Desde La Habana

Amo a Cuba, mi patria

Paisajes Cubanos de fantacia, Cuadro al óleo sobre Lienzo del Pintor Fidel Micó

Nací en un barrio marginado de La Habana,  al cual mis padres, oriundos del oriente del país, un día llegaron en busca de una vida mejor. Crecí sin creer en ninguna religión ni confiar en dios o sus santos. Tampoco en promesas ni en el destino. Solo tenía suspiros y sueños irrealizables, aguardando en mi futuro.

Mi mamá me decía que tendría mejor suerte porque podía estudiar, y con estudio, lo tendría todo. Me gradué de bachillerato en la mejor escuela del país, la Vocacional Lenin. Obtuve mi licenciatura en Ciencias Jurídicas en la Universidad de la Habana, y mi realidad fue otra.

Tenía un título universitario, pero con él, mis sueños seguían siendo un imposible. Ahora más pesados con un hijo en brazos y acompañada en cada jornada por la inconformidad, la impotencia y el pesimismo. Por las noches me visitaba la depresión y el llanto.

Contínuamente pensaba y buscaba en vano una vía para llegar a mis metas. Pronto concluí que solo lograría mis sueños fuera de mi Isla. La misma decisión de tantos amigos que hoy residen en países lejanos y fríos. La única que queda, a quien no tiene la más mínima opción de planificar el más insignificante detalle de su vida.

Comencé a soñar de nuevo, ahora con tierras extrañas imaginarias. Me veía saliendo del trabajo con el juguete de los Reyes Magos escondido en mi bolso, abría mi casa y en puntillas de pie, entraba en el dormitorio de mi chiquitín y colocaba bajo su cama el regalo.

Soñaba con tantas cosas y los ojos abiertos. La visión de aquellas calles vacías, limpias, siempre en crepúsculo y muy silenciosas. Todo era diferente a las avenidas bullangueras de mi vieja Habana. Luego dentro de mis sueños, yo, en aquella tierra extraña, pensaba en mi madre y mis hermanos, después en mis vecinos y en el barrio. Los extrañaba, y cuando despertaba, tenía lágrimas en los ojos.

Descubrí que me gusta Cuba, amo a la tierra que por primera vez pisé, la que recibió la primera gota de mi sangre, cuando me lastimé en mi primera caída, la que absorbió mis lágrimas de desconsuelo, la que escuchó mi primera carcajada.

Comprendí que podría ser la mujer más infeliz, si un día no me permitieran salir a probar suerte en otros horizontes, como lo hicieran mis padres en su momento, cuando se trasladaron de Guantánamo a La Habana. O no me dejaran regresar al lugar donde tuve mi primer aliento de vida.

Laritza Diversent

Foto: Paisaje cubano. Cuadro al óleo sobre lienzo del pintor Fidel Micó.

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