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Mientras se espera el discurso de Raúl Castro…

El bulevar de la calle San Rafael era un hervidero de transeúntes el miércoles 7 de julio. Bajo un calor insoportable y húmedo, un viejo vendedor de periódicos, con el rostro sin afeitar y ropas zurcidas, anunciaba a toda voz la noticia del momento.

“Entérese de la liberación de los presos políticos”, voceaba el anciano, mientras una fila de quince o dieciséis personas compraban los diarios oficiales Granma y Juventud Rebelde.

“Ese día establecí un récord personal de ventas, vendí 340 periódicos, por lo general no vendo más de 80”, recordaba el expendedor de prensa callejero. Dos semanas después, aún se comenta la noticia de la excarcelación de los disidentes.

A pesar que los medios oficiales sólo divulgaron una escueta nota informativa, la gente de a pie, en esas habituales plazas de diálogo de los cubanos que son las esquinas del barrio, parques, centros laborales y autos de alquiler, siguen haciendo comentarios, cábalas y pronósticos de lo que pudiera suceder después de la liberación de los presos políticos.

Los más informados son aquéllos que pagan 10 pesos convertibles por la ilegal antena del cable. Y como es norma en Cuba, luego activan “radio bemba”, una manera peculiar de transmitir noticias de boca en boca, y que suele funcionan de forma óptima en las sociedades cerradas.

En un anticuado yipi con ocho asientos, reconvertido en taxi particulr, un hombre joven que se identifica como Alberto, confiesa estar conectado a los canales del cable. “Yo sí estoy informado”, y comienza a contar sobre los disidentes liberados. Los viajeros escuchan con atención. Alberto relata cómo transcurrieron las primeras horas en libertad de los 11 opositores políticos que habían arribado a Madrid.

“Los van a repartir por distintas ciudades de España, algunos en Valencia otros en Málaga. Uno de ellos, llamado Normando, no está satisfecho con el trato recibido por las autoridades españolas, cree que los están tratando como inmigrantes africanos. Estos ‘gallegos’ son del carajo, cuando a principios del siglo pasado emigraron a Cuba, aquí los tratamos a cuerpo de rey”, apunta Alberto y se desata una ola de opiniones.

Una señora de mediana edad piensa que los disidentes andan equivocados. “Soy funcionaria estatal y he viajado por el mundo, la vida de los emigrados es difícil en cualquier país. Van a tener que trabajar duro si quieren prosperar, porque España, además, está sumida en una grave crisis económica. Si ellos eran tan patriotas debieron permanecer en su país”.

Algunos replican en voz alta. Se exaltan las pasiones. En la isla, estos disidentes excarcelados eran unos perfectos desconocidos. El cubano simple, ése que desayuna solo café y come caliente una vez al día, suele admirar a las Damas de Blanco y el valor de los opositores. “Ellos dicen en voz alta lo que nosotros no tenemos el coraje de decir”, señala un estudiante.

Pero tanta mala propaganda por parte del régimen ha surtido su efecto en cierto sector de la población, que ve en la disidencia a una partida de camajanes que han convertido en una industria sus discrepancias con el régimen.

En un rápido sondeo entre 29 familiares, amigos y vecinos, de los dos sexos y con edades comprendidas entre 19 y 67 años, y diferentes filiaciones políticas, 26 ven con buenos ojos la salida de la cárcel de los prisioneros políticos.

“Es una señal positiva, pudiera ser el comienzo de una nueva etapa, donde al fin se despenalicen las discrepancias”, argumenta Roberto, ingeniero.

La noticia de las excarcelaciones ha tenido una inesperada competencia, con la aparición de manera reiterada en la vida pública de Fidel Castro. Desde que el 31 de julio del 2006 hiciera mutis y estuviera a punto de morir, Castro I había caído en el olvido.

Pocos leían sus habituales “Reflexiones” en la prensa, donde abordaba temas de política internacional y daba de lado la difícil situación económica, política y social que vive el país.

Los cubanos han seguido sus apariciones con atención. “Sigue hablando tonterías y profetizando desgracias, pero se le ve bien físicamente”, expresa Armando, gastronómico.

Sus partidarios están que se salen. “Con la aparición del comandante las cosas se van a normalizar, la gente lo sigue más que a Raúl. Internacionalmente Fidel es un interlocutor válido, con él saldremos de la crisis y daremos un salto adelante”, dice exaltado Luis, militar jubilado.

En la calle algunos dudan de sus capacidades mentales. “Sí, se ve bien de salud, pero a nosotros nos interesa un bledo la guerra de Irán, creo que al viejo ya le patina el coco”, comenta César, desempleado.

En medio del calor africano, las vacaciones de verano y la típica escasez material, las noticias de la excarcelación de los presos políticos y la reaparición del comandante único han despertado interés.

Ahora, la mayoría espera que el próximo 26 julio, en Santa Clara, en el acto de conmemoración del asalto a un cuartel militar en Santiago de Cuba en 1953, el General Raúl Castro, lance una serie de medidas esperadas por la población, como la derogación de los permisos para viajar al exterior, la posibilidad de poder comprar coches y casas, y ampliar el trabajo por cuenta propia.

Las cosas no pintan bien en la vida del cubano. Para sanear la ineficiente economía local, cientos de miles de trabajadores han comenzado a ser despedidos.  Raúl Castro pudiera ser el mensajero de buenas nuevas. O malas.

Iván García

Foto: Modest and Jill, Flickr

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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