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Cuba: Pluralismo político para reconstruir la nación

Cuba: Pluralismo político para reconstruir la nación

La oposición a Fidel Castro y su régimen totalitario de corta y clava es una historia aún por contar. Miles de compatriotas de todos los estratos sociales han sufrido cárcel y represión. Otros fueron fusilados en juicios sumarios o murieron en una mazmorra de la Cuba profunda.
 Los que se enfrentaron con las armas fueron derrotados por el castrismo. El gran mérito de la oposición pacífica en la Isla es que no ha podido ser doblegada. Dividida, acosada y ninguneada por la dictadura verde olivo. Pero sigue ahí. Emigran unos, envejecen y mueren otros, pero el activismo político se refunda.

Son poco conocidos en las calles, no tienen espacio en los medios de comunicación y constantemente son descalificados por el aparato de propaganda del partido comunista. Se puede esgrimir que tienen escaso poder de convocatoria, que en algunos casos el ego los divide y puede opacar sus méritos y que deben aprender a conectar con el cubano de a pie que pide a gritos reformas políticas y económicas.

Pero la oposición democrática en Cuba tiene sus éxitos, de los que poco se habla. Cada una de las tímidas reformas emprendidas por el régimen, ya sea el derecho a viajar al extranjero, la compra y venta de casas o automóviles o que se autorizaran los negocios privados, siempre fue parte del petitorio y la narrativa de la disidencia local cuando ninguna institución o medio nacional se atrevió a reclamar esos cambios.

Numerosos opositores cubanos han emigrado. Otros esperan la muerte asolados por el hambre y la demencia senil sin siquiera cobrar una pensión. Algunos, como el historiador y académico Manuel Cuesta Morúa han optado por sobrevivir en la boca del lobo. Cuesta Morúa, junto a Boris González Arenas y Rolando Rodríguez Lobaina están entre los opositores con mayor instrucción académica. Cuesta, se califica a sí mismo como un opositor socialdemócrata de izquierda. Es un tipo al que la política le encaja como guante, con una capacidad de análisis increíble. En esta entrevista  repasa de temas de actualidad.

¿Cuándo iniciaste ese largo viaje por el desierto que es ser disidente en un país donde la oposición es un delito sancionado con muchos años de cárcel?

     -Todo comenzó cuando la invasión estadounidense a Granada. En ese momento estudiaba en la Universidad de La Habana y para mí fue chocante la manera en que el gobierno cubano enfocó todo aquello. Los que teníamos ya uso de razón, recordaremos que el gobierno primero quería sacrificar – y eso para mí tuvo un impacto muy fuerte- a un grupo de cubanos solo por el simbolismo de enfrentar a Estados Unidos. A mí me resultó impactante, estoy hablando de 1983, casi voy a entrar al tercer año de la universidad y lo que parecía estar discutiéndose en aquel momento era más el conflicto simbólico entre un país como Cuba y Estados Unidos, que el hecho mismo de lo que implicaba Granada para nosotros los cubanos. Y ahí empezó una lenta conformación de mentalidad a raíz de aquel suceso.

     -Me gradúo en 1986, la perestroika fue en el 85, y aquella frase de Fidel Castro, “ahora sí vamos a construir el socialismo” me pareció totalmente absurda. La pregunta mía era: ¿qué habíamos hecho durante todo ese tiempo? Definitivamente eso me metió la nota de que estábamos siendo parte de un juego de quinteto de alguien que estaba manejando el destino de la nación, independientemente de lo que nosotros queríamos y pensábamos. Ya ahí empecé a cambiar definitivamente. El momento clave fue el año 91: la invasión a Kuwait por Irak. Lo que yo suponía era que inmediatamente hubiera una declaración de Fidel Castro en el periódico Granma, criticando la invasión de un país más grande a un país más pequeño, y eso no sucedió. Y me demostró que definitivamente toda la retórica antimperialista no era más que un modo de Fidel Castro de reconstruir su colonialismo español frente a los Estados Unidos, pero no necesariamente tenía que ver con una posición antimperialista real.

