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Los cubanos tuvimos una Gran Vía

Hace unos meses, Madrid celebró por todo lo alto el centenario de una de sus más emblemáticas avenidas, la Gran Vía. Imagino que los cubanos mayores de 50 años que hayan tenido la suerte de recorrerla, se habrán acordado que la más famosa dulcería que hubo en la isla, antes de que llegara el comandante y mandara a parar, se llamó La Gran Vía.

¿Se inspirarían los dueños en la calle madrileña para ponerle ese nombre a la dulcería cubana? Tal vez. Pero cuando uno mira el diseño que las cajas llevaban en su tapa, podemos ver un cake (tarta) en medio de una vía férrea y, al fondo, palmas criollas.

La sede principal de La Gran Vía quedaba -y aún queda- en la calle Santos Suárez, hoy con una imagen tan deprimente como toda la ciudad. Santos Suárez se denomina también la barriada, que entre sus vecinos tuvo artistas de la talla de Celia Cruz y fue sede de clubes sociales como Curros Enríquez.

La Gran Vía era sinónimo de los mejores dulces y cakes que se podían adquirir en La Habana antes de 1959. Fue fundada por tres hermanos españoles, Valentín, José y Pedro García.

A principios del siglo 20, los García aterrizaron en Cuba sin un duro. Se asentaron en Güines, pueblo de tierras rojas y fértiles en las afueras de la capital. Decidieron ganarse la vida haciendo dulces, a lo mejor aprendidos en su Toledo natal. Sus primeros clientes fueron comerciantes y campesinos de la zona. En 1928 deciden probar suerte en La Habana.

El éxito fue rotundo. “Yo vivía cerca y a cada rato me iba a La Gran Vía, a comprar pasteles de guayaba, que eran riquísimos”, dice Rosa María, maestra jubilada de 73 años. “Cuando nos casamos, en La Gran Vía nos hicieron el cake. Costó 50 pesos, un dineral entonces”, cuenta Antonio, el esposo de Rosa María, también jubilado.

En 1952 inauguraron un nuevo local, más amplio y moderno, con 120 empleados, en Santos Suárez. Se podían hacer encargos por teléfono y entregaban a domicilio. Para esa fecha, tenían ya cinco establecimientos en la capital, uno de ellos nombrado La Suiza.

Desde sus inicios, los hermanos García ofrecieron calidad. Los ingredientes para elaborar su variada oferta era de primera. La nata de los cakes, la especialidad de la casa, la hacían con leche fresca.

En la versión socialista, lo único que recuerda que ahí existió una gran dulcería, es el nombre afuera y una placa a la entrada. Como casi todo en Cuba, es una caricatura de lo que fue. Los pasteles no se parecen a aquéllos que gustaban a Rosa María. Y todo lo que venden, desde chupa chups y chiclets hasta cigarrillos y latas de cerveza, es en divisas.

En California, Nueva York, Nueva Jersey, Miami y México DF, entre otras ciudades, a varias pastelerías y cafeterías sus dueños les han puesto La Gran Vía. Nada tienen que ver con la original.

Si usted quiere comer un dulce o encargar un cake como los que en Cuba vendían los hermanos García, puede hacerlo. En la Elite Cake Creations, en Pembroke Pines, Florida. Un poco lejos para los cubanos de la isla. Pero los habaneros no perdemos la esperanza de que Santos Suárez vuelva a tener La Gran Vía. Una auténtica, no esa postiza.

Iván García

Foto: Habano, Panoramio.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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