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Relojes sin cuerda y uso del tiempo

Si de verdad las horas cayeran en algún sitio como dicen que caen la expresión popular y los malos prosistas, en Cuba las horas se desploman, cada sesenta minutos, directamente en las celdas de los prisioneros políticos.

Allá adentro, en el espanto de la injusticia, el hambre, las enfermedades y la arbitrariedad, se siente el estruendo de la caída, se recibe el impacto de esos 24 derrumbes diarios.

Entretanto, los jefes, sus milicias de guatacas, los cómplices internos y foráneos, usan metáforas aéreas para poetizar con el paso del tiempo.

A ellos las horas se les van volando como pájaros leves. A ellos se les desvanecen, se les escapan en el vapor de las manos los minutos en los sitios donde se reúnen para tratar de hacerlos eternos o para pasar el rato, que es una fórmula criolla donde caben una cita amorosa, el diseño de una trampa y un partido de dominó.

Pero es muy grande el peso de una hora más sobre la cabeza de Ariel Sigler Amaya, el prisionero político condenado a 20 años en el 2003 y a una silla de rueda desde hace 20 meses. Está ahora en una sala de penados del hospital Julito Díaz de La Habana.

El líder del Movimiento Opción Alternativa, matancero de 46 años, le dijo a su familia esta semana que está cansado de mentiras y no quiere recibir más atención médica porque ninguno de los tratamientos que ha recibido en prisión han aliviado o mejorado su estado de salud. En casi dos años de hospitalización no le han dado un diagnóstico, no ve los resultados y ha pedido que lo regresen a la prisión de Ariza, donde cumple su condena, para morir tranquilamente.

El golpe sistemático del tiempo, para seguir con el uso del lugar común, es un asunto muy grave en las celdas de Ricardo González, Arnaldo Ramos,  Víctor Rolando Arroyo, Adolfo Fernández Saínz, Normando Hernández, Pedro Argüelles y así, hasta completar una nómina de 26 presos en la que incluyo al periodista Guillermo Fariñas, que ha comprometido su vida, mediante una huelga de hambre, para ayudar a salvarlos.

Para estos hombres y para los otros prisioneros del régimen, para sus familiares agrupadas en las Damas de Blanco, cada segundo tiene un valor y cada minuto una intensidad de pesadumbre y riesgo.

No se puede jugar con esas vidas y lanzar fuegos artificiales mediante pactos y promesas para dilatar el tiempo de poder y maniobrar para que las instituciones de derechos humanos del mundo, los intelectuales lucidos y los medios de prensa saquen sus reflectores del escenario cubano donde se trabaja, en medio de un cerco policial y otro de intolerancia, por la libertad de los presos y la democratización del país.

Los prisioneros, las Damas de Blanco y la oposición pacífica no han hecho compromisos verbales con nadie ni han suscrito acuerdos con generales y doctores, ni con obispos y embajadores. Como viven en los sitios donde las horas caen con más fuerza están preparados y alertas. No son ilusos que por desesperación o por miedo le dan vueltas falsas a las manecillas. Y saben muy bien quiénes son los que quieren atrasar los relojes.

Raúl Rivero

El Nuevo Herald

Foto: Squaky Marmot, Flickr. Interior de casa cubana en Trinidad, Sancti Spiritus.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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