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Fin de año en La Habana

Fin de año en La Habana

Ya llegó una brigada estatal a la Plaza Roja de la Víbora y en un santiamén montó una chapucera tarima de madera y metal. En las noches del 31 de diciembre y 1 de enero, una muchedumbre  entre ron barato y cerveza infame, esperará el 2014 bailando junto a orquestas de timba cubana.

Los tipos que arman la tarima, ex presidarios ocasionales y carpinteros amateurs, bajo un sol de plomo, se la pasan bien, tomando ron y lanzándole groseros piropos a las mujeres del barrio que hacen sus compras en comercios aledaños.

“No es fácil trabajar mientras casi todo el mundo está de fiesta, empinando el codo”, dice Yaison, quien tras cumplir cinco años de cárcel por descuartizar vacas, al no tener demasiadas ofertas laborales, se enroló en una brigada del Poder Popular encargada del aseguramiento material a diversas actividades políticas y musicales.

En cada uno de los 15 municipios de la capital  habrá fiestas para conmemorar el 55 aniversario de la revolución, el 1 de enero. Josué, 16 años, estudiante, revisa la cartelera cultural. Piensa ir a un concierto donde actúen Buena Fe o Descemer Bueno, sus artistas preferidos.

“Lo menos que se celebra es el aniversario de la revolución. Para la juventud, hablar de revolución es hablar en pasado. De algo que ya no existe. Hoy, la realidad es un país mal administrado, con una economía por los suelos y un montón de jóvenes deseosos de marcharse de Cuba. Voy a esos conciertos porque no tengo otra opción. La entrada a una discoteca de calidad cuesta 10 cuc y mis padres no pueden dármelo”, señala Josué.

Raudel, 19 años, vestido como un reguetonero, con gafas onda retro y camisa ceñida al cuerpo, en un portal de la Calzada de 10 de Octubre, juega dominó y bebe Havana Club en vasos plásticos con tres amigos. Mientras, escuchan reguetón a todo volumen en un pequeño radio de baterías.

“Vamos a esperar el año con Alexander, El Micha o Los Desiguales, toquen en Alamar o Marianao. Es la única posibilidad que tenemos los fans con poco dinero, de bailar con nuestros ídolos reguetoneros  sin pagar un centavo”, cuenta Raudel.

Al margen de la crisis económica, del futuro entre signos de interrogación y la carestía de la vida, los cubanos de a pie hacen suyo el refrán: a mal tiempo, buena cara.

En la calle Carmen, a tiro de piedra de la Plaza Roja de la Víbora, gracias a negocios privados o remesas giradas desde Miami, tres familias están reparando sus viviendas. Debido al desembolso de moneda dura, esperarán el año modestamente, con chicharrones, tostones, cerveza, ron o vino tinto. “Ya he gastado 3 mil chavitos (cuc) y todavía me falta la mitad de los arreglos. Tengo que priorizar la reparación de la casa”, dice Diana.

Por estos días, miles de personas rastrean por los agromercados de la ciudad, en busca de carne de cerdo, yuca, tomates, lechugas o coles, para preparar la cena tradicional: puerco asado, arroz blanco, frijoles negros, yuca y ensalada. S, si se anda bien de plata, un par de turrones españoles.

En La Habana del siglo 21 se habla poco de  Revolución o de los Castro. Algunos, cuando lo hacen, es para criticar el estado de cosas. La sensación de Daniel, 35 años, es que al no poder cambiar el sistema, solo queda campear el temporal y disfrutar mientras se pueda.

“Ya la revolución y sus líderes no son héroes luminosos como lo fueron hace tres décadas. Se han desdibujados. Los vemos como unos viejos nostálgicos aferrados al poder. En la era de internet y la globalización, nos merecemos dirigentes modernos. Muchos de quienes celebran la llegada de 2014 en actos organizados por el partido, si se les da la posibilidad de emigrar, lo harían sin pensarlo dos veces”, afirma Daniel.

Con dos millones y medio de habitantes, La Habana es el corazón de la isla. En sus calles, parques y esquinas, este fin de año, la gente prefiere conversar de telenovelas; del buen juego de Industriales en la serie nacional de béisbol; si Messi se reincorpora pronto al Barça o si a Cristiano Ronaldo le darán el Balón de Oro.

Hasta los que andan mal de dinero, esperarán el nuevo año con una cena. Es el caso de Renato, anciano cargado de achaques que vende jabas de nailon a la entrada de una panadería.

“Somos cuatro amigos y cada uno llevará algo. Después, en un viejo radio ruso, escucharemos  boleros y sones tradicionales. Tenemos en común que nuestros parientes se han olvidado de nosotros”, confiesa Renato con voz mustia, amortiguada por el ruido de los autos en una sucia calzada habanera.

Iván García

Foto: Comprando carne de cerdo en un puesto de venta especialmente habilitado en La Habana. Del periodista independiente Víctor Manuel Domínguez, tomada de Cubanet.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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