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Cuatro días en Panamá (2da. parte)
Ciudad de Panamá - Hotel Faranda Express

Cuatro días en Panamá (2da. parte)

A los cubanos se les conoce a una legua en Panamá. Por dos razones. Siempre andan en grupos y suelen hablar gritando. Javier es de ésos. Viajó con cuatro amigos del barrio y ahora, mientras remueve con una cucharilla plástica el azúcar de su cortadito, su voz de trueno se escucha en la cafetería del Aeropuerto de Tocumen.

“Asere, ya pasé el control aduanal, los espero en la puerta cuatro”, grita por whatsapp con su teléfono utilizado al estilo de una bocina. Luego de reunirse los cinco amigos, valoran dos opciones para viajar al centro de la ciudad: tomar un bus, el medio de transporte más barato, o un Uber.

“Desecha los taxis pintados de amarillos. Te cobran 25 o 30 dólares. A veces más. La guagua cuesta un dólar y pico y tiene aire acondicionado y wifi. Un vacilón. Para coger Uber tienes que tener tarjeta de crédito. Casi todos los que somos viejos lobos en el bisne de las ‘mulas’ tenemos tarjetas de crédito, pero otros”, aclara Javier.

Durante el trayecto, los rascacielos asoman en el cielo nublado. La capital de Panamá es la ciudad con más rascacielos de América Central. Tiene tantos como Miami. Cuenta con un metro moderno, pero sus autopistas necesitan más señalizaciones. Las calles y aceras están limpias, aunque algunas necesitan reparación.

Osvaldo, panameño de 56 años que en su tiempo libre labora como taxista de Uber, explica que “como en cualquier país, los políticos de Panamá también roban el dinero del erario público. Quizás no tanto como El Salvador o Guatemala, pero meten la mano en el saco. Se inventan unas licitaciones que siempre gana el que le pasa un billete por debajo de la mesa. Con Nito (Laurentino Cortizo), el nuevo presidente, ya estamos pensando tirarnos a la calle para protestar por la subida de impuestos”.

A los cubanos que viajan en el Van no les interesa las interioridades políticas. Quieren saber si han abierto un nuevo negocio mayorista en la ciudad o donde encontrar alquileres baratos. La habitación de un hotel de calidad en Panamá fluctúa entre 40 y 80 dólares. Pero los cubanos que se dedican a importar pacotillas conocen lugares que cobran menos. Y se dirigen al barrio antiguo de Panamá, una plaza de edificaciones coloniales remozadas.

“Ahí vive un cubano casado con una panameña que no es tan apretador. Cobra 15 dólares diarios y 4 por el desayuno. En cada habitación podemos dormir dos personas. Y ahorramos dinero”, comenta Javier.

Al día siguiente, bien temprano en la mañana, a pesar de la llovizna tropical, Javier, sus cuatro amigos y un matrimonio de cubanos que se dedican al negocio de las ‘mulas’, por 70 dólares, alquilan entre todos un microbús hasta la zona franca de Colón. Antes, recorren tiendas en el centro financiero de Panamá. Por diversos protocolos establecidos en las redes sociales, conocen cuándo hay grandes rebajas. En unos almacenes mayoristas, calurosos y extensos, compran vaqueros y copias piratas de calzados deportivos de marca.

En Albrook, el Mall más grande de Panamá con 700 tiendas, más de 100 restaurantes y cafeterías, bancos, cines, farmacias y salas de juegos, entre otras muchas ofertas, los cubanos siempre hacen una parada. Por whatsapp se enteraron de que rebajaron freidoras de aire y ropa de hombre. Como una tropa élite bien entrenada, se despliegan por el Mall. Es tan descomunal, que si demoras diez minutos en cada establecimiento, demorarías 56 horas en recorrerlo.

Maricela, residente en Pinar del Río, y una amiga se dirigen por GPS a la tienda. Un grito desmesurado se escucha desde el segundo piso. “Oye, Maricela, sube pa’cá que ya me separaron las compras”, vocifera su amiga. Allá va el escuadrón criollo, a comprar bermudas de mezclilla, a 5 dólares cada uno, un precio regateado por aquéllos que van a adquirir una o dos docenas. Javier hace un trato con el dependiente y adquiere todo lo que queda en el almacén, alrededor de ochenta bermudas, a 3.50 dólares cada uno. “En Cuba se pueden vender a veinte cañas (cuc) y te vuelan”, afirma y mentalmente saca cuentas de las futuras ganancias.

