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De las tácticas de la Seguridad del Estado en Cuba
De las tácticas de la Seguridad del Estado en Cuba

De las tácticas de la Seguridad del Estado en Cuba

Daniel Llorente Miranda, 52 años, es un disidente espontáneo. No pertenece a ningún partido opositor ni es periodista sin mordaza. Va por su cuenta.

El pasado 22 de marzo, con una bandera de las barras y estrellas sobre sus hombros, Llorente se encontraba en las inmediaciones de la Embajada de Estados Unidos, esperando para saludar al presidente Barack Obama, después que éste se reuniera con un grupo de opositores, activistas y periodistas alternativos.

Mulato, algo pasado de peso y de baja estatura, Daniel defiende la democracia auténtica, cree en la libertad de expresión y es abiertamente anticastrista. Sostiene su narrativa de manera pacífica.

El lunes 2 de mayo, entre las numerosas personas que se dieron cita en la Avenida del Puerto para recibir al crucero Adonia, de nuevo con una bandera de las barras y las estrellas, Daniel Llorente era entrevistado por corresponsales extranjeros cuando, aparentemente de manera espontánea, un señor delgado con gorra gris, interfiere en su intercambio con la prensa, primero contradiciéndolo, acto seguido, dispara una coletilla de apoyo al régimen y acaba insultándolo.

Muy cerca, cinco o seis tipos musculosos con pinta de militares vestidos de paisano se sumaron a la disputa con los típicos linchamientos verbales de Mercenario, Traidor y Vendepatria, ‘reventando’ la entrevista de Llorente con la prensa extranjera.

Luego, un agente encubierto llamó a una patrulla y detuvieron al disidente espontáneo. Antes de abordar el auto policial, recibió algunos bofetones.

No se necesita ser muy perspicaz para comprender que todo fue un montaje. Cuando el altercado entró en calor, al acto de repudio se sumaron personas que, supuestamente, por educación doctrinaria no están acostumbrados a las diferencias de criterios.

La hilera de agentes vestidos de civil siempre estaba situada en las inmediaciones donde la prensa independiente y extranjera realizaba su labor. Cuando escuchaban opiniones críticas de los entrevistados al gobierno, se oían gritos de Viva Cuba. Pero nada fue casual.

Según un vecino de San Isidro, barrio a tiro de piedra de la terminal de los cruceros, “la señora que pedía tirar al agua al tipo (Daniel Llorente) se dedica a vender ropa en el mercado negro. Tiene varias actas de advertencia por la policía y el trato que ha hecho con ellos es denunciar a los que venden drogas o se prostituyen en la zona. El negro con tatuaje es otro descarado y corrupto, estuvo en la guerra de Angola y pertenece a la asociación del combatiente, al igual que el viejo que comenzó la discusión, un come candela del CDR”.

No es nuevo que marginales y delincuentes colaboren con la Seguridad del Estado. Tampoco los actos de repudio son una novedad. Muchos analistas creen que se iniciaron en 1980 a raíz de la emigración de ciento veinte cinco mil cubanos por el Puerto del Mariel.

Pero su fecha se remonta más atrás. Tan lejos como en la primavera de 1959, cuando partidarios de Fidel Castro, bajo la permisividad de las autoridades, quemaban diarios y revistas que reprochaban al gobierno.

Esas turbas llegaron a injuriar a periodistas críticos a Castro. Y formaron parte de la puesta en escena del ‘pueblo ofendido por el rol antipatriótico de la prensa’.

Se movilizaban a sectores populares para enfrentar las discrepancias o en apoyo a las medidas de Castro. Lo mismo se condenaba a homosexuales, amantes de rock, que a dueños de puestos de fritas.

El año 1980 marcó un giro en los actos de repudio. Ya los que se iban no eran desclasados ni burgueses. Tampoco ‘mercenarios ni contrarrevolucionarios’. Formaban parte de esa masa silenciosa que aparenta aplaudir una causa, pero que a la primera de cambio huye de su patria.

Esos linchamientos verbales llegaron a ser muy violentos. Se reportaron decenas de heridos por golpizas o lanzamientos de piedras de personas enardecidas.

En la actualidad, el reprobable método se usa principalmente contra la disidencia. La sede de las Damas de Blanco en Lawton o la casa de Antonio Rodiles en Miramar, ha sido rodeada por niños y jóvenes de escuelas cercanas que acuden sin siquiera conocer el trasfondo del suceso. Montan una pachanga con música para ‘reventar’ las actividades previstas por la oposición.

El 20 de marzo, justo cuando el Air Force One de Barack Obama despegaba hacia La Habana desde la base militar Andrew en Estados Unidos, los cowboys de la policía política formaban su escudo humano con alrededor de trescientas personas, para repudiar a las Damas de Blanco y activistas disidentes.

Eso ocurre desde hace más de un año cada domingo. Después que los opositores salen de la iglesia de Santa Rita, comienzan los insultos, golpes y detenciones. Las autoridades policiales pudieran detener a los disidentes alegando cualquier motivo, sin tener que recurrir a la violencia o el show.

Pero forma parte del decálogo de la autocracia: contraponer a las diferencias políticas un enjambre, siempre superior en número, de revolucionarios ‘disgustados’ con aquéllos que se oponen a los Castro.

En la preparación de un acto de repudio se gasta, sin consultar con el ciudadano de a pie, el dinero del erario público. Se desvían ómnibus del transporte urbano y se paralizan los comercios de la zona. Se movilizan a cientos de estudiantes y trabajadores de los alrededores que se mezclan con paramilitares de las llamadas Brigadas de Respuesta Rápida.

Todos los hilos los manejan oficiales expertos del Departamento de Seguridad del Estado. Son estrategias gastadas. Cualquier disidente o periodista independiente lo ha sufrido. Su función sigue siendo amedrentar al contrario y comprometer a sus partidarios.
El propósito, muy simple: la calle y los espacios públicos pertenecen exclusivamente a los seguidores de Fidel Castro. Puede que no sea fascismo. Pero anda cerca.

Iván García
Martí Noticias, 10 de mayo de 2016

Foto: Daniel Llorente hablando con la prensa extranjera el lunes 2 de mayo de 2016, en el Puerto de La Habana. Tomada de Cubanet.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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