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Versión light del perído especial en Cuba
Versión light del perído especial en Cuba

Versión light del perído especial en Cuba

Si en la Isla existiera una bolsa de negocios o la moneda nacional fuese convertible, tras anunciarse el viernes 8 de julio una recesión económica en el primer semestre del año y reducciones en el consumo de combustible, la caída hubiera sido dramática.

Fue un viernes negro. Pero en Cuba no hay un remedo de Wall Street y la moneda es puro papel cambiario local. Los negocios e inversiones directas que aportan progreso al PIB son escasos y los empresarios importantes o las multinacionales reconocidas otean el panorama como aves de rapiña, pero aúnn no se atreven a lanzarse sobre la presa.

Cuba es una auténtica operación de marketing. Sobran cintillos de prensa optimistas y el impacto real de una mejora económica es imperceptible en la ciudadanía. No pocos cubanos se sienten estafados.

Pregúntenle a Darío, un señor que cuida autos y motos en un parqueo colindante a un mercado al oeste de La Habana, su opinión sobre la etapa de austeridad que se avecina, y notará enfado en su brusca respuesta.

“De pinga mi hermano. ¿Está gente (el régimen) no se ha dado cuenta que están jugando con candela? ¿Hasta cuándo las personas van a aguantar el cuento ése de socialismo prospero y sostenible? No creo que ningún ciudadano en el mundo soporte lo que soportamos los cubanos. No sé qué hemos hecho para merecernos este gobierno de sinvergüenzas y mentirosos”, subraya e guarecerse del inclemente sol en el portal de una bodega.

Ya las primeras medidas de recortes, en medio del calor y el desabastecimiento, han causado disgustos generalizados.

“Llevo casi una hora esperando el P-5. Me dijo un inspector de ómnibus que la frecuencia, que era cada quince o veinte minutos en horario pico, ahora es de cuarenta minutos o más. Con este nuevo período especial ya no se puede salir a la calle”, dice una señora con su nieta después de asistir a una obra teatral.

Tiendas, mercados y oficinas de empresas apagan sus aparatos de aire acondicionado desde las ocho de la mañana hasta la una de la tarde. “Pero en mi empresa lo prenden después de las tres de la tarde”, dice una ingeniera de ETECSA, monopolio de telecomunicaciones.

“A las tiendas no se puede entrar. El calor es insoportable, parece que estás en un microwave. A eso añádale la cara de perro de los dependientes. Lo mejor que puede pasarnos es hundirnos en el mar y que todos los que puedan que se larguen de esta mierda de país”, apunta Gustavo, jubilado que lleva dos horas recorriendo las tiendas en la parte antigua de la ciudad para comprar media docena de maltas y dos bolsas de yogurt batido.

Los recortes de combustible y de algunos servicios perjudican al pueblo. Aunque por el momento, ha dicho el gobierno, no se pretende aplicar cortes de electricidad.

“Quien tiene que dispararse tremendo tiempo en las paradas o ir a bancos y tiendas sin aire acondicionado es el pueblo. En los hoteles y centros turísticos no hay recortes de electricidad, no se apaga la climatización ni escasea la comida. Si por casualidad regresan los apagones yo creo que la gente revienta. No es posible aguantar más”, conjetura Manuel, obrero de la construcción.

El nuevo ojal que se le debe abrir al cinto afecta salarialmente a un sector laboral y puede disparar el precio de varios servicios y artículos.

“Yo pasé a trabajar en la fumigación de viviendas por el reajuste en las salidas de las guaguas. En un mes ganaba mil pesos más cien o doscientos que me robaba diariamente del dinero recaudado. Fumigando me pagan solo seiscientos pesos. Mejor me quedo en casa a ver qué invento”, indica un chofer de ómnibus urbanos.

Ya varias rutas de taxi colectivos han subido sus tarifas o acortan los viajes. “Es imposible tomar un taxi del Vedado a La Palma. Ahora los taxistas parten el viaje en tres y debes gastar 30 pesos para llegar a La Palma. Si vas a las playas del este, el viaje no baja de tres o cuatro chavitos (75 a 100 pesos)”, acota Diana, peluquera.

Rigoberto, taxista privado, señala que “el domingo y el lunes recorrí varias gasolineras y no tenían combustible. Ya algunos están vendiendo en mercado negro el petróleo a doce pesos y la gasolina veinte. Si se disparan los precios, subo la tarifa a veinte pesos el viaje”.

Orlando, jefe de almacén de un agromercado, espera que los recortes de combustible no afecten a la agricultura. “Si antes Acopio no transportaba a tiempo las cosechas y unas cuantas se perdían, por la escasez de combustible las cosas pudieran complicarse. Y si comienza a faltar la comida, ‘la caña se pone a tres trozos’ (la situación) y se puede esperar brotes de violencia popular. En Centro Habana ya se han dado dos casos”.

En un país con una crisis económica estacionaria que se extiende por veintisiete años, parece demasiado pedirle a los ciudadanos nuevos sacrificios y más austeridad en sus duras vidas cotidianas.

En una sociedad ultrasensible, a pesar de la apatía política, la nefasta combinación de precariedad y la imposibilidad de emigrar, es como añadirle fósforo a la gasolina. Recuerden agosto de 1994.

Iván García

Foto de Ernesto Pérez Chang tomada de Cubanet.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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