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Normando, periodista a toda hora

El 22 de marzo de 2003 fue un día feliz para Normando Hernández González (Camagüey, 1969) y para su esposa Yarai Reyes. Ese día su hija Daniela cumplió un año. Para esa fecha, ya un centenar de opositores habían sido arrestados en toda la isla.

Pero Normando no podía imaginar que el 24 de marzo un operativo de la Seguridad del Estado, luego de registrar su casa y virarlo todo al revés, se lo llevaría detenido. El 4 de abril fue enjuiciado y condenado a 25 años.

Normando es uno de los presos que serán liberados y en los próximos días viajará a España junto con su familia. Su salud es muy frágil, como la del resto de los cubanos encarcelados por motivos políticos -de 169 reportados, quedarían 115 después de la puesta en libertad de los 52 que quedaban de la llamada primavera negra de 2003.

Durante sus siete años en prisión, Normando no olvidó que cuando lo detuvieron, era director del Colegio de Periodistas Independientes de Camagüey. Y aunque estuviera enfermo o ayunando para protestar por algún maltrato o injusticia, a mano siempre tuvo una libreta y un lápiz. En uno de sus últimos escritos, relató la llegada de Orlando Zapata Tamayo al hospital de la prisión del Combinado del Este, ya moribundo.

De las historias que en todo ese tiempo Normando contó y pudo sacar de la cárcel (casi siempre son los reos comunes y sus familiares quienes les hacen ese favor a los presos políticos), se encuentra una titulada Cochicárcel, escrita en 2004, cuando se encontraba en la cárcel de Boniato, Santiago de Cuba.

¿Qué nombre le daremos? Manicomio, por el alto nivel de desequilibrio mental. Cementerio de hombres vivos, porque te matan lentamente. Basurero, por considerarse inmundicia, desperdicios de la sociedad a los que arrojan aquí. Cochiqueras, por ser tratados como puercos malolientes y alimentarlos con sancocho. Cualquiera de estos nombres pudiera ser. Pero me gusta uno compuesto. ¿Por qué no llamarle a las prisiones cubanas cochicárceles?

Sí, amigo. Cochicárcel es la denominación más adecuada para dar una idea de las mazmorras en la Mayor de las Antillas. Esta palabra compuesta sólo significa que los presos en Cuba se encuentran recluidos en condiciones similares a los cerdos en las cochiqueras. Digo similares, porque estoy seguro de que los marranos viven mejor en las pocilgas que los reclusos en las prisiones.

Los cochipresos del régimen penal de Boniato, en la cochicárcel de Santiago de Cuba, viven hacinados en una celda que sólo les permite 83 centímetros de ancho por 125 centímetros de largo de movimiento libre. Y se alimentan de bollo de vaca, chorote, burundanga y otros nauseabundos manjares.

El chorote es maíz tostado y cocinado con agua. Se les da a los cochirreos en el desayuno, y en algunas ocasiones es sustituido por harina de trigo disuelta en agua con azúcar sin refinar. A este chorote se le añade una pequeña ración de pan.

En los almuerzos y comidas se turna como plato fuerte el bollo (órgano genital) de la vaca, convertido en pasta. Es de color blanco. A veces lo sustituye la apestosa burundanga, que dicen está elaborado con vísceras de res, pero se sospecha que entran en su composición los cascos y los excrementos.

Como plato fuerte también hace su entrada la tenca, un pescado famoso por su mal olor y sabor. Hay que tener en cuenta que todos estos comestibles, además, los traen cada cierto tiempo en franco estado de descomposición.

De guarnición podemos saborear la sopa sin fideos y de sustancia de harina de trigo o un buen potaje sin frijoles. En honor a la cocina italiana nos ofertan coditos hervidos en sal, blancos como el papel. Ocasionalmente nos dan carne molida, de ese “animalito” llamado soya.

También les contaré cómo se violan las reglas mínimas para el trato a los cochireclusos en la cochicárcel de Boniato.

En primer lugar, estamos cumpliendo la sanción a cientos de kilómetros de nuestros hogares. Vivimos en una celda oscura. Nos dan sol una hora de lunes a viernes. La visita es cada tres meses, sólo dos horas con dos de nuestros familiares. Nos prestan a nuestras esposas tres horas cada cinco meses en un pabellón conyugal con poca privacidad.

La correspondencia la recibimos abierta, y nos obligan a entregarla abierta. La asistencia médica es pésima y hay que estar grave para acceder a asistencia especializada. Nos llevan al hospital con las manos esposadas, con grilletes en los pies y escoltados por perros. No tenemos acceso a la prensa ni a la televisión.

Un cochipreso de conciencia es tratado igual que un cochirreo sancionado a pena de muerte por fusilamiento. Nos prohiben la asistencia religiosa, nos amenazan, nos ofenden, nos faltan el respeto. Tratan de humillarnos y desacreditarnos.

Soy un cochipreso de conciencia, sancionado a 25 años de privación de libertad por ejercer el periodismo de forma independiente en Cuba.

Blanca González, la madre de Normando, vive en Miami. La conocí en abril de 2004, en Ginebra, una de las decenas de ciudades que en siete años ha recorrido, pidiendo la libertad de su hijo. Lamento no haber tenido una cámara para haberme retratado a su lado. Es la típica cubana, de Camagüey, tierra de gente que no tira la toalla.

Tania Quintero

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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