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Parlamento cubano, una puesta en escena

Parlamento cubano, una puesta en escena

El jueves 2 de diciembre de 1976, llovía a intervalos en La Habana. El instituto de metereología había alertado que una corriente de aire frío y húmedo proveniente del norte, , provocaría que las temperaturas descendieran a 20 grados centígrados en el occidente de la isla.

En esa fecha no existía internet tal como la conocemos, tampoco las redes sociales y la telefonía móvil sonaba a ciencia ficción. En la radio local se escuchaba la canción Tus ojos del dúo español Juan y Junior y algunos clásicos de Paul Anka.

Los Beatles y los Rolling Stones seguían censurados y las orquestas locales de moda eran Los Van Van, La Monumental y Los Latinos. La actriz Claudia Cardinales visitaba La Habana para inaugurar una semana de cine italiano. En las salas de estreno se anunciaba un filme francés de Luis de Funès y la película cubana La última cena, de Tomás Gutiérrez Alea, más conocido por Titón.

En las calles de Cuba rodaban taxis de las marcas Chevy, Ford y Dodge comprados a una subsidiaria estadounidense en Argentina. Cuarenta y seis años después, el régimen castrista todavía le adeuda cuatro mil ochocientos cinco millones de dólares al gobierno argentino.

Por la libreta de racionamiento se compraban los alimentos, también ropa y calzado de pésima factura. El salario promedio era 104 pesos. Un televisor en blanco y negro, una lavadora, un ventilador, un radio o un reloj despertador de la era soviética se otorgaba por méritos laborales.

Esa noche del jueves 2 de diciembre de 1976, en Miramar, en el antiguo Teatro Blanquita, nombrado Karl Marx por el régimen, Fidel Castro, con su uniforme militar de gala, 17 años después de haber tomado el poder a punta de caribana, dejaba inaugurada la primera legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

En un extenso discurso, como casi siempre, Castro alabó al nuevo poder popular y lo calificó como el más democrático del mundo. En su análisis criticó en duros términos al gobierno de China, lo calificó de traición al socialismo, por intentar reformas de corte económico y apoyar a facciones guerrilleras en Angola contrarias al MPLA de Agostinho Neto, grupo que respaldaban Moscú y La Habana.

Luego, argumentando los bajos precios del azúcar, Fidel Castro anunció recortes en la distribución del café a la población y prometió la creación de una junta central de planificación de la economía y nuevos métodos contables. En 1976, los cubanos sufrían apagones de dos y tres horas diarias a pesar que la extinta URSS enviaba a Cuba más de ocho millones anuales de toneladas de petróleo.

“Pero el sistema eléctrico, al igual que ahora, estaba en crisis debido a la falta de mantenimiento, pérdidas en la distribución de energía que alcanzaban un 40 por ciento y déficit de generación, porque se reexportaba una parte del petróleo que nos regalaban los rusos. Se había diseñado un plan para construir seis o siete termoeléctricas con tecnología Unión Soviética y de la entonces Checoslovaquia. También se aprobó edificar tres centrales nucleares. La primera quedó a medio construir en Juraguá, Cienfuegos”, cuenta Anselmo, ingeniero retirado.

Ese mismo año, el 24 de febrero, se había aprobado con un 97%,, por abrumadora mayoría ciudadana, la nueva Carta Magna, un calco de la Constitución estalinista de 1936.

La creación del poder popular, un mecanismo delineado por Fidel Castro y Blas Roca, líder de los viejos comunistas, era una puesta en escena para aparentar democracia. En las diferentes circunscripciones las personas elegían a los delegados de barrio. Si se postulaba un disidente, como sucedió posteriormente, la Seguridad del Estado presionaba a la comisión de candidatura para que no lo presentara. Incluso, si un opositor al gobierno, hubiera sido elegido en su circunscripción, no hubiera llegado al parlamento nacional, debido a los filtros previamente diseñados que impiden el acceso a la estructura autocrática de ordeno y mando a disidentes.

