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Reformar las reformas

Reformar las reformas

“O rectificamos o ya se acabó el tiempo de seguir bordeando el precipicio”, expresó enfáticamente el presidente cubano  en la clausura de la última sesión anual de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el 18 de diciembre. El discurso de Raúl Castro indica que el sector reformista del gobierno, aunque con bastante retraso, logró inclinar la balanza a favor de los cambios.

El estancamiento y el retroceso en la economía cubana se reflejaron en el descontento, el deterioro moral y el éxodo. Sin embargo, la introducción de cambios -necesarios desde hace varias décadas- no tomó cuerpo hasta que Fidel Castro, en julio de 2006, delegó todas sus funciones en su hermano, dando inicio a un contradictorio proceso, donde uno de los momentos relevantes fue el discurso pronunciado por Raúl Castro, el 26 de julio de 2007 en Camagüey, a 600 kilómetros de La Habana.

Ese día, Castro II planteó la necesidad de introducir los cambios estructurales y de conceptos que resulten necesarios. Posteriormente, y tras la renuncia definitiva de Fidel a los cargos de Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, el 24 de febrero de 2008, Raúl Castro asumiría oficialmente esos cargos.

En su discurso del 18 de diciembre, entre otros aspectos, Raúl Castro afirmó que en el año 2011 comenzará de manera gradual y progresiva la introducción de cambios estructurales y de conceptos en el modelo económico cubano dirigidos a impedir los repetidos incumplimientos y sobregiros, pues el plan y el presupuesto son sagrados, así como desterrar definitivamente la mentira y el engaño de la conducta de los cuadros.

Planteó que, sin excluir opiniones divergentes, hay que lograr la conformación de un consenso nacional acerca de la urgencia de introducir cambios estratégicos en el funcionamiento de la economía, con el propósito de hacer sustentable e irreversible el socialismo en Cuba.

Insistió en no temerle a las discrepancias de criterios, un derecho –dijo– del que no se debe privar a nadie y llamó a suprimir el exceso de secretismo a que nos habituamos durante más de 50 años y se refirió a la necesidad de transformar conceptos erróneos e insostenibles acerca del socialismo, enraizados por enfoque paternalista, idealista e igualitarista que instituyó la Revolución.

Lo inédito, en mi opinión, radica en el reconocimiento del fracaso económico, el fin del inmovilismo y la decisión gubernamental –ante la dificultad con los subsidios exteriores– de forjar una economía propia, en condiciones internas y externas que impiden dar marcha atrás.

Aunque por su carácter limitado, las medidas anunciadas no solucionarán la crisis estructural cubana, pero sí generarán nuevos escenarios y contradicciones que conducirán forzosamente a cambios más profundos.

¿Por qué? Porque la política es un ámbito de lo real posible, no de los deseos, y en ausencia de fuerzas alternativas al poder capaces de impulsar las reformas, éstos emergen inicialmente de las necesidades del propio gobierno, que al detentar el poder en tan prolongado período de tiempo, ha contraído responsabilidades históricas e intereses que están dispuestos a defender.

Ello explica por qué, en vez de emprender los cambios integrales que la sociedad cubana requiere, los limitan a algunos aspectos de la economía y determinan el ritmo, la velocidad y el rumbo.

Según mis predicciones, al romper el inmovilismo, los demás cambios se impondrán gradualmente, pues sin el reconocimiento e implementación de los derechos y libertades ciudadanas será imposible obtener los resultados esperados en la economía, lo que obligará a reformar las reformas sobre la marcha, proceso en el que la velocidad y el rumbo sufrirán significativas alteraciones.

La mejor prueba de ello es que la entrega de tierras ociosas en usufructo, aprobada hace apenas dos años, será modificada para entregar áreas adicionales a los productores por encima de los límites que regula el Decreto-Ley 259. Algo similar a lo ocurrido en Rusia, China y Vietnam, donde los intentos totalitarios terminaron en reformas debido a la imposibilidad de aumentar la producción y la productividad sin la introducción de mecanismos de mercado, autonomía de los productores y derecho de propiedad.

El reto consiste en convertir las actuales reformas gubernamentales en un primer paso hacia la democracia, para lo cual se impone implementar los derechos y libertades fundamentales como garantía de la participación ciudadana en los destinos de la nación. Así es como yo lo percibo.

Dimas Castellanos*

Foto: BBC Radio

* Licenciado en Ciencias Políticas, Ciencias de la Información y Estudios Bíblicos y Teológicos. Fue profesor de Filosofía marxista en el Instituto de Ciencias Agropecuarias de La Habana. Desde 2001 se dedica al periodismo independiente y a la investigación histórica. Ha impartido conferencias sobre la sociedad civil cubana en Berlín y Tenerife.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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