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Nuevamente en crisis el transporte en La Habana

El servicio de transporte en La Habana está de nuevo en horas bajas. Vive una nueva crisis. Trasladarse dentro del perímetro urbano usando los ómnibus públicos puede tomar dos horas. Con suerte.

Las caras de las personas, sudando a mares e intentando apiñarse como pueden bajo un sol de fuego en el pequeño portal de una casa, es un auténtico poema.

Hace 40 minutos no pasa un P-8, línea de ómnibus articulados  pertenecientes a la empresa Metrobus, encargada de trasladar en su flota de 469 ómnibus articulados a grandes concentraciones de personas.

El P-8 tiene un itinerario que cubre desde el Reparto Eléctrico, en el municipio Arroyo Naranjo, hasta la Villa Panamericana ubicada en el municipio Habana del Este.

En su recorrido de una hora y 20 minutos atraviesa por los municipios de Arroyo Naranjo, Diez de Octubre, Cerro, Centro Habana, Habana Vieja y Habana del Este.

Cuando a fines de 2007 el gobierno cubano abrió la billetera y compro 469 ómnibus articulados en Rusia, China y Bielorrusia, el servicio de ómnibus urbano mejoró notablemente.

La empresa Metrobus, radicada en el reparto Nuevo Vedado, a tiro de piedra del Zoológico de 26, diseñó una hoja de ruta que cubría todas las vías importantes y concurridas de La Habana.

Eran 17 líneas. Y su frecuencia variaba de 5 a 10 minutos en las horas picos. Hasta mediados de 2010, con algunas intermitencias, el sistema funcionaba bien.

Ya para el último trimestre del pasado año el servicio empezó a cancanear. La terminal de Mulgoba, donde radicaban los autobuses articulados de las líneas P-12, P-13 y P-16, con un itinerario entre Santiago de Las Vegas, Centro Habana y Vedado, por falta de piezas de recambio, neumáticos y baterías, de los 70 ómnibus que conformaban su flota, tenía 37 parados.

En una sesión del parlamento celebrada en diciembre de 2010, el zar de la economía cubana, Marino Murillo reconoció el problema y puntualizó que no se contaba con los recursos financieros para grandes compras de piezas de repuesto.

Según Murillo, el culpable de la quiebra del servicio de transporte eran los erráticos cálculos y mala gestión de los burócratas. No prometió nada. Sólo aseveró que en la medida de las posibilidades el Estado derogaría partidas en divisas para echar a rodar los ómnibus parados.

Pero en 2011 el servicio sigue en picada. En este verano, donde miles de personas se trasladan a las playas del Este, parques infantiles o los carnavales habaneros, el mal funcionamiento del transporte público provoca viajar en ómnibus atestados y la gente demora varias horas en llegar a su destino.

En el municipio Diez de Octubre, el más populoso de La Habana con ___ habitantes, a cualquier hora del día sus paradas están colmadas de ciudadanos disgustados, que entre el calor y la demora de los ómnibus provoca una violencia a flor de piel.

Cualquier roce dentro de la ‘guagua’, un pisotón o comentario desatinado, desata furias verbales o la agresión física entre quienes diariamente se ven obligados abordar, como si fueran expertos ninjas, los ómnibus de la empresa Metrobus.

Lo peor es que apenas hay alternativas. En La Habana existe otra empresa estatal, Ómnibus Metropolitanos, con varios cientos de autobuses Yutong, fabricados en China. Se han destinado a cumplir una función auxiliar dentro del esquema de transportación urbana.

Su frecuencia debiera ser entre 25 y 40 minutos. Pero lo habitual es que demoren una hora. O más. Por tanto, la carga importante de pasajeros es responsabilidad de Metrobus.

Cuando personas como la jubilada Sara deben llegar a una hora puntual, suelen salir de casa con tres horas de antelación. Y tener una calma asiática. A veces los ómnibus no paran en la parada. Y ella con sus 60 años y varias libras extras, debe correr casi 100 metros, como si fuese una velocista jamaiquina, para abordar el bus por la puerta trasera.

Sara lo ve por el lado optimista. “Me sirve como ejercicio. Y al montar por las puerta trasera no pago”. El costo del servicio de transporte urbano es de 0.40 centavos.

Pero los bancos y centros de servicios habaneros no suelen tener suficientes monedas fraccionarias. Por tanto, la gente paga con un peso (5 centavos de dólar). Los que pagan. Alejo gasta 60 pesos mensuales (2 dólares y 50 centavos) para trasladarse por la ciudad.

Pudiera parecer poco, pero significa un tercio de su salario como custodio en una escuela. Un viaje dentro de un ómnibus articulado es desesperante. Sus rutas son extensas. Desde la parada inicial hasta la cabecera el viaje suele demorar entre una hora, el más rápido, a una hora y media el que recorre diez  municipios por la periferia de la ciudad.

Si damos créditos a fuentes dentro de la empresa Metrobus, actualmente hay 227 ómnibus parados. Bien por falta de repuestos o averiados después de algún accidente. Para minimizar la crisis, el gobierno de La Habana está adoptando algunas medidas, como la utilización vehículos de centros laborales en horas picos y tramos importantes, en un intento por paliar el deficitario transporte urbano.

Desde que Castro llegó al poder en enero de 1959, el transporte en La Habana ha sido un dolor de cabeza.

Ni en los mejores momentos, cuando existían los países comunistas de Europa del Este y la Unión Soviética otorgaba petróleo y rublos por tuberías, Cuba ha tenido un servicio de transporte decente en su capital.

Se pensó  construir un metro con la ayuda de Corea del Norte. Pero todo quedó en el intento. Trasladarse dentro de la ciudad este verano es una odisea. Entre el calor y el mal servicio.

Sólo aquéllos que tienen dinero, gracias a las remesas, laboran por cuenta propia, obtienen buenas propinas, tienen negocios ilegales o roban en sus puestos de trabajo, pueden darse el lujo de tomar taxis particulares que por 10 o 20 pesos te llevan con prontitud a cualquier sitio de la ciudad.

Cerca de 10 mil autos privados se ha convertido en la mejor flota de taxis de La Habana. La mayoría fueron fabricados en Estados Unidos y tienen más de 60 años de explotación. Sus dueños han tenido que ‘inventar’ para mantenerlos rodando.  Pero funcionan. Y bien. En Cuba hay cosas que nadie puede explicar.

Iván García

Leer también: Hay que ser ninja para abordar un bus

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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