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Una historia de odio y amor
Por admin - Las Leyes de Laritza - Marzo 8, 2010
Sandra lloraba sobre la almohada sin consuelo. A su mente venían recuerdos tristes que ahondaban su pena y le cortaban la respiración. Su padrastro la despertaba a las 6 de la mañana para que limpiara toda la casa, antes de irse para la escuela. De rodillas, pulía con la frazada el piso, hasta que quedara seco. De no ser así este le propinaba una golpiza feroz. No entendía porque la odiaba y maltrataba tanto. Entonces sólo tenía 16 años.
Cuando lloraba en silencio venían pensamientos nefastos a su cabeza. Deseaba que su padrastro muriera. ¿Cuántas veces no le pidió a Dios que falleciera en algún accidente o de un cáncer devastador? Era lo único que podía hacer ante su impotencia. El todopoderoso no la complació. Siempre regresaba y continuaba amargándole la existencia.
Isabel, la madre sabía que su hija lloraba encerrada en el cuarto, sufría junto con ella pero no decía nada. No podía contradecir a Pedro. Llevaban 15 años de matrimonio y dos hijas en común. Sandra era fruto de su primera relación, y Pedro le había ayudado a criarla desde los cinco años. Estaba agradecida a este hombre despiadado y de pocas luces, que se casó con ella y la sacó de un paraje intrincado en las montañas de la Sierra Maestra.
Una noche, cuando todos dormían, despacio y sin hacer el menor ruido Sandra abrió la puerta, corrió hasta que sus pies se cansaron. Una carretera la hizo reaccionar. Estaba lejos de casa y la autopista solitaria le recordó historias de asaltos que habían ocurrido por esa zona. El miedo la hizo esconderse entre las altas yerbas. No podía creer lo que su ira la había empujado hacer. Sintió tanta pena de sí misma y nuevamente a llorar inconsolablemente.
Pensó tirarse ante uno de aquellos autos veloces. Pero quedaría destrozada y su madre no la reconocería. Con un pedazo de vidrio encontrado en la carretera, frotó sus muñecas. Quería entrar en un sueño letárgico del que no despertara jamás. Ni siquiera se hizo un rasguño. Comprendió que no tenía suficiente valor para acabar con su sufrida existencia.
Necesitaba que alguien la escuchara. Sintió música en casa de Laura y se atrevió a tocar la puerta, a pesar de lo avanzado de la madrugada. Laura se sorprendió al verla. Sandra se le tiró encima a llorar. Después de tomarse un vaso de agua y contar su triste historia, aceptó tomar un trago de ron. Uno, dos, tres…, ya estaba mareada, todo le daba vueltas. Sentía como Laura la desvestía, acariciaba sus senos y la besaba.
Todo en su mente se puso negro. Despertó con un terrible dolor de cabeza. Estaba completamente desnuda y sola en la casa. Tenía recuerdos vagos, no podía entender nada. Estaba decidida a no regresar, no podía soportar la cara de su padrastro. Laura llegó, la sorprendió con un beso en los labios. Sus ideas se iban ordenando en la cabeza, pero no estaba segura de lo que había sucedido horas ante entre ellas dos.
Laura era una mujer independiente, vivía sola desde hacía un año, cuando se divorció. Sandra la conocía desde el preuniversitario. Se daba cuenta del trato especial que le ofrecía, pero no al extremo de sospechar que estaba enamorada de ella. En esa circunstancia, debía escoger entre los maltratos despóticos de su padrastro o la estabilidad emocional y amorosa que le ofrecía su amiga.
Un mes más tarde estaba completamente cambiada. En su rostro se notaban las ganas de vivir. La libertad estaba en sus manos. Era dueña de su vida. Besaba a cuantos quería o la deseaban, no importaba el sexo. Era como realmente deseaba ser y ya no había nadie que se lo impidiera.
Cinco años después, Laura y Sandra, dos profesionales lesbianas, son una pareja feliz y estable. Esperan la respuesta de la Embajada de España, para viajar con un contrato de trabajo. Las dos saben que sólo necesitan el pasaje de ida.
Laritza Diversent
Foto: Dos mujeres desnudas, de Pablo Picasso. Pintado en París en noviembre de 1945.
La disyuntiva de Celia
Por admin - Las Leyes de Laritza - Febrero 19, 2010
Celia recién cumplió los 20 años, y desde los 15, mantiene una unión matrimonial no formalizada. Es educadora de círculos infantiles. Dos años de estudios bastaron para que obtuviera el título.
Cuando la Revolución hizo el llamado, ella estaba en noveno grado y dio el paso al frente. Hacían falta educadores. Los consiguieron a cambio de poco tiempo de estudio y estipendio mensual de 110 pesos moneda nacional.
