Desde La Habana

Cuba ahora mismo es una lija de fósforo

Cuba ahora mismo es una lija de fósforo

Después de pasar el túnel que enlaza las barriadas del Vedado y Miramar, al oeste de La Habana, se observan calles asfaltadas y personas que corren por el amplio separador central de la Quinta Avenida con auriculares inalámbricos de iPhoney calzado deportivo de marcas estadounidenses. En los elegantes chalets y edificios de apartamentos con más de cien metros cuadrados no se escuchan discusiones familiares ni el estruendo del reguetón.

En el mercado de La Copa, en la calle 42 entre Primera y Tercera, donde se respira el salitre que llega del Océano Atlántico, los vecinos no hacen colas para comprar el pan que venden por la libreta de racionamiento. Los apagones allí son leves, tres o cuatros horas, dos veces a la semana y casi nunca de noche. Cuando no hay electricidad, algunos vecinos se van a cualquier bar privado de la zona a beber cerveza o a la heladería Gelato, donde una merienda de tres personas puede costar el equivalente a 30 dólares, el salario mensual de un profesional de calibre.

Por esa zona apenas se observan mendigos, pero sí varios hoteles cinco estrellas construidos por el emporio militar GAESA. Miramar, como Nuevo Vedado, Siboney y Cubanacán parecen un país diferente a la pesadilla cotidiana que sufren los cubanos.

La prensa del régimen castrista, especialista en vender un relato de justicia social, jamás ha publicado una línea para explicar la gentrificación que han diseñado en diversas zonas de la ciudad. Incluso existe una regulación donde los nacidos en las provincias orientales tienen que tener un permiso para asentarse en La Habana. Los operadores políticos locales, que denigran a las élites capitalista de occidente, jamás han argumentado por qué residen en soberbias mansiones confiscadas a la burguesía cubana, conducen autos alemanes de 80 mil dólares, desayunan, almuerzan, meriendan y cenan diariamente. No les falta la leche ni el café, las frutas ni las verduras. Tampoco sufren apagones.

Una foto fija de la extravagante distopía que vive la clase dirigente fue la visita el martes 19 de marzo del presidente Miguel Díaz-Canel y el primer ministro Manuel Marrero al Coloquio Patria, un encuentro organizado por el aparato de propaganda del partido comunista, con unas decenas de invitados de 31 países, hospedados en hoteles de cuatro y cinco estrellas, que cuestan entre 92 y 242 dólares la noche.

En la imagen divulgada en perfiles oficiales, aparecen Díaz-Canel y Marrero con cascos de realidad virtual, ‘recorriendo’ la Franja de Gaza. Mientras los dos gobernantes se solidarizaban con el pueblo palestino, a 957 kilómetros al este de La Habana, en la provincia de Santiago de Cuba, todavía resonaban las protestas masivas que el domingo 17 de marzo, sobre las dos de la tarde, tuvieron lugar en los repartos Chicharrones, Veguita de Gala, Vista Hermosa, Mariana de la Torre, Antonio Maceo y Versalles. Reclamaban “comida y corriente”, “libertad y patria y vida”.

Un residente de Chicharrones contó a Diario Las Américas que un mes antes se iniciaron protestas a pequeña escala. “Los apagones en Santiago de Cuba han sido progresivos. Comenzaron el 15 de enero y al principio eran de 4 y 5 horas al día. Luego se extendieron a 8 y 10 horas. Cuatro días antes de las protestas del 17-M, los apagones ya eran de 16 y 18 horas seguidas. Un abuso. A eso súmale que llevamos tres semanas sin agua y las bodegas están peladas. Pero en marzo arreciaron los problemas.

*Estuvimos muchos días sin que nos dieran el pan de la libreta y no había llegado el arroz y el azúcar a la bodega. Los muchachos no estaban yendo a la escuela porque no tienen nada para desayunar. Los vecinos cocinamos con leña. Casi siempre comemos fongos (plátanos burros) hervidos y tomamos refresco instantáneo. Estuve tres o cuatro días sin bañarme por falta de agua. Gracias a la solidaridad entre vecinos, muchos viejos desamparados pudieron comer algo. Cuando la gente supo del caso de corrupción de Alejandro Gil se calentó el ambiente. Se roban millones de dólares y al pueblo que los parta un rayo.

“La tapa al pomo la puso el Ministro de Energía cuando dijo que en la próxima semana se aliviarían en algo los apagones, pero a los diez días entraríamos en otro bache. Fue entonces que decidimos coger la calle. Tuvimos tremenda ecuanimidad. Soportar la pila de mentiras de Beatriz Johnson (primera secretaria del partido en Santiago) y la manera altanera con las que tratan al pueblo. Nunca de igual a igual. Ella en las alturas, encaramada en el techo de una casa, y nosotros desarrapados y con hambre en la calle para que supiéramos que éramos diferentes”.

