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Zoé Valdés, una pluma como látigo

Una de esas noches habaneras, con un cielo despejado y un puñado de estrellas como testigo, alguien me contó que los hermanos Castro sentían un odio especial hacia tres cubanos. En la lista, oh casualidad, tres escritores: Guillermo Cabrera Infante, Reinaldo Arenas y Zoé Valdés.

Era tanto el resentimiento, me dijo esa persona, que hasta maleficios les prepararon, con huesos de muertos y colmillos de elefantes traídos desde tierras africanas. No creo que sea cierto. Pero sí doy fe que a esta habanera, nacida con la revolución, el 2 de mayo de 1959, no sólo los Castro le temen.

Zoé Valdés usa la pluma como un látigo. Suele disparar con balas de grueso calibre. Entre prosa y poesía, esta mujer con 22 libros publicados y una colección de premios en sus bolsos parisinos, escribe para medios españoles y europeos; tiene un blog personal, y a quien la quiera leer o escuchar, sin medias tintas le dice cómo ella ve a Cuba y el mundo.

Tiene conectado el cerebro con la lengua. Es crítica, polémica y atrevida. A ratos vitriólica, la mayor parte de las veces, mansa. Con un sueño recurrente: se ve caminando junto a su hija por el malecón y por calles empedradas de la Habana Vieja.

El gran rencor de la Valdés es precisamente ése, que Fidel Castro le usurpó su Habana. Y la novelista, sensible y altruista, nunca se lo va perdonar. Cuando los años tenebrosos formen parte de nuestro pasado, a lo mejor Zoé se dedica a escribir libros infantiles. Desde su casa en París, nos ha concedido una entrevista.

La Nada Cotidiana (1995) ha sido una de tus novelas más leídas por los cubanos de la isla. ¿Esperas que El Todo Cotidiano, tu última novela, también lo sea?

-Aunque El Todo Cotidiano no es una continuidad de La Nada Cotidiana, sí podríamos hablar de que se trata de una segunda parte, porque los personajes, en su gran mayoría son los mismos; aquí encontraremos también personajes que representan otros exilios. Espero que muchas personas en Cuba lean esta novela, porque mi lector natural, pese a la censura y la prohibición de mis libros en Cuba, es el lector cubano.

-Esta es una novela más reflexionada, coral, pantagruélica y gargantuesca, donde hay mucho humor, pero también está el drama cubano de ambos lados, sin las moralejas, o moralinas, que, siempre impuestas por esos dos bandos, se esperan de un novelista cubano. Mi escritura es absolutamente subversiva y amoral, donde el deseo es el recurso frontal y la libertad, en toda su amplitud, constituye el ambiente donde se mueven los personajes.

¿El éxito de La Nada Cotidiana fue el que te llevó a continuar la saga?

-No, no fue el éxito de La Nada Cotidiana lo que me condujo a retomar la novela para escribir El Todo Cotidiano. Fue el personaje de La Ida, que es la madre de Yocandra, dentro de La Nada Cotidiana. Esto tiene que ver con una parte autobiográfica que me corresponde parcialmente, porque el personaje ya ha devenido una entidad literaria: cuando pude sacar a mi madre de Cuba, después de muchos esfuerzos traumáticos impuestos por la dictadura castrista, viví con ella dos años en París. A ella le gustaba todo de esta ciudad, y vivía como si hubiera olvidado los largos años que había resistido, sacrificados, bajo el castrismo. Sólo se acordaba de su vida antes del 59, y apreciaba enormemente lo que estaba viviendo en aquel momento. Pero mi madre llegó muy enferma, y sólo pudo disfrutar de dos años de libertad.

-Al morir, me dije que debía escribir esa historia, la de esos dos años. Todo comenzó por ella, pero en un momento necesité de Yocandra, o sea, eché mano de la hija que observa la gran transformación de una señora -su madre- mayor, que debe salir al exilio, a batirse con el mundo, y se atreve, y ahí entonces tuve que resucitarla, a ella (Yocandra), y a los demás. Comencé a escribir y llegué a un punto en el que me dije que esto era El Todo Cotidiano, ya que contaba el día a día de estos cubanos en París, mezclados con otros exiliados, provenientes de otros lugares que poco tenían que ver con la isla. Y que se trataba de un todo dramático, y también humorístico, porque ellos ya habían cambiado, veían la vida de otra manera, se implicaban, incluso emocionalmente, con otras realidades, pero lo único que no cambiaba era la isla. Así nació, y de este modo el ciclo se cierra.

En la isla, hay quienes te ven como la versión femenina de Guillermo Cabrera Infante, por ese machete a degüello contra los Castro.

-Guillermo Cabrera Infante es uno de mis padres literarios, creo que el más importante. Fue un amigo, y lo sigue siendo, porque a través de Miriam Gómez, su viuda, hemos perpetuado códigos de entendimiento, de amor, y de respeto. Ella es una gran amiga, ha luchado por su obra, y es una gran cubana, universal. Mi obra se inspira en parte en la de Guillermo, o sea, en La Habana suya, pero yo cuento la mía, y también resulta un aprendizaje constante de François Rabelais. Amo profundamente a Manuel Mujica Láinez, a Lydia Cabrera. Estos son también padres literarios. Luego tengo ejemplos literarios, que incluso pueden tener mi edad, o sólo llevarme algunos años. Como es el caso de Reinaldo Arenas, que es dos generaciones, si la contamos de cinco años, encima de la mía.

