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Las dos caras de una ciudad

Si algo distingue a la Ciudad de la Habana son sus dos caras, que perfecta y tranquilamente conviven. En una, lo feo y necesitado de pintura y mantenimiento, y en la otra, lo arreglado y confortable.

Estos contrastes se han hecho más visibles a partir de la despenalización del dólar, en 1993, cuando oleadas de capitalismo se extendieron primero por la capital y después por el resto del país.

En Cuba, las diferencias abofetean al instante. Los servicios en tiendas y cafeterías en moneda nacional son pésimos. La variedad de productos se pueden contar con los dedos de una mano y la mala calidad es insultante. Los locales siempre están sucios y vacíos y los dependientes, sin contenido de trabajo, se dedican a conversar durante su jornada de ocho horas. A ellos les da lo mismo: laboren o no, su salario no superará los 300 pesos al mes, cantidad equivalente a unos 12 dólares.

Lo contrario ocurre en los islotes de capitalismo que con inusitada celeridad se levantan en la ciudad.  Centros comerciales, tiendas, cafeterías, restaurantes, servicios de fotos, gasolineras y librerías, se encuentran entre los establecimientos con aceptable presentación y una diversidad de productos que si bien para un extranjero no es tan amplia, para el cubano es una novedad ver en la tablilla de una cafetería una veintena de artículos.

Para poder comprar o disfrutar de esos establecimientos hay que tener pesos cubanos convertibles (cuc), la divisa que sustituyó al dólar a partir del 9 de abril de 2004. Era una incongruencia superlativa que la moneda de Estados Unidos, el enemigo público número uno de Fidel Castro y su revolución, fuera la que libremente circulara y potenciara cualquier transformación o mejora social.

Se calcula que sólo por concepto de remesas familiares, alrededor de mil millones de dólares anuales entran al país. Según estadísticas extraoficiales, un 40 por ciento de los cubanos tiene acceso a las divisas, pero en La Habana la cifra podría ascender a un 60 o 70 por ciento de la población. De ahí que el crecimiento de las ofertas en cuc o pesos cubanos convertibles no dejan de aumentar. Sobre todo si se sabe que

las mercancías que se venden en cuc tienen alterado su valor por los impuestos.

Antonio, financista de una corporación, afirma que todos los artículos que se venden en Cuba tienen un encarecimiento de entre el 100 y 200 por ciento sobre su costo de compra. Si damos crédito a esta información, las ganancias que van a parar a las arcas gubernamentales son altísimas. El hecho de clasificar como país empobrecido del tercer mundo, no es óbice para que los precios en la Isla compitan con los de Londres, París o Nueva York. Pese a ello, las ventas en divisas crecen año tras año.

Si los cubanos pudieran ir a hacer sus compras a la Florida, Jamaica, Islas Caimán, República Dominicana o México, otra sería la situación. El mercado interno de divisas no tiene competidores, y a los ciudadanos no les queda otro remedio que ir a parar al comercio socialista por pesos cubanos convertibles, un poco más agradable y surtido, pero igualmente ineficiente, como el de moneda nacional.

A las remesas familiares se suman sólidas entradas de artistas, escritores y deportistas famosos, y también las de jineteras y pingueros. En estos segmentos, se encuentran los poseedores de cuentas bancarias en moneda dura dentro del país.

El peso cubano, la moneda nacional, es una caricatura. Con él sólo se pueden conseguir verduras, frijoles, carne de puerco, ron, cigarros, y algún que otro producto “liberado”, de calidad muy inferior al ofrecido por pesos cubanos convertibles.

Mientras La Habana comunista parece una urbe arrasada por un bombardeo, reflejo de la decadencia del sistema, su contrapartida capitalista, a golpe de vista, sobresale por la pintura impecable y colorida. Y también por grandes cristales, en ocasiones oscuros, para que los pobres de la calle no puedan ver lo que adentro se oferta. Joyas de la arquitectura urbana como la Lonja del Comercio (1909) y el Edificio Bacardí (1930), los dos en la Habana Vieja, han sido convertidos en oficinas equipadas con tecnología punta.

Han transcurrido diecisiete años desde la despenalización del dólar, anunciada por Fidel Castro el 26 de julio de 1993. En ese tiempo, el capitalismo ha avanzado lentamente por la ciudad. Hoteles, centros comerciales y de servicios, flotas de taxis y autos de alquiler para turistas así lo atestiguan. Pero no ha impedido que La Habana siga teniendo dos caras.

Iván García

Foto: Ralf Stockmann, Flickr

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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