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Parque Córdoba: internet, historia y negocio
Parque Córdoba: internet, historia y negocio

Parque Córdoba: internet, historia y negocio

Apenas el sol calienta en este tenue otoño tropical, el Parque Córdoba, ubicado en las calles San Miguel, Revolución, Lagueruela y Gelabert, en la barriada habanera de La Víbora, se asemeja a una zona picnic y de ocio.

Los jóvenes se sientan en el césped y algunas familias extienden grandes toallas como si estuviesen en una piscina o a la orilla de la playa. Otros traen sillas plegables o sillones para que los ancianos, a través de la aplicación IMO, conversen cómodamente con sus parientes al otro lado del Estrecho de la Florida.

También llegan los buscavidas, los que sobreviven de lo que se cae del camión, con un olfato especial para detectar cuándo en determinados ambientes se puede hacer dinero. Es el caso de Ricardo, quien a un costado de la glorieta principal del parque, arma un inflable de color rojo y azul y cobra cinco pesos por niño.

“Es solo para menores de diez años o cuyo peso sea inferior a sesenta libras”, le aclara a una chica pasada de peso y de tragos que desea saltar en el inflable con dos amigas. Pero ellas insisten y Ricardo les dice que ese inflable “no está hecho para jóvenes ni adultos. Y tengo que cuidarlo, pues es mi sostén, el que le da de comer a mis hijos. Tendrán que entretenerse con otra cosa”.

En el Parque Córdoba, con más de 400 metros de diámetro, radica una de las dos zonas wifi de conexión inalámbrica existentes en el municipio 10 de Octubre, las cuales se suman a las 34 zonas abiertas en La Habana y a las 200 funcionando en toda la Isla. Desde su inauguración como zona wifi, el 30 de marzo de 2016, el lugar se ha convertido en un locutorio a cielo abierto donde nos enteramos de la vida y milagro de una persona.

Pero los que allí a diario concurren, a conectarse a internet, desconocen que el parque estaba situado frente al domicilio de Emilia de Córdoba y Rubio, nacida el 28 de noviembre de 1853 en San Nicolás de Bari, la primera mujer mambisa y con un extraordinario aval de servicio a Cuba.

Cuando Emilia de Córdoba falleció, el 20 enero de 1920, vecinos y amigos, entre ellos el periodista y patriota Juan Gualberto Gómez (1854-1933), pidieron que se perpetuara su memoria. Además de ponerle su apellido al parque, el 20 mayo de 1928 se desvelaba una estatua de mármol, obra del escultor italiano Ettore Salvatori, considerada el primer monumento que en la capital de la República se dedicaba a la mujer cubana.

Ese trozo de nuestra historia no lo sabe esta joven, que charla en portugués con una amiga brasileña y descaradamente le pide “cien o doscientos dólares, o lo que pueda, pues estamos a las puertas del fin de año y estoy escachada, sin un centavo”. Tampoco debe saber quién fue Emilia de Córdoba, la familia que intenta agolparse a la pantalla de un Smartphone, para ver a sus parientes en Hialeah. A ellos lo que les interesa saber cuánto se gana por hora o se paga de alquiler en Miami. Qué tipo de auto se han comprado y si ya adquirieron el iPhone 7 que le pidieron.

“Mi’jo, esto aquí está en candela. Después de la muerte de quien tú sabes la cosa pinta fea. Mira ver si cuando te acomodes puedes girarnos más dinero y empezar a reunir para que nos saques de esta mierda”, le pide una señora mayor.

Es habitual ver a mujeres y hombres dándoles un beso a sus enamorados o esposas pegando la boca en la pantalla de la tableta o el celular. Una esbelta mulata, que viste un short que enseña más de lo que esconde, con la pantalla del teléfono recorre su cuerpo y sin timidez, sonriendo, a su presunta pareja le dice: “Para que veas una muestra”.

En una esquina del parque, la que colinda con la calle Gelabert, un grupo de muchachos, a todo volumen han montado su particular recital de reguetón, con dos bocinas portátiles que funcionan a través del Bluetooth de sus teléfonos.

La música es un buen pretexto para atraer clientes. “Puro, Connectify a caña (un peso convertible o veinticinco pesos)”. Promocionan la aplicación que abarata el enlace a internet, pero ralentiza la conexión de manera insufrible.

Otros, merodean por el parque, y en voz baja pregonan, “Vaya, tu tarjeta, a tres baros”. Es uno de los negocios más cotidianos en los lugares públicos con wifi. “El bisne es simple. Uno compra las tarjetas de internet en un centro comercial de ETECSA a dos chavitos (cuc) y luego las revendes a tres. Por cada tarjeta vendida gano un cuc. En un día puedo ganar 20 o 30 fulas”, confiesa un jabao con una camiseta azulgrana de Luis Suárez, delantero del Barcelona.

El lunes 12 de diciembre, la buena nueva fue el anuncio de un acuerdo entre la multinacional Google y ETECSA, la ineficiente compañía estatal de telecomunicaciones, para mejorar la conectividad a internet de los cubanos. Según Deborah, ingeniera de la empresa, “esto no significa que la velocidad de transmisión mejorará espectacularmente, pero los usuarios que utilizan Google sí tendrán una notable mejoría, como del cielo a la luna”.

Desde que el 4 de junio de 2013, ETECSA abriera las primeras 118 salas de navegación en todo el país, y a pesar del alto costo (una hora equivale a dos días de salario de un profesional), hoy alrededor de 250 mil personas diariamente acceden a la autopista de la información en distintas provincias, bien desde una sala o una zona wifi.

Bueno, aunque la mayoría no busca precisamente información. “El 80 por ciento de los que se conectan utilizan internet como una herramienta comunicacional o para acceder a redes sociales”, precisa un ingeniero de ETECSA que trabaja en una oficina de tráfico de red.

Desde hace tres años y medio, internet es todo un acontecimiento en Cuba. Lo mismo sirve para pedir dinero, buscar novios o hacer amigos. Y los que quieran informarse podrán hacerlo en aquellos sitios nacionales o internacionales no censurados. A las webs consideradas ‘contrarrevolucionarias’ por el régimen, desde la Mayor de las Antillas no se puede acceder. Son los casos de Diario de Cuba, Cubanet, Cubaencuentro y Martí Noticias, entre otras.

Conectarse a internet en la Isla se ha convertido en una moda. Es sinónimo de modernidad. O de una salida de fin semana con la mujer y los hijos a un parque con conexión wifi, para hablar con familiares y amigos en Miami o Madrid.
Es lo más parecido a lo ocurría tres décadas atrás, cuando la gente en su tiempo libre lo dedicaba a hacer largas colas en Coppelia para tomarse un helado, caminar por La Rampa o sentarse a conversar o coger fresco en el muro del Malecón.

Iván García

Foto: El Parque Córdoba, antes de ser una zona wifi. Al fondo, la estatua de Emilia de Córdoba, realizada por el escultor italiano Ettore Salvatori.
Tomada de la web de Radio Rebelde.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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