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Regreso al porvenir

Son hijos, nietos, bisnietos, tataranietos o choznos de españoles. Se sienten bien aquí y descubren todos los días frases, gestos, costumbres y filosofías que les recuerdan a sus familias rotas y a sus casas vacías, el ámbito querido de donde les sacaron en la primavera de 2003 para llevarlos a las cárceles. Son los presos políticos cubanos llegados este mes. No hay rechazo ni ingratitud para España.

Algunos de ellos o de los familiares que les acompañan, casi dos centenares de personas, tienen rizada la cabellera rubia y saben que, si bien tienen unos tíos en Orense, Fano o Valladolid, pueden tener un primo oscuro en Ampanga y otro pariente con sangre carabalí.

Así que tampoco se les puede identificar como racistas o aristócratas de nariz aguda que desprecien a los seres humanos por el color de su piel.

Lo que ha pasado, el interés en presentarlos como ingratos e inconformes, tiene que ver con una campaña destinada a disminuir el impacto de su presencia en una sociedad democrática. A neutralizar su testimonio de la temporada que vivieron en los calabozos de las 300 prisiones que tienen asiento en la isla de Cuba.

Los prisioneros, excarcelados y deportados por una decisión unilateral y desesperada del régimen, respetan y reconocen la acogida que les ha dado España. Toda España. Tienen un agradecimiento especial por las gestiones de sus instituciones humanitarias y, cómo no, por la decisión de las autoridades de recibirlos, aunque la mayoría de los viajeros no comparte la visión del Gobierno español sobre las intenciones de la dictadura con estas rejas abiertas hacia los aviones y en cámara lenta.

Esa mayoría, que da gracias por las facilidades para el refugio, tampoco coincide con sus anfitriones en que se levante la Posición Común de la Unión Europea frente al grupo de poder de La Habana.

Los presos han tocado en Madrid la libertad real. Eso no se olvida nunca. Algunos, es verdad, quieren irse a vivir a Estados Unidos, por ejemplo. Eso se debe, entre otras cosas, a que un proceso de medio siglo de división y dispersión de la familia cubana provoca que varios prisioneros tengan a sus padres, hijos y hermanos exiliados desde hace años en aquellas tierras.

Con campañas soterradas no van a envenenar las franjas de felicidad de los excarcelados. Ni les van a poner etiquetas falsas. Ellos quieren mostrar su respeto y su apego por el país que los ha recibido como alguien que, de alguna manera, regresa a casa.

Raúl Rivero

Foto: EPA

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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