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CELAC para los cubanos: indiferencia y represión

Para Zoila, 38 años, enfermera, la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños que ahora mismo se efectúa en La Habana, se resume en discursos ‘políticamente correctos’, ágapes y fotos.

“Es más de lo mismo. Se habla de pobreza, integración e inclusión social mientras en Cuba se ensancha la desigualdad. Es una desfachatez que nuestro presidente Raúl Castro hable sobre esos temas. Debería sonrojarse, en un país donde la gente tiene salarios inferiores a los 20 dólares mensuales. Lo peor no es ganar poco dinero, el desabastecimiento o los altísimos precios de los alimentos, lo peor es que no tenemos formas de cambiar el estado de cosas”, apunta Zoila, en una parada de ómnibus en el Vedado.

Osniel, 33 años, cantinero de un bar que vende exclusivamente en divisas, mientras prepara daiquiris y mojitos, de soslayo y sin entusiasmo mira una pantalla plana instalada en el local, que emite noticias sobre el desarrollo de la Cumbre de la CELAC.

“Sean Iberoamericanas, de las Américas o del ALBA, a estas cumbres solo le ven utilidad los presidentes y cancilleres, quienes aprovechan para charlar cara a cara. Por lo demás son inefectivas. Se habla mucho que se elimine la pobreza, se respeten los derechos humanos y se hagan  proyectos económicos grandiosos. Pero con el paso del tiempo, casi todo lo expuesto se queda en el tintero”, subraya el barman.

Por las calles de La Habana, cada vez es más difícil encontrar personas que sean optimistas o que no estén enojadas. Diario de las Américas conversó con una veintena de ciudadanos sobre el interés informativo de la Cumbre.

A diecisés les resulta un verdadero fastidio y cuatro dijeron que después de 55 años, ya se acostumbraron. “Es lo que trajo el barco castrista”, dice Eugenio, 73 años, jubilado. El canal Cubavisión le dedica 12 horas diarias a la Cumbre. “No queda otro remedio que alquilar películas y telenovelas. O cambiar para el canal deportivo, a mí no me gusta la pelota ni el fútbol, pero lo prefiero antes que ver a tanta gente dando discursos”, confiesa Onelia, 56 años, ama de casa.

“El horno no está para pasteles. La noticia con que arrancó el año, los precios siderales de los autos en venta, ha creado demasiado malestar. Luego está el discurso optimista de la prensa nacional, que contrasta con la dura realidad que vivimos la mayoría. En Cuba parece que hay dos planetas. Uno artificial, resaltado por los medios del gobierno y el real, donde el desencanto y la incertidumbre sobre el futuro preocupa a muchos”, afirma  Rogelio, 47 años, empleado de un banco.

Mientras la tele machaca con noticias sobre la Cumbre, Junior y un grupo de amigos, después de ingerir cada uno dos pastillas de Parkisonil, compran una botella de ron Mulata a 5 cuc, el salario de una semana de un profesional. Se lo beben completo, a ver si logran ‘cambiar el cuerpo’.

“Esa ‘muela’ (discurso) no me interesa. La caterva de viejos que manda en Cuba no se da cuenta que aburren. Desde que nací, en 1994, es la misma ‘talla’ (perorata), que si los yanquis, que si el ‘bloqueo’ (embargo). Pero seguimos igual o peor, sobre todos los jóvenes. Sin futuro y ‘jamando tremendo cable’ (pasando penurias). Escapamos  bajando las pastillas con ron”, señala Junior, pelado al estilo del futbolista brasileño Neymar.

Sin proponérselo, quien mejor supo definir el ambiente de aparente placidez política que se vive en la Cumbre fue Bruno Rodríguez. En una conferencia de prensa, el canciller cubano destacó que en un fórum internacional, jamás había visto un ambiente de tanta armonía y consenso como el observado en La Habana.

Para los cubanos de a pie, todo parece ensayado. Si hubo discrepancias, las ventilaron discretamente. “Es vergonzoso que en sus pronunciamientos, los asistentes a la Cumbre han intentado no disgustar a un anfitrión que es un dictador”, expresa un taxista.

Ciertamente, hay que anotarle un gol político al General Raúl Castro. Ni siquiera su hermano Fidel pudo consensuar o atenuar las críticas a su régimen en eventos planetarios celebrados durante el tiempo en que estuvo al frente del país.

Sea cual sea su tendencia ideológica, los políticos regionales parecen pipiolos disciplinados.Todo de cara a la galería. Esa  estrategia de tenderle alfombra roja a la autocracia verde olivo deja cada vez más sola y aislada a la disidencia cubana.

Hasta el momento de redactar este trabajo, ninguno se había reunido con figuras de la oposición. Ni siquiera José Miguel Insulza, secretario general de la OEA. El ridículo nivel de compromiso de los demócratas latinoamericanos hacia un puñado de mujeres y hombres que reclaman un espacio político y libertad de expresión, dejó el camino libre para que fuerzas de la Seguridad del Estado hostigaran a opositores, periodistas independientes y activistas de derechos humanos.

Jorge Olivera, 52 años, reportero, escritor y ex prisionero del Grupo de los 75, la noche del 23 de enero dos agentes de la contrainteligencia le advirtieron que durante los días de la Cumbre no debía participar en ningún evento disidente.

“Fueron tajantes. Me dijeron que no iban a permitir encuentros paralelos durante la Cumbre. Es  preocupante el cinismo de los políticos latinoamericanos que asisten a la cita. Nadie ha tenido un gesto ni ha querido reunirse con nosotros. Tienen un doble rasero. Hablan y exigen democracia, incluso en la propia carta fundacional de la CELAC, y miran para otro lado cuando de la disidencia cubana se trata”, señala Olivera.

Un foro paralelo patrocinado por la organización argentina CADAL (Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina) y disidentes de la isla, es probable que no pueda realizarse debido a la fuerte represión. Ni siquiera permitieron la entrada a la capital del director de CADAL.

Manuel Cuesta Morúa, copatrocinador del foro, permaneció detenido en una unidad de policía de Miramar. Los móviles de numerosos opositores fueron cortados y a otros no les permitieron salir de sus casas o provincias. Decenas de arrestos de activistas fueron denunciados en toda la isla.

En Cuba, según quien lo mire, el vaso de agua está medio lleno o medio vacío. Y es que no hay una sola realidad, hay muchas y muy diferentes.

Pero sería presuntuoso afirmar que las arengas del régimen o los debates en la Cumbre de la CELAC sean una prioridad informativa para la gente de a pie. Más bien es todo lo contrario.
Iván García

Foto: Antes y durante la celebración de la Cumbre de la CELAC, las principales avenidas y calles habaneras fueron tomadas por policías como éste, de la brigada especial, que se distinguen por el uniforme negro y andar siempre con un perro. La foto, de Lázaro Yuri Valle Roca, fue hecha muy cerca del Parque Central de La Habana.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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