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Cuba 19 años de la Primavera Negra

Cuba 19 años de la Primavera Negra

El jueves 20 de marzo de 2003, antes de llegar a la esquina de Francos y Peñalver, en La Victoria, Centro Habana, al entonces administrador de un desvencijado bar ubicado en esa barriada, le llamó la atención una muchedumbre de personas en la calle. Dos patrullas policiales fueron parqueadas en la puerta del bar. Frente, un camión verde olivo de tropas especiales. «Cuando vi aquello, mi primera reacción fue huir. Pensé que era un operativo contra la gastronomía estatal. Pero por los comentarios de la gente, supe que era un operativo para detener al poeta que vivía en el edificio cercano al bar”, rememora 19 años después el ex administrador.

El poeta era el periodista Raúl Rivero, nacido el 23 de noviembre de 1945 en Morón, Ciego de Ávila, a unos 460 kilómetros al este de La Habana y fallecido en Miami el 6 de noviembre de 2021. Mucho tiempo después, el propio Raúl me contaría que a las cinco de la mañana a la puerta de su apartamento tocó una horda de oficiales de la policía política acompañados de un camarógrafo que filmaba las escenas.

Registraron minuciosamente en el librero de la sala y su habitación. En cajas de cartón se llevaron, clasificadas con un número, poemarios de Rilke, Whitman y Guillén. Requisaron las obras completas de José Martí, novelas de García Márquez y Vargas Llosa. Las revistas Newsweek y Encuentro de la Cultura Cubana fueron marcadas como sospechosas. Un perito confiscó una laptop y una máquina de escribir portátil Olivetti Lettera como si fueran trofeos de guerra.

Rivero fue esposado como un vulgar delincuente. No se pudo siquiera despedir de su madre Hortensia. Su único delito era escribir lo que pensaba. En el primer párrafo del Monólogo del culpable, magistral testimonio, el soberbio poeta y periodista meses antes de su detención apuntaba: “La letra de la ley sobre protección de la independencia nacional y la economía de Cuba les permite a las autoridades de mi país condenarme por el único acto soberano que he realizado desde que tengo uso de razón: escribir sin mandato”.

Más adelante contaba que, “nadie, ninguna ley podrá hacerme asumir una mentalidad de gánster o delincuente porque reporte el arresto de un opositor o dé a conocer los precios de los productos básicos de alimentación en Cuba, o redacte una nota donde diga que me parece un desastre que más de veinte mil cubanos se vayan cada año al exilio, a Estados Unidos, y otros centenares estén tratando de quedarse en cualquier parte”.

Por piezas como ésa, Raúl Rivero fue condenado a 20 de años de cárcel. Una oleada represiva que en cualquier momento se esperaba. Desde octubre de 2002, la Seguridad del Estado había desatado una feroz campaña de hostigamiento. Citaciones, interrogatorios y detenciones. Fidel Castro amenazaba a la disidencia con ‘aplastarla como cucarachas’ por ser ‘lacayos del imperio’. Los 75 opositores y periodistas independientes estaban condenados de antemano.

Las detenciones de la Primavera Negra se efectuaron entre los días 18 y 20 de marzo de 2003. La dictadura utilizó la guerra de Irak como una cortina de humo para atenuar la reacción internacional. Fue un error de cálculo. La campaña mundial contra la represión en Cuba fue intensa.

Jorge Olivera, 60 años, periodista independiente, recuerda que el martes 18 de marzo de 2003, alrededor de las dos de la tarde, «fui arrestado en casa de un familiar de mi esposa. Había llegado del hospital donde me estaba atendiendo un problema gastrointestinal, cuando irrumpieron cerca de veinte militares. Entonces yo era director de la agencia de prensa independiente Habana Press. Realizaron un registro minucioso de cuanto papel tenía. Incautaron libros de escritores universales y mis crónicas, una vieja máquina de escribir Remington, fotos de familia, cartas de amigos, recibos de la luz y del teléfono. Todo fue confiscado por decreto estatal”.

