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Martha Beatriz Roque recuerda a Orlando

La tarde del sábado 27 febrero, La Habana lucía desaliñada. Una lluvia persistente enlodaba las deterioradas calles del barrio de Santo Suárez, en el municipio 10 de octubre. El cielo color ratón le daba un toque de tristeza a la ciudad.

Cerca de las tres de la tarde, Laritza y yo llegamos a casa de la opositora Martha Beatriz Roque Cabello, economista de 64 años, una mujer de cara regordeta y ojeras profundas. Roque Cabello vive en un estrecho pasillo interior. Justo frente a su puerta, agentes de la policía política han colocado un dibujo de Fidel Castro, de gran tamaño, empotrado en una pared grisácea y descarada por el tiempo.

En su mínima sala nos recibió la veterana disidente. Una de las más activas voces del cambio en Cuba. Ha tenido que pagar un alto precio por oponerse al gobierno de Castro. Innumerables detenciones y maltratos. En dos ocasiones sancionada a pasar largos años en prisión.

La última vez que visitó la cárcel de mujeres Manto Negro, en el poblado del Guatao, fue justamente el 20 marzo del 2003, en la llamada primavera negra. Por una licencia extrapenal, debido a un rosario de achaques y a la presión del mundo civilizado, el régimen de los hermanos Castro tuvo que ceder y liberarla.

“Estoy molida, después del viaje extenuante de 24 horas sin dormir al poblado de Banes, donde asistí al entierro de Orlando Zapata Tamayo”, comenta Martha, quien viste un vestido de andar en casa color mamoncillo.

Según Roque, Cabello, el pueblo de Banes estaba tomado por fuerzas de la Seguridad del Estado. “Aquello parecía una plaza militar, había decenas de altos oficiales, temerosos y a la expectativa. Reina Tamayo, la madre del opositor que perdió la vida debido a una prolongada huelga de hambre, reside en una pobre choza de concreto. Caminar por las calles llenas de baches del mísero caserío fue casi una aventura”. Y nos sigue contando.

“Había un cordón de militares y miembros de la policía política. El clima era tenso, se podía cortar con un cuchillo. En la sala de la vivienda se encontraba el cadáver de Tamayo, un grupo de disidentes y Damas de Blanco. Le colocamos una bandera al féretro”, recuerda con voz serena.

Martha Beatriz Roque Cabello entorna los ojos y medita. “Fue allá por el año 2002, cuando conocí a Orlando Zapata Tamayo. Era un muchacho muy humilde, respetuoso y disciplinado. Había que sacarle las palabras a la fuerza. En diciembre del 2002, fue detenido por participar en un acto de protesta en la barriada de Lawton, organizado por el doctor Oscar Elías Biscet”.

Y añade: “En los primeros días de enero de 2003, casi en la víspera de la primavera negra, visitó mi casa y agradeció el apoyo personal que le había dado y también el de nuestro grupo, la Asamblea para Promover  la Sociedad Civil. Zapata no tenía deseo de protagonismo, no deseaba marcharse de su país, era un simple peón de albañil que sentía que su patria necesitaba cambios a gritos”, dice con vehemencia.

Martha atiende una llamada telefónica y luego retoma el diálogo. “En marzo del 2003 un grupo de opositores de nuestro grupo, inició un ayuno en la casa de Marieta,  esposa del extinto opositor Jesús Yanes Pelletier, en la calle Humboldt, Vedado. Orlando Zapata Tamayo participó con nosotros. Recuerdo que fue en ese ayuno donde charlé ampliamente con él, me contó su vida miserable, su niñez repleta de carencias materiales y sus ilusiones. Era una persona simple con una idea fija en su mente: que Cuba mudara hacia la democracia”, dice en voz baja.

