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Mis opiniones sobre Armando Hart (II y final)
Armando Hart en los años 60, cuando usaba espejuelos y era Ministro de Educación

Mis opiniones sobre Armando Hart (II y final)

En Cubanet, el periodista independiente Luis Cino ha publicado Armando Hart era un dinosaurio.

Mi amigo Luis pone el acento en la etapa de Hart como ministro de Cultura, que fue un desastre, pero en mi opinión, con consecuencias menos desastrosas que los seis años (1959-1965) cuando estuvo al frente del Ministerio de Educación.

Es que para escribir del período que Hart fue ministro de Educación debe haberse nacido en la década de 1940 o antes. Y la mayoría de los actuales periodistas cubanos nacieron posteriormente y de lo que saben o recuerdan es de su época en el Ministerio de Cultura (1976-1997).

Armando Hart Dávalos tenía solo 29 años cuando Fidel Castro lo nombró ministro de Educación. La edad no hubiera sido un impedimento si Hart hubiera sido maestro, pero el lampiño joven de pedagogía no sabía ni pitoche.

Cincuenta y ocho años después, pienso que Castro nombró a un inexperto para que resultara más fácil destruir el sistema nacional de enseñanza pública, gratuita y laica que había en Cuba, con un siglo de buenos resultados. Y también, claro, destruyera la enseñanza privada y religiosa, cuya calidad era buena, al margen de los métodos que monjas y curas hubieran tenido para mantener la disciplina en sus alumnados.

Hart y Castro hicieron trizas todo un sistema educativo que funcionaba bien y al que solamente había que actualizarlo, eliminando las clases separadas (en mi escuela, por la mañana asistían los varones y por las tardes las hembras), creando más escuelas rurales e incentivando con mayores salarios para que los maestros de las ciudades, dieran clases en zonas intrincadas del país, entre otros cambios que había que hacer.

La creación en 1960-61 de tres contingentes de maestros voluntarios en las montañas de la Sierra Maestra (formé parte del tercero y último, en 1961) fue algo emergente y no una solución definitiva. Pero no había que eliminar las Escuelas Normales de Maestros, existentes en varias provincias. Ni las Escuelas del Hogar, donde se formaban maestras que impartían clases de corte y costura, artesanía, cocina, música y economía doméstica, entre otras asignaturas que la vida demostraba eran tan valiosas como las de aritmética, lenguaje, historia y geografía.

De los planes de enseñanza aprobados por Hart también quedarían eliminadas asignaturas útiles en la formación de los educandos, como ortografía, caligrafía, dibujo y moral y cívica. Junto con esas asignaturas se irían actividades extraescolares, entre otros los actos cívicos de los viernes, de corte patriótico-cultural, el beso de la patria, los botiquines de la cruz roja y las asociaciones martianas, con sus desfiles anuales los 28 de enero, día del nacimiento de José Martí.

Tampoco había que eliminar la Escuela de Artes y Oficios de La Habana ni los numerosos institutos técnicos existentes en el país, civiles o militares. Dejaron los Conservatorios, pero como para ellos la música no era algo importante, apenas les brindaron atención y recursos. Crearon una red escuelas de arte, calcadas del estilo soviético, pero no eran centros formadores de artistas libres que descollaran por su talento y creatividad individual.

Todo estaba supeditado al colectivismo, como si fueran koljoses o cooperativas agrícolas. A Armando Hart y Fidel Castro los considero culpables directos de la politización e ideologización de la educación cubana, de llenarla de dogmas y consignas, de manipular y desfigurar la historia de Cuba, eliminando todo aquello que no le cuadraba a sus estrechas mentes verde olivo, como la figura de Don Tomás Estrada Palma y la instauración de la República, el 20 de Mayo de 1902. Pusieron de moda términos como ‘seudo república’ y ‘república mediatizada’.

En mi opinión, la base de un país es la educación. Sin educación no hay economía, no hay desarrollo, no hay cultura, no hay nada. Hoy, los países más desarrollados económicamente, también lo son desde el punto de vista educacional, con excepción de Estados Unidos, cuyo sistema de enseñanza considero cuestionable.

Fidel Castro no tomó el poder en un país semisalvaje ni totalmente analfabeto. Había focos de pobreza, en particular en los campos (en La Habana solo había dos barrios insalubres, Las yaguas y Llega y pon, hoy hay decenas), pero en general, Cuba era una república con una Constitución avanzada y un desarrollo superior a otras naciones del continente americano, inclusive del europeo, como por ejemolo era la España de 1958, que en varios aspectos estaba más atrasada que su ex colonia del Caribe.

Cuba tenía un empresariado que ya hoy quisiera tener. Para una población de 6 millones de habitantes, tenía un gran número de pedagogos, médicos, arquitectos, ingenieros, contadores, abogados, escritores, poetas, periodistas, pintores, músicos y una pléyade de intelectuales e investigadores como Fernando Ortiz, Lydia Cabrera, Jorge Mañach y Emilio Roig de Leuchsenring, y hasta políticos ilustrados, como Orestes Ferrara y Juan Marinello.

Si muchos profesionales empezaron a abandonar la isla a partir de 1959, fue por culpa de la legión de guerrilleros que sin ninguna experiencia política, conformaron un Gobierno Revolucionario que no demoró mucho en suprimir el habeas corpus, prohibir las huelgas obreras, cerrar revistas y periódicos, amordazar la libertad de prensa y expresión y no permitir la creación de partidos opositores ni de asociaciones independientes. Todas esas prohibiciones luego de haber organizado juicios-espectáculos como el de enero de 1959 en la Ciudad Deportiva y de haber comenzar a encarcelar y fusilar sin las mínimas garantías procesales.

Fidel Castro fue un elefante en una cristalería. Y por eso en 1976 volvió a echar mano de Armando Hart, entonces con 46 años. Le dio la tarea de crear un ministerio que el propio Hart debía dirigir: el Ministerio de Cultura.

Allí estuvo hasta 1997. Veiuntiún años. Tiempo suficiente para acabar con lo poco que valía la pena mantener o mejorar en el ámbito cultural. Creó proyectos descabellados, irreales, como las siete instituciones culturales básicas.

Hart pretendió que cada municipio del país, fuera grande o pequeño y contara con presupuesto o no, tuviera una casa de cultura, una biblioteca y un museo, entre otros centros culturales. No era una mala idea, solo que irrealizable.

En los años 70, Cuba todavía estaba mamando de la teta soviética, el petróleo llegaba por tuberías al puerto de La Habana y la situación económica era un poco mejor. Pero no todos los municipios tenían condiciones ni suficiente dinero para mantener funcionando siete instituciones culturales básicas. Dos o tres y va que chifla.

Cosas típicas de los dirigentes castristas, que ninguno camina por las calles, habla con la gente de a pie, monta en guagua, hace cola en la panadería o bodega ni depende de la libreta de racionamiento para comer él y su familia.

Tania Quintero

Foto: Armando Hart en los años 60, cuando usaba espejuelos y era Ministro de Educación. La imagen probablemente es de un acto en la Casa de las Américas, que presidía Haydée Santamaría, su entonces esposa quien aparece sentada a la izquierda. Tomada de Nodal.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

One comment

  1. Estupendo articulo. Sin arte, sin cultura, sin educación los pueblos no avanzan como bien señala la autora. La crueldad de los sicópatas castristas hay que seguir denunciándola con textos claros y serios como este.
    Gracias.

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