     -En 1991 abandoné públicamente mi militancia en la Unión de Jóvenes Comunistas con una declaración. En aquel momento me acompañó Leonardo Calvo Cárdenas, que trabajaba conmigo en el Museo Histórico de La Habana Vieja y comenzamos nuestro itinerario por la disidencia. Ya yo tenía relaciones con algunos miembros de un grupo después se extinguió y me permitió conectarme con la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional que dirigía Elizardo Sánchez Santacruz y con la Corriente Socialista que lideraba Vladimiro Roca Antúnez. Comencé en la oposición en una militancia entre la defensa de los derechos humanos y la defensa de las posiciones socialdemócratas que todavía defiendo.

¿Eso te trajo una ruptura familiar? ¿Cómo se reflejó ese conflicto en tu familia?

     -Sí, definitivamente, me trajo rupturas familiares, aunque hubo un lado afortunado, básicamente con mi madre, ya mi padre había fallecido. Al principio, con mi madre hubo un pequeño cortocircuito porque ella era militante del Partido Comunista y seguidora de la Revolución. Sin embargo, en el camino rectificó pues mi madre viene de una tradición familiar donde había mucha pluralidad de posiciones también y eso la ayudó a enderezar su relación conmigo, que siempre fue muy maternal, siempre me defendió.  Mi madre falleció en 2018 y en los últimos años de su vida, empezó a darse cuenta de que realmente, no era que yo tuviera razón, sino que el poder no tenía razón. Sí hubo una ruptura con mi padrastro, sin embargo me madre me contó que antes de mi padrastro fallecer él le dijo: “Al final de mis días me doy cuenta de que Manolito (así me decía mi familia) tenía razón”. Y no tanto por mis ideas sino por el hecho de cómo el gobierno trata a la gente. De modo que  tuve la satisfacción de una especie de reencuentro cívico, cultural, político y sobre todo familiar en el seno de mi familia.

     -Muchos de los que estudiaron conmigo en la universidad hoy no me hablan ni me miran, otros sí. Pero la mayoría también se ha dado cuenta de que lo que les dijeron, exactamente no es lo que fue y no es exactamente lo que está siendo ahora en el país. Y eso también da una frustración. Muchos se han solidarizado en aquella etapa, en que la represión, que era más invisible y más dura, por la cantidad de veces que he estado detenido, la cantidad de veces que me hicieron actos repudios. Eso sensibilizó a personas cercanas, cómo el poder trata a los cubanos y por eso hoy fueron posibles reencuentros con amigos que alguna vez abandonaron la relación de amistad.

¿Cómo fue tu primer arresto?

     -El primer arresto fue el gran primer sobresalto del miedo que siente todo ser humano cuando la cosa pasa del violín a la guitarra. Me detuvieron justamente llegando a casa de Elizardo Sánchez Santacruz. Aparecen de pronto dos perseguidoras y me arrestaron con cierta violencia. Uno siente miedo la primera vez, pero ya yo estaba preparado para el control de ese miedo. Me llevaron a una estación de policía que está -yo no lo sabía en aquella época-, al lado de lo que actualmente es la Sección 21 de la Seguridad del Estado, en Marianao, La Habana. Me encerraron en una celda y me dejaron alrededor de tres horas. Fue la primera vez en mi vida que en una estación de policía me obligaron a quitarme los cordones de los zapatos. Al rato me sacaron de la celda, me sentaron en un local y empezaron a conversar de una manera relativamente decente. Un agente de la Seguridad del Estado me hizo el comentario que le había hecho Fidel Castro a aquel expedicionario de Bahía de Cochinos, un negro cubanoamericano a quien Castro le dijo: “Y tú qué haces aquí”. Este agente de la Seguridad del Estado, más o menos, reprodujo la misma mentalidad y me preguntó: “¿Cómo un negro puede estar luchando contra la Revolución?”.

     -Confieso que en 1993, en esa primera detención, no tenía conciencia racial en el sentido de ver las grandes diferencias entre blancos y negros, aunque ya había leído muchísimo sobre el tema. Esa pregunta me impactó, pero después terminó en una conversación ideológica y filosófica. Algo que todavía me sigue llamando la atención: aquellos tipos estaban más preparados que los actuales agentes de la Seguridad del Estado. La charla de aquel agente se centró en una discusión filosófica sobre la obra de Marx, Engels, Lenin y el socialismo posible. La reacción de mi mamá fue muy interesante. Cuando llegué a la casa me dijo: “Tú eres mi hijo y pienses como pienses siempre te voy a tener bajo mi regazo”. Eso fue muy importante para mí, al margen de las diferencias políticas que teníamos.

¿Mantienes la misma orientación política de cuando te iniciaste en 1991? 

