en directo, no había guión ni telepromter.

Los vientos de la tormenta Laura habían arrasado con la mitad del techo y se desplomó una de las paredes de lo que fuera la sala de la casa. Milagrosamente la puerta de madera renegrida y pintada de un lejano color rojo se mantenía en pie. Cerca de la casa, parqueaba una comitiva de autos climatizados con cristales tintados. Era la plana mayor de la Defensa Civil, el gobernador de la ciudad y el primer secretario del partido comunista, Félix Duarte Ortega.

Todos vestían el uniforme verde olivo de ocasión. Ya se sabe que para la autocracia cubana un ciclón, una pandemia o participar en unos juegos panamericanos es sinónimo de batalla. Y a destajo utilizan esa narrativa bélica. Si se busca en EcuRed, la Wikipedia cubana. se verá la foto de Duarte Ortega, con un traje oscuro y una corbata gris y carmelita.

Su mínima biografía nos dice que fue miembro de la Unión de Jóvenes Comunistas en el municipio Ciro Redondo, Ciego de Ávila. Dice la semblanza que nació en 1975 y es ingeniero en mecanización de la producción agropecuaria. De carretilla ponen los cargos que ha tenido. Fue primer secretario del partido en Ciego de Ávila, y desde enero de 2020, ocupa igual cargo en la provincia de Cienfuegos.

No hay un dato humano. Fotos de su familia, de su niñez, cuando presuntamente era flaco. Si está casado, es divorciado o viudo. Nadie sabe cuál es su deporte preferido. Si le gusta el cine o el ballet. Ni cuáles son sus comidas favoritas.

Lo que mostró la televisión, fue a un Félix Duarte de unas trescientas libras de peso, y que en gordura compite con Yoseily Góngora López, la gobernadora de Camagüey, y con Federico Hernández Hernández, primer secretario del partido en Granma, considerados los más obesos entre los dirigentes y funcionarios obesos que hay en la Isla.

Las cámaras de la televisión de Cienfuegos entrevistaban a una familia que había perdido su vivienda y el periodista le atizaba las preguntas de siempre: ¿Pero usted tiene confianza de que la revolución no deja abandonado a sus hijos? Un pie forzado para que la pobre mujer, con un short azul y en la mano un cubo plástico con el cual estuvo sacando agua en lo que quedó de casa, respondiera en modo automático “que confiaba en Fidel, Raúl y Díaz-Canel”

Al llegar a la casa destruida, el primer secretario Duarte dio palmadas en el hombro a los afectados y ofreció el discurso de siempre: la revolución va a solucionarles sus problemas. Está por ver. Las promesas se venden bien en política, pero casi siempre esquivan la realidad. Tal vez la pobre familia tenga suerte y a la vuelta de uno o dos años pueda reconstruir su casa. O no. Como le pasó a Rosa Calderón, quien hace dos años falleció en La Habana, y en los años 90 perdió su vivienda a causa de un huracán. Más de veinte años esperando para recibir un apartamento que nunca llegó.

La tormenta Laura pasó por Cuba sin ocasionar grandes desastres. Todavía las autoridades no han contabilizado las pérdidas, el presidente designado Miguel Díaz-Canel aseguró que “aunque no alcanzó la envergadura en afectaciones que esperábamos, si tenemos un grupo de daños que no son para subestimar”.

Entre los daños se encuentran más de 2 mil viviendas que sufrieron derrumbes parciales o totales, la pérdida de cultivos de yuca, maíz y plátano y afectaciones en cables eléctricos, postes y torres del sistema electroenergético nacional. El lado positivo es que las presas se vieron beneficiadas con más de 200 millones cúbicos de agua provocadas por las lluvias y los deslizamientos de agua provenientes de las zonas montañosas.

A pesar que la tormenta tropical Laura era de poca intensidad, algunas rachas de viento superaron los 100 kilómetros por hora, miles de techos de tejas, fibrocemento o yagua fueron despedazados. La pésima infraestructura constructiva en el país, propicia que el paso de cualquier fenómeno meteorológico se produzcan más destrozos.

Diana, arquitecta, está cansada de plantear en reuniones del partido, eventos científicos y otros foros, que al estar Cuba situada en un paso de huracanes, los sistemas constructivos deben cambiar. «Se gasta un montón de dinero en las cubiertas ligeras que año tras año los ciclones destruyen. Hay que invertir en construcciones sólidas que puedan soportar huracanes más intensos. A primera vista representa más gastos, pero al ser más duradera, amortiza la inversión. Se deben construir casas de bloques o ladrillos con techo de placa de cemento”.

El régimen tuvo que evacuar a más de 435 mil personas, muestra que el estado constructivo de muchas viviendas en el país es de regular a malo. Para los cubanos de a pie, lo peor de la tormenta no fue la lluvia ni el viento, sino los días posteriores. Cuando Laura no había llegado a Cuba, los cajeros automáticos de los bancos no tenían dinero, las colas eran comprar pan o galletas eran kilométricas y en ningún centro comercial se podían adquirir clavos ni planchas de madera para proteger las ventanas. Tampoco alimentos enlatados o que no necesitaran ser refrigerados.

Jorge, jubilado, considera que “si antes del ciclón era imposible conseguir comida dime tú el día después. Las viandas se perderán y subirán de precio. La gente dice que hay que apretarse el cinturón, pero llevamos demasiado tiempo apretándonos el cinto».

Muchos habaneros creen que nos esperan meses más difíciles aún. Mientras el gobierno sigue hablando de batallas imaginarias, el cubano de a pie sigue haciendo extensas colas para comprar comida, aseo o medicamentos. Es la única batalla real que conocen los cubanos desde hace seis décadas: enfrentar el hambre a ritmo de consignas.

Iván García

Foto: A su paso por la Mayor de las Antillas, la tormenta tropical Laura dejó una imagen insólita: decenas de personas en la Bahía de Cienfuegos pescando róbalos, mojaras, cuberetas, roncos y sardinas, entre otras especies que Laura puso en las manos de una población ávida de comer pescado, un alimento que se supone forma parte de la dieta de los habitantes de una isla. Pero en Cuba el pescado y el marisco hace tiempo desaparecieron de la mesa de los cubanos. Tomada del periódico cienfueguero 5 de Septiembre.

Sobre admin

Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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