A los panameños, por lo general, les agradan los cubanos. “Casi todos vienen a comprar. Dejan aquí un montón de dinero. Aunque siempre hay un frijol podrido que arma bronca cuando se da dos tragos. El único defecto que le veo a los cubanos es que muchos no son muy bien educados. Yo pensaba que después de tantos años de revolución y la fama de tener una educación de primera, eran más cultivados. Hablan gritando y gesticulan como simios. Otros son fanfarrones. Pero son buena gente”, expresa Anselmo, sobrecargo de Copa Airlines.

Cuando el microbús donde viajan Javier y sus amigos llega a la zona franca de Colón, los cubanos vuelven a desplegarse y recorren los grandes almacenes mayoristas que venden a precio de bulto cualquier cosa.

En la lejanía se divisa el fabuloso Puente de las Américas que cruza el Canal de Panamá, una de las más grandes obras de ingeniería humana que permitió acortar los viajes a Europa y Asia gracias a una serie de diques y transvases que conecta el Oceáno Pacífico con el Atlántico.

Mientras el grupo de cubanos recorre los almacenes, Ricardo, empresario panameño, considera que no “es buena idea suspender los viajes de los cubanos. Esa gente deja millones de dólares en Panamá. Es cierto que la investigación se abrió debido a la denuncia de algunos empresarios, pues un grupo de cubanos había montado negocios paralelos en casas de la zona de Colón. Compraban toda la mercancía que necesitaban sus compatriotas y luego se la revendían un veinte o treinta por ciento más cara. A los que hay que sacar del país es a esas personas que violan las normas de negocios. No prohibir que los cubanos sigan viniendo. Se rumora que el presidente Nito Cortizo cuadró con el de Cuba para que el Estado sea el que compre al por mayor y en una zona especia revender los productos. Los cubanos son bien bichos. Tienen instinto para los negocios, como los judíos. Es una pena que vivan en una dictadura”.

Un análisis publicado en agosto de 2018 por The Havana Consulting Group planteaba que alrededor de 2,390 millones de dólares salen de Cuba cada año. Una parte va a parar a las líneas aéreas ($426 millones) que transportan a los cubanos a Estados Unidos, Panamá, México, Guyana, Haití, República Dominicana, Ecuador y Rusia, entre otros destinos. Otra parte queda en manos de los dueños de las tiendas y almacenes ($1,008 millones) donde los cubanos hacen las compras de mercancías para después enviarlas a Cuba. Otra queda en manos de las agencias que empacan los productos ($58 millones) y las que se encargan de la logística ($52 millones) para el envío de la mercancía a la isla. Otra en manos de hoteles, hostales, dueños de apartamentos, casas, restaurantes y taxis ($472 millones), que brindan hospedaje, alimentación y transporte a los cubanos durante el tiempo de estancia en los países donde gestionan o realizan sus compras.

Cuando cae la tarde, los cubanos regresan a Ciudad Panamá cargados de paquetes. En el horizonte aparecen cientos de rascacielos. Javier confiesa que le gusta Panamá. «Es un buen sitio para vivir», dice. No hay un alto grado de delincuencia y el salario promedio ronda los 700 dólares mensuales. Después de la derogación de la política de pies secos, pies mojados por Barack Obama, muchos cubanos han optado por emigrar a Panamá.

“Si vienes con miles de dólares eres bien recibidos. Si llegas sin un centavo, las autoridades te quieren echar. Como en cualquier país, excepto Estados Unidos. En ningún lugar quieren a los muertos de hambre”, opina Sergio, un cubano que lleva ocho años en Panamá y regenta una licorera en una zona de clase media.

Otros, sin un dólar en el bolsillo, viven en albergues de la iglesia, a la espera de normalizar su situación. Llamémosle Armando. Llegó hace siete meses y baila reguetón con dos calaveras en los semáforos, intentando sobrevivir con las monedas que le dan. La meta de la mayoría de los cubanos ilegales en la patria de Rubén Blades era Miami. Panamá es lo que más se le parece. Pero si de algo están seguros es que a Cuba no vuelven.

Iván García

Foto: Ciudad de Panamá. Tomada de la web del Hotel Faranda Express.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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