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Los cubanos sobreviven del 'invento'
Dos vendedores de viandas y frutas en una calle de Centro Habana. Imagen de Ramón Espinosa tomada de AP News

Los cubanos sobreviven del ‘invento’

Antes de pintarse los labios, se depila las piernas y ya frente al espejo, se prueba un vestido ajustado. Después, lustra con un paño los zapatos con tacones de aguja, se pone una peluca rubia y sale a prostituirse. Cuando se viste de mujer, a Sandy le gusta que le llamen Ana. “Es por la actriz Ana de Armas. Soy fan de ella. He visto Blonde cuatro veces. Debió ganar el premio Oscar por su papel de Marilyn Monroe”.

Por las mañanas, Sandy es profesor de informática en una escuela secundaria en un barrio al sur de La Habana. Por las noches, ‘sale a luchar’ en la Calzada de Diez de Octubre. Su salario de 4,600 pesos mensuales apenas le alcanza para comprar un puñado de viandas, varias libras de arroz y pagar un gimnasio decente. “Pa, mantener mi cuerpo en talla tengo que estar arriba de los hierros”, apunta sonriendo.

Las medicinas que necesita su madre diabética diabetes, y el dinero para la carne de res por la izquierda a 500 pesos la libra o poder comprar una caja de pollo en 7 mil pesos, Sandy lo consigue en las calles. «También del jineteo saco el dinero del alquiler donde vivo con mi pareja”.

El trasvesti habanero tiene razones para quejarse del régimen. “Estos tipos (los del gobierno) alucinan. Viven en un mundo paralelo. No me vale que aprueben un Código de las Familias progresista donde reconocen los derechos de la comunidad LGBTIQ y ni siquiera tengan el pudor de pedir perdón por tantos años de intolerancia y atropello contra los homosexuales”.

“Las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción, gulags al estilo soviético), las actas de advertencia y las sanciones penales solo por ser maricón o participar en fiestas percheros no se pueden borrar de un plumazo. La historia está ahí. Al margen de la ideología que uno profese, no se puede aprobar la gestión de un gobierno que es incapaz de administrar una nación. No funcionan los servicios básicos y es una agonía hacer cualquier trámite legal. Todo está cuesta abajo, desde la educación hasta la salud pública. Cuba no es un país normal”.

“Mi meta, como la de casi todos los cubanos, es irme. El país está en quiebra. Ahora se permite ser gay, pero no tenemos libertad. Si no me he largado antes es porque no tengo familia afuera. Cualquier país me sirve, menos Rusia, que tiene leyes anti homosexuales. Lo mismo aterrizo un día en Guyana que en Luanda. Peor que en Cuba no voy a estar”, concluye Sandy.

A la misma hora que Sandy sale a prostituirse, Vanesa llama desde su teléfono móvil a una agencia de taxis privados. Solicita un auto que la deje en un bar de moda de la ciudad. A ella le gusta presentarse como ‘dama de compañía’ de extranjeros y cubanos radicados en el exterior.

«Soy una jinetera de lujo. No una ‘matadora de jugada’ que anda por bares de mala muerte, buscando a quien templarse por 500 pesos o estafando a clientes en WhatApp con videos y fotos trucadas. Lucho (se prostituye) por enganchar a un yuma con una billetera abultada que me saque de este infierno y que pueda ser mi futuro esposo y padre de mis hijos”, manifiesta y añade:

“También necesito dinero para mantener a mis padres, dos pobres diablos que toda su vida aplaudieron a Fidel y ahora se están muriendo de hambre. En Cuba para comer en una paladar necesitas 10 mil o 12 mil pesos, dos veces el salario de un buen profesional. Comprar ropa de marca o un iPhone cuesta un baro larguísimo. El día a día de un hombre que le trabaja al Estado raya en la mediocridad: mala comida, baja calidad de los productos que puede adquirir. Tu existencia es una puñetera mierda si te empatas con un cubano de a pie. En Cuba se quedarán los viejos, la gente sin perspectiva y los que se beneficien del gobierno”.

René, taxista particular, comenta que “a pesar de la miseria cotidiana, el alto costo de la vida y que el país se viene abajo, existe un segmento de cubanos, alrededor de 50 mil personas, la mayoría residente en la capital, que sigue yendo a bares y discotecas carísimas. Por un taxi pagan 4 mil pesos para que los lleve a fiestear y luego los recoja y los deje en sus casas. Es un bisne bastante lucrativo botear de madrugada”, aunque aclara que las interrupciones en el abastecimiento de combustible están afectando ese tipo de negocio.

