Home / La Carpeta de Iván / Pegar tarros: pasatiempo nacional en Cuba
san-valentin_24

Pegar tarros: pasatiempo nacional en Cuba

La economía se hunde y el futuro sigue siendo indescifrable. Pero el sexo se ha convertido en un pasatiempo nacional. Al igual que tirarse al mar en una balsa rumbo a la Florida. O beber ron de quinta categoría en una esquina del barrio.

A no dudarlo, el sexo ha sido la válvula de escape de toda una generación de cubanos que crecieron becados en escuelas en el campo, dándole la espalda a un puñado de valores y costumbres vigentes en la sociedad cubana hasta 1959.

Si algo ha sido fácil a partir del 59 es hacer el amor. Y pegar tarros o cuernos (ser infiel a tu pareja). Durante los primeros 30 años, la revolución demonizó a los curas y las tradiciones familiares fueron arrasadas como un tifón por el barbudo, obsesionado con diseñar en el trópico al hombre nuevo.

Al plan de Fidel Castro se sumó el Che. Crear un tipo casi de laboratorio, que fuera puntual en su trabajo e hiciera horas extras sin pensar en salarios. El mayor orgullo, en cualquier caso, era un certificado de cartulina para colgar en la sala de su hogar.

El sueño del argentino de Rosario y el comandante de Birán era que ese hombre dejara a un lado los placeres terrenales y se atiborrara de lecturas del realismo ruso, al estilo de los Hombres de Pánfilov, o no vacilara en portar un AK-47 en una selva del tercer mundo, y matara a cuanto yanqui se pusiera delante.

No pudo ser. El ‘hombre nuevo’ quedó a medias. En este siglo 21, el cubano es un cleptómano redomado que se roba todo lo que se ponga al alcance de su vista. Un jabón del baño de un hotel. Una bombilla de un edificio público o dos latas de salsa de tomate de la pizzería donde trabaja.

También practica el sexo a las dos manos. Tiene a su esposa en casa cuidando a los hijos. Y cuando consigue unos dólares se va en busca de putas. Aunque ya en La Habana las prostitutas, agobiadas por la crisis económica, incursionan con éxito en el mercado por pesos cubanos.

Para dejar atrás los problemas domésticos, los hombres alquilan películas porno. Y se pasan horas ‘echándole maíz’ (cortejando) a cuanta hembra de culo empinado haya en el barrio.

Entre los machos criollos, tres son los temas casi obligados de conversación. Lo mala que está la situación. El béisbol. Y las  mujeres. Los tipos rectos y fieles en su matrimonio son vistos con sorna por sus amigos. Es considerado un hombre que no sabe disfrutar de las cosas buenas de la vida.

No hay estadísticas concretas de las infidelidades en las parejas cubanas. Una encuesta verbal entre 27 varones arrojó que 25 han pegado tarros o cuernos al menos una vez durante su noviazgo o matrimonio.

Cáigase para atrás. Las féminas no se quedan a la zaga. Entre 18 mujeres, serias y respetables amas de casa, 15 alegaron haber mantenido relaciones sexuales a discreción con un mozo de limpieza de su centro laboral o con alguno de los tantos jóvenes musculosos que pululan por los barrios habaneros.

“No es que no me guste mi esposo, es una manera de relajar y probar algo diferente”, dice con desenfado Alicia, una señora madura que acaba de beberse seis latas de cerveza Bucanero.

Pegar tarros es una costumbre que va en ascenso. Se practica a todos los niveles de la sociedad cubana. Disidentes y dirigentes del partido comunista suelen tener queridas bien atendidas, en dependencia de su entrada de dinero. Hay opositores con tres mujeres y generales con amantes en cada provincia.

Es de suponer que sus esposas también sean infieles. Es una moda contagiosa. A José, jubilado de 66 años, lo único que le gusta de las sociedades africanas y musulmanas es que los hombres pueden tener hasta una docena de hembras por cabeza.

En La Habana existen matrimonios que ciertos fines de semanas, se van de aventura sexual como un antídoto antistress. Participan en cuadros lésbicos con su mujer. O disfrutan mirando  cómo otro hombre se la tiempla (folla).

Somos un país pobre, pero ciertas costumbres francesas vienen calando con fuerza entre jóvenes parejas, liberales y desprejuiciadas. La Habana está lejos de ser París en asuntos de libertad sexual, pero va en camino.

Iván García

About admin

Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*


*

Get Adobe Flash player