Una de las principales líderes de la disidencia cubana, siguen contándonos:

“El 20 de marzo del 2003 a Orlando lo detienen junto a otros 86 opositores. En un principio, el gobierno de Fidel Castro detuvo esa cantidad de personas, luego, supongo que para redondear los números, y las cifras cuadraran, es decir 15 presos disidentes por cada uno de los 5 espías encarcelados en Estados Unidos, es que se rebajó a 75 la cantidad de arrestados. Zapata estuvo unos días en una celda. Un par de semanas después lo liberan. Y a los pocos días, en un acto de protesta que hizo en el Parque Central habanero, a favor de la libertad de los 75 disidentes arrestados, fue detenido y juzgado por desacato a 3 años en prisión. Ahí comenzó su calvario, el principio del fin para este humilde mestizo holguinero.”

“De  los tres años iníciales, por diferentes protestas y quejas, le celebran varios juicios donde lo acusan de desrdenes en la prisión y su sanción se estira hasta los 43 años´. Después el tribunal hace una sanción conjunta y se queda en 32 años de privación de libertad. En todas las cárceles donde estuvo Orlando Tamayo Zapata, fue torturado y golpeado brutalmente por las autoridades de la prisión. Recuerdo que en uno de los juicios que se le celebró, llegó con la boca amordazada, esposado y con grilletes en los pies. Durante su fatídica huelga de hambre los militares del penal lo tuvieron 18 días sin darle agua, no fue un accidente o un acto suicida, fue un crimen”, sentencia Marta Beatriz indignada.

Coge el diario Granma del 27 de febrero y con sus dedos finos señala el artículo del periodista Enrique Ubieta:

“Además de mentir sin sonrojo, en su escrito hay muchas incongruencias. Para intentar denigrar a Zapata Tamayo, intenta fabricarle un historial de delincuente peligroso. Sin embargo, es una contradicción evidente, pues según Ubieta fue juzgado 3 veces por supuesto delitos graves en el año 2000, pero ya a finales del 2001 estaba libre. Si no hay mala leche, entonces Ubieta miente y los delitos no debieron ser tan graves”, señala Marta.

Y agrega que para el gobierno de los Castro es inadmisible que una persona que haya tenido delitos comunes tenga derecho de reclamar cambios políticos.

“En sus reclamos, en la huelga de hambre que se extendió a 86 días, Orlando sólo pedía una comida decente cocinada por su madre, tener agua y la libertad de los presos políticos. Al parecer para el gobierno estas demandas eran exageradas. Entonces tendrán que aguantar el chaparrón de protestas en el planeta y el dedo acusador de los medios de todo el mundo. Aún es temprano para sacar lecciones de la muerte de Zapata Tamayo. De momento, otros 7 presos de conciencia han iniciado huelgas de hambre y el periodista Guillermo Fariñas, quien reside en la ciudad de Santa Clara, un hombre que su cuerpo se ha debilitado por anteriores huelgas de hambre, si él y los demás no desisten, podrían aumentar las malas noticia para el régimen”, finaliza Martha Beatriz Roque Cabello, quien promete que la disidencia interna no se quedará cruzada de brazo.

El gobierno de los hermanos Castro podrá creer que lleva razón, que nada debe ser cambiado en Cuba, que todo marcha bien y su pueblo es feliz. Pero no debe ser fácil dormir con la conciencia tranquila, cuando en su país un hombre perdió la vida por reclamar un manojo de derechos durante los siete años que estuvo encarcelado.

El asunto no es de ideología es de humanidad. Al menos, así lo creen muchos cubanos en la isla.

Iván García y Laritza Diversent

Fotos: Martha Beatriz, a la derecha, haciendo guardia de honor al lado del féretro de Orlando Zapata Tamayo, y junto a varias Damas de Blanco.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

2 comments

  1. De que consiencia y de que humanidad habla usted, estos esbirros no saben lo que es eso, ellos duermen perfectamente, esas acciones no les quita el sueño, porque son unos asecinos, maniaticos, sin escrupulos de ningún tipo, veremos con seguridad lo ratones que son cuando les llegue la hora,

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