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La salud de Hugo Chávez inquieta a muchos en Cuba

Cuando hace unos días el canciller venezolano Nicolás Maduro leyó una escueta nota oficial, anunciando que el presidente Hugo Chávez Frías, 54 años, sería intervenido quirúrgicamente en el bajo vientre, a pocos en Cuba les llamó la atención.

El mensaje de Maduro fue lanzado en La Habana, durante un encuentro bilateral como parte de la alianza estratégica pactada por Cuba y Venezuela, integrantes del ALBA, entente mercantil, financiera y política en la que participan Bolivia, Ecuador y Nicaragua.

La información sobre la cirugía de Chávez en Cuba ha sido manejada con pinzas por los medios estatales. Casi como un secreto de Estado. Un asunto de seguridad nacional.

A falta de una prensa libre y transparente, los rumores corren de un extremo al otro. Todo son fábulas y cuchicheos. Políticos y empresarios locales deben estar halándose los pelos con las malas noticias sobre el coronel de Barinas. A los cubanos de a pie no les interesa demasiado su salud. Lo que les preocupa son las consecuencias que traerían un desenlace fatal.

Cuando Benito, 49 años, obrero de una fábrica, supo que Chávez sería operado no le dio importancia. “Por su edad y porque aparentaba ser un hombre saludable. Pero parece que el hombre está jodido. Lo sé por noticias escuchadas por Radio Martí y por personas que ilegalmente ven la televisión de Miami por la ‘antena’ (conexión satelital). Si se va del ‘aire’ (se muere), nos traería un millón de problemas internos, desde el petróleo hasta el dinero que resuelven los miles de cooperantes cubanos en Venezuela”, expresa alarmado.

Por ahí vienen los tiros de los ciudadanos comunes. Se calcula en más de 30 mil los cubanos que prestan servicios en Venezuela, como médicos, entrenadores deportivos, ingenieros, técnicos y militares. En la práctica, esa colaboración se ha convertido en una ‘industria’ que le permite al gobierno ingresar  petrodólares. Un negocio que engorda el PIB de la nación. Y de la buena salud de Chávez depende que los miles de cubanos en Venezuela sigan trayendo dólares y mercaderías.

Por cada médico que trabaja en Venezuela, su familia en Cuba recibe alrededor de 60 dólares mensuales. Una miseria. Pero con esa mesada, cuatro personas pueden comer caliente una vez al día. Y cuando el doctor o doctora regresa tras dos años de servicio, lo hace cargado de pacotillas, para los suyos y para nutrir los pequeños tenderetes de ropa al detalle montados por cuentapropistas en todo el país.

Además, los ‘internacionalistas’, como llaman a los cooperantes, pueden optar por casas. Un auténtico privilegio: en el 75 % de las viviendas en Cuba residen tres generaciones diferentes bajo el mismo techo y el 63 % de las casas están en regular o mal estado.

Por todas esas ventajas, para los cubanos simples la muerte del hombre fuerte de Caracas desplomaría aún más la ya endeble economía nacional. No andan lejos de la verdad. En los últimos 52 años, Cuba ha vivido de panza, mantenida por otras naciones y pasando el cepillo por medio mundo. Sin dudas, un cambio de gobierno en Venezuela sería una catástrofe con tintes dramáticos.

Raúl Castro también lo sabe. El locuaz presidente venezolano ganó por votos el poder. Y esas mismas elecciones podrían mandarlo de vuelta a Barinas. Por eso Castro II intenta hacer sus lentas y metódicas reformas, que le permitirían atenuar las consecuencias en caso de un imprevisto en Venezuela.

Los gobernantes en Cuba no esperaban que el carro se les atascara. Precisamente ahora. Cuando los empresarios de verde olivo intentan echar andar la economía, con nuevas inversiones y elevado consumo de petróleo. Sería volver a la etapa más crítica del ‘periodo especial’. Como montarse en la máquina del tiempo. Pero hacia atrás.

Que el caballo se hunda a mitad del charco no estaba en los planes de contingencia de los meticulosos sesudos del régimen, dedicados a planificar variantes y estrategias políticas. Pero si en Venezuela ocurren cambios, Cuba quedaría a la deriva.

A los habaneros, que generalmente los sucesos políticos no suelen interesarles, las noticias procedentes del sur los tiene ‘erizados’. Ernesto, 54 años, babalao, no quiere ni pensarlo.  “Dos de mis hijos están trabajando en Venezuela, y allí tengo a once ‘ahijados’ (de la santería). El futuro de mis hijos depende de los dólares que puedan traer”, indica. Y añade: “Ningún hermano de religión me ha podido confirmar eso que se ha dicho, de que Chávez vino a Cuba a hacerse un Ifá (santo)”.

Los primeros rumores aseguraban que por problemas de salud. Chávez, debía hacerse santo. “Ojalá ése sea el motivo. Si fuera cierto que tiene un cáncer terminal, entonces no las vamos a ver negras”, dice Oscar, 35 años, militante del partido.

Más drástico es René, 69 años, palero (practicante del Palo o Reglas del Congo). “Yo siempre supe que Fidel iba arrastrar a Chávez en su desgracia. Castro tiene ‘prendas judías’  (protecciones) muy fuertes. Y a quienes él suele apoyar, o se mueren primero o caen en desgracia”.

Por ahora, Fidel Castro tiene compañía en su hospital.

Iván García

Foto: AP. Simpatizantes de Chávez en Caracas.

Ver también: Con el chándal puesto, Tiempo de palabra, La Habana, refugio para casos graves y Chávez reaparece en Twitter .

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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