     -Sí, primera elección política es la que mantengo, que es la de la socialdemocracia y que el tiempo me ha confirmado que es la posición más racional en estos tiempos de híper polarización política. La socialdemocracia siempre busca el centro, no el centro ideológico sino el centro político. Y creo que estos tiempos confirman la necesidad de reencontrar ese centro político, porque la polarización no nos ha llevado ni nos ha conducido, ni la política interna de las naciones ni la política global, al mejor puerto posible. Mantengo esa orientación ideológica. Quizás lo que he cambiado un poco es que creía en la convicción ideológica del poder y eso fue una ingenuidad de mi parte, porque la única convicción que tiene el poder es la del poder en sí mismo, no tiene convicción ideológica.

     -Inicialmente creía que era posible, desde un argumento ideológico y político, sostener una conversación racional con quienes supuestamente defendían posiciones comunistas. Me di cuenta que a esta gente lo único que le interesa es el poder y por eso han cambiado, han vaciado ideológicamente las estructuras del Estado, solamente para sostener el control sobre el país. No son los antimperialistas que dicen ser, eso es incierto. No son la gente que les interesa la distribución social de la riqueza. Todas las medidas que han tomado desde la década de 1990 hasta la actualidad, lo único que han hecho es incrementar la desigualdad.  Ideológicamente sigo manteniendo una posición contraria al embargo de los Estados Unidos hacia Cuba, no por las razones que aduce el gobierno cubano, sino por razones estrictamente políticas y sí buscando la posibilidad de que en Cuba haya una reconciliación nacional entre cubanos, que Cuba recupere sus bases culturales, que son las de la diversidad y la pluralidad y eso tenga reflejo en el sistema político. El régimen ha involucionado, pero yo me mantengo en mi posición política.

 ¿Cómo para ti sería el futuro de Cuba desde tu orientación política? 

     -Mientras más al vacío cae el país, más importante es recuperar cierta utopía en un sentido creativo, positivo. Una de las cosas que pienso, si me pongo a diseñar mentalmente cómo querría ese futuro para Cuba, es la de una nación, una sociedad en la que recuperemos las bases tradicionales en la construcción de la nación cubana. Eso es importante recuperarlo porque la nación cubana nace como una nación moderna. Hay que recuperar esa modernidad de la nación cubana, que está en la base del pluralismo político, diversidad cultural, diversidad ideológica y recuperar la visión de que la nación cubana solo puede estructurarse sobre bases cívicas, no sobre bases confesionales. Uno de los errores básicos de la llamada Revolución Cubana ha sido tratar de construir una nación sobre bases confesionales.

     -Una sociedad que piense  en la redistribución social de las riquezas que se creen. Cuba no puede darse el lujo de continuar con las desigualdades que estamos viviendo. Hay que crear lo que en otros lugares llamaron durante mucho tiempo sociedades de bienestar. Donde la mentalidad fundamental que se privilegie sea la mentalidad de que haya una redistribución progresiva de las riquezas, que no excluya la propiedad privada, pero que exista una especie de responsabilidad social. Y finalmente un Estado de Derecho pleno en el cual exista división de poderes y profundizar en las nuevas formas de democracia que se van creando en el mundo.

     -Es mi prioridad cuando me pongo a soñar como cualquier otro cubano, pensar cuál debería ser el diseño futuro de la sociedad cubana. En Cuba se están perdiendo tres cosas fundamentales: la noción de país (cuando hablo de noción de país pienso en aquel dicho que sin azúcar no hay país); la noción de nación porque Cuba era una nación de emigrantes; y lo peor, se ha perdido la noción de Estado, porque hay una noción de poder detrás del Estado, no hay una noción de Estado en Cuba. Esas tres cosas se están perdiendo y  es fundamental que hagamos un esfuerzo todos los cubanos, dentro y fuera del país, para que estas nociones puedan ser recuperadas de cara al futuro.

En la Cuba actual, ¿qué puede hacer la oposición, diezmada, reprimida y acosada, con una parte importante de los activistas obligados a emigrar, para liderar esa revolución ciudadana que se nos viene encima?