“Desde hace dos semanas, casi todas las gasolineras de la isla están cerradas. Las pocas que siguen trabajando solo te llenan de combustible la capacidad que tengas en el tanque. Llevo cinco días en una cola. El litro de gasolina regular subió a 120 pesos. Eso traerá como consecuencia que el precio de los taxis colectivos probablemente suba de 100 a 150 o 200 pesos por pasajero en cada carrera. Y los taxis a domicilio, como el mío, se encarecerán aun más”, opina René.

Un jefe de turno de la terminal de ómnibus en el Reparto Eléctrico, municipio Arroyo Naranjo, dijo a Diario Las Américas que “de una flota que en su momento fue de 80 ómnibus, en estos momentos solo funcionan 12 en tres rutas: P-6, P-8 y PC. De esos 12, suelen trabajar 7 u 8 y a veces menos por déficit de combustible. Los viajes de esas rutas son extensos, más de tres horas la ida y vuelta. Además de faltar el petróleo, no hay piezas de repuestos, baterías ni neumáticos. Para mantenerlos rodando, quitamos las piezas de las guaguas que están paradas. Así es en todos los paraderos de Cuba”.

Según especialistas, para mover una población de más de dos millones y medio de habitantes, La Habana necesitaría una flota de dos mil ómnibus, entre 12 mil y 14 mil taxis y una red de trenes suburbanos. A día de hoy, en la capital circulan menos de 400 ómnibus del servicio público. Las autoridades intentan paliar el desastre con la incorporación del transporte de empresas y autos estatales.

“Pero eso es un cuento. Los ómnibus de los militares no recogen a nadie. Para ir el al trabajo me meto más de dos horas en una parada e igual tiempo para regresar a la casa. Soy enfermero del hospital Calixto García y no tenemos transporte garantizado. Y mi salario de 4 mil pesos no me da para pagar un taxi que cuesta 200 pesos el viaje de ida y regreso. El sueldo se me iría pagando taxis”, señala Manuel.

Empresas, supuestamente rentables como ETECSA, igualmente se han visto muy afectadas por la crisis económica y el déficit de combustible. “En teoría, la empresa recibe suficiente divisas para comprar su propio combustible. Pero el gobierno mete la mano en la caja del dinero destinado a inversiones y aprovisionamientos y lo utiliza en otras cosas. Después de la fracasada Tarea Ordenamiento, cuando el Estado tasó el canje del dólar a uno por 25 pesos, los cubanos residentes en el exterior prefieren enviarle el dinero a sus parientes y que estos paguen en pesos el servicio de telefonía móvil y datos. En el mercado informal el dólar se está cotizando a 185 y ETECSA lo valora a uno por 25. Por concepto de recargas telefónicas hemos tenido pérdidas considerables, si lo comparamos con 2020. Ahora mismo, la empresa no tiene dinero para comprar nuevas antenas ni mejorar la red de datos. Una parte del personal calificado se ha marchado del país o ha pedido la baja para trabajar en el sector privado”, explica un funcionario.

Por falta de contenido, Camila, arquitecta, y Laritza, ingeniera, empleadas de organismos del Estado, aprovechan su horario laboral para hacer colas, en una tienda, una panadería o en una farmacia. “No recuerdo la última vez que trabajé en un proyecto estatal. Si no me falta dinero es gracias a particulares que me contratan, para el diseño interior de sus negocios o alguien que está construyendo su casa y necesita el asesoramiento de un arquitecto”, expresa Camila.

Laritza, por su parte, confiesa que se siente frustrada como ingeniera. “El jefe me encargó chequear las brigadas que salen a trabajar en la calle y repartir los celulares petroleros (teléfonos pagados por el Estado) a los especialistas. Lo menos que hago son tareas acorde a mi profesión”.

Por cierto, Camila y Laritza se conocieron en la cola cuando fueron a confeccionar sus pasaportes. Las dos aspiran a marcharse del país.

Iván García

Foto: Dos vendedores de viandas y frutas en una calle de Centro Habana. Imagen de Ramón Espinosa tomada de AP News.

Sobre admin

Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: taniaquintero3@hotmail.com

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