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Los muertos de mi cabeza

Iván, abrazos y felicidades! Esto es lo que me ha salido, espero que te guste. Son mis recuerdos musicales. La culpa la tiene la Víbora, el barrio donde tu ahora vives y yo hace dieciocho viví!

No, no es santería, ni palo de monte, pero quizás si es un poco de espiritismo musical. Desde que era muy joven, en Cuba, me interesó siempre la música -y su mística. La música era para mí un vehículo de libertades, donde los artistas decían todo lo que sentían quizás sin abrir la boca, o de un modo sino poético, por lo menos velado.

Crecí en una casa donde se escuchaban distintos tipos de música, desde los clásicos al rock’n roll, pero siempre parando -y por largo tiempo- en la música cubana. Mi madre cantaba boleros, mientras hacía cosas en la casa. Tenía un tío abuelo que sin más entonaba el aria de una ópera, mi abuelo tocaba el violín y los timbales. Y tenía los ‘timbales’ (cojones) de tocar los timbales mientras le decía a cualquiera lo que le salía de sus santos ‘timbales’.

Mi madre vive, los tíos abuelos y los abuelos ya no están. Mi bisabuela cantaba en vascuence y gallego. Mi abuelo materno tocaba la guitarra y se lanzaba con alguna de esas tonadas de España, lo mismo que las tonadas que agarraba al vuelo -en un aire perfumado lo mismo de alcoholes que de humos prohibidos- en el Alí Bar o una de esas casas de la mala vida, pero magnífica, reputación habanera.

En fin, que mi familia era tan imperfecta como la de cualquier hijo de vecino, pero a la vez teníamos un pozo musical que no parecía tener fondo.

Mi padre tenía unos amigos judíos, y así fue que vi música en vivo -y que no me digan que la música solo se escucha y no se ve- fue en una fiesta de Bar Mitzvah en el patronato judío de la Habana. La atmósfera era mágica. Una banda de hombres de mediana edad que en aquella época me parecían dinosaúricos, tocaba Hava Nagila. Uno de ellos tenía una guitarra eléctrica, y fue su interpretación una de las banderillas que se clavó en mi imaginación y me hizo pensar que ese sería mi instrumento.

Y si hablo de música en vivo, mejor que no deje de mencionar los toque de santosy los bembés a los cuales fui tanto de jovencito, que se daban en casa de muchos de mis amigos. Que para algo vivía en la Víbora. Lejos estaba de pensar, desde mi condición de niño, que esos recuerdos regresarían una vez y otra.

En un intervalo de tiempo, conocí a quien moriría en condiciones que aún no estan claras para mí, Beny Moré. Siempre tengo dudas como escribir su nombre, porque lo he visto como Benny y como Beny. Y también tengo dudas de cómo fue que murió el Beny.

Se dice que la policía castrista le propinó una paliza.
Aquel día que lo ví, tenía yo cuatro años, mi abuelo habló con él brevemente, y Moré le ofreció ron, que no bebió el mismo, sino que se puso en las manos y aspiró su olor. Y ése es otro recuerdo que no me ha abandonado.

También íbamos al Monseigneur, a ver al Bola. Y mil veces -que tiempos aquellos en que uno podía ir con sus padres a un cabaret- vimos a Meme Solís, Farah María, Elena Burke, Celeste Mendoza, Juana Bacallao, y Senén Suárez, que para mí es el padre del Latin Rock, y muchos más. Eso fue cuando en Cuba había una música de respetar.

Pero también conocíamos a Paquito D’Rivera, que era un joven músico que en aquel entonces pasaba el servicio militar. Recuerdo que tocaba la diana para dar el de pie con una magia especial, yo entonces no lo sabía, pero el jazzeaba las notas. Y ése es otro recuerdo.

Y cuando llegó la adolescencia ahí sí que cogí la guitarra y logré que algún marino mercante me trajera algunas piezas -un trozo de Fender Telecaster!- y que un señor, de apellido Olveira que trabajaba en un taller del Misterio de la Incultura me armara con varias piezas de uso y otras inventadas una guitarra eléctrica que sonaba de un modo muy especial. Ese viejito ya ha muerto, y cada vez que pongo cuerdas a una guitarra o que “trasteo” sus tripas electrónicas me visita, y es como si se sentara y me guiara la mano.

Los músicos que me influyeron más, los guitarristas que admiré mucho, ya han muerto. Todos o casi todos. Tocan dentro de mi cabeza, de dos formas, una de memoria, y otra a través de un viejo iPod, y así siguen vivos. Greg Allman, Jimi Hendrix, Brian Jones, Stevie Ray Vaughan, Rory Gallagher, John Lee Hooker y muchos otros. Ésos van y vienen, como gente que no necisita anunciar su visita. Jaco Pastorius es otro que bien baila, se aparece por acá, cada vez que pongo su música y me entusiasma a tocar el bajo, uno sin trastes como el suyo.

Queda el recuerdo de cuando de joven cambiaba discos de estos músicos, camuflageados dentro de portadas de las producciones de la disquera nacional, la EGREM.  Son ellos, los muertos de mi cabeza, quienes me abren las puertas a nuevas influencias, día por día, especialmente después de haber pasado muchos años sin tocar una guitarra real, sólo tocando en sueños. Ahora sueño cuando toco.

Charlie Bravo
Exiliado cubano

Nota.- Yiribom fue compuesta por Silvestre Méndez López, compositor, cantante y rumbero, conocido como “el rey del canto afrocubano”. Nació el 31 de diciembre de 1926 en el barrio habanero de Jesús María y falleció en la ciudad de México el 8 de enero de 1997. Estudió en la Escuela de Artes y Oficios y hasta 1946, cuando viajó a México, su vida artística estuvo ligada al ambiente de los solares y barrios rumberos cubanos. Entre otros números suyos se encuentran Tocineta, El telefonito, Tambo, Mi bomba sonó, El as de la rumba, Consuélate como yo y México lindo. Según cuenta Rudy Regalado en Latin Beat Magazine, la actividad artística de Silvestre no se limitó a la música. Trabajó en más de 150 películas, bailando, cantando y tocando los tambores, junto a bailarinas de la talla de Tongolele y María Antonieta Pons, durante la época de oro del cine mexicano. Oriza, su disco más emblemático, fue grabado en Nueva York en 1958 para el sello canadiense SEECO. En 1999, el realizador José Barberena le dedicó un documental: “De México a La Habana: semblanza de Silvestre Méndez” (Tania Quintero).

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: taniaquintero3@hotmail.com

6 comments

  1. Que delicia, me encantan esas anecdotas cubanas y dichoso todo aquel cubano que pueda tener esos muertos en su cabeza.
    Bravo!!, Gracias Ivan.

  2. Muy bello articulo ,hay muertos que no se olvidarn y recuerdos que vagaran siempre en la memoria ,,mi bisaabuela que no tomaba ,se ponia una gotica de ron del bueno detras de las orejas ,como un perfume caro ,,hablo del buen ron ,no el agua que venden en cuba actualmente !!
    Me gusto muchisimo

  3. Excelente, le puse link.

  4. Gracias por cambiar la visualidad de la página. Es un gusto leerlos a diario.

  5. Señor Charlie Bravo,le aseguro que esos muertos siempre vivirán en nuestros recuerdos y gracias a personas como Ud.su música perdurará en nuestros corazones.Gracias a Tania e Iván.
    zenaida

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