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Saludo de Obama a Castro pasa inadvertido en la isla

La mayoría de las noticias en Cuba casi siempre llegan vía Miami. Vea usted, debido a la poca conectividad a internet, donde una hora cuesta 4.50 pesos convertibles, el salario semanal de un obrero, la gente que se precia de estar informada se entera por emisoras extranjeras de onda corta o por un vecino que paga 10 cuc por una conexión ilegal de cable sobre las ultimas noticias.

Por la prensa oficial no espere conocer nunca lo que sucede en Cuba. En las seis hojas de papel de bagazo del anodino periódico nacional solo se publican noticias optimistas y planes económicos que se sobrecumplen.

En la calle clasifican a los diarios de ciencia ficción. Dicen que solo sirven para actualizarse sobre la marcha de la temporada beisbolera, leer la programación de la televisión y como sustituto del papel sanitario.

El proceso editorial es lento. A la misma hora que Barack Obama y el General Raúl Castro estrechaban sus manos en el estadio Soccer City de Johannesburgo, Radio Rebelde, en su noticiero matutino, seguía con su letanía acerca de la zafra azucarera o informaba de la buena marcha de las cooperativas de servicio.

Moraima, 29  años, ama de casa, supo del suceso gracias a una conexión ilegal por cable. “Todos los días veo noticieros del Canal 23 y algunos programas de Oscar Haza. Por eso me entero de muchas noticias que en Cuba no se difunden, ya sea un crimen, un opositor detenido, lo del barco norcoreano en Panamá o el  apretón de manos de Obama y Raúl”.

Mientras en Miami un sector importante de la comunidad cubana estaba que trinaba, en La Habana fue una noticia más. A Gerardo, 74 años, jubilado, le pareció positivo el intercambio de saludos, pero su misión principal esa mañana era comprar una pierna de cerdo.

“La carne de cerdo se vende en los mercados agropecuarios a 24 o 25 pesos la libra. Pero yo andaba la caza de que abastecieran las carnicerías estatales, donde venden el puerco a 21 pesos la libra. Tuve que hacer una cola de hora y media, pero ya tengo mi pierna para Nochebuena. Ese saludo podría ser beneficioso en el futuro, no sé, pero aquí la buena noticia es saber que uno tiene asegurada comida para varios días. La política es muy sucia. Las reformas del gobierno no benefician a los jubilados. No tengo parientes en la ‘yuma’ y no recibo dólares. Me da igual que se den la mano o que se canten las cuarentas”.

Y es que los cubanos de a pie están cansados. De montones de cosas. Del mal gobierno. Del añejo embargo, que sirve como pretexto al régimen para justificar las carencias materiales. Y sobre todo, de  que su voz no cuente a la hora de hacer política.

Zoila, 38 años, maestra, se siente un pelele en manos del Estado. “Lo que pensamos y el futuro que deseamos, el gobierno no lo toma en cuenta. Cualquier acto, como el saludo de Obama, se convierte en politiquería. Nuestros gobernantes no desean cambiar. Solo están ganando tiempo”.

En el Parque Central, justo en el corazón de La Habana, la gente caminaba de prisa con sus jabas de nailon, para cargar lo que aparezca. Una barra de pan. Un kilo de tomates. O frutas frescas.

En la peña beisbolera, contigua a la estatua de José Martí, decenas de fanáticos discutían de pelota o hacían pronósticos de los próximos partidos de fútbol de la Champion League europea.

En el Payret, unas cincuenta personas aguardaban que abriera el cine y poder ver un filme argentino dentro de la programación del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

Mientras, pordioseros registraban contenedores de basura. Un par de ancianos pedían dinero a un costado del hotel Inglaterra. Y varios obreros que laboran en la reconstrucción del Capitolio, vendían a 25 pesos su merienda.

La calle Obispo era un hervidero de transeúntes que entraban y salían a las tiendas. Discretos vendedores ofertaban tabacos. Otros, chicas. Rubias, mulatas, negras. O chicos.

El servicio de ómnibus sigue en crisis. Las paradas están repletas y las personas ansiosas y crispadas,  por llegar pronto a su destino. A las puertas del invierno habanero, el termómetro sigue marcando 30 grados centígrados.
Cuando la gente vive así, es lógico que el saludo entre dos presidentes pase inadvertido. Aunque se llamen Barack Obama y Raúl Castro.

Iván García
Foto: Tomada de Martí Noticias.

Por su interés, reproducimos Nada que ver con Mandela, El País, 11 de diciembre de 2013.

El funeral por Nelson Mandela se convirtió en una de las mayores congregaciones de líderes mundiales que se recuerda. Desafiando la lluvia, un centenar de mandatarios se acomodaron en el estadio de fútbol de Soweto para rendir homenaje a una persona íntegra.

Un hombre que tuvo entereza para batirse por la libertad, lucidez para hacerse preguntas y rectificar, valentía para ir a contracorriente en sus propias filas, sensibilidad para ponerse en los zapatos del rival, grandeza para perdonar, inteligencia para tender puentes y decencia para retirarse a tiempo.

Por todo ello es interesante preguntarse qué hacían ensalzando a Mandela algunos dirigentes que transgreden todos los ideales que representa el líder sudafricano. Como las tres Gorgonas, Raúl Castro, Teodoro Obiang y Robert Mugabe petrificaban el ambiente y alteraban la magia del momento.

Ya se encargó Obama de recordarlo: “Hay gobernantes que alaban a Mandela pero no toleran la disidencia”. Son gobernantes que persiguen ideas, credos o preferencias sexuales. Pero el protocolo los coló allí, y les brindó una gran oportunidad para intentar limpiar su nombre, no con la lluvia que cayó, sino arrimándolo al de Mandela. Tiranos y aprendices llenaban la tribuna. Basta repasar la lista vergonzante de las organizaciones de derechos humanos para asombrarse: en Soweto estaban todos.

¿Todos? ¡No! Unos cuantos irreductibles se quedaron en casa. Por ejemplo, el presidente de Sudán, Omar al Bashir, más que nada porque está perseguido por la Corte Penal Internacional.

Los dictadores del Cáucaso ignoraron, por suerte, el evento. Faltaron también los presidentes de tres países con credenciales poco modélicas: Rusia, China e Irán. Cada uno por motivos estratégicos.

El que no pudo ocultar las razones de su ausencia fue el primer ministro checo, Jiri Rusnok. A ver con qué cara saludaba a los deudos después de haber comentado, ante un micrófono que creía cerrado, lo poco que le apetecía ir “al quinto pino” a los funerales de Mandela, con lo cargada que tenía además la agenda. Se disculpó, claro. Él, por lo menos, fue sincero.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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