     -El gobierno ha dado un duro golpe a la oposición en los últimos años. Varios líderes disidentes están encarcelados. Otros han tenido que emigrar y eso supone una ruptura, no se construye una alternativa de un liderazgo de la noche a la mañana. Pero se intentan buscar alternativas. Hay ciertos sectores de la oposición y de la sociedad civil que tratan de impulsar espacios y proyectos específicos. Tratan de captar un fragmento de la sociedad, como los grupos ecologistas, proyectos feministas, animalistas, culturales o la comunidad LGBTIQ+ no afiliada al gobierno. Propuestas que van saliendo con cierta dificultad en medio de la represión, pero van saliendo para buscarle un enfoque global al problema del cambio dentro de Cuba. Y ahí están proyectos menos sonoros como la Mesa de Unidad de Acción Democrática, por ejemplo, que se mantiene simbólicamente, discutiendo ideas de cómo aumentar a la organización. También existe un proyecto relativamente nuevo que es el Consejo para la Transición Democrática en Cuba (CTDC), que trata de enfocar algunas alternativas y cambios más o menos generales y globales. Y recientemente surgió D’Frente, un proyecto que reúne organizaciones dentro y fuera del país y en el que también participa el CTDC. 

     -Dentro de estas organizaciones están aflorando alternativas que buscan la recuperación del Estado de Derecho en Cuba, algunos con una visión más rupturista, otros con una visión más reformadora. Pero todas enfocadas a la recuperación del Estado de Derecho en Cuba y que se hacen acompañar de estrategias cívicas, porque van a otorgar un elemento que ahora está marcando negativamente a la sociedad cubana, que es  la violencia orgánica en la que está metida Cuba. Hay una violencia desde el Estado, hay una violencia Inter social, hay una violencia en las comunidades. Está el tema de la violencia de género y está la violencia del lenguaje. La violencia política del lenguaje ha polarizado a la sociedad de un modo que no es prudente ni tampoco productivo para quienes queremos construir la democracia. Crear ambientes de paz, que luchen globalmente contra todo tipo de violencia y recuperar lo que llamamos el ‘caos post-ideológico’ de la sociedad cubana.

¿Estamos cerca de poder lograrlo?

     -Todo depende de la capacidad que estas alternativas opositoras tengan de conectar con la ciudadanía. El gran desafío es justamente el de conectar de una manera sistemática a ciudadanos con alternativas de cambio. Mucha gente piensa que la posición del malestar es al mismo tiempo la posibilidad de alternativa y no es así, tal como yo lo veo. Que se exprese el malestar como se ha venido expresando con mucha más claridad, desde el 11 de julio de 2021 es positivo porque refleja que ya la sociedad se está poniendo frente a frente al Estado. Eso es un primer paso, clave, pero por sí mismo no lleva a la construcción de una alternativa. Por tanto, el desafío es ése, conectar a la ciudadanía con estas alternativas que estamos tratando de anudar en el último año.

El 20 de Mayo se cumplieron 121 años de la fundación de nuestra república, aplazada y olvida por décadas de castrismo. ¿Qué significado tiene para Manuel Cuesta Morúa esa fecha?

     -En la reconstrucción de esa nueva imaginación política, la efemérides del 20 de Mayo es importante también para reconstruir la historia. Soy historiador de profesión y estoy al tanto de lo que se escribe sobre ese acontecimiento. Hay una buena tendencia a cambiar el paradigma con el que se ve la Historia de Cuba. Siempre se ha visto la Historia de Cuba como una pugna entre el vencedor y el vencido, en la que los vencedores son los que cuentan la historia de los vencidos. Ahora existe un nuevo paradigma que afortunadamente creo que va a ayudar a la reconstrucción también democrática de la Historia de Cuba, en la que tanto vencedores como vencidos cuentan su propia historia, y esa confrontación de narrativas entre vencedores y vencidos, es la que va a permitir también pluralizar la mirada sobre Cuba.

     -121 años contrastando con otras historias y recuperar lo que es importante: nuestra tradición cultural, que se basa en la diversidad, en la pluralidad. No considerar que la historia de 1902 a 1959 es la historia de la seudo república, eso es falso. Es la historia continuada de construir un ideal hacia la independencia plena, la soberanía de los ciudadanos y, al mismo tiempo, la nación “con todos y para el bien de todos” con la interrupción de estos últimos 64 años. Esa visión está ganando espacio dentro y fuera de Cuba y eso es fundamental.

Iván García

Foto: Manuel Cuesta Morúa (La Habana, 1962). Tomada de Memory of Nations.

Sobre admin

Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: taniaquintero3@hotmail.com

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