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La Navidad antes de Fidel Castro


Antes de Fidel Castro y los barbudos tomar el poder, el 1 de enero de 1959, la llegada de la Navidad era un acontecimiento en todos los hogares, al margen del presupuesto doméstico y la categoría social. Nunca se dejaba de celebrar.

Las familias numerosas y de modestos recursos, como la mía, el 23 de diciembre llevaban un puerco, ya adobado, a la panadería más cercana para que se lo asaran. Los que vivían en las afueras, preparaban condiciones para asarlo en el patio.

En esa época, la década 1940-50, no se cenaba el 24 con bistec o una pierna de cerdo, como ahora se estila en Cuba, sino con un puerco completo. Además, había la posibilidad de comprar las partes del animal que uno prefería, ya asadas, en los quioscos y timbiriches esparcidos por toda la ciudad, y que la inundaban con un sabroso olor a lechón asado.

También vendían pan con lechón, a 0.20 centavos. El pan de flauta era fresco, y luego de servidas las masas con sus correspondientes gorditos y pellejitos crujientes, el vendedor lo rociaba con un mojo de naranja agria, ajo y cebolla. Si a uno le gustaba el picante, le echaba un aliñado de vinagre con ají guaguao y pimienta de guinea.

El 23 era el día de los preparativos, de revisar si no faltaba nada o si había que comprar más. Entonces mandaban a los muchachos a la bodega de la esquina, a comprar más turrones, de jijona, alicante, yema o mazapán; nueces, avellanas, dátiles, higos…

Mis padres y yo siempre cenábamos el 24 en la casa de mi abuela Matilde, en Luyanó, barrio obrero en las inmediaciones de La Habana. Nos íbamos temprano, para ayudar en lo que hiciera falta. Como vivíamos cerca de Frutas Rivas, un almacén importador de frutas de California, frente al Mercado de Cuatro Caminos, llevábamos un cartucho grande con manzanas, peras y melocotones, que se ponían en una fuente en la mesa. En Nochebuena no se comían uvas: éstas se dejaban para despedir el año, el 31 de diciembre, a razón de doce por persona.

La cena solía consistir en arroz blanco, frijoles negros, puerco asado, fricasé de guanajo, ensalada de tomate, lechuga y rabanitos, yuca con mojo, tostones de plátano verde y frituras de malanga. Para beber, vino blanco o tinto para los adultos y Coca Cola para los niños. De postre, un dulce casero: buñuelos en almíbar, coco rallado, mermelada de guayaba o cascos de toronja con queso blanco. Los turrones, nueces, avellanas, higos y dátiles se comían en la sobremesa. Al final, una tacita de café.

El arbolito ocupaba un lugar especial en la sala de las casas. A veces les ponían algodón, para imitar la nieve. Debajo, más grande o más pequeño, el nacimiento o belén. En las tiendas vendían adornos navideños, importados de Estados Unidos o Europa, pero a la gente le gustaba decorar con flores de pascuas, común en los jardines cubanos en estos meses del año. Otra costumbre era el envío de tarjetas por correo y los intercambios de regalos.

Mis tres tías eran modistas; los dos tíos, carpinteros, y mi padre, barbero ambulante. Si a alguno se le presentaba un compromiso y no podía ir a cenar, tenía que pasar y disculparse con la abuela Matilde, una mulata que medía 6 pies y pesaba 100 kilos. Era la matriarca. Y para ella, Navidad, Nochebuena y Fin de Año eran citas obligadas para toda la familia.

Tania Quintero

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

2 comments

  1. Hola, Enrique, cuanto me alegro que hayas visitado este blog y leído estos recuerdos míos de la Navidad antes de 1959. Este post será reproducido en diciembre de este año en El blog de Iván García y sus amigos.

    En más de una ocasión, en mis escritos he recordado la venta de Frutas Rivas, porque el almacén propiedad de tu abuelo quedaba a dos cuadras de mi escuela y a cuatro de nuestra casa, en Romay entre Monte y Zequeira, Cerro, donde vivimos desde 1944 hasta 1979.

    Hoy uno lo cuenta y parece increíble, pero en mi niñez comí manzanas, peras, melocotones y uvas frescas, que a pesar de ser importadas de California, las familias humildes, como la mía, las podían comprar, pues sus precios no eran altos. Las vendían al menudeo o por cajas, como uno quisiera o pudiera. Recuerdo que cada manzana, por ejemplo, estaba envuelta en un fino papel que decía Frutas Rivas.

    Con motivo de mi 70 cumpleaños, el 10 de noviembre, en el mes de noviembre se podrán leer reproducciones de testimonios míos o sobre mí, en mi blog. Este es el link: http://taniaquintero.blogspot.com Me gustaría saber qué fue de su abuelo y de su negocio. Puede hacerlo a través de mi correo electrónico: [email protected] Saludos y un abrazo, Tania Quintero

  2. Enrique Delgado Rivas

    Hola,
    Mi nombre es Enrique Delgado Rivas y soy nieto de los duenos de Frutas Rivas. Me da mucho gusto que todavia queden personas que recuerden ese pasado tan alegre que Cuba vivio. Le deseo mucha salud y siga compartiendo esas lindas memorias que parecen ser ya olvidadas.

    Atentamente,

    Enrique

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