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Naufragio en Toronto: la crisis del béisbol cubano

Arturo, ex beisbolista, aún recuerda con nostalgia aquellos partidos de pelota a la brava que jugaban los fines de semana frente a novenas de otros barrios.

Sentado en la grada de cemento de un terreno deportivo abandonado, observa a sus hijos pateando una pelota desinflada y con parches. El sol reverbera mientras dos docenas de jóvenes sudan a chorros y se esfuerzan en colar el balón en una mesa escolar desfondada que sirve de portería.

“La crisis del béisbol pasa por la falta de masividad. Ahora los jóvenes almuerzan y comen futbol. Hace veinte años, a pesar del ‘período especial’ (crisis económica en la década del 90), con hambre y sin implementos deportivos, todos los niños jugábamos pelota. Si a los adolescentes no les gusta el béisbol de dónde van salir los jugadores del futuro”, argumenta el pelotero jubilado.

En la misma cuerda opina Giovanni, entrenador de béisbol de categoría pequeña. “El gobierno ya no sufraga al deporte como antes. Son los padres los que compran guantes, pelotas, bates y pagan la confección de los uniformes. Después de los triunfos de jugadores cubanos en la MLB, muchos ven al béisbol como un negocio. Pero todos los padres no tienen 60 cucpara comprar un guante. La pelota es un deporte caro”, dice y bebe agua helada de un pomo plástico.

En Cuba cualquiera se considera un manager de béisbol. Mucha gente tiene miedo a criticar el caótico desempeño del régimen de los Castro, pero a la hora de analizar las causas que provocan la actual crisis beisbolera, todos se lanzan a la piscina.

Muy cerca del Capitolio Nacional, en el Parque Central de La Habana, justo a un costado de la estatua de José Martí, se reúne una apasionada peña que a gritos discute sobre béisbol.

En la tarde del 20 de julio todavía los fanáticos estaban cariacontecidos con la derrota de la selección nacional frente a Estados Unidos. Aunque Cuba venció en un dramático juego a Puerto Rico por la discusión de la medalla de bronce, en la Isla cualquier cosa que no sea medalla de oro es considerada una derrota.

“Hace años que la afición comenta sobre la crisis en nuestra pelota. Pero el triunfalismo de las instituciones han relegado las críticas. En la capital se han perdido más de cuarenta terrenos de béisbol. Se debe cambiar la estructura de la Serie Nacional con 16 equipos. Diseñar un torneo con 8 novenas y una liga de desarrollo paralela. Los salarios millonarios de la MLB son una tentación para nuestros jugadores. Si la Casa Blanca no deroga la prohibición a los peloteros residentes en Cuba, aquí solo quedarán jugando los mediocres”, apunta Roger.

Ante cada fracaso beisbolero los iracundos fanáticos piden la cabeza a sus directivos. Una de las claves de la derrota en Toronto es el retroceso en el orden técnico. Desde luego, si más de 600 jugadores saltan la cerca huyendo de sus salarios de broma y vidas precarias, la calidad deportiva se resiente. Abandonan el barco, jóvenes prospectos y jugadores consolidados, que no son estrellas de primer orden, pero redondean una novena.

En la pelota -como en cualquier deporte- se puede ganar jugando mal, o perder dejando una buena impresión. De lo que se trata, ante todo, es de jugar según los preceptos esenciales de la disciplina. Y ahí fue donde se falló. El dictamen es simple: nos hemos quedado a la zaga en la preparación y los conceptos del béisbol moderno. Hagamos un poco de historia.

Antes de 1959, nuestra cercanía con Estados Unidos, permitía que los últimos avances de la ciencia y la técnica nos llegaran de manera expedita. Cuba fue una de las primeras naciones en utilizar la radio y televisión, y en la década del 50 inauguró la Serie Mundial de Grandes Ligas con una transmisión en vivo, mediante un avión comercial haciendo de satélite.

Detrás del talento natural de peloteros como Martín Dihigo, Adolfo Luque, Camilo Pascual o Minnie Miñoso, existía una pléyade de preparadores que aprendieron lo más actualizado del béisbol estadounidense, indiscutiblemente el mejor del planeta.

Cuba era fuerte en todos los niveles. Desde amateurs a profesionales. Cada año, en La Habana aterrizaban equipos de las Mayores a prepararse y topar con escuadras cubanas.

En la Isla jugó desde el formidable Babe Ruth al irritable Ty Cobb. Cuando por prejuicios raciales no podían enrolarse jugadores negros en novenas de Grandes Ligas, tipos como el soberbio lanzador Satchel Paige o el temible jonronero Josh Gibson jugaron aquí.

Poco después de su llegada al poder, Fidel Castro rompió relaciones con Estados Unidos. El béisbol profesional fue derogado. Cientos de peloteros que vivían del deporte nacional se vieron obligados a marcharse de su patria. Los que optaron por quedarse fueron fundamentales en la formación de nuevos jugadores.

Gente como Natilla Jiménez, Juan Ealo, Asdrúbal Baró, Luis Zayas o Fermín Guerra, que jugaron en la liga profesional local, comenzaron a adiestrar a los principiantes.

Tenían conocimientos y herramientas. Su metodología, unido al semillero natural de peloteros que es Cuba, fue pieza fundamental en los años 70 y 80, cuando el béisbol cubano gozó de buena salud.

Sucede que muchos de aquellos padres fundadores del “béisbol revolucionario” han fallecido. También el béisbol cambió. Y por falta de información, debido a la censura, los entrenadores continuaron utilizando viejos métodos de preparación.

En la pelota cubana no se aplica la actual estructura de pitcheo, con abridores, estabilizadores, pitchers especializados y cerradores. Muchos bateadores utilizan un swing antiguo. Los lanzadores tienen movimientos desfasados. Y los directores de equipos usan estrategias de mediados del siglo XX. Se juega con mucha pasión, pero faltan los argumentos del béisbol moderno.

Ya se vislumbraba el desastre. Era cuestión de tiempo que saliera a flote. Se aceleró, indudablemente, con la marcha de más de 600 jugadores a diferentes circuitos profesionales.

También la política de difusión del Estado tiene su cuota de culpa. Intentando ocultar los triunfos de jugadores cubanos en la Gran Carpa, se empeñaron en priorizar las trasmisiones televisivas de partidos de ligas europeas de fútbol.
Por el camino que vamos, el béisbol pudiera convertirse en un deporte de coleccionistas. Muchos fanáticos en Cuba esperan que la MLB lo rescate.

Iván García

Foto: El jardinero derecho José Adolis García, nacido hace 21 años en Ciego de ávila, provincia a unos 350 kilómetros al este de La Habana, con un jonrón le dio a Cuba la victoria 7-6 sobre Puerto Rico en el partido por la medalla de bronce de los Juegos Panamericanos de Toronto 2015. Los tres primeros puestos en béisbol fueron los mismos que en los Panamericanos celebrados en 2011 en Guadalajara: Canadá oro, Estados Unidos plata y Cuba bronce. Tomada de El Nuevo Herald.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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