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Al borde del precipicio

En Cuba se vive al borde del precipicio. Si más o menos quieres vivir, tienes que arriesgaste. En casi todas las estructuras de la sociedad cubana hay que recurrir a la ilegalidad para poder sobrevivir.

La escasez y los mercados desabastecidos, en moneda nacional o libremente convertible, se ha convertido en panorama habitual. También es natural recurrir al mercado negro, por lo regular mejor surtido y con precios más económicos.

En la calle, por debajo del tapete, puedes encontrar hasta cajas de muerto, si es lo que necesitas. Pero sin olvidar que estás cometiendo un delito de receptación. En Cuba, casi todo es ilegal. Si vendes o compras para revender, estás ante la comisión de un delito de especulación o de acaparamiento, según el caso.

Donde vivas, te puede suceder lo mismo. En cada cuadra un comité  “vigila” las 24 horas. Se ha creado una especie de presunción que no admite pruebas contrarias. La realidad dice que ningún trabajador o funcionario puede vivir sólo de  su salario mensual. Una de dos: o resuelves con el envío de remesas familiares, o vives del ‘invento’, del ‘bisne’, como en Cuba llaman al estraperlo, el comercio ilegal en la España franquista.

Pintar la casa, comprarte un televisor, comer carne de res de vez en cuando, celebrar un buen cumpleaños a tus hijos o tener tres o cuatro pares de zapatos, en la isla de los Castro puede ser una señal de alarma. De que estás teniendo un “nivel demasiado alto de vida”. Suficiente para iniciar en tu contra un procedimiento de confiscación por enriquecimiento ilícito. En este caso, la carga de las pruebas se invierte. Eres tu quien debe probarle a las autoridades, que tu  “riqueza” no procede de la ilegalidad.

Es raro quien no sepa a qué se dedican ciertos vecinos en el lugar donde vives. No por curiosidad, si no por necesidad. Llegas del trabajo y te encuentras que se acabó el aceite para cocinar. Agarras una botella vacía y preguntas en el barrio. Enseguida, alguien te informa quién vende aceite. Igual sucede si no tiene pesos convertibles y en la shopping (tienda recaudadora de divisas) necesitas comprar detergente, jabón o salchichas. O necesitas conseguir un pollo para tu hijo, que está enfermo.

A pesar de llevar 51 años prácticamente viviendo en la ilegalidad, los cubanos, supuestamente, tienen el deber de denunciar todos los hechos que transgredan las leyes. El incumplimiento de dicha obligación, está previsto en el Código Penal como un delito. o sea, hacerse de la vista gorda también es una infracción.

Imaginen. Denunciar a la persona que te vende el pollo más barato que el Estado. Señalar con el dedo a las personas con las cuales puedes comprar comida, ropa y calzado a precios acordes a tu salario. Y que hasta puedes pagar en dos o tres plazos, ventajas de pago que no te permiten los comercios estatales. Como la gente lo considera injusto, lo que encuentras hoy en Cuba es una gran tolerancia social hacia conductas prohibidas por la ley.

El gobierno también está consciente de esa situación. Por eso creó una compleja red de denuncias anónimas. Delaciones que no son resultado de la observancia estricta de la ley o de la conciencia por cumplir con un deber social. Son  producto de envidias, rencillas y bajas pasiones. Un muestra de la pérdida de valores éticos en la sociedad cubana. Y sobre todo, de la impunidad con que el gobierno se inmiscuye en la vida privada de los ciudadanos.

La prosperidad del vecino, le puede preocupar a uno y molestar a otro. ‘Revolucionarios’ que tras años de frustraciones han visto su vida estancada. Una discusión por la música alta; una pelea entre hermanos; un altercado por los límites de un patio colindante, o porque eres orgulloso y no saludas a nadie…  puede ser el detonante para dar un chivatazo.

En otros casos, se da información a cambio de impunidad policial. En todas las barriadas, no faltan quienes, sin el menor escrúpulo, dicen “hago negocios ilegales, pero colaboro denunciando lo que hacen otros”. Ese tipo de individuos se ha convertido en la principal fuente de información de las autoridades, para arremeter contra los ‘nuevos ricos’ . Cubanos que supuestamente pudieran representar un peligro real al ejercicio del poder político de los comunistas. Una actitud retorcida, pero los delatores también lo hacen por necesidad.

Pese a todo ese entramado de vigilancia y delaciones, cada día aumentan las conductas violatorias de las leyes. Es normal, cuando se prohíbe a una persona ir contra su instinto de supervivencia. Cada figura delictiva del Código penal está diseñada de tal manera, que abarca disimiles situaciones de la vida diaria.

Conductas que no representan un peligro para la sociedad, porque están previstas en la legislación como acciones antijurídicas. Con certeza, lo único legal en Cuba es trabajar en un centro estatal, estudiar y comprar los mandados por la libreta de racionamiento en la bodega. Hacer otras cosas es caminar al filo de la ilegalidad.

¿Qué daño hace, a la convivencia social, que un ciudadano venda huevos y lo pregone por las calles? ¿Qué sentido tiene que el gobierno impida a sus ciudadanos la iniciativa privada, si no tiene la capacidad de satisfacer sus necesidades individuales? El Estado sabe que es irracional mantener una prohibición que no va a ser cumplida. Y las autoridades están conscientes de que los ciudadanos necesitan recurrir a actividades ilícitas para sobrevivir. Con una situación económica que obliga a ese círculo vicioso.

Las ilegalidades son parientes cercanas de la corrupción. El desvío de recursos engorda el mercado negro. Y todo eso junto contribuye a hundir la economía, impide mantener el orden legalmente establecido y hace perder el consenso social necesario que legitimice el poder estatal. Al permitir que los individuos vivan como bárbaros y no en una sociedad civilizada, con reglas que deben ser cumplidas, contribuye a resquebrajar los fundamentos de la educación y de los códigos morales.

Si son tantas las desventajas que reportan las ilegalidades y tampoco se toman medidas racionales para detenerlas, ¿cuál es entonces el verdadero propósito del gobierno cubano? Una intención se vislumbra: la de mantener a toda costa un sistema de lealtad basado en la ilegalidad.

Desde ese punto de vista, las ilegalidades convendrían a los gobernantes. Porque sus excesivas prohibiciones ayudarn a mantener atada de pies y manos a la población, asfixiada por un represivo cuerpo policial. Y de paso, logra que la población para subsistir le sea leal. En esas condiciones, su poder puede durar medio siglo más.

En los países donde existen Estados de derecho, es muy difícil entender que en Cuba la gente, para satisfacer determinadas aspiraciones o para lograr un sueño, transgrede la ley. Porque cometes un delito cuando toleras que otros la transgredan, o corres el riego de ser denunciado por simple placer, o por sentimientos mezquinos.

Incomprensible y surrealista. Pero así es como se vive en Cuba, 51 años después de la llegada de Fidel Castro al poder. Sin valores cívicos.

Iván García y Laritza Diversent

Foto: juanmrivas, Flickr

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

2 comments

  1. Muy buen post, sencillo , claro y directo a la realidad cubana…
    Nadie , a no ser los que viven o han vivido dentro de Cuba, podrian entender la forma de desgobierno y el modo que le han impuesto al pueblo para poder sobrevivir.

  2. Meus amigos,

    O que vi muito em Cuba nos dias que passei ai foi justamente pessoas com medo da fazer coisas que em outros paises seria considerado normal ou ao menos uma forma criativa de sobreviver.

    O que parece visível na “ilegalidade” por um modo de sobrevivencia maior é o fato do governo não admitir as falhas que infelizmente o sistema como tal tem.

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