Eva Valdés, periodista de Diario de Cuba, constató en el lugar que para reprimir al pueblo las autoridades concentraron en la zona seis camiones repletos de tropas especiales, tres carros jaulas, 23 patrullas y unos 35 efectivos de la policía motorizada. También estaban listo para “entrar en acción” cientos de agentes de la Seguridad del Estado y las llamadas Brigadas de Respuesta Rápida, armadas con cabillas, machetes y estacas de madera. Cuenta Valdés en su nota que la represión pudo evitarse por la actitud de las mujeres, quienes con sus hijos cargados o de la mano, hicieron un cordón humano para proteger a los jóvenes, los padres y los hombres presentes.

Aunque las demandas no tuvieron un matiz eminentemente político, se escucharon gritos de “libertad y Patria y Vida”, el himno de las manifestaciones del 11J, escribió la reportera. Una persona que participó en las protestas asegura que “hicimos videos con los teléfonos móviles de todo lo que pasara para después subir a las redes sociales. Con los apagones, la conexión de datos estaba malísima y las baterías de las antenas se agotan después de tantas horas sin electricidad. Y el día de la protesta cortaron el servicio de internet cuatro o cinco horas”.

Lo que más le llamó la atención a una residente en Vista Hermosa es que “en cuanto la gente se tiró para la calle, el gobierno sacó camiones con arroz, frijoles y leche en polvo para distribuir en las bodegas. Esta semana han traído camiones con cajas de pollos y milagrosamente apareció el pan. Cuando la conga del reparto Martí salió a protestar, cantando los estribillos ‘Oye, yo me erizo’, ‘No hay comida, no hay corriente’ y ‘Pinga pal presidente”, al poco rato vino la luz. Eso demuestra que muchos problemas no lo resuelven porque no les da la gana”.

En la ciudad de Bayamo, también cientos de personas se lanzaron a las calles a protestar en la tarde y la noche del domingo 17 y el lunes 18. Un residente afirma que la causas “que provocaron que la gente saliera a manifestarse fueron diversas. Los apagones de hasta 20 horas, la falta de comida, medicamentos y transporte son las principales. Pero hay muchas otras. En Bayamo no hay una guagua funcionando. Para transportarnos solo hay coches tirados por caballos, que antes costaban 10 pesos, pero debido a la inflación subió a20 pesos. El gobierno provincial topó los precios y los cocheros han hecho una huelga de brazos caídos. Estamos cansados de tanta miseria, tanta hambre y tantas mentiras. Lo único que nos queda es protestar. A mí me jode que el Díaz-Canel nos quiera mostrar como tontos o que somos manipulados por influencers de Miami. No quieren admitir que muchos cubanos ya dijimos basta”.

Un vecino del poblado de Santa Marta, en Cárdenas, municipio de Matanzas, a unos 140 kilómetros al este de La Habana, expresa que “el domingo 17 de marzo, al ver lo que estaba pasando en Santiago de Cuba, cogimos la calle. Santa Marta está a 500 metros de Varadero, donde no falta la luz, el agua ni la comida para los turistas extranjeros. A los que no tenemos dólares, nos llevan a la pinga de palo”.

Según Cubalex, organización jurídica independiente, al menos once personas seguín detenidas por las protestas del fin de semana en varios poblados de la Isla. Igualmente se ha sabido que Ramón Jesús Toranzo, ex prisionero político que fue arrestado en Santiago de Cuba, está hospitalizado en el hospital militar de La Habana, dos semanas después de ser detenido en el Santuario Nacional de la Virgen de la Caridad del Cobre, tras convocar a los cubanos a reunirse en el lugar y orar por su patria.

El país ahora mismo es una lija de fósforo que al menor roce pudiera incendiarse. El descontento y la frustración aumentan. El régimen no tiene soluciones para salir de la feroz crisis económica que ha provocado que el 88 por ciento de los cubanos vivan en la pobreza.

El país se cae a pedazos, ya casi hay una hambruna en Cuba y una explosión social viene en camino. Pero Díaz-Canel y Marrero, con sus cascos virtuales, prefieren recorrer Gaza y ver los efectos de la guerra de Hamás contra Israel. Para ellos, lo que pasa en el oriente de la Isla es culpa del “bloqueo yanqui y la gusanera de Miami”. Viven en un mundo paralelo.

Iván García

Foto: Tomada de Caracol Radio.

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