Sin embargo, los de la tentadora oferta, no previeron que ella no tenía vocación ni paciencia para tolerar “las malcriadeces de aquellos chiquillos insoportables”. Pasados los primeros ocho meses, desistió del empleo. “Mucho trabajo para tan poca paga”, dice para explicar comenta las razones por las cuales no terminó su servicio social. Dejó de ir y punto, nadie se preocupó, ni pasó nada.
Hoy las cosas cambiaron para ella. Es ama de casa a la fuerza. Su esposo no la deja trabajar. En el hogar, las obligaciones están bien distribuidas: él se encarga de todas las necesidades económicas y ella de las domesticas. él manda y ella obedece.
Nada de frenos y contrapesos. La joven dentro de la relación, no tiene ningún poder de decisión, a no ser, escoger el día que lavar y la hora de cocinar. Está inconforme, pero acepta la subordinación. Su esposo es obstinado y para imponerse deberá asumir posiciones extremas: obedecer o terminar la relación.
La primera es la más cómoda. No tiene que preocuparse por buscar dinero. Pero a la par, se siente vacía, con deseos de hacer algo que le satisfaga. Desea ser una mujer independiente, pero si le preguntas qué le gustaría hacer, no tiene una respuesta.
Celia aún no define su vocación. Sueña con trabajar y procurarse a sí misma el sustento, pero no sabe de qué manera realizará su sueño. En su mente no hay planes de superaciones ni proyectos futuros de vida. Medita su segunda opción. Sabe que si trabaja en la calle, su relación de pareja terminará.
Analiza las posibilidades que tiene. Está consciente de que el salario en un empleo estatal apenas le alcanzaría para mantenerse. Tendrá que regresar a casa de sus padres y contribuir con el sostenimiento del hogar. También perderá su privacidad cuando comparta habitación, con dos de sus cuatro hermanas.
Es paradójico que una joven, en un país que da acceso gratuito a los estudios y a la superación, prefiera subyugarse, antes de hacer valer sus derechos como mujer y como ser humano. Es triste que la situación económica de una nación, donde legal y formalmente existe igualdad de género, impida a la plena realización de la mujer.
Pero más pena da, que el conformismo y la resignación, liquiden aspiraciones. Es el mal que aflige a Celia y muchas jóvenes de la Cuba de hoy. Una especie de abismo insalvable entre los sueños y la realidad que viven. Un vacío que no encuentran ni intentan cruzar.
Laritza Diversent
Foto: SteelcityCanada, Flickr
Mis raíces haitianas
Por admin - Las Leyes de Laritza - Enero 26, 2010
Mis ojos se humedecen cada vez que leo en la prensa y veo esas imágenes estremecedoras sobre la situación en Haití. Tal vez sea por sensibilidad. Quizás sea por mis raíces haitianas.
Mi padre fue el tercero de 12 hijos de un hombre, que a principios del siglo veinte emigró de Haití hacia Cuba. Vicente Diversent, mi abuelo, enseñó a sus hijos a hablar su lengua. Lástima que no tuvo tiempo de enseñársela a sus nietos.
No hablo creole y aunque los idiomas no son una barrera para trasmitir mensajes, en estos momentos desearía hablar la lengua materna de mi abuelo. Para poder decirle a los haitianos que también estoy sufriendo su dolor. El mismo dolor que mi abuelo sentiría si estuviera vivo.
Me siento como una espectadora ante una película de horror. Quisiera hacer más. Consolar a quienes han perdido a sus seres queridos. Ayudar a quienes buscan a los suyos bajo los escombros. Proteger a los miles de niños desamparados que perdieron a sus padres y por cuya suerte se ocupan ya la Unicef y numerosas organizaciones internacionales.
La realidad y el espacio físico no me lo permiten. Poco puedo hacer desde Cuba. A no ser cerrar los ojos, y pedir clemencia a Dios y a todos los santos. Y que le devuelva la esperanza a la tierra donde nació mi abuelo. No soy religiosa, pero la fe es lo único a que podemos aferrarnos cuando sucede una catástrofe de esa magnitud.
A los hombres de buena voluntad, de cualquier país, pido tender sus manos a las haitianas y haitianos de todas las edades, que despavoridos tratan de huir del horror que han vivido y del desastre que hoy es su patria. Pido comprensión con los que pierden la calma ante el hambre y el desamparo.
