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La misión, un relato de ficción

La reunión se efectuó a las 3 de la madrugada en un refugio soterrado, en las entrañas de una loma de Managua, en las afueras de La Habana. Un antiguo silo que en 1962 había guardado cohetes atómicos soviéticos de alcance medio.

Estaba presente todo el alto mando de la inteligencia y la contrainteligencia en la isla. Al rato llegó el jefe. Se sentó en el butacón a él destinado, se sirvió un amplio trago de Chivas Regal y contempló a sus expectantes subordinados.

“Compañeros, ésta es la misión más importante en más de medio siglo de revolución. Dentro de pocas semanas se iniciarán los operativos de aniquilamiento de los miembros de la disidencia y el periodismo independiente, entre otros elementos molestos. Para poner varios ejemplos de cómo se actuará en la próxima misión, le doy la palabra al general Beria”, dijo el jefe de jefes.

Beria, seudónimo de un tipo de un metro 75 centímetros y casi cien kilos de peso, apuró un trago de Coca Cola Diet. Se ajustó sus gafas Ray Ban y prendió el proyector.

“Los eliminaremos de forma creativa, que todo parezca un accidente, suicidio, infarto, intoxicación o atraco de ladrones, entre otras variantes novedosas”, apunta Beria. En la pantalla apareció el rostro de Eliseo.

“A Eliseo le tenemos preparado un terremoto provocado que sepultará su vivienda con él dentro. Habrá algunos daños colaterales, pero ya lo dijo Maquiavelo: el fin justifica los medios. Valentín morirá en manos de un ladrón que se introducirá en su casa para robarle el DVD. A Orlando, un ómnibus de la línea P-9 lo hará talco al salir de su trabajo”.

El general Beria buscó entre sus papeles y añadió: “Maribel será víctima de un atracador en plena vía pública, que tras arrebatarle la cartera, la degollará”. Se sirve café de un termo y continúa detallando su plan.

“Rigoberto sufrirá un infarto mientras sube las escaleras de su apartamento en Alamar. A Juana pensábamos empalarla, como a los indios en las películas del oeste, pero hemos decidido desequilibrarla hasta propiciar su suicidio”.

En ese punto, el jefe de jefes interrumpe. “Ahí entrará en acción uno de nuestros agentes-disidentes, preparado para ese tipo de situaciones imprevistas”. Beria prosigue su exposición.

“A Gonzalo, Igor y Luciano, tres periodistas incómodos, los aniquilaremos de distinta manera. Gonzalo será picado por insectos, contraerá un virus mortal y en 72 horas será cadáver. A Igor se le romperá el corazón luego de inyectarle una nueva sustancia química. Y a Luciano, le echaremos polonio en las croquetas que a diario consume en timbiriches habaneros. Morirá a los pocos días”.

El general Beria concluye: “Éstos son algunos ejemplos, tenemos un abanico más amplio de variantes para otros casos”. Aplausos y vivas a Fidel, Raúl y la revolución.

El jefe de jefes toma la palabra. “Luego de eliminar a disidentes y personas incómodas, también neutralizaremos a los opositores en prisión”. Y mirando a Beria, quien todo el tiempo ha estado tomando nota, precisa: “Ya tenemos formados batallones de agentes-disidentes que inmediatamente entrarán en acción. Cuando no exista gente molesta, empezará el cambio”.

Toma un trago de buen whisky y explica:

“Crearemos varios partidos opositores y en las provincias de La Habana y Matanzas, por su cercanía con Varadero, habrá un sistema capitalista. El que quiera vivir en el capitalismo no tendrá que lanzarse al mar, pide permiso a una comisión que a tal efecto crearemos y en 90 días le darán respuesta. Cuba será un país con dos sistemas, como China. Habrá juego democrático, estado de derecho, poder legislativo y oposición, todo bien controlado por nosotros. Nos haremos socios comerciales de Estados Unidos, y Obama, o el que esté en la presidencia, tendrá que levantar el bloqueo. Un plan perfecto”.

El superjefe mira a sus súbditos y continúa: “Vamos a crear la maquinaria de poder más perfecta que ha existido en el planeta. Estaremos siglos gobernando. Ningún imperio, ni el romano en su tiempo, ni los yanquis ahora, tendrán tanto poderío. De ahí la importancia de esta misión, compañeros”.

Levanta la copa y brinda: ¡Seremos invencibles! Alguien pregunta: ¿Qué haremos con quienes dicen que no son disidentes, pero también nos ofenden?

El general Beria sonríe: “Todo está pensado”. Y con un dedo señala a un negro imponente, campeón olímpico de boxeo. “Camaradas, déjenme a mí esa misión. A ésos los mataré a golpes”, dice emocionado el exboxeador.

Cerrada ovación. Se da por concluída la reunión.

Iván García

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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