-Pero Guillermo es el autor admirado y el amigo, también muy querido; para mí resulta un grandísimo honor que me comparen con él. Creo que ambos asumíamos el compromiso social y político del escritor, pero en verdad, entre nosotros, hablábamos poco de ello, sólo recordábamos (él sobre todo) a Aquella Cuba maravillosa que él vivió, y de literatura y cine. En Francia es natural que un escritor se implique políticamente con sus opiniones, aun cuando no milite en ningún partido político. Eso lo aprendí esencialmente en Francia, donde conocí lo que era vivir en libertad. Algo que para los cubanos es extremadamente difícil.

-También te diré que ser el machete -como tú le has llamado- anticastrista, no resulta nada fácil, no da recursos especiales, y por otra parte cierra muchas puertas, todavía hoy, cuando ya la gente dejó de creer o de ver a Cuba como un ejemplo social. No me veo así, como un machete, yo sólo respondo cuando me preguntan de política. Suelo ser una persona calmada, pero eso sí, digo lo que pienso, y como mismo defiendo los derechos humanos en el mundo, defiendo los de mi país, cómo no los voy a defender, en la tierra que me vio nacer. Y lo hice mucho antes, desde mi mundo, el de la literatura y el cine, dentro de Cuba, en los años 80 y hasta mediados de los 90.

¿Cómo ves la situación de Cuba en estos momentos?

¿Y a los cubanos, entre ellos a opositores, periodistas independientes y blogueros?

-Soy de un pesimismo esperanzador en relación a Cuba, en estos momentos. Porque pienso que sólo con la desaparición física de ambos hermanos, el I y el II, y con el caos que dejarán, podremos resolver la situación cubana. Nunca esperé nada de Raúl Castro, porque conozco bien cómo funcionan los países comunistas, totalitarios. Y sigo sin esperar nada.

-Sin embargo, creo que él tiene en sus manos la posibilidad de apartar al hermano (como sea), y entregar el país a los cubanoamericanos que han estudiado y que han vivido en el capitalismo, y que han hecho fortunas, con las que pueda arreglarse esa isla, a final de cuentas son cubanos; y no entregárselo, por el contrario, a los chinos, o a los rusos, por sólo poner dos ejemplos.

-El destierro de los presos políticos, y dejar a prisioneros como Biscet y otros que se han negado a aceptar el destierro, en las cárceles, habla de las intenciones reales de Raúl Castro, que es fundamentalmente seguir en la misma línea dura. No se puede esperar nada más de la persona que ejecutó a inocentes desde el primer día de la Revolución o de la Revuelta Castrista. Lo anormal es cómo el mundo ya se ha acostumbrado a ver como normal la sucesión a la dinástico-castrocomunista, y punto. Sólo espero a que viendo cómo van las cosas, que no puedan ir a peor, entonces el cambio se produzca, por ley natural. Se sabe que ellos están preparando a sus hijos para la herencia castrista, pero no estoy tan segura de que el pueblo lo soportará.

-En cuanto a los opositores, periodistas independientes y blogueros, creo que todos son necesarios, con sus puntos de vista diferentes. Sin embargo, personalmente desestimo a aquéllos que quieran seguir mamando, ahora de manera “contestataria”, de la teta del castrismo. Deploro profundamente que el anticastrismo se convierta en un modus vivendi. Dicho esto, reconozco a los que han hecho grande a nuestro país en los últimos tiempos: la mayoría son negros, piden bien alto libertad, y democracia, sin los Castro, y cada día son perseguidos, golpeados, torturados, encarcelados, y asesinados, como fue el caso con Orlando Zapata Tamayo.

La mayoría de los exiliados cubanos suelen mantener viva la esperanza de poder volver a su patria antes de morir. ¿Es uno de tus deseos?

-Me gustaría volver, por supuesto, pero no a un país destruído. Yo tengo mi tumba en Père Lachaise, junto a la de mi madre. Me gusta ese lugar para el reposo eterno. Da el sol en verano, y en invierno se cubre de nieve. A mí me fascina la nieve. Yo viajo mucho, tengo otros compromisos con otras personas que también amo y respeto profundamente. Gracias a mis derechos de autor he podido ayudar en algunos lugares, como es el caso de Haití, y de Paquistán, he podido aportar a que se construyan refugios y escuelas para adolescentes salidas de la prostitución. De esto hablo poco, porque quiero ser solidaria en silencio, y cuando puedo, y no hacer de esto una especie de alharaca pública. Yo amo profundamente a Cuba, es mi país, y volveré sin duda alguna. Por el momento, y ahora, sólo aspiro a seguir escribiendo, a aprender de otros lugares, y a integrarme todavía más en este país que me dio la posibilidad de ser verdaderamente libre.

Finalmente, me gustaría saber cómo es el día a día de Zoé Valdés y su familia en la Ciudad Luz.

-Trabajo todo el día, y la noche, no dejo de trabajar nunca, en miles de cosas a la vez: mis libros, el cine, la productora de cine de Ricardo Vega, mi esposo, y mía, así como la galería de arte, también de ambos. Me levanto y de ahí a mis cuadernos y a la computadora, luego me dedico a otros temas que nada tienen que ver con mis libros, regreso a la escritura y la lectura muy tarde, en la madrugada. Ricardo también se dirige a su trabajo, y nuestra hija, a la escuela.

-Adoro París, es una ciudad que aporta cada día algo nuevo, culturalmente, y desde todos los puntos de vista. No podría vivir en el futuro sin esta ciudad. Aunque lo mismo decía de La Habana. Lo que sucede es que La Habana vive dentro de mí, dentro de mis sueños, y de mis pesadillas.Te darás cuenta cuando leas El Todo Cotidiano, y creo que te divertirá mucho.

Iván García

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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