Pero sobre todo pido que se callen aquéllos que por disputas personales e ideológicas, aprovechan esta terrible situación, para hablar de intervenciones militares en un país dominado por el caos y la desesperación. Y aprovechan la oportunidad para debatir acerca de los culpables históricos por la pobreza en Haití. Ayuden en lo que puedan, pero háganlo en silencio. Y si no pueden ayudar como quisieran, cállense.
Dudo que mi padre, a sus 71 años, pueda ya conocer a sus parientes en Puerto Príncipe. A mí, al menos, me queda el consuelo de escribir. Y desde La Habana, desde este blog, en nombre de mi abuelo y de la familia cubana de apellido Diversent, descendientes de haitianos, envío un mensaje de amor y solidaridad hacia una tierra y una gente a la que nos une una misma raza y un tronco común.
Laritza Diversent
Foto: Mujer haitiana fotografiada por Swiatoslaw Wojkowiak, Flickr.
De Internet y la Seguridad del Estado
Por admin - Las Leyes de Laritza - Enero 25, 2010
Escribir en la red con tu nombre verdadero y criticar al gobierno es un verdadero reto si vives en Cuba. Cuando publiqué mi primer artículo, estaba consciente de que estaría en el punto de mira del Departamento de Seguridad del Estado. Habían comenzado los retos.
El primero, soportar que la policía política se entrometiera en mi vida íntima. El segundo, ignorar el control que pudieran tener sobre mis actos. El tercero, exponer a mi familia. Para mí, estos tres retos son los más importantes.
Publicar trabajos con mi nombre y apellidos en internet me convirtió en una disidente pública para el régimen cubano. A partir de ese momento, pasé a ser una CR, las dos letras con las cuales la Seguridad del Estado identifica a los disidentes y periodistas independientes, y que significan contrarrevolucionario.
Cuando tomé la decisión de escribir, estaba consciente de que hurgarían en mi pasado, en particular sobre los “secretos personales” que pudiera tener. Realmente no hay una forma de saber cómo y cuándo, buscan y obtienen información sobre ti. Me imagino que utilizan la que tienen archivada desde que eres un niño y asistes a la escuela; después, cuando continúas estudiando, empiezas a trabajar y también, por supuesto, la que obtienen en tu cuadra, a través de los Comités de Defensa de la Revolución, entre otras organizaciones de masas.
Me imagino que, además, contactan con amistades de la infancia, excompañeros de aula, amigos del barrio, y hasta con familiares cercanos y lejanos. Es difícil saber quién puede delatarte. Cualquier persona que se relacione contigo podría darles, directa o indirectamente, informaciones sobre ti, sin tu saberlo. Eso genera una especie de paranoia que te obliga a desconfiar de todas las personas que te rodean. Y donde quiera ves un delator o chivato.
Lo cierto es que todo lo indagan, porque les interesa todo sobre tu vida. Eso te lo hacen saber en cada una de las “entrevistas” a las cuales te citan y estás obligado a asistir. Citaciones que al principio son para disuadirte: “Estás en un mundo que no conoces, y nuestro deber es alertarte”. La disidencia, dicen, es algo inmundo. Y ellos, una y otra vez lo repiten, “los salvadores de la patria”.
Sin embargo, el objetivo de la Seguridad no es que se dejes de disentir, en este caso de escribir y publicar en internet. Ni siquiera que dejes de criticar al gobierno. No, ellos lo que buscan es que empieces a “colaborar”. Y poco a poco te vayas convirtiendo en agente o informante, como otros que periódicamente preparan e infiltran en la disidencia, el periodismo independiente y la naciente blogosfera.
Para lograrlo, buscan lo que ellos consideran ”tu lado oscuro”. Y por eso escudriñan en tus relaciones amorosas, familiares, preferencias sexuales… Cualquier detalle que les sirva para chantajearte. Cuando descubren algo, no tienen escrúpulos en utilizarlo. Y si eres flojo de piernas, te obligan a hacer lo que ellos quieren: captarte para que integres su cuerpo de soplones.
Hasta te asignan un oficial de la Seguridad, quien será el encargado de “conversar” contigo, de decirte “estamos al tanto de tus visitas a…”. Que ellos saben con quién te reúnes, a dónde vas… Para que sepas que te tienen controlado, y siguen cada uno de tus pasos. No importa lo que hagas ni donde estés: ellos son como dios, omnipresentes.
Para sobreponerme a todo ese diabólico modus operandi del Departamento de Seguridad del Estado, el mismo empleado con la mayoría de los disidentes y periodistas independientes cubanos, una y mil veces me repetía “mi vida es mía, la he hecho pública, no tengo nada que esconder, y nada de lo que encuentren me va a afectar”.
