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Vivir del juego de apuestas en Cuba
Vivir del juego de apuestas en Cuba

Vivir del juego de apuestas en Cuba

Aunque las gradas del viejo estadio del Cerro están desiertas, el cielo encapotado augura lluvias y la pésima calidad del juego de béisbol entre Industriales y Sancti Spiritus invita a una siesta, un mulato rechoncho de brazos tatuados con letras chinas, al que llamaremos Óscar, se sienta por las gradas del ala izquierda a efectuar apuestas.

“Unos años atrás, las apuestas en la pelota tenían más seguidores. Pero el béisbol actual está tan deprimido que la gente prefiere ver un partido de las ligas de fútbol europeas. Aunque siempre se inventa algo”, señala, mientras pacta una apuesta de 10 pesos convertibles con un señor canoso que fuma un cigarrillo mentolado.

Hay varios tipos de apuestas, explica Óscar, “están las apuestas para taparte, que son aquellas que cuando ves que puedes perder, entonces optas por lo que llamamos apuestas rápidas. Un ejemplo, diez pesos a que equis jugador es out o que el lanzamiento es strike. Es más bien una trampa de cazabobos, pues en la pelota se suceden más outs que hits o hombres embasados y los pitchers deben tirar más strikes que bolas”.

Las apuestas o juegos donde corre dinero es una pasión de vieja data en Cuba. En la época republicana, el cubano de a pie jugaba la lotería y la bolita o charada. Y apostaba en peleas de gallos, juegos de béisbol o una partida de billar o dominó.

Un sector de la clase adinerada asistía a los casinos de los grandes hoteles habaneros para jugar a la ruleta, dados o cartas o al Hipódromo, para apostar por los mejores caballos. Después que Fidel Castro bajara de la Sierra Maestra y tomara el poder, los juegos de apuestas fueron prohibidos.

Milicianos, oportunistas de ocasión e intransigentes partidarios de los barbudos, con bates de béisbol y hachas de carniceros desbarataron mesas de billar, máquinas tragaperras y las ruletas de los casinos.

La delirante intención de los hermanos Castro y del argentino Che Guevara, de erigir un hombre de laboratorio que trabajara horas voluntarias sin remuneración, obediente al régimen y odiara al imperialismo yanqui, pasaba, entre otras cosas, por prohibir el juego.

Las leyes cubanas condenan con sanciones que van desde tres meses a cinco años a los quze propicien o gestionen casinos ilegales, bancos de lotería o realicen apuestas.

Pero la prolongada crisis económica que se extiende por veintisiete años, ha pospuesto los enajenantes experimentos sociales y sus castigos correspondientes.

“Ya la policía no se mete con los apostadores ni con los fanáticos a jugar por dinero. Tiene que ser que hagan un operativo en busca de algún delincuente, quienes suelen asistir a las casas clandestinas de juego. Pero cuando te cogen, te ponen una multa de 60 pesos (alrededor de tres dólares), te decomisan el dinero y te sueltan sin abrirte un expediente”, señala Mauricio, dueño de un ‘burle’, nombre de una casa ilegal de juegos en el argot popular.

Los ‘burles’ brotan como flores en Cuba. Los hay de varias clases. Auténticos antros instalados en cuarterías mugrientas donde marginales, rateros y pícaros se juegan un puñado de pesos a las cartas o tirando dados. Pero también existen residencias confortables donde van personas que hacen dinero robando en centros turísticos o prostituyéndose con extranjeros.

“En mi burle, para sentarse a jugar, encima de la mesa tienes que poner 5 mil pesos o 200 cuc. También se aceptan dólares, euros, francos suizos o libras esterlinas”, indica David, propietario de un casino clandestino en la parte antigua de La Habana.

Según Mauricio, los juegos preferidos son el “tres con tres, una variante criolla del póquer, la longana, que se juega con fichas de dominó, el bacarat y el silot, que nació en las regiones orientales y se juega con dados. Y aclara que tanto el silot como las diversas variantes de juegos con cartas, “surgieron en las prisiones, donde los reclusos en vez de apostar con dinero, apuestan con azúcar prieta, leche en polvo o revistas pornográficas”.

En algunos ‘burles’ también celebran peleas de gallos, una de las tradiciones más viejas en la Cuba profunda. Después de 1959, las vallas de gallos fueron prohibidas, pero ya son toleradas en toda la Isla y mueven mucho dinero.

El furor por el fútbol ha generado diversas peñas que realizan discretas apuestas. A falta de una quiniela, Román apunta en una libreta escolar las apuestas para los partidos de fines de semana en las ligas europeas.

“Hay quien se juega 5 cuc. Pero hay apuestas de 500 cuc y más. Depende la importancia del partido. En los Madrid-Barcelona corre cantidad de billetes. La gente juega hasta quién anotará los goles”, subraya Román.

Las nuevas tecnologías han incentivado otras formas de apuestas. “Existen grupos, sobre todo de jóvenes, que juegan en redes clandestinas videojuegos y se hacen apuestas con elevadas sumas. También da ganancias tener cinco o seis computadoras con videojuegos y alquilar a un peso convertible la hora”, explica Ángel, que ha montado un negocio ilegal de videojuegos.

Los dueños de ‘burles’ ganan el diez por ciento de las apuestas en cada jugada. Filmes de carreras de autos como Rápido y Furioso trasladaron a las destruidas autopistas cubanas las competencias de autos y motos por dinero.

En Cuba no hay Ferraris, Toyotas o Lamborghinis. Se corre, por lo general, con viejos autos estadounidenses fabricados en los talleres de Detroit hace setenta años y coches de la era soviética reformados. En las zonas rurales suelen organizar carreras de ‘arañas’ o carretas de caballos.

“En las carreras de autos, las apuestas pueden llegar a tres o cuatro mil pesos convertibles. Siempre se escogen los mejores tramos de la autopista. Y se le paga veinte pesos convertibles a cada patrullero de la policía para que vele por la seguridad de la zona”, dice un organizador de estas carreras.

Otras variantes de juegos prohibidos son las peleas de perros y cárteles de boxeo clandestino. Pero el juego estrella de apuestas en Cuba es la bolita, una variante local de la lotería.

La juegan cientos de miles de personas. Desde tipos de billeteras abultadas hasta pensionados que ganan una miseria. Por cada peso apostado el banco paga entre 80 y 90 pesos al número fijo. Veinticinco pesos al corrido y 900 o mil pesos al parlé o combinación de dos números. Se juega del uno al cien y cada número tiene uno o más significados. Los resultados se reproducen de la lotería de Miami y hay dos tandas de apuestas.

Que levante la mano el cubano que no haya probado suerte en la bolita.

Iván García
Hispanost, 8 de septiembre de 2016.

Foto: Apostando por un gallo de pelea. Tomada de Cubanet.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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