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Operación destierro

Reina Tamayo, madre del preso opositor Orlando Zapata

Recuerdo que cuando mi madre hizo los trámites burocráticos para emigrar a Suiza a finales de noviembre del 2003, me comentó que había visto una extraña sigla HP en la carátula de una carpeta que utilizaban los oficiales de inmigración para identificar su caso.

Por supuesto que el gobierno no le está dando publicidad gratuita a la Hewlett-Packard. En buen cubano HP es hijo de puta. Ya sabemos cómo se las gasta el régimen con su humor macabro para referirse a los disidentes o a los cubanos simples que desean emigrar.

Por muchos años se les llamó “gusanos”. A los más de 120 mil cubanos que emigraron por el puerto del Mariel en 1980, después de “ejemplarizantes” actos de repudio les endosaron el calificativo de “escoria”.

Contra los opositores y periodistas libres tienen una colección de insultos en la gaveta. Desde ‘vendepatrias’, ‘traidores’ o ‘lacayos del imperio’, hasta ‘mercenarios’ y ‘asalariados de Washington’.

Pero a lo que vamos. No me cabe duda, desde el momento que las autoridades le expresaron a la iglesia católica que sirviera de interlocutor en las negociaciones con las damas de blanco y los presos políticos que iban a liberar, ya estaba diseñada la estrategia de hacer una operación limpieza contra la oposición en la isla.
Los Castro tenían una hipótesis contundente y razonable. Por lo general, el ser humano no tiene vocación de mártir. Ni madera de héroe.

Si a esto le sumamos el acoso premeditado de la Seguridad del Estado a la mayoría de los opositores, los actos de linchamiento verbal y golpizas de las turbas contra las marchas de las damas de blanco, y las duras condiciones de las cárceles cubanas, entonces, razonaban los sesudos, muy pocos disidentes encarcelados se iban a resistir a la tentación de marcharse de su patria.

Es lógico que así ocurriera. Con toda premeditación y alevosía, en una especie de tortura mental y psicológica, los 8 o 10 presos políticos que han decidido no marcharse de Cuba los han dejado para el final de la cola.

Imagínense a un hombre que lleva más de 7 años en prisión, atrapado en la disyuntiva de que sucedería si los Castro cambiaran de planes y por cualquier nimiedad decidieran dar marcha atrás a las excarcelaciones.

Aunque los disidentes liberados  han tomado esa decisión por su propia voluntad, en la práctica es una epecie de destierro diplomático que les llega a través del teléfono en la agradable voz del cardenal Jaime Ortega u otra alta figura de la iglesia católica cubana.

Ahora, viendo el éxito de su maniobra se han lanzado a la desesperada y a un cierto número de disidentes, damas de blanco y periodistas independientes les están proponiendo marchar al exilio.

Ya el monseñor Emilio Aranguren, de la provincia de Holguín, a 800 kilómetros de La Habana, contactó con Reina Luisa Tamayo, la madre del opositor Orlando Zapata, fallecido tras 86 días en huelga de hambre en febrero último.

Reina, la única de las damas de blanco que no verá  a su hijo tocar a la puerta del hogar con su jolongo a cuestas, en una decisión sabia -a no dudar ha sido una de las personas más acosada y vilipendiada por los grupos leales al régimen- declaró que sólo se marcharía de su Banes natal cuando el gobierno le entregue los restos mortales de Zapata.

El régimen quiere matar dos pájaros de un tiro. Ante la nueva etapa de difíciles condiciones económicas que se avecina, no estaría mal, que cientos de opositores se marcharan del país.

Ya es bastante tener que lidiar con un gran número  de personas inconformes y sin trabajo. Había que quitarle presión a la olla. La baza de alentar la emigración  marítima a La Florida está descartada. Los generales gringos han dicho que cualquier oleada migratoria sería entendido como una declaración de guerra del gobierno cubano. Los Castro no son ingenuos. Juegan con la cadena, pero no con el mono.
Y han considerado prudente limpiar de disidentes el verde caimán y mandarlos a Estados Unidos o cualquier otro país que desee recibirlos.

La medida tiene más beneficios que pérdidas. Cuando a la vuelta de un año las cárceles estén vacías de presos políticos, durante un tiempo se quitan el san benito de violadores de los derechos humnos. Y los tipos duros de la Seguridad no tendrán que trabajar a destajo para controlar a la oposición interna.

Pretenden disminuir en fuerza y tamaño la disidencia. La propuesta de marcharse de Cuba pudiera ampliarse a otros personajes incómodos al gobierno.

Si logran consolidar una disidencia golondrina sería un triunfo para las autoridades. Es una decisión difícil, porque involucra el futuro de tu familia. En mi caso, a no ser que me obliguen o vea inminente una posible encarcelación, nada se me ha perdido fuera de Cuba. Ésa es mi posición.

Iván García

Foto: Reina Luisa Tamayo con parte de su familia, en casa de Laura Pollán, sede de las Damas de Blanco en La Habana.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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