Así fue como superé los dos primeros retos. Sin embargo, el tercero es el más difícil: que lo que hago, no afecte a mi familia. La primera vez que la Seguridad contactó conmigo, lo hizo a través de mi papá. Le dijeron que me estaba reuniendo con “gusanos” (desafectos a la revolución), que escribía para un sitio en internet de “contrarrevolucionarios” y que si no paraba, podría ir a prisión. Mi padre fue excombatiente del Ejército Rebelde en la Sierra Maestra, oficial retirado de las Fuerzas Armadas y actualmente es miembro de la Asociación de Combatientes. En pocas palabras, es fiel a esta revolución.
Pueden imaginarse lo ocurrido. Sin embargo, me amparé en mis derechos y les exigí a los “segurosos” que no inmiscuyeran a mi familia. Les hice saber de que era mayor de edad, responsable de mis actos y que sólo yo debía asumir las consecuencias. No obstante, citaron a mi esposo a través del jefe de sector o policía a cargo de una barriada.
Aparentemente, el motivo de la citación era que mi esposo no trabajaba para el Estado. Pero quien en realidad lo citó y entrevistó fue el agente encargado de mi caso. Un joven que dice tener 27 años y se identifica como “Ricardo”. Le dijeron que yo salía sola, que me reunía con hombres, para tratar de provocarle celos, conocedores de que los cubanos son muy machistas. Tuvieron inclusive la desfachatez de pedirle “colaboración”. Querían que mi esposo me prohibiera salir a determinados lugares.
Especial cuidado tengo con mi hijo. Tiene 10 años y cursa el cuarto grado de la enseñanza primaria. Aunque uno no lo quiera, siempre se afecta a la familia. Está, además, el hecho de que como la Seguridad contínuamente está investigando sobre ti y tu entorno, puede descubrir cualquier problema o situación ilegal de algún miembro de tu familia.
En Cuba se vive al margen de la ley. El Estado supuestamente es el responsable de garantizarlo todo, nosotros sólo debemos estudiar o trabajar. Pero en la vida real, en el día a día, no es así. Los salarios no alcanzan y la gente se ve obligada a buscar alternativas para sobrevivir. Por tanto, un alto porcentaje de la población recurre a ilegalidades, que se han convertido en su medio principal de subsistencia.
Después de la oleada represiva de marzo de 2003, y el costo político-económico, pero sobre todo el aislamiento internacional que estos hechos representaron para el gobierno, disminuyeron los métodos de represión violentos contra los disidentes y periodistas independientes que escribían y firmaban con sus verdaderos nombres en internet.
Precisamente el hecho de que el mundo pueda conocer el nombre y el rostro de la disidencia, que pueda constatar que somos personas de carne y hueso con opiniones propias, nos da cierta protección. No obstante, los métodos sutiles de represión continúan y éstos suelen ser más efectivos porque actúan en la psiquis individual. Pese a esa protección internacional, son aún muchos los riesgos que en Cuba se corren por escribir en internet.
Laritza Diversent
Sin el encanto de Hemingway
Por admin - Las Leyes de Laritza - Enero 18, 2010
El Floridita, uno de los templos de Ernest Hemingway en La Habana (en la foto, con Errol Flynn, cuando el actor estadounidense visitó Cuba en 1959), pese a la estatua y los cuadros…
…y a los cientos de turistas que anualmente lo visitan, se toman un daiquirí y le tiran fotos al bar-restaurante, ubicado en Obispo esquina a Monserrate, en la Habana Vieja…
…hace rato perdió el encanto que tenía cuando el famoso escritor norteamericano era asiduo cliente. No porque el 2 de julio se cumplieron 48 años de su suicidio, si no porque en La Habana es muy difícil ocultar calles, viviendas y edificaciones en ruinas.
Texto y fotos de Laritza Diversent y
de Google-Imágenes.
Que la muerte sepa a gloria (2 y final)
Por admin - Las Leyes de Laritza - Enero 13, 2010
Sí, es cierto. Existen obstáculos para ejercer la iniciativa legislativa. Pero son requerimientos legales imprescindibles para que surtan efectos. Hay que intentar sortearlos primero, para después decir que es imposible. Por otra parte, están los requisitos de forma y contenido, en mi opinión, excesivos, que exige la legislación a un proyecto de ley ciudadano.
El Proyecto Varela tampoco cumple ninguno. En su fundamento legal se apoya indistintamente en el derecho de queja y petición, y en la iniciativa legislativa ciudadana. Sin embargo, ambas facultades no tienen el mismo contenido, ni se ejercitan de igual forma.
