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Salud en Cuba: no todo lo que brilla es oro

Video: Hospital Materno-Infantil Hijas de Galicia, en la barriada habanera de Luyanó.

Deseo ser objetivo. En la sociedad cubana no son muchas las instituciones que funcionan. La economía es un desastre. El burocratismo un mal endémico. Falta un puñado de libertades políticas. Y el juego democrático -del que tanto blasonan nuestros líderes- una broma de mal gusto.

El sistema de sanidad pública es un logro de Fidel Castro. Pongamos en una balanza los logros y deficiencias de la medicina en Cuba. Nada es en blanco y negro.

Antes de 1989, la salud estatal funcionaba tres veces mejor que en 2010. La antigua URSS subsidiaba a la economía del verde caimán con una inyección apreciable de rublos y petróleo. El gobierno edificó un sistema de salud eficiente y con amplia cobertura para todos sus ciudadanos.

Con la llegada de la Gran Depresión cubana, que cumple 21 años y es conocida en la jerga partidista como “Período Especial en Tiempos de Paz”, se deterioró en alto grado la salud pública.

Pero el régimen pone todo su empeño para que funcione. Hay policlínicos en todos los municipios del país. Y varios hospitales en cada una de las 14 provincias. La isla cuenta con más de 70 mil galenos. Abundan los especialistas de nivel. Y en cada barrio existe una cadena de consultorios preventivos.

Las mujeres embarazadas tienen una atención prenatal comparable a la de una nación del primer mundo. Los niños son vacunados contra todo tipo de enfermedades. Y las personas de la tercera edad reciben tratamientos geriátricos.

Izquierdistas de diversos continentes, a la hora de aplaudir efusivamente a Castro, señalan que en Cuba hasta los opositores tienen garantizada una atención médica eficiente.

No veo por qué tendría que ser de otra forma. En ningún país a nadie se le se pregunta su filiación política o su creencia religiosa a la hora de recibir cuidados médicos.

Es cierto que el embargo se lo pone más difícil al gobierno de la isla, a la hora de comprar medicamentos de última generación o equipos sofisticados facturados en Estados Unidos. Pero si tuvieran dinero, lo pudieran comprar en Canadá o en cualquier nación que los fabriquen.

Aunque he visto que en las farmacias exclusivas por divisas, venden antibióticos y antinflamatorios de prestigiosos laboratorios, y hasta Viagra. Cuba es un país atípico. Aquí lo normal es anormal y viceversa. Servicios elementales como la higiene de las calles o el agua potable funcionan de forma funesta.

Reconozco que el gobierno hace todo lo posible para mantener un nivel de salud apropiado. Pero hay numerosas manchas. Pregúntenle a las personas que han estado ingresadas en hospitales cubanos. La gente en esos casos suele cruzar los dedos.

Las salas de ingresos están sucias, y el estado constructivo de la mayoría de los centros hospitalarios es lamentable. Es un drama. Las familias tienen que cargar con ventiladores, cubos, sábanas, toallas… La comida repartida a los enfermos es una bazofia.

La calidad de los galenos ha caído en picada. Los mejores trabajan en clínicas como Cira García o el CIMEQ, destinadas atender a la nomenclatura. O prestan servicio a pacientes extranjeros.

Doctores de calibre andan a la caza de una “misión” en Venezuela o Sudáfrica, para a la vuelta de tres o cuatro años, venir cargados de artículos electrodomésticos y un manojo de dólares que le haga su vida más fácil en el socialismo verde olivo de los hermanos Castro.

La corrupción en flecha dentro de la sociedad cubana también afecta al sector de la salud. Ciertos médicos te atienden a cuerpo de rey cuando por debajo de la mesa les ofreces regalos. También con dinero en mano, tipos inescrupulosos que laboran dentro de los hospitales te venden medicamentos recibidos como donaciones.

Y cosas peores. Como las mencionadas por el corresponsal de la BBC en Cuba en Los recursos de la salud, publicado en su blog.

Cuando la revista Science, de Estados Unidos, el 29 de abril publicó un artículo elogioso sobre la sanidad en la isla llevaba razón. Para ser una nación pobre y del tercer mundo, los servicios médicos cubanos son un lujo.

Los medios oficiales, enfrascados en una campaña contra la prensa extranjera, a la cual acusan de atacar y desprestigiar al país, hicieron una tregua, y Randy Alonso, moderador del programa Mesa Redonda, leyó con emoción contenida el artículo de Science.

Desconozco si los autores, Paul K. Drain y Michele Barry, pudieron visitar libremente hospitales públicos en distintas provincias de la isla.

De cualquier manera, no hay que esperar que una publicación estadounidense dé una certificación para reconocer los aspectos positivos del sistema cubano de salud.

Aunque no todo lo que brilla es oro.

Iván García

Video: Hospital Materno-Infantil Hijas de Galicia, en la barriada habanera de Luyanó.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

One comment

  1. Amigo Ivan: Pienso que has sido bastante suave con el sistema cubano de salud. Es verdad que tuvo su monento de gloria, pero hoy eso es un desastre y una asqurosidad. Como bien dices el paciente tiene que llevarlo todo, y que decir de los turnos para las especialidades, demoran meses.
    Dejame decirte, por si no lo sabes, que en muchos paises de AL, que no hicieron una Revolucion existe la medicina y la Educacion gratis, siendo paises del tercer mundo.
    Ejemplo Argentina( Donde Vivo), Chile, Brasil, Uruguay, Bolivia, Venezuela, Panama, Nicaragua, etc, etc. Tambien existe la Medicina Privada y la Educacion
    Privada, siendo estas, por supuesto ,mejor que la Publica. Pero la publica en estos paises es mejor que la de Cuba, sin tanta propaganda ni tanta Idilogizacion. Al igual que en la Cuba, antes del 1959.
    Atte. Pedro A. Diaz

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