Las asambleas municipales eligen solo al cincuenta por ciento de los delegados que participarán en la asamblea legislativa nacional. El otro cincuenta por ciento se encarga de elegirlo una comisión creada por las autoridades. Aunque algunos de los 605 delegados fueron elegidos en sus barrios, casi todos son escogidos a dedo. En las seudo elecciones efectuadas en Cuba, no se eligen los candidatos a la asamblea nacional, solo se vota para ratificarlos.

Tania Quintero Antúnez, 79 años, periodista exiliada en Suiza, entre 1974 y 1976 cubrió para la revista Bohemia la implementación, de manera experimental, de los órganos del Poder Popular en Matanzas. «Semanalmente, Susana Lee, del diario Granma, Lázaro Barredo Medina, de Juventud Rebelde y yo, corresponsal viajera de Bohemia, nos reuníamos en la Sala White, en la ciudad cabecera, con Blas Roca, que era el encargado de supervisar la puesta en marcha de los órganos de poder popular en Matanzas, que de las seis provincias que en 1974 había en Cuba, creo fue la escogida porque quedaba a menos de 100 kilómetros al este de La Habana. Como Blas había sido director del periódico Hoy, era fácil hablar con él. Además de hacerle preguntas, le trasladábamos las dudas y dificultades encontradas en las entrevistas que realizábamos a delegados de zonas urbanas y rurales diseminadas por los distintos municipios matanceros», recuerda Tania.

La primera legislatura de 1976-1981, estuvo presidida por Blas Roca, Raúl Roa como vicepresidente y José Arañaburu como secretario. En los 46 años de existencia de la Asamblea Nacional del Poder Popular, todas las decisiones han sido aprobadas por unanimidad. Desde esa fecha hasta la última legislatura que concluyó el jueves 21 de julio, el parlamento nacional es un coro monocorde e inoperante. Su impopularidad es amplia y notable.

Cubanos de a pie como Rodolfo, jubilado, no se siente representado por esa “estructura de gobierno. Es increíble, con la que está cayendo, que ningún delegado, que supuestamente debe conocer las necesidades de la población, no haya levantado la mano para decir la verdad: que ese crecimiento de la economía del 10 por ciento que alardea el gobierno es una fábula y que los ciudadanos no creen ni media palabra de lo que dicen los dirigentes”.

Para Dalia, emprendedora privada, el “poder popular ni tiene poder ni es popular. Es un espacio trazado por el gobierno para hacernos creer que en Cuba hay democracia. Gastan el dinero de nuestros impuestos en reuniones estériles, con los aires acondicionados a tope a pesar del déficit de combustible y almorzando a la carta en el restaurante del Palacio de Convenciones. Y lo peor es que no resuelven nada”.

El Parlamento cubano se reúne dos veces al año. Ratifican los decretos, el presupuesto nacional y confirman al Consejo de Estado, al presidente y vicepresidente, según lo haya dispuesto Raúl Castro, los históricos Ramiro Valdés y José Ramón Machado Ventura así como los generales que administran las divisas que entran al país. Un parlamento que no tiene poder real en Cuba. No representa al pueblo. Es solo un altavoz del régimen.

Iván García

Foto: Aunque desde noviembre de 2016 el Parlamento cubano radica en el Capitolio Nacional, en el céntrico Paseo del Prado de La Habana, que durante los 56 años de la etapa republicana fue la sede donde congresistas y senadores se reunían para discutíir los asuntos medulares de la nación. Pero por no tener suficiente su histórico hemiciclo, los 605 diputados actuales de la Asamblea Nacional del Poder Popular, cuando dos veces al año son convocados los períodos ordinarios de sesiones, como el último (en la foto, el pasado mes de julio), los tienen que realizar en el Palacio de Convenciones, en las afueras de la ciudad. Tomada de la Agencia Cubana de Noticias (ACN).

Sobre admin

Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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