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Los cubanos esperan por un milagro

Los cubanos esperan por un milagro

Un ligero tic nervioso en su mano derecha revela un incipiente Parkinson. A sus 78 años las cosas no le han ido bien a Dagoberto, un soldador jubilado que durante tres décadas ayudó a construir barcazas de pesca y remolcadores en una empresa ubicada en el poblado de Casablanca, al otro lado de la bahía, donde se alza el Cristo de La Habana.

Supuestamente debiera esperar la muerte llevando a sus nietos a la escuela y viendo partidos de béisbol en la tranquilidad del hogar. Pero las penurias materiales le obligan a tener dos trabajos para sobrevivir en las duras condiciones del atípico socialismo marxista criollo.

“De noche soy custodio en un agromercado. Por la mañana le vendo a mi nuera yogurt casero que ella elabora. Aunque mi pensión de 500 pesos es de las más altas, no me alcanza. Mi esposa padece de artrosis y mis dos hijos sobreviven gracias al ‘invento’. Casi siempre comemos huevo, arroz, frijoles y alguna vianda. La estamos pasando mal”, confiesa Dagoberto.

Una reunión efectuada en el barrio donde reside, hubiera sido una buena oportunidad para que él hubiera expresado sus quejas y argumentado por qué en la futura Constitución se debieran contemplar ayudas más eficientes a las personas de la tercera edad. Pero toda su ira la vuelca en charlas con familiares, vecinos y amigos. Dagoberto ni siquiera asistió a la reunión donde se presentó el anteproyecto constitucional.

“Pa’ qué, no vale la pena. Un palo no hace monte. Te marcas como conflictivo y al final el gobierno no va resolver nada, porque este modelo económico no funciona ni ha funcionado en ningún lado. Hasta Fidel lo reconoció en una entrevista con un periodista americano. Esta revolución pasó del socialismo al capitalismo sin que la gente se diera cuenta. Hace treinta años los servicios sociales cumplían una función, ya no. La libreta (de racionamiento) te garantizaba el 80 por ciento de la alimentación y el aseo. Ahora es sálvese quien pueda”, asegura Dagoberto.

Ancianos como Dagoberto sienten nostalgia de los primeros tiempos del castrismo. “Éramos igual de pobres, pero el Estado te garantizaba un grupo de cosas que iban desde un apartamento si lo necesitabas hasta una casa en la playa en las vacaciones. En esta etapa todo depende de ti y el que no tiene dinero se jode. Fíjate que ya quitaron la palabra comunismo de la Constitución que se está cocinando. Dicen que van a construir el socialismo, sin apellido. Más de 60 años pa’ hacer el socialismo y todavía son incapaces de garantizar servicios públicos con un mínimo de calidad. Es una burla a tantos cubanos que nos sacrificamos por esta mierda”, expresa Dagoberto.

Los medios oficiales muestran la realidad de un color diferente. En sus espacios noticiosos presentan a hombres y mujeres, de todas las edades, optimistas con el nuevo proyecto de Carta Magna y enmarcan los debates en temas que no constituyen una prioridad para quienes desayunan solo café sin leche, como el matrimonio entre homosexuales.

En la Isla existen dos mundos. Uno lo comanda el planeta Granma, que junto a sus satélites noticiosos, son expertos en vender humo y en disfrazar la ineficiencia estatal. El otro es la vida real, muy diferente a la presentada en los medios oficiales. Las personas con las cuales usted conversa en las calles, ómnibus ruteros y taxi colectivos, no muestran ninguna pasión por sus ‘líderes revolucionarios’ y constantemente se quejan de las dificultades cotidianas.

No intente convencer a Ileana, una oficinista de pelo teñido de color caoba, sobre las razones por la cual los ciudadanos descontentos debieran participar en los debates del nuevo proyecto constitucional y exponer sus peticiones e insatisfacciones. Y llegado el momento del referéndum, votar NO a la nueva Constitución.

Habaneros como Ileana consideran que es perder el tiempo “y te señalas como contrarrevolucionario, lo que tiene sus consecuencias en Cuba, un país donde el trabajo y el reconocimiento social están atados a la lealtad al sistema. Al gobierno le da lo mismo que ese apoyo sea real o simulado. Si públicamente te atreves a criticar el proceso más allá de lo permitido, comienzan a borrarte del mapa y te hacen la vida imposible. Por eso la gente protesta en privado y a nadie se le ocurre hacer huelgas o tirarse pa’ la calle. El miedo es demasiado fuerte”, subraya Ileana.

Recogí la opinión de una docena de personas sobre la futura Constitución. El registro de respuestas fueron desde la indiferencia total, pasando por el desconocimiento jurídico sobre sus derechos legales, hasta el sentimiento pesimista de que resulta imposible un cambio democrático en la Isla que partiendo de la ciudadanía.

“Olvídate, compadre. Estos tipos (los gobernantes) se soldaron al poder. Pa’ quitárselos de arriba hay que hacer una guerra y muy pocos cubanos tienen timbales para pelear”, señala un joven desocupado.

La inmensa mayoría de la población desea que las cosas cambien y poder mejorar sus expectativas de vida. Todos en Cuba aspiran a mayores salarios, servicios públicos funcionales y más libertades económicas. Pero a no ser quejarse en voz baja y a puertas cerradas, nadie hace nada para que los cambios se produzcan. Solo una minoría, con mayor capacidad intelectual, apuesta por una apertura en el terreno político y tímidamente se manifiesta.

Osniel, emprendedor privado, considera que “va a pasar muchísimo tiempo para que los cubanos comiencen a exigir sus derechos. Hemos crecido en un sistema donde nunca ha habido democracia plena. Equivocadamente, la gente cree que ellos se deben a los gobernantes, cuando es al revés. Cambiar esa mentalidad va a demorar diez, veinte o cincuenta años. Lo veo complicado. Inclusive pienso que si hubiera cambios, van comenzar desde arriba. Los de abajo, de momento, no se van a manifestar”.

Y es que muchos cubanos viven esperando un milagro.

Iván García

Foto: El Cristo de La Habana visto a través de viejas casas habaneras. El Cristo es uno de los emblemas de la capital cubana y en noviembre de 2017 fue declarado Monumento Nacional. La escultura, obra de Jilma Madera (Pinar del Río 1915-La Habana 2000), fue inaugurada el 24 de diciembre de 1958, dos semanas antes de la llegada al poder de Fidel Castro, en la colina de La Cabaña, en el pueblo costero de Casablanca. Mide 20 metros y para su realización se emplearon más de 300 toneladas de mármol de Carrara. La imagen, que representa a Jesús de Nazaret, fue esculpida en Italia y las 67 piezas que la componen fueron bendecidas por el Papa Pío XII antes de su traslado a Cuba. Texto y foto tomados de Diario Libre.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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