En abril de 2003, un Tribunal Sumario condenó a Olivera a 18 años de cárcel. “El juicio fue una tramoya. Un circo. Sin garantías jurídicas. Las pruebas definitivas que demostraban que yo era una amenaza pública eran mis textos desperdigados por la web y grabaciones de programas en Radio Martí”. Olivera estuvo 36 noches durmiendo en el cuartel de la policía política Villa Marista, un antiguo colegio religioso transformado en prisión preventiva para opositores al régimen castrista.

Villa Marista es un residuo de la Guerra Fría. Una imitación caribeña a pequeña escala de la Lubianka moscovita del periodo comunista. Cuando uno entra al edificio de dos pisos, con paredes pintadas de verde claro, te recibe un oficial de guardia sentado tras un cristal. Usan técnicas de intimidación y torturas sicológicas. Ya no eres un ser humano. Te convierten en un objeto. Una propiedad de los servicios especiales. Antes de vestirte con un uniforma gris, te desnudan y humillan delante de varios oficiales. Te obligan a hacer cuclillas y abrirte el ano. Como en la iraquí Abu Grhaib o la prisión de Guantánamo. Pero en Cuba se viene aplicando desde muchos años antes.

“Fueron días terribles. Las celdas de cuatro personas, pequeñas y asfixiantes, estaban tapiadas. Las camas eran una plancha de zinc fijadas a la pared con una cadena. Los medicamentos te lo sitúan en una bandeja metálica fuera de la celda. Te llaman por un número. Ya no era Jorge, sino el recluso 666. Se duerme con dos lámparas de luz fría que nunca se apagan. A cualquier hora del día o la noche te llaman para largos interrogatorios. Te conducen por largos y sombríos pasillos repletos de celdas donde no ves a ningún otro detenido. Es como la boca de un lobo”, cuenta Olivera.

Algunos autócratas suelen tener humor macabro. Stalin utilizaba los juicios y las autoinculpaciones, después de extensas torturas, como un show. Luego, un verdugo te ponía de espalda a una pared y te encajaban un tiro en la sien. Si deseaban alargar la agonía y romperte como ser humano te enviaban a un Gulag. En Cuba, la Seguridad ha calcado esos métodos. Excepto el tiro en la sien.

En una de esas pinceladas de burlas que le gustaba al régimen de los hermanos Castro, Jorge Olivera no olvida que los reos de la Primavera Negra fueron repartidos por distintas prisiones de la Isla en ómnibus climatizados de los que se usan en el turismo. “El colmo del cinismo. Viajábamos viendo películas mientras nos trasladaban a cárceles lejanas. A mí me recluyeron en el Combinado Provincial de Guantánamo, a más de mil kilómetros del domicilio de mi esposa y mis hijos en La Habana”, rememora el periodista independiente, quien confiesa que la peor experiencia que ha vivido fue la cárcel. “La comida era un bodrio. Las golpizas de los celadores a los presos comunes son habituales. Los reclusos se automutilan o se suicidan. La poesía me salvó de la locura”.

Gracias a la mediación del gobierno español y la iglesia católica cubana, en el verano de 2010 fueron liberados los 75 presos políticos de la Primavera Negra. Pero la represión no cesó. Cambió el modo de operar de la policía política. Las extensa privaciones de libertad fueron sustituidas por detenciones exprés. Aunque desde hace seis años se ha retomado la estrategia de rematar a la oposición.

Con la llegada al poder del presidente Miguel Díaz-Canel, designado a dedo por Raúl Castro, las tácticas contra la disidencia son más intimidatorias. Oficiales de la Seguridad del Estado te lo hacen saber: cárcel o destierro. Se han puesto en vigor dos decretos-leyes, el 370 y el 35, por el uso de internet. Los dos legitiman multas elevadas y sanciones contra activistas y periodistas y independientes.

En los próximos meses, la dictadura aprobará un nuevo Código Penal que castiga el financiamiento a opositores y periodistas. Y desde 1999 está vigente la siniestra Ley 88, que puede condenar a un periodista hasta treinta años de prisión. O la pena de muerte.

Iván García

Foto: Jueves 20 de marzo de 2003. Vecinos en la esquina de Francos y Peñalver observan el operativo policial desplegado por la Seguridad del Estado para arrestar al poeta y periodista independiente Raúl Rivero, quien el 23 septiembre de 1995 fundó la agencia Cuba Press. Tomada de Radio Televisión Martí.

Sobre admin

Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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