La Constitución de la República de 1976, reformada en 1992, en su artículo 63 establece que “Todo ciudadano tiene derecho a dirigir quejas y peticiones a las autoridades y a recibir la atención o respuestas pertinentes y en plazo adecuado, conforme a la ley”. Aunque no se legisla el contenido, alcance y formas de este derecho. Por tanto, no hay formalidades jurídicas, es decir, no existe procedimientos para ejercer este derecho.
A las autoridades puede llegarse con cien mil firmas de ciudadanos o sin ninguna. No hay exigencia en tal sentido. En todo caso, las autoridades constitucionalmente están obligadas a recibir y dar respuesta a cualquier petición ciudadana. Sin embargo, esto no significa que serán satisfechas las peticiones planteadas.
Por su contenido, el Proyecto Varela se corresponde más con el ejercicio del derecho de queja y petición, que con una iniciativa legislativa tal como expone en su fundamento legal. Hace varias peticiones para que se modifiquen leyes vigentes, pero no especifica las reformas concretas de esas normas y cómo quedarían después de la propuesta modificativa.
El Reglamento de la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento), aprobado en 1996, regula la forma en que debe ser ejercitada la iniciativa legislativa. Un procedimiento que no siguieron los promotores del Proyecto Varela.
Ese reglamento exige la presentación de un proyecto de ley al presidente del Parlamento, acompañados de una fundamentación que debe cumplir determinado formato y contenido. Por ejemplo, si se pretende modificar la ley electoral debe especificarse los artículos que sufrirían cambios, siempre que se fundamente desde el punto de vista político, económico y social, el por qué de la transformación.
No parece ni es fácil cumplir con todos esos requerimientos. Ni el mismo gobierno pudo realizar el proceso tal como lo diseñó. Tanto la solicitud como la reforma constitucional del 2002, fueron ilegítimas. Pero de eso no se dieron cuenta los promotores del Proyecto Varela. Porque, al igual que sus adversarios, no conocen la ley.
Cuando en marzo de 2001 se presentó el Proyecto Varela, éste adoleció de falta de estudio de la legislación constitucional y su normativa complementaria. Si aún sabiendo sus deficiencias, posteriormente decidieron recoger firmas para un nuevo proceso de entrega, pues felicidades y éxitos en la empresa.
Repito: su relanzamiento en la actualidad es incoherente desde el punto de vista jurídico. Las faltas legales de que adolece le impedirían llegar a las puertas de la Asamblea Nacional y se esperaría en vano el cumplimiento de las demandas que exige.
Parece que no han sido suficientes los encarcelamientos del 2003 ni las condiciones infrahumanas en que se encuentran los opositores que promovieron el Proyecto Varela. ¿Quién puede suplir la ausencia de esos padres, hijos y esposos? La primera vez se actuó con desconocimiento, en esta segunda, ya están advertidos.
“Ama al prójimo como a ti mismo” reza uno de los diez mandamientos bíblicos. ¿Cómo puede pedírsele a alguien que se inmole por algo, sabiendo de que es una acción inútil?
Si sufrir represión, intimidaciones, abusos, persecución y cárcel por una iniciativa que no dio resultado alguno, es ser patriota, pues entonces no lo soy. El día que arriesgue mi libertad o mi vida, será por algo que valga la pena. Mientras tanto, emplearé mi tiempo en trasmitir a otros mis conocimientos. Es como me siento útil.
Sin embargo, ¿por qué el régimen reacciona con tanta represión y le tiene tanto miedo al proceso de recogida de firmas? Sencillamente porque el gobierno cubano teme a todo lo que se le oponga, hasta una palabra tan genérica como cambio en una pulseria blanca. El régimen no teme solamente al Proyecto Varela, sino a toda propuesta que venga de la disidencia.
Si en su momento critiqué al Proyecto Varela era para que lo perfeccionaran. Lástima que no sean receptivos y no acepten las críticas constructivas. Cuba no necesita más presos políticos, ni opositores que salgan en la primera plana de El Nuevo Herald. Necesita que sus hijos despierten y tengan las armas suficientes para aprender a defender sus derechos. Pero quien por su gusto muere, que la muerte le sepa a gloria.
Laritza Diversent
Nuestros mejores deseos para 2010
Por admin - Desde La Habana - Enero 1, 2010
A todos los lectores, deseamos que los venidores doce meses les traiga lo que cada uno de ustedes y sus familias necesiten o se hayan propuesto. Y para Cuba, nuestra patria, queremos que 2010 sea el año donde podamos empezar a dejar atrás tanta oscuridad. Y comenzar un amanecer nuevo, más claro, tolerante, conciliador y democrático. Desde La Habana, reciban el sincero abrazo de
Iván